¿No habrá que corregir la Fides et Ratio?
Augusto del Rio, autor del conocido libro «El Drama Litúrgico», comenta, a propósito de la reciente publicación en la web de la encíclica Studiorum ducem, los puntos en que el texto de la «Fides et Ratio» de Juan Pablo II colisiona con lo dicho por el Magisterio anteriormente sobre la Filosofía de Santo Tomás de Aquino. Un artículo que dará lugar a interesantes polémicas.
Conclusiones de la lectura de la Studiorum ducem y otros docuementos del Magisterio, sobre Santo Tomás de Aquino y su filosofía:
Empecemos por corregir la encíclica del papa Juan Pablo II, Fides et ratio, en su N° 49 que dice: “La Iglesia NO PROPONE UNA FILOSOFÍA PROPIA ni canoniza una filosofía en particular CON MENOSCABO DE OTRAS”. Y cita para ello la encíclica Humani generis de Pío XII (12 de agosto de 1950, AAS 42 (1950), 566). Pero en la encíclica del papa Pacelli no se encuentra nada que pueda dar pie a una afirmación como la de la Fides et ratio. En efecto, en el lugar que cita Juan Pablo II, la encíclica del papa Pío XII lo más parecido que dice es:
“Se sabe también que la Iglesia no ha sido siempre constante en el uso de unos mismos términos. Es evidente además que la Iglesia no puede ligarse a cualquier efímero sistema filosófico; pero las nociones y los términos que los doctores católicos, con general aprobación, han ido componiendo durante el espacio de varios siglos, para llegar a obtener alguna inteligencia del dogma, no se fundan sin duda en cimientos tan deleznables. Se fundan realmente en principios y nociones deducidas del verdadero conocimiento de las cosas creadas”.
Es evidente por el texto y el contexto que la Fides et ratio le pretende hacer decir a la encíclica Humani generis algo que ésta no dice. Y cuando esta encíclica de Pío XII se refiere a “efímeros sistemas filosóficos” y a los “cimientos tan deleznables” se sabe que se refiere directamente a la moderna filosofía, “que como la flor del campo hoy existe y mañana caerá”.
No solo esto. La Humani generis, contradiciendo claramente lo que pretende afirmar la Fides et ratio acerca de que la Iglesia no propone una filosofía propia, afirma tajantemente:
“Mas la razón solo podrá ejercer tal oficio de un modo apto y seguro si hubiere sido cultivada convenientemente, es decir, si hubiere sido nutrida con aquella sana filosofía, que es ya como un patrimonio heredado de las precedentes generaciones cristianas y que, por consiguiente, goza de una AUTORIDAD DE UN ORDEN SUPERIOR, por cuanto EL MISMO MAGISTERIO DE LA IGLESIA HA UTILIZADO SUS PRINCIPIOS Y SUS PRINCIPALES ASERTOS… ESTA FILOSOFÍA, RECONOCIDA Y ACEPTADA POR LA IGLESIA, defiende el verdadero y recto valor del conocimiento humano, los inconcusos principios metafísicos…
“Si bien se examina cuanto llevamos expuesto, fácilmente se comprenderá por qué la Iglesia EXIGE que los futuros sacerdotes sean instruidos en las disciplinas filosóficas, SEGÚN EL MÉTODO, LA DOCTRINA Y LOS PRINCIPIOS DEL DOCTOR ANGÉLICO…
“Es pues, altamente deplorable que hoy día algunos desprecien una FILOSOFÍA que la Iglesia HA ACEPTADO Y APROBADO, y que imprudentemente la apellide anticuada en su forma y racionalística, así dicen, en sus procedimientos. Pues afirman que ésta NUESTRA FILOSOFÍA defiende erróneamente la posibilidad de una metafísica absolutamente verdadera, mientras ellos sostienen, por el contrario, que las verdades, principalmente las trascendentes, solo pueden expresarse con doctrinas divergentes…”.
Como se ve, es difícil hacer creer que la Iglesia no ha hecho una clara opción por una filosofía determinada, la cual no solo propone, sino exige para la formación de sus sacerdotes. Y esto lo dice el mismo Concilio Vaticano II en dos documentos diferentes. En el decreto sobre la formación sacerdotal Optatam totius, N°16 insta a que los alumnos aprendan a aclarar los misterios de la salvación, bajo la dirección de Santo Tomás; y en la declaración sobre la educación cristiana Gravissimum educationis, N°10 impulsa la investigación y comprensión de los problemas “siguiendo las enseñanzas de los doctores de la Iglesia, SOBRE TODO DE SANTO TOMAS DE AQUINO”.
Por eso hasta no hace mucho tiempo fueron consideradas erróneas las posturas como la del padre dominico (¡?) Schillebeeckx (1914-2009) que terminaba por reducir la preferencia que la Iglesia reservó siempre a la doctrina de Santo Tomás, a una mera opción metódica: es decir, lo válido para el catolicismo contemporáneo no deberían ser los contenidos (considerados secundarios) sino el MODO DE ACERCARSE A LOS PROBLEMAS y su ACTITUD DE APERTURA Y ENCUENTRO CON LA CULTURA DEL SIGLO.
Pero contra esto el papa Paulo VI (que no es santo de mi devoción, por cierto) reiteraba el valor actual del tomismo: “Para ser hoy un fiel discípulo de Santo Tomás no basta querer hacer en nuestro tiempo y con los métodos de que se dispone hoy lo que él hizo en el suyo, contentándose con imitarle. (…) No se puede hablar de verdadera y fecunda fidelidad a Santo Tomás SI NO SE ACEPTAN SUS PRINCIPIOS, QUE SON FAROS PARA ILUMINAR LOS MAS IMPORTANTES PROBLEMAS DE LA FILOSOFÍA, e igualmente las NOCIONES FUNDAMENTALES DE SU SISTEMA Y DE SUS IDEAS-FUERZA” (Carta al Maestro general de la Orden de los Predicadores, 14 de noviembre de 1974).
Lo triste es que la misma Fides et ratio cae en este error monumental cuando afirma en su lamentable N° 78 lo siguiente, casi calcando el error del cuasi hereje Schillebeeckx (digo “cuasi” porque la “mano abreviada” de Roma, Amerio dixit, jamás lo condenó definitivamente):
“A la luz de estas reflexiones, se comprende bien por qué el Magisterio ha elogiado repetidamente los méritos del pensamiento de santo Tomás y lo ha puesto como guía y modelo de los estudios teológicos. LO QUE INTERESABA NO ERA TOMAR POSICIONES SOBRE CUESTIONES PROPIAMENTE FILOSÓFICAS, NI IMPONER LA ADHESIÓN A TESIS PARTICULARES. La intención del Magisterio era, y continúa siendo, la de mostrar cómo santo Tomás ES UN AUTéNTICO MODELO PARA CUANTOS BUSCAN LA VERDAD. En efecto, en su reflexión, la exigencia de la razón y la fuerza de la fe han encontrado la síntesis más alta que el pensamiento haya alcanzado jamás, ya que supo defender la radical novedad aportada por la revelación sin menospreciar nunca el camino propio de la razón”.
Por supuesto que en la misma encíclica (como sucede con casi todos los documentos de los papas desde Juan XXIII en adelante) encontramos afirmaciones exactas, correctas, llenas de verdad. Pero, como también sucede, nos encontramos con este tipo de afirmaciones ambiguas, equívocas o directamente erróneas, que nos dejan en ese típico estado de perplejidad con el que ha sido caracterizado tan bien el católico de a pie frente a las enseñanzas magisteriales de las últimas décadas.
Y no dejemos de señalar los pasajes llenos de confusión referidos a la filosofía moderna o cuando cita sin aclaración alguna a personajes –por lo menos– discutibles como Rosmini. O que la Iglesia según la Fides et ratio parece limitarse en su deber magisterial a “indicar lo que, en un sistema filosófico, puede ser incompatible con su fe” (N° 50), cuando ha sido evidente A LO LARGO DE LOS SIGLOS LAS RECOMENDACIONES DE LA FILOSOFÍA Y TEOLOGÍA TOMISTA para la formación de los católicos como se puede documentar largamente.
O la insólita afirmación de la encíclica en su N° 83 (casi al final) cuando dice que “el gran reto que tenemos al final de este milenio es el de saber realizar el paso, tan necesario como urgente del FENOMENO AL FUNDAMENTO. Como alguien acertadamente comentó: “Cumplimos 700 años de Santo Tomás y están buscando huequitos para llegar a la metafísica”.
Pero pedir una posición clara e indubitable del Magisterio parece ser una quimera hoy en día. No era esta la actitud de San Pío X cuando decía:
“Se deben conservar santa e invioladamente los principios filosóficos establecidos por Santo Tomás, a partir de los cuales se aprende la ciencia de las cosas creadas de manera congruente con la Fe, SE REFUTAN LOS ERRORES DE CUALQUIER ÉPOCA (…) Los puntos más importantes de la FILOSOFÍA DE SANTO TOMAS NO DEBEN SER CONSIDERADOS COMO ALGO OPINABLE, QUE SE PUEDA DISCUTIR, SINO QUE SON COMO LOS FUNDAMENTOS EN LOS QUE SE ASIENTA TODA LA CIENCIA DE LO NATURAL Y DE LO DIVINO” (Motu proprio DoctorisAngelici, AASt.VI (1914), pág. 336-341).
O citando de nuevo lo que el Moderador incluyó de la encíclica de Pío XI:
“Y Nos, al hacernos eco de este coro de alabanzas, tributadas a aquel sublime ingenio, aprobarnos no sólo que sea llamado Angélico, sino también que se le dé el nombre de Doctor Común o Universal, PUESTO QUE LA IGLESIA HA HECHO SUYA LA DOCTRINA DE EL, como se confirma con muchísimos documentos” (Studiorum ducem)
Si esto no es proponer una filosofía propia y “canonizarla” (y lo pongo entre comillas porque no sé si puede decirse en sentido propio), entonces… ¿qué es proponer una filosofía propia?
Comentario Druídico: ¿Es posible que el Magisterio se contradiga? ¿Son estas contradicciones las que se pretenden salvar con la expresión «tradición viva» o «magisterio vivo», modos de caracterizar a las fuentes de revelación como contraponiendo una supuesta rigidez del pasado, que no permitía progreso alguno en los estudios ni descubrimientos «homogéneos» con los textos conciliares y posconciliares del Vaticano II?
Los Papas preconciliares nunca han negado la necesidad y conveniencia del progreso en los estudios teológicos, y a la vez siempre han alertado sobre el afán de «novedades». Todo progreso en la materia no es más que una explicitación de lo ya revelado. Santo Tomás es el mayor ejemplo de este progreso, la cumbre insuperable. Todo lo que le sigue deberá estar en armonía con él, que ha sabido reunir la sabiduría de los Padres Apostólicos, los Santos Padres y los teólogos previos, estando particularmente dotado, por sus virtudes, inteligencia y humildad para la realización de esta obra que es como la catedral del pensamiento católico. El fue elegido por Dios para completar el edificio de la Filosofía y la Teología Católica, y el Magisterio la ha hecho suyas.
A partir del auge de «modernismo», los papas han visto la necesidad de advertir contra la teorías que pretendían menoscabar, y hasta ignorar lisa y llanamente la doctrina del Doctor Universal de la Iglesia. Hay inclusive quien habiendo escalado altísimos rangos en la jerarquía eclesiástica, se han jactado públicamente en su momento de no haber estudiado una palabra de Santo Tomás. ¿Sobre qué sistemas filosóficos y teológicos fundamentan su formación católica estos hombres que conducen la Iglesia hoy?
Esta cuestión es vital. Si se pretende una continuidad en el Magisterio, no se puede esquivar la prueba de fuego de dicha continuidad, que es, a saber, pasar por el crisol de la filosofía y la teología tomistas, los textos que se han producido a partir del Concilio Vaticano II. Y como advierte el autor, no dejarse engañar por citas elogiosas que desvirtúan lo que la Iglesia ha dicho con claridad, insistencia y con un grado de formalidad magisterial que no deja dudas sobre la fuerza de estas afirmaciones.
Invitamos a los lectores a continuar estudiando el caso, en el que puede encontrarse la raíz del problema del «tradicionalismo» y el verdadero obstáculo para un «acuerdo canónico» de aquellos que mantienen situaciones irregulares. Como se ha dicho, resuelto este problema, ya no habrá necesidad de «acuerdos». Pero, si no se resuelve este problema, no hay acuerdo posible, ni en el orden de la ideas ni en el orden práctico.
Item: Para conocer la obra de Augusto del Río, «El Drama Litúrgico», hacer click aquí

