No deis las cosas santas a los perros ni perlas a los puercos
“No deis las cosas santas a lo perros, y no tireis sus perlas a los puercos, no sea que las pisen y que volviéndose se echen sobre vosotros.” [Mt. 7,6]
“No deis las cosas santas a lo perros, y no tireis sus perlas a los puercos, no sea que las pisen y que volviéndose se echen sobre vosotros.” [Mt. 7,6]
– “No deis las cosas santas, sus perlas”, lo que tienen de más sagrado, de más precioso, la santa Eucaristía, los sacramentos, los libros santos, la doctrina cristiana, “a los perros, a los puercos”, a las almas de mala voluntad, establecidas en su fango y que rehúsan salir de él.
Hay que llamar a todos lo seres humanos, sin excepción, a la Iglesia, a la santidad; los primeros días sólo hay que darles enseñanzas generales: las enseñanzas más detalladas sólo deben ser dadas a aquéllos que, por un comienzo de conversión, por su buena voluntad, salieron de su fango y dejaron de estar entre los perros y los puercos. Sólo se les darán “las perlas más preciosas, las cosas más santas”, más tarde todavía, cuando su buena voluntad se haya afirmado, por haber perseverado, y hayan mostrado que han roto definitivamente con los perros y los puercos.
Si no actúan con esta reserva y esta prudencia, las pisarán, las despreciarán, inundarán de blasfemias y de sacrilegios la Santa Doctrina, los Sagrados Libros y los Sacramentos, y no solamente cometerán esos pecados y se entregarán a esos actos impíos y sacrílegos, sino que aun la imprudencia de ustedes será una piedra de tropiezo para esas almas desgraciadas, y esos libros santos, esa santa doctrina, esos sacramentos que habrán recibido y conocido con malas disposiciones, los alejarán de la fe en lugar de conducirlos a ella.
Su ignorancia y mala voluntad les hará encontrar miles de imposibilidades, y lo que habrán aprendido, a falta de ser comprendidos por ellos, les dará motivos para no creer en la doctrina revelada, les servirá para hacerles a ustedes miles de objeciones, para dirigir contra ustedes miles de ataques, a caer sobre ustedes con tanta impetuosidad como enceguecimiento, como jabalíes; “van a pisar las cosas santas y se harán con ellas armas para atacarlos”.
Charles de Foucauld, «Leyendo el Evangelio de San Mateo»
Ediciones Agape, pags. 292-3

