Los Convidados de Piedra (reflexiones sobre la educación de los adolescentes)
Docente con más de veinte años de experiencia en colegios religiosos, la Dra. Vitagliano de Cardinali describe con gracia y desenfado el patético estado de la educación católica.
Escribe la Dra. Norma Vitagliano de Cardinali
Docente con más de veinte años de experiencia en colegios religiosos, la Dra. Vitagliano de Cardinali describe con gracia y desenfado el patético estado de la educación católica.
Escribe la Dra. Norma Vitagliano de Cardinali
«El sacerdote no va solo al cielo ni va solo al infierno. Si hace bien, irá al cielo acompañado de las almas por él salvadas con el buen ejemplo… si hace mal, si da escándalo, irá a la perdición con las almas condenadas por su mal ejemplo». San Juan Bosco
¡Esta juventú de ahora!
Entre tanta noticia importante como la guerra entre la Chiche y la Cristina, que Alfio Basile es el nuevo técnico de Boca o que un grupo de científicos franceses descubrió que la circuncisión reduce en un 70% el riesgo de contraer SIDA, que en la Argentina haya aumentado la mortalidad en la franja comprendida entre los 14 y 19 años de edad y que en el 70% de los casos de esas muertes estén involucrados la droga y el alcohol, es un tema de menor cuantía.
Total, para lo que es la juventú de ahora, doña…
Los jóvenes no encuentran sentido a sus vidas. No ven el futuro. No puede haber futuro si no se conoce nuestra historia. Si no se conoce la historia, no hay Patria. Si no hay Patria, tampoco hay familia. Sin familia no hay transmisión de valores -y virtudes, no solamente valores- inmutables, ni quien reclame por la verdadera educación de los hijos. Porque los que no saben son los adultos, no los chicos. Y nadie puede transmitir lo que ignora.
Los adolescentes que son -siempre lo fueron y los de hoy no son la excepción- naturalmente contestatarios, audaces, valientes, fieles defensores de sus ideales, no tienen ideales que defender. El «vive peligrosamente» de Nietzche, es una consigna adolescente.
Si logran no ser noticia en los medios de comunicación, siguen viviendo esa vida vegetativa en soledad. Quienes debieran estar abocados al logro de su verdadero crecimiento, se encuentran por el contrario ocupados en sumergirlos en la mediocridad, la masificación, la despreocupación por todo lo trascendente y un único ideal hipotético: la seguridad física. Si se emborrachan, que sea en un boliche con salida de emergencia… si van en moto, que usen casco… y si mantienen relaciones sexuales en un auto, lo hagan con preservativo y cinturón de seguridad.
Esta propuesta, la única que llega a los jóvenes, se presenta en un tono fatalista: es el sentido de la historia. Si no la aceptás, sos un ignorante.
Algunos mienten, otros no saben pero prefieren no enterarse porque no están dispuestos a remar contra la corriente. En esa carrera a veces inconciente que los jóvenes de todos los tiempos han corrido, hoy se los detiene nada más que para recordarles que «cuidarte es quererte». Fenomenal contradicción en una personalidad que se está formando y así nunca encontrará el equilibrio.
Fue la lucha tu vida y tu elemeeentooo…
Sarmiento fundó escuelas.
¡Gracias Sarmiento!
Horas dedicadas todos los días en demostrar a los chicos que no son capaces de cambiar nada.
Sistemas, contenidos, hombres y mujeres puestos al servicio de este pie de gigante que aplasta la cabeza de los jóvenes y si alguno trata de escapar, una luz de atención se enciende en el aula, se retransmite a la Dirección y de allí al Ministerio. ¡Emergencia, alerta roja, vestigios de actividad cerebral!
¡Ese chico pregunta más de lo que conviene! Parecía bueno pero… ¿Qué se le puede cuestionar a un docente que cumple con el programa? Se ha detectado una manzana podrida, posible germen de caudillismo bárbaro que no puede ser aceptado por nadie que haya pasado por una Facultad o Instituto Superior. ¡Pobre chico al que se le ocurra insinuar que tiene sangre en las venas! Se lo condenará inexorablemente en los perfeccionamientos docentes, sin atenuantes ni disminución de la pena por buena conducta. Además cuando los padres del réprobo se enteren le dirán ¡callate porque si no, no aprobás!
¿Cómo podría sobrevivir un chico con condiciones ante tanta mediocridad? ¿A cual de estos personajes podría querer parecerse un adolescente? ¿Por cual de ellos se sentirá amado? ¿A quien podría respetar?
También está el problema de la mala conducta del educando, que puede no sólo comprometer la salvación de su alma sino -lo que es más grave- el prestigio de la escuela. Me consta la veracidad del diálogo mantenido entre el sacerdote y la asistente social al discutir la admisión del alumno:
-Mire Padre, el papá del chico es un vago de muy mala vida. ¿Le gustó la pastafrolita que le traje ayer?
-Muy rica, ¿y la madre?
-Parece una buena persona, calladita. Pero a lo mejor es una de esas mosquitas muertas.
-Seguramente. ¿Y el chico?
-Muy inteligente, pero también muy atorrante. Se lo pasa de juerga en juerga y hasta dice cosas contrarias a la Doctrina de la Iglesia.
– ¡Qué barbaridad! ¡Tan joven y ya irremisiblemente condenado al fuego eterno del infierno! Debe ser drogadicto. ¿Cómo se llamaba este desdichado?
-Agustín de Hipona.
-Que se busque otro colegio.
-Como usted diga, Padre. Para el sábado le prometo traerle un rico matambrito…
1.275.001…
…son los alumnos que cursan sus estudios en establecimientos educativos privados, nada más que en la provincia de Buenos Aires (cfr. Diario «El Día» de La Plata 10/7/05). No se menciona a los propietarios de las escuelas, pero en un cálculo mezquino y arbitrario, se puede suponer que al menos el 80% pertenecen a la Iglesia Católica. Un millón veinte mil chicos entre los 3 y los 17 años son alumnos de colegios católicos. Y la matrícula va en aumento, según el diario, por «los incontables días de paro al año, la baja en la calidad de enseñanza, la desorganización curricular y la sensación de desamparo y despersonalización» que se sufre en las escuelas del Estado.
¿Y la educación religiosa?
Bien, gracias.
Cuando Mons. Antonio Quarracino se hizo cargo del Arzobispado de La Plata, preguntó cuántos colegios católicos existían en la Arquidiócesis.
Le dijeron.
Luego de una pausa el Cardenal reflexionó: ¿Qué pasaría si los comunistas tuvieran tantas células de adoctrinamiento como colegios tiene la Iglesia?
Tenemos un país que constitucionalmente sostiene la religión Católica, Apostólica y Romana. El pueblo argentino, mayoritariamente católico, realiza en diferentes regiones y épocas del año manifestaciones públicas y masivas de fe. Los gobiernos, aunque sean ateos, necesitan de los colegios de la Iglesia para poder cumplir con la declamada educación obligatoria y el discurso de la igualdad de oportunidades para todos.
Entonces, si tenemos tantos colegios, si tenemos tantos alumnos, si el Estado no nos puede suprimir, ¿por qué no hay educación católica?
Muchos años dentro del sistema educativo católico como alumna, madre, maestra catequista, profesora, asesora jurídica de docentes y representantes legales, directora, directora general, y nuevamente profesora, me animan a aventurar algunas respuestas. Muchas veces, dentro de la misma Iglesia, no se dan testimonios claros de fe.
Subvenciones, mal menor, baños limpios y polenta
La cuestión no admite simplificaciones ideologizadas como dividir al clero entre «progres» y «retros», porque salvo en los casos extremos, las posturas se entrelazan en una complicada maraña de «contenidos transversales» para decirlo en la jerga docente.
En primer término están los devotos del Santo Subsidio, que por prudencia no van más allá de lo políticamente correcto porque ¿qué sería de nosotros si el Estado nos retira las subvenciones? Esta devoción está más difundida en el sector progresista, que parece ser que de aquel tema de la añadidura y los lirios del campo no escuchó hablar en su vida. Hubo una vez un sacerdote que, según se cuenta, gustaba de jugar algún numerito a la lotería… cierta vez se le venía encima un vencimiento y el buen cura no tenía con qué pagar. Entonces compró un billete… y ganó el primer premio.Pero eso pasó hace mucho.
También están los «carreristas», que ingresaron al seminario para hacer política sin correr tantos riesgos y con la ventaja adicional no sólo de expulsar al adepto infiel, sino también de condenarlo al fuego eterno.
Entre los conservadores, si bien existen devotos del Santo Subsidio, está mucho más difundida la Novena Perpetua del Mal Menor, muy respetable por estar estrechamente ligada a la virtud de la prudencia. La devoción al mal menor presenta muchas ventajas, entre las que se destacan: a)Destierra la posibilidad de caer en el nefasto vicio de la temeridad… b)permite predicar la Verdad valientemente, en un sótano, en voz baja, con las ventanas cerradas y para un limitado número de predestinados … c)Asegura a cada uno de sus participantes, por lo escaso del número, un mayor porcentaje de gloria individual… d)Garantiza que no se supere la infranqueable barrera de 144.000 justificados que establece el Apocalipsis… e)permite dormir con la conciencia tranquila luego de haber encendido una luz para esconderla debajo de la cama. A pesar de estas innegables y piadosas ventajas del método del mal menor, no sirve para educar adolescentes. NO SIRVE. Ningún paliducho que no se atreva a asomar su cara al sol logrará que las juventudes icen las banderas de Cristo y de la Patria.
También conspiran contra la educación católica los PMP (progresistas muy pavotes), que más que malos son jurídicamente inimputables pero que han contribuído notablemente al estado actual de cosas. Creen que la gente se acercará más si todo es divertido, entonces sus colegios son casi boliches bailables. No hay corrección, ni límites, ni disciplina.
Cuando hay alguna misa, se entonan vivificantes cantos litúrgicos como este:
Dulce doncella, te seguiré
¡Te seguiré!
Tu eres mi estrella, te alcanzaré
¡Te alcanzaré!
¡Yo se que sí!
La, lala, la , lala
La, lala, la , lala
La, lala, la , lala
La, lala, la , lala
Composición en honor de la Santísima Virgen cuya profundidad teológica empequeñece al Salve Regina.
Se permite, se tolera e incluso se fomenta que todos sigan por caminos equivocados pero «en el ámbito de contención de la Iglesia», y siempre que se invite al cura a cuanta comilona haya. Para no romper esta maravillosa camaradería, no se habla de religión. Los colegios se convierten en gigantescas guarderías con baños limpios y bonitos uniformes y excepto para los halagos y las donaciones, la presencia sacerdotal no existe.
Por último están los marxistas, para los cuales el Verbo se hizo carne… para repartir polenta, yerba y colchones. Es decir que con un buen Ministerio de Bienestar Social, se acabó la misión de la Iglesia.
Y en medio de todo esto, los jóvenes terminan siendo los convidados de piedra del banquete educativo.
La, lala, la , lala.
«El chico que nunca se hizo la rabona es sospechoso».
(Leonardo Castellani)
El docente es abnegado.
El docente tiene vocación.
El docente se perfecciona.
Y a pesar de todo, el sistema no funciona. Las causas son analizadas en todas las escuelas públicas del país , estatales o privadas. Porque en la Argentina la educación es un servicio público que puede ser tanto de gestión estatal como privada. Igual que la recolección de residuos domiciliarios.
Las causas son analizadas en los perfeccionamientos: reuniones de docentes sentados en círculo con pava, mate y facturas (puede ser termo y bizcochitos de grasa, no es excluyente). ¿Quiénes son los responsables del fracaso del sistema educativo?
Hay muchos: el televisor, la computadora, el boliche, el alcohol, la droga, el individualismo, los padres, el agujero de ozono… ¿Y los docentes? No, de ninguna forma. Encima con lo que ganan, bastante hacen los pobres…
Pero los más grandes responsables, los peores, los que realmente arruinan al sistema educativo que sin ellos funcionaría infinitamente mejor son los alumnos, que no saben aprovechar la educación que reciben. ¡Qué fantásticas serían las escuelas vacías en las que el maestro pueda cumplir tranquilamente sus funciones: presentar en término las tan útiles planificaciones ordenadas por el Ministerio y completar las no menos útiles planillas!
Algunos, los más piadosos, proponen rezar para que los alumnos no dilapiden las abundantes gracias que reciben al asistir a un colegio católico.
Un detalle importante a tener en cuenta es que el profesor nació profesor. Nunca fue chico. El profesor, cuando era adolescente, amaba estudiar y pasaba los días embelesado en la biblioteca. Lo que más le fastidiaba eran los días de asueto, los recreos y las horas libres.
A mí misma me ha pasado cuando tuve que elegir entre quedarme en mi casa resolviendo una ecuación algebraica con cinco incógnitas o irme con mis amigas a pavear al centro. Siempre elegí quedarme estudiando… un confesor, por favor.
En la corporación docente jamás habrá un mea culpa (el latín ya está superado), y ello es producto por un lado de un instintivo reflejo de defensa y por el otro de la formación que los mismos docentes reciben en los institutos superiores.
Por supuesto que no son todos iguales. Están los «trabajadores de la educación», siempre quejosos y conflictivos, que deberían plantearse seriamente la posibilidad de abandonar la docencia y poner una pizzería, vender bulones o dedicarse a otra actividad más lucrativa.
Están los excepcionales que no esperan que el Estado los «perfeccione» sino que se perfeccionan solos. Son los que saben de qué hablan, muy raramente se apegan a un manual, mantienen clases disciplinadas, y extrañamente, se hacen querer por los alumnos y siguen siendo recordados con afecto y respeto muchos años después del egreso escolar. Éstos, suelen perder los recreos hablando con los chicos sobre cualquier tema.
Y están también los que sin tener una sólida formación académica, son bien intencionados, aman a sus alumnos y tratan de transmitirles lo mejor. A veces aciertan y otras no. Todo depende de las instrucciones que reciban.
En la escuela se habla de solidarizarse con cualquier cosa y nunca de justicia. Predomina el trabajo grupal, en el que siempre se pierde de vista el más dedicado y más capaz y pasa desapercibido quien tiene problemas. De esa manera se trabaja menos y se mantiene la matrícula necesaria para la subvención.
Si el chico tiene muchos problemas se lo envía al gabinete psicopedagógico, nunca al cura, que por otra parte siempre está ocupado en cosas más importantes como firmar papeles o dormir la siesta.
Si se trata de problemas de aprendizaje por falta de aptitudes, en lugar de trabajar individualmente las condiciones predominantes para que sea útil y ame lo que haga, se insiste con que debe seguir una carrera universitaria, convirtiéndolo en un resentido.
Resultados en el aula: los muy buenos no están previstos, los buenos empiezan a dejar de serlo porque todo da igual y los no tan buenos son cada vez peores.
Por otra parte los muy buenos y los buenos están neutralizados por el estudio sistemático de basura.
En este aspecto, suele circunscribirse la educación católica al dictado de catequesis, descuidando la catolicidad de las restantes asignaturas.
El profesor de física debe enseñar física cristianamente. ¿Qué no es posible? Sí es posible. Una vez escuché una conferencia de un joven ingeniero cordobés que demostró la existencia de Dios a partir de un poema de Leopoldo Marechal y de las leyes de la termodinámica.
Deben destacarse algunos esfuerzos que por lo aislados son casi heroicos, como la realización de cursos, conferencias y encuentros masivos de docentes, catequistas y directivos que vienen realizándose desde hace algunos años en La Plata, con el objetivo de recordar a los actores del proceso educativo que la educación católica debe ser católica… o la edición de los textos escolares que viene realizando desde hace algunos años la Universidad Católica de La Plata que, por los menos de los que yo conozco, son los únicos que pueden seguirse sin reparos en un colegio católico. Con el tiempo y la ayuda de Dios, puede que estos esfuerzos puedan plasmarse efectivamente en el aula.
La educación católica «…no es competencia exclusiva de la catequesis, sino que compromete también al ambiente, a la intención de síntesis cultural que se espera de la escuela católica, y por supuesto, a la atención pastoral y espiritual que se brinda a los alumnos…» («Jesucristo, imagen del Hombre Nuevo, centro del proyecto educativo católico»… conferencia pronunciada por el Obispo Auxiliar de Buenos Aires, S.E.R. Mons. Héctor Aguer el 5/4/97 en la asamblea anual del Consejo de Educación Católica con las Juntas Diocesanas, publicada por la revista «Educadores», N º 5, págs. 104 y ss.).
Una solución posible: sacerdotes y silbidos
El cura que ganó la lotería, del que ya hablamos, se estaba revistiendo para celebrar la Santa Misa, cuando escucha un alboroto y va a ver que pasa: el sacristán estaba a los gritos con un muchacho de catorce años que había entrado a la iglesia a curiosear. El cura defiende al chico y después de la misa se entabla el siguiente diálogo:
– ¿Sabes leer?
-No.
– ¿Tienes padre?
-No.
– ¿Sabes rezar?
-No.
– ¿Sabes silbar?
El chico sonríe y el sacerdote prosigue:
– ¿Por qué no vas al catecismo?
-Porque soy muy grande y me da vergüenza.
El sacerdote se arrodilla y hace arrodillar al chico junto a sí. Comienza a recitar el Ave María y Bartolomé Garelli, que así se llamaba el muchacho, lo repite convirtiéndose en el primer alumno de San Juan Bosco. Era el 8 de diciembre de 1841.
Para Don Bosco educar es «…formar buenos cristianos y buenos ciudadanos… restablecer la imagen de Dios en el hombre… formar una Humanidad iluminada por la fe, sostenida por la esperanza, santificada por el Amor« (FIERRO TORRES, Rodolfo, S.D.B.: «La Pedagogía Social de Don Bosco», Librería Editorial Santa Catalina, Bs.As., 1950, pág.83).
El Apóstol de la Juventud escribió un enjundioso tratado sobre su sistema pedagógico preventivo, cuyo estudio y puesta en práctica sin duda arrojaría sorprendentes resultados sobre la educación católica. Y no demandaría demasiado esfuerzo incluírlo en las curriculas de los institutos superiores de formación docente de la Iglesia: son apenas doce páginas. ¡Doce páginas!
Esto en el aspecto pedagógico. Pero hay otro previo y más importante, que es el que se ha destacado en negrita en la cita de la conferencia del actual Arzobispo de La Plata: la atención pastoral y espiritual que se brinda a los alumnos.
No hay colegio católico posible sin vida sacramental. No hay colegio católico posible sin presencia sacerdotal, sin misas, sin asesoramiento espiritual, sin confesiones.
Claro, muy lindo, pero hay tan pocas vocaciones, el sacerdote está tan ocupado, etc.
La historia ha registrado que San Pío V no dormía la siesta.
El Cardenal Merry del Val se escapaba del Vaticano en secreto para hacer apostolado entre los jóvenes de Roma. Es comprensible que el cura de la vuelta esté mucho más ocupado que el Secretario de Estado de San Pío X, pero a lo mejor tiene un ratito…
En esta actualidad en que los laicos administran la Eucaristía y los sacerdotes llenan planillas parecería sensato invertir los papeles.
Instáurese confesiones y misas semanales -misas serias, con cantos litúrgicos apropiados, que eleven el alma del chico, no que le atrofien la mente-, exposiciones del Santísimo, y veremos si los colegios se hacen más católicos e incluso si no vuelven a florecer las vocaciones.
Lo demás es fácil.
Sólo hay que saber silbar.

