Panorama Católico

Marción, ¿Cuántos así todavía dentro o ya fuera?

Inevitable que se acabe fuera de la Ortodoxia de la Iglesia católica, aunque se esté dentro o entre las estructuras eclesiásticas, si se acepta como Credo un punto de partida y llegada laico, profano, sin metade sobrenaturalización, sin sacralidad. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo, como ya fue manifiesto en el hereje Marción de Sínope, así conocido por la localidad del Ponto helenista (hoy en Turquía) donde por el año 95 de nuestra era había nacido. 

Inevitable que se acabe fuera de la Ortodoxia de la Iglesia católica, aunque se esté dentro o entre las estructuras eclesiásticas, si se acepta como Credo un punto de partida y llegada laico, profano, sin metade sobrenaturalización, sin sacralidad.

Siempre ha sido así y lo seguirá siendo, como ya fue manifiesto en el hereje Marción de Sínope, así conocido por la localidad del Ponto helenista (hoy en Turquía) donde por el año 95 de nuestra era había nacido. Por cierto, lugar de origen también, pero en el 412 antes de Cristo, del famosísimo Diógenes el Cínico, buscador con candil de hombres decentes. (Se supone que seguirá buscando desde ultratumba).

Pues este Marción, según Tertuliano –nacido casualmente el mismo año 160 en que Marción moría en Roma desdiciéndose de su herejía y por lo tanto no réprobo–, se sacó del caletre una «teología» de teologón, que es que nunca cesan, consistente en un Dios creador de la naturaleza que es en sí como vemos imperfecta y otro Dios supremo creador de Jesucristo, la perfección misma. Un dualismo de dioses en el que se atribuía un grado de inferioridad al Dios del Antiguo Testamento que impone su Ley por el miedo al castigo, respecto al Dios Padre de Jesucristo que ha sustituido la ley por el amor. Rechazó el uso del miedo-temor a la justicia de Dios como imposición de obediencia aceptada. Se apoyaba sólo en el amor como motivación y sostén de la ética, que no trascendía a moral cristiana.

No dirá quien esto lea que ahora mismo no se predican estas mismas conclusiones «de fe ecuménica» por doquier, aunque las extraigan del «humanismo cristiano» en lugar del dualismo de dioses Mayor y Menor. Se quedan en general con un Dios unipersonal Padre y Madre como dicen, donde Jesucristo carece de naturaleza divina y el Espíritu (Santo) es el espíritu de fraternidad predicado por el Señor, pero ya no Persona de la Trinidad, Dios santificador actuante en los Sacramentos de Cristo-Liturgo.

Más semejanzas curiosas: Marción, además de rechazar el Antiguo Testamento y negar su recopilación y versión conocida como la de los Setenta, recortó las Cartas de San Pablo a su antojo, a pesar de proclamarse su entusiasta seguidor (lo que hace recordar lo acontecido en el Bimilenario Ecuménico de San Pablo), y dio validez «crítica» solamente al Evangelio de San Lucas, pero sin sus dos primeros capítulos por considerarlos inclusiones añadidas; algo bastante de lo que está ocurriendo en menos exagerado con las actuales purgas textuales neo-testamentarias porque hay que acomodar y afeitar los textos a las ideologías religiosas-espiritualistasde esta época profana, sus signos ecuménicos y las exigencias consecuentes.

Pero, como la Providencia divina ayuda a los que se dejan ayudar, resulta que el alboroto teologizante de la «crítica de textos» del marcionismo de entonces sirvió para que entre la barahúnda de escritos apócrifos surgidos con mejor o peor intención que inducían a la perplejidad y el confusionismo, se estableciera en la Iglesia y por la Iglesia ya tan tempranamente el CANON de los escritos auténticos que dan fe de nuestra Santa FE y que un tiempo después se resumió y articuló en el CREDO.

Sirvió asimismo este Marción para espolear a los apologistas católicos como el antedicho formidable Tertuliano (del que toma origen la palabra»tertulia» y «tertuliano»), natural de Cartago en la hoy revuelta Túnez, de donde fueron también naturales San Cipriano y San Agustín, una cristiandad a la que debemos el estar siendo lo que somos, aunque pasados algunos siglos quedó arrasada y sembrada de sal finalmente por la musulmanía que perdura y de la que están tan contentos nuestros deferentes hombres de iglesia.

Y por cierto se habla, lee y comenta sobre la excelsa figura de San Agustín, pero se silencia en la práctica a San Cipriano, a pesar de que en la descomunal cúpula de la Basílica de San Pedro grabó Miguel Ángel una afirmación suya referida a la Sede de Pedro en Roma, que ni siquiera los cardenales y obispos de nuestra contemporaneidad parecen haber leído: «Hinc una fides mundo refulget, hinc sacerdotii unitas exoritur».

«DE AQUÍ DESTELLA UNA SOLA FE,

DE AQUÍ SE ORIGINA LA UNICIDAD

DEL SACERDOCIO».

Justo lo contrario que se lleva en nuestros días. Un obispo mártir que se opuso a los «lapsos» y «libeláticos», que ante las persecuciones pedían certificado falseado de haber sacrificado a los dioses fingiéndose como apóstatas y luego se reconducían a cristianos oportunistas pasada la furia imperial de los imperiosos de este mundo, siempre tan ecuménico.

Hay una diferencia de entonces a esta negra temporada. Marción, pese a que era un gran sostenedor económico en Roma de la Iglesia, debido a sus inmensas riquezas de naviero todopoderoso al estilo de un Onassis de los tiempos recientes, sin embargo fue excomulgado por su propio padre biológico ¡que era obispo! Mientras que nuestros obispos contemporáneos no excomulgan a nadie en razón de sus entrañas paternales de adopción que a todos acogen teóricamente.

Marción se reconcilió con la Iglesia de Jesucristo. Ahora ya no hace falta, porque toda creencia es respetable y toda religión tan digna como otra. Eso se dice. ¿Dentro o fuera de la Iglesia de Jesucristo? ¿Dentro o fuera de la Gran iglesia novaciana de los libeláticos, lapsos, prolapsos? A todo esto, que no se nos olvide, San Cipriano fue decapitado por negarse a reconvertirse al sanísimo laicismo imperial. Ratificó con la propia sangre su confesión de FE CATÓLICA. Demostró con hechos ser un OBISPO CATÓLICO no-ecuménico.

Fuente: Siempre P’lante

Nota: La exposición y condena de las doctrinas de Marción puede leerse en Dz Nº 48 y ss. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *