Ningún Obispo “Progre“ en la Manifestación
Nuevamente la realidad pone en evidencia que la «unidad del episcopado» es un mito. Todo el andamiaje colegiado que ha sido construído desde los años cincuenta en beneficio de una cooperación y mutuo apoyo de los prelados se ha convertido en una dictadura de «comisiones y subcomisiones», mientras que el poder jurisdiccional ha pasado en los hechos al las Conferencias manejadas por ellas.
Nuevamente la realidad pone en evidencia que la «unidad del episcopado» es un mito. Todo el andamiaje colegiado que ha sido construído desde los años cincuenta en beneficio de una cooperación y mutuo apoyo de los prelados se ha convertido en una dictadura de «comisiones y subcomisiones», mientras que el poder jurisdiccional ha pasado en los hechos al las Conferencias manejadas por ellas. Por debajo de esa «unidad» por la sofocación, no existe unidad ni en la Fe, ni en el culto, ni en la moral, además de un grave impedimento para el gobierno de las diócesis. El 18 -J de España lo ha demostrado una vez más.
En la manifestación hubo 17 obispos -incluidos los auxiliares- presentes. La mayoría eran las ‘bestias negras’ del mundo ‘progre’, como Rouco y Gea Escolano. Sin embargo, no hubo ninguno del sector ‘progre’ y, además, ningún vasco ni catalán. Para que luego digan que hay unidad en el episcopado.
Las ausencias más clamorosas de la manifestación del sábado 18 en Madrid fueron la del presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Blázquez, y del cardenal Amigo, arzobispo de Sevilla, presente en el cónclave de abril que eligió a Benedicto XVI, como ya comentamos en una edición anterior de Minuto Digital.
Ha habido comunidades autónomas sin un solo obispo, y no nos referimos sólo a las que abarcan una sola diócesis (Asturias, Cantabria, La Rioja, Canarias, Navarra), sino a otras más grandes. De Cataluña, que comprende dos arzobispados y seis obispados, no acudió nadie.. Del País Vasco, con tres obispos titulares y uno auxiliar, tampoco; aquí el caso es más grave pues los obispados no organizaron ningún medio de transporte para los fieles. De la provincia eclesiástica de Sevilla, que reúne seis diócesis, incluida Canarias, no fue ningún prelado. De la Extremadura, dividida en tres obispados, tampoco. Castilla y León comprende once diócesis y sólo contó con un representante: el arzobispo de Burgos. De Galicia, cinco diócesis, un solo obispo. Las comunidades mejor representadas fueron las de Madrid y Aragón.
El obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, ni estuvo presente en Madrid ni envió a su obispo auxiliar, Carmelo Etxenagusia, ni impulsó la presencia de los católicos de sus diócesis en la manifestación, aunque preside la Conferencia Episcopal, que aprobó la participación de los fieles en la protestas.
Los prelados asistentes fueron: el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Antonio Maria Rouco Varela; el arzobispo de Toledo y vicepresidente del Episcopado, Antonio Cañizares; el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez; el arzobispo de Burgos, Francisco Gil; el obispo de Tarazona, Demetrio Fernández; el obispo de Teruel, José Manuel Lorca; el obispo de Huesca, Jesús Sanz; el obispo de Mondoñedo, José Gea; el obispo de Segorbe-Castellón, Juan Antonio Reig; el obispo de Getafe, Joaquín López de Andujar; el obispo de Alcalá de Henares, Jesús Esteban; los obispos auxiliares de Madrid Fidel Herraez, César Augusto Franco y Eugenio Romero; los obispos auxiliares de Toledo, Carmelo Borobia y íngel Rubio; y el arzobispo castrense, Francisco Pérez.
También estuvieron presentes el administrador diocesano de Jaén (cuyo obispado está vacante), Rafael Higuero, y el portavoz del Episcopado, Juan Antonio Martínez Camino.
Los supervivientes del bando ‘progre’ del episcopado, el que pactó con los Gobiernos socialistas medidas tan ruinosas para la Iglesia como los conciertos educativos y el desmantelamiento de la cadena de periódicos católicos (‘Ya’, ‘Ideal’, ‘Hoy’ y ‘La Verdad’), a la vez que comprendía los crímenes de ETA, brillaron por su ausencia. Damos sus nombres para que sus fieles los sepan: Carlos Amigo (Sevilla), Ramón Echarren (Canarias), Fernando Sebastián (Pamplona), José Sánchez (Sigíenza-Guadalajara) y Juan María Uriarte (San Sebastián).
También merece mencionarse en la misma generación a los retirados, de los que tampoco sepamos que aparecieron: Gabino Díaz Merchán (arzobispo emérito de Oviedo), Antonio Montero (arzobispo emérito de Mérida-Badajoz), Ramón Buxarrais, (obispo emérito de Málaga), Elías Yanes (arzobispo emérito de Zaragoza) y José María Setién (obispo emérito de San Sebastián), José María Larrea (obispo emérito de Bilbao), Josep Guix (obispo emérito de Vich), José María Cirarda (arzobispo emérito de Pamplona) y José Delicado Baeza (arzobispo emérito de Valladolid).

