Panorama Católico

La vocación sacerdotal y religiosa

 

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

He tenido dos grandes alegrías: La de poder visitar a Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de los Mexicanos, Emperatriz de América y asombro de los católicos del mundo entero; por eso, durante mi corta estancia entre ustedes… ¡me siento mexicano!  Y la alegría de poder dirigir a los cristeros de la Tradición algunas palabras sobre un asunto primordial: la santa vocación sacerdotal y religiosa.

Se trata del plan de Amor de Dios no solamente sobre tal o cual joven llamado por Nuestro Señor, sino también sobre muchas almas, todas las que se santificarán y se salvarán por medio de un futuro sacerdote, o de un futuro religioso o religiosa. 

 

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

He tenido dos grandes alegrías: La de poder visitar a Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de los Mexicanos, Emperatriz de América y asombro de los católicos del mundo entero; por eso, durante mi corta estancia entre ustedes… ¡me siento mexicano!  Y la alegría de poder dirigir a los cristeros de la Tradición algunas palabras sobre un asunto primordial: la santa vocación sacerdotal y religiosa.

Se trata del plan de Amor de Dios no solamente sobre tal o cual joven llamado por Nuestro Señor, sino también sobre muchas almas, todas las que se santificarán y se salvarán por medio de un futuro sacerdote, o de un futuro religioso o religiosa. 

Pienso que lo mejor para hablar del llamamiento de Nuestro Señor es abrir el Santo Evangelio y ver, meditar un poco sobre las elecciones que hizo Jesús entre sus discípulos para que Lo sigan: El tenía tres clases de discípulos:

El gran número de los simpatizantes que lo oían predicar, son los cinco mil que Nuestro Señor alimentó milagrosamente con algunos panes y pececitos, son los que lo aclamaron cuando entró en Jerusalén, son los innumerables enfermos que fueron curados por El.

También, menos numerosos, pero más unidos con Nuestro Señor, son los setenta y dos discípulos de que habla San Lucas, son los quinientos discípulos que vieron a Jesús resucitado, son los 120 presentes en el Cenáculo después de la Ascensión.

En fin, algunos fueron personalmente designados por Jesús PARA QUE LO SIGAN. Sabemos de uno, un joven rico, que fue llamado por El, pero que no quiso seguirlo. Era bueno, practicaba los mandamientos, pero cuando Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme”, desgraciadamente, “al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes”. Y no siguió a Nuestro Señor. Quizás habría sido un gran apóstol, habría salvado a muchas almas…

Otros respondieron al llamamiento de Jesús. Fue el mismo pedido: “Sígame”. “Vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: « Sígueme ». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. “Vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: « Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres ». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él”. 

Lo más impresionante en estas narraciones, es la rapidez y el aspecto radical de la respuesta al llamamiento de Nuestro Señor. Sin ninguna objeción, duda, plazo, Lo siguieron, dejando plata, redes y familia. Es que Jesús, al mismo tiempo que los llamó, puso en sus corazones una inmensa convicción, que nada podía hacer temblar: “Nunca tendrás un ideal, una razón de vivir, una razón de morir, ALGUIEN como YO, el Amor crucificado, la Verdad eterna, la Misericordia infinita, Yo, Jesucristo, tu Dios, tu Salvador, tu Amigo; ¿Quieres ayudarme en la salvación eterna de los pobres pecadores, quieres sacrificarte conmigo para revelar a este mundo, helado por el pecado, el fuego de mi Caridad que vine a encender y difundir en toda la tierra? ¿Quieres conocerme y amarme mejor, quieres imitarme? Entonces, SIGUEME”.   

El fin de la vocación sacerdotal o religiosa es uno solo. No hay que mezclarlo con otros motivos, incluso buenos, pero no esenciales a la vocación: deseos de silencio, de estudio de la religión, de ayuda al prójimo, de una función honorable, ¿que sé yo? ¡NO! El fin de la vocación es conocer, amar e imitar a Nuestro Señor Jesucristo. Es un camino diferente del camino de cualquier bautizado, es vivir exclusivamente por, con y como Nuestro Señor. El motor, la pasión, el fuego de la vocación es la Persona del Dios hecho hombre, es la Persona de Jesús. No hay otro “para que”. Ya esté investido de una función importante, ya sea un sacerdote aparentemente casi inútil, un misionero en Japón o párroco en su propia ciudad, ya sea vicario, capellán o canónico, ya sea Superiora, cocinera, catequista, o la última de las hermanas, enferma o con salud, lo que importa es que SIGAN A NUESTRO SEÑOR: aquí está la esencia de la vocación sacerdotal y religiosa y la explicación de la vida de los Apóstoles, y de santas mujeres como la activa Marta y la contemplativa María Magdalena.

Por supuesto, hay dos condiciones para la vocación: Ciencia y virtud suficientes. Pero estas condiciones confirman la vocación, no son señales en sí de vocación: Muchas personas son más santas, más inteligentes que varios aspirantes al sacerdocio o a la vida religiosa, por ejemplo los padres de santa Teresita o tal profesor de Universidad, y no por eso Jesús los llama. El deseo, la intención recta de seguir el ejemplo de Nuestro Señor son señales ya más claras, sobre todo si este deseo se manifiesta en los hechos, en las pruebas. Pero hace falta también un último criterio: el llamamiento del obispo, el juicio del superior eclesiástico o religioso. Por eso, querido joven, antes de tomar el avión o de entrar en convento, es menester pedir consejo a un sacerdote.

El seminario no es una especie de universidad o de cuartel, o un lugar de descanso para una pandilla de amigos, una escuela de funcionarios, un refugio tranquilo para los timoratos y los coleccionadores de libros, es la vida de oración y de formación que tuvieron los Apóstoles con Nuestro Señor durante su vida pública y después de la resurrección. Conocer, amar, imitar a Jesús, Sacerdote y Víctima, tal es el programa del seminarista. Para las jóvenes, también hay noviciados, donde aprenden a seguir a Nuestro Señor en el camino de Esposa de Jesús y madre de las almas, camino que siguieron María Magdalena y Marta en Betania y en regiones lejanas. 

SEGUIR A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO: Así se ilumina y se consuma toda la vida del sacerdote: Cuando sube al altar, sube al calvario para ofrecer Jesús Víctima y ofrecerse con El; cuando reza el santo breviario, su intención de oración es la misma de Nuestro Señor; cuando absuelve un penitente, asiste a un enfermo, a un agonizante, les trae la Misericordia del Corazón de Jesús. Así sigue a Nuestro Señor y, más aun, se identifica con Él, porque el sacerdote no dice: “Esto es el Cuerpo de Jesús”, o “que Jesús te absuelva”, dice: “Esto es MI CUERPO, el cáliz de MI SANGRE, YO te absuelvo tus pecados”. ¡Qué Misterio, y qué grande es el ideal sacerdotal, qué bien puede hacer el sacerdote, ya que es otro Cristo! Dijo Jesús: “Quien os recibe, quien os escucha, a Mí  me recibe y me escucha;  porque como mi Padre me envió, yo os envío”…

Amadísimos hermanos, recemos por nuestros seminaristas para que sean ardientemente fieles a su vocación. Pidamos también muchas santas vocaciones sacerdotales y religiosas. ¿Será posible que la tierra de la Guadalupana, Madre de Jesús y de tantas almas salvadas del demonio, no dé a la Iglesia numerosos y dignos continuadores de la misión de su Hijo?

Ave María Purísima – En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Comentarios

Anónimo
28/08/2009 a las 3:50 pm

Consulta
No indican quién es el autor de la homilía.



    Moderador
    28/08/2009 a las 3:56 pm

    Un sacerdote amigo
    es el autor de la homilía.



      Anónimo
      28/08/2009 a las 4:11 pm

      Pero por qué no tiene
      Pero por qué no tiene nombre…. Si nadie lo va a condenar por hablar de las vocaciones religiosas.



        Moderador
        28/08/2009 a las 5:06 pm

        No vaya a creer…
        Siempre hay alguien dispuesto a hacerle la vida desgraciada a todo cura que habla como debe hablar.

        Nos basta lo que dice.



    Anónimo
    12/11/2009 a las 2:11 am

    la respuesta es siemple
    yo he decidido entrar al seminario y esta homilia me ha expresado la verdad, que es lo que tengo que hacer.
    ES JESUS EL AUTOR, que hoy me dice DEJALO TODO, TOMA TU CRUZ Y SIGUEME.



      Anónimo
      12/11/2009 a las 7:03 pm

      Bienvenido, hermano; todas mis oraciones por tí
      No estarás solo.

      Un fraterno abrazo en Quien todo lo ve,
      Á.



      Anónimo
      06/12/2009 a las 6:50 pm

      Vocacion
      Bueno primero que todo queria contarle mi historia porque sinceramente nesecito un consejo, mire he tratado de hablar esto con el sacerdote de mi iglesia ya que somos muy amigos, yo soy catequista, y he sentido el llamado de Dios, rezó, leo la biblia, voy a la eucaristia, inevestigo, pero no se que hacer me encantaria poder entrar a un convento ahora ya, pero soy muy pequeña aun tengo 14 años y soy de Chile, voy en colegio Dominico, e hablado con una hermana de mucha confianza, pero me dice lo que todos me dicen: esperar a que salga de la escuela y despues empiezo a pensar en eso, pero encuentro que igual son muchos años de espera, yo puedo esperar a Dios o el esperarme a mi, sí, pero quiero guardar este llamado y esta vocacion que me a tocado el corazon, donde de un día a otro cambie drasticamente: antes no me importaba la gente pobre ya que mi familia tiene una buena condicion social, pero ahora me pongo en lo que ellos sienten y me gustaria misionar ir a ayudarlos y servirles o darles amor, a dejar todo por Dios, ya que no puedo hacer más para darle las gracias de este mundo que esta esperando una salvación….

      ¿Que debo hacer?

      Dios cierra puertas que ningún hombre puede abrir y Dios abre puertas que ningun hombre puede cerrar ..



        Moderador
        06/12/2009 a las 9:59 pm

        Estimado y Estimada llamados a la vida sacerdotal y religiosa
        Solo puedo ofrecerles el consejo del autor de la columna. Si me envían sus correos personales a moderador@panodigital.com los pondré en contacto con él, si gustan.

        Un cordial saludo y nuestras oraciones por su perseverancia.

        El Moderador



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