Panorama Católico

Monseñor Clara: Un Antecedente de Baseotto


A comienzos de 1884, el gobierno nacional de Julio A.Roca decide inaugurar en la capital cordobesa la Escuela Normal de Maestras, bajo la dirección y vice dirección de dos profesoras estadounidenses de religión protestante: las docentes Armstrong y Wall, respectivamente. Esta situación lleva a que en abril de ese año, el vicario Capitular y gobernador en sede vacante del obispado de Córdoba (por la muerte de Esquiú), Jerónimo Emiliano Clara, de a conocer una carta pastoral en la que condena, entre otros asuntos, el nombramiento de las maestras protestantes, porque «a ningún padre católico le es lícito enviar a sus hijos a semejante escuela».

Escribe Diego García Montaño

La tensa situación creada, provoca que el gobierno nacional intente en vano poner paños fríos al asunto. La firmeza de la jerarquía eclesiástica, que defiende a Clara, hace imposible llegar a un acuerdo entre gobierno e Iglesia.

El poder Ejecutivo Nacional, a través del Procurador General, decreta el 6 de junio de 1884 la suspensión de Clara en el ejercicio de sus funciones y solicita su procesamiento por parte del Juzgado Federal competente. El fiscal pide cuatro años de extrañamiento para el prelado.

El 16 de junio, Clara desconoce las medidas tomadas en su contra y redacta otra carta pastoral denominada: «Sobre la libertad de la Iglesia».

Rafael García, Nicéforo Castellano y Nicolás M. Berrotarán, tres distinguidos profesores de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba, se solidarizan con el obispo lo que provoca su destitución inmediata de los claustros docentes, por orden del ministro de Instrucción Pública Nacional Eduardo Wilde, quien entiende que los profesores deben ser sancionados por «haber hecho pública manifestación de ideas y propósitos subversivos contra las leyes y las autoridades de la Nación».

Enterado de los acontecimientos, el rector del Colegio Nacional de Buenos Aires José Manuel Estrada, apoya fervientemente la causa del obispo y de los profesores, lo que le acarrea ser destituido también.

El gobernador de Córdoba Gregorio Gavier, siguiendo directivas del gobierno de Roca, le ordena al procurador Fiscal Provincial Exequiel Morcillo que promueva las acciones judiciales contra Clara. El procurador se niega a cumplir la orden, ya que comparte la posición del clérigo. Morcillo es exonerado y reemplazado por José R. Ibáñez, quien recusa al juez Federal Rafael García, por su público apoyo al obispo.

En Córdoba se organizan grandes manifestaciones en apoyo de los defensores del obispo y de los profesores destituidos. Estrada es recibido en la provincia mediterránea con todos los honores por parte de la legión de católicos. Sigue viaje hacia Santiago del Estero y Tucumán, donde es acogido de la misma manera y con el mismo entusiasmo.

Mientras tanto, el gobierno nacional designa un nuevo vicario en Córdoba: se trata de Juan Capistrano Tissera. Pero el nuncio apostólico, monseñor Luis Mattera, ratifica la prohibición de Clara en el sentido de que los católicos no pueden enviar a sus hijos a colegios dirigidos por no católicos, agregando que los gobernantes argentinos son ateos, herejes, impíos y arbitrarios.

Al no obtener una respuesta satisfactoria por parte del Vaticano, la cancillería roquista expulsa de nuestro país a Mattera.

La Córdoba de entonces recibía el mote de «Roma argentina» o «ciudad de las campanas», por el profundo arraigo que tenía la religión católica en la mayoría de su población.

Resultaría imposible tratar de hacer un paralelismo entre lo acontecido al obispo Clara y los sucedido con monseñor Baseotto. Indudablemente muchos usos y costumbres han cambiado desde aquellos días.

Hoy los católicos deben soportar que bajo el calificativo de «muestras artísticas», tanto en Buenos Aires como en Córdoba, se blasfeme contra la Virgen María con absoluta impunidad.

Los pocos católicos que salen en defensa de la madre de Jesús, son tildados de fanáticos fachistas.

Un cura que tiene vigente su voto de castidad, publica un libro en el que escribe acerca de sus vivencias hetero y homosexuales y no sólo que no es castigado por la jerarquía -al menos hasta ahora-, sino que ante el éxito de su obra, hace otra edición para España.

El astro futbolístico Diego Maradona es tratado en todos los medios como «DI0S», sin que ningún representante de los cultos monoteístas -cualquiera de ellos que sea- haya presentado queja u objeción alguna.

La estrella mediática Marcelo Tinelli abre sus exitoso programa de cada noche, exhibiendo y haciendo gala de un rosario mariano que lleva en su pecho. Acto seguido, presenta a la prostituta o al travesti que más raiting le arrime.

Un padre, cualquier padre argentino de hoy, católico o no católico, debe explicarle a sus hijos menores de edad por qué a cualquier hora, dos hombres o dos mujeres salen besándose en la TV.

Siglo XXI Cambalache… y dale nomás, dale que va…

El autor, Diego García Montaño es Abogado -diplomado en Periodismo Político- profesor de Derecho Internacional Público y Ciencia Política en las universidades Nacional de Córdoba y Blas Pascal.
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