Murió cuando no pensaba: ¡pobre tipo!
Un acontecimiento reciente – la muerte de un político influyente, antiguo presidente de la república argentina – me invita a citar el P. Castellani:
– Murió cuando no pensaba
Se acabó de un brusco hipo.
Con todo lo que esperaba
Pobre tipo.
En Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén
Queridos fieles,
Un
acontecimiento reciente – la muerte de un político influyente, antiguo
presidente de la república argentina – me invita a citar el P.
Castellani:
– Murió cuando no pensaba
Se acabó de un brusco hipo.
Con todo lo que esperaba
Pobre tipo.
– Ya no ganará elecciones
Ya no será reelegido.
Su alma llena de pasiones
¿Dónde ha ido?
– Le dedicará un fanal
La Historia -ni que decir-
Si el pobre ha acabado mal
de mucho le ha de servir
– Morirán todos los otros.
Aprendan que todo es vano.
Si hay alguno entre nosotros
medio aprendiz de tirano.
– Ninguno se exulte o mofe
ninguno se desespere
todos echarán el bofe.
Miserere.
– Piensen todos en la pálida
que a todos apunta y tira
vayan limpiando las ánimas
de mentira
– ¿Qué se han hecho los extremos
adonde quiso subir?
Todo se acabó. Recemos.
Todos hemos de morir.
Leonardo Castellani, 1945.
Un
día, un Rey hizo la siguiente pregunta a un campesino: “¿Cuanto gana?” – “La misma cosa que su
Majestad, contestó el
súbdito: el Cielo o el infierno
”.
Hay
una fuerte tendencia, actualmente, de hacer de la salvación eterna una
recompensa casi sistemática, automática; se declara precipitadamente “justo” o “santo súbito” tal o tal personalidad según criterios
que son, sí, los del mundo pero no los de Dios y de la Santa Iglesia: promoción
de los derechos humanos, preocupaciones socialistas, humanistas y tutti quanti…
Queridos
Hermanos, el Evangelio de hoy me da, también, la oportunidad de hablar del gran
asunto que debe preocupar todo hombre en esta vida; lo recuerda la Iglesia a
todos sus fieles en cada Misa, en el Hanc igitur: Manda, Señor, que seamos preservados de la
eterna condenación y contados en la grey de tus elegidos
.
Mi
propósito no es aterrorizar a los buenos cristianos sino alentarlos, ni tampoco
declarar que tal o cual está en el infierno – incluso si, en general, el
árbol cae hacía donde se inclina
, es el secreto de Dios – sino recordar algunas grandes verdades
que son como guías para que el hombre gane al Cielo y evite el infierno,
verdades esenciales que, por desgracia, cayeron en el olvido en la sociedad
actual, por causa, en particular, del increíble mutismo de los obispos sobre
este asunto tan primordial:
– La primera es que nuestra vida es un paso, y
un paso muy efímero en comparación de la otra existencia que seguirá nuestra
inevitable muerte, una existencia eterna, sin fin.
– La segunda es que esta eternidad no es
necesariamente feliz. El hombre es juzgado por Dios después de su muerte y el
criterio definitivo, absoluto, indiscutible, innegociable, es: si está o no
en estado de gracia.
– La tercera verdad es que el estado de gracia,
de amistad sobrenatural con Dios, es una obra divina, es cierto, pero que no se
realiza sin nosotros, sin nuestro consentimiento: ¿Qué pides a la Iglesia de
Dios?, nos preguntó el
sacerdote en el día de nuestro bautismo. – La fe. – ¿Qué te da la fe? – La
vida eterna.
– Si quieres, pues, entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos:
amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu
espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo
.
Después, sigue otra condición y criterio de salvación:
¿Renuncias a Satanás, a todas sus obras, a todas sus seducciones?
Y, otra condición:
¿Crees en Dios, en
Jesucristo,
quien
también es Rey de las sociedades,
en la Santa Iglesia católica
, la única Arca de la salvación?
Al final del bautismo, dice entonces la Iglesia,
Recibe
la blanca vestidura; que puedas llevarla inmaculada antes el tribunal de
nuestro Señor Jesucristo, para que tenga la vida eterna,
y
Guarda sin desfallecimiento la
gracia de tu bautismo; observa los mandamientos de Dios
–
quienquiera que seas, con cargos importantes o
no, seas Rey o campesino – para que cuando el Señor venga a las
bodas celestiales, puedas salir a Su encuentro con todos los santos y vivir por
los siglos de los siglos. Amén.
– La cuarta verdad, consecuencia inmediata de
las promesas de tu bautismo, es que si no guardas los mandamientos de Dios, si
no renuncias a Satanás, Príncipe de este mundo, y a sus obras, si no guardas la
gracia divina en tu alma, y mueres en este estado, te condenarás necesariamente. Entonces, a ti se referirá
la orden de Dios a sus Ángeles, expresada en el evangelio de esta Misa: “Coged
la cizaña y atadla en manojos para quemarla”, en el fuego sin fin del infierno y la eterna separación
de mi Amor infinito que es el infierno del infierno.
Queridos
hermanos, que nada, nada, nos aleje de la fidelidad a las promesas de nuestro
santo bautismo: lo que está en juego es nuestra salvación. Perseveremos sin
descanso en la oración, en el rezo del rosario, en la recepción fervorosa de
los sacramentos de la confesión y de la Sagrada Comunión, en el rechazo de las
seducciones de este mundo. No nos relajemos en la práctica de la virtud,
especialmente en la humildad y la caridad evangélica. Así nos mantendremos en
el buen camino, el que conduce a la Felicidad eterna del Cielo.
Y
recemos por la conversión de los pobres pecadores y por la conversión de
nuestras Patrias y de sus gobernantes. Así sea.
Ave María Purísima – En el Nombre del Padre y del Hijo
y del Espírito Santo. Amén.

