Panorama Católico

La Última Escapada (Plague Journal) de Michael O’Brien

Más cerca de las realidades cotidianas vistas con profundidad y perspectiva, en lo que son y en lo que llegarán a ser, Plague Journal entronca una historia familiar con  las realidades socio-político-culturales de estos tiempos, pero en definitiva religiosas, que nos ponen en los umbrales de los parusíacos.

La Última Escapada

(Plague Journal

de Michael O’Brien

Libros Libres

Madrid – 2009

293 Páginas

Si nos salteamos la desafortunada
traducción del título de esta novela de Michael O’Brien, canadiense, autor de
una obra que alcanzó cierta fama “El Padre Elías”, todo lo demás vale la pena.
Con fineza narrativa, originalidad y buen arte de novelista, este escritor
católico, conferencista y periodista, ha realizado un seductor relato de lo que
se ve venir (y hasta cierto punto ya ha venido) en el llamado “mundo democrático”,
inclusive en un país tan orgulloso de sus libertades como el Canadá.

No nos gustó “El Padre Elías”. Un
intento sobre un tema algo trillado, donde se necesita mucha originalidad,
buena teología y cierto temperamento profético que tal vez O’Brien tenga pero
no en su punto de madurez.

Más cerca de las realidades
cotidianas vistas con profundidad y perspectiva, en lo que son y en lo que
llegarán a ser, Plague Journal entronca una historia familiar con  las realidades socio-político-culturales
de estos tiempos, pero en definitiva religiosas, que nos ponen en los umbrales
de los parusíacos.

Nathaniel Delaney,
el protagonists, es un periodista de mediana edad,
abandonado por su mujer, a cargo de dos hijos, batallador y desafiante desde su
pequeño hebdomadario pueblerino heredado de su abuela (A él hace referencia el
título original). Vive en el Canadá profundo, allí donde la naturaleza agobia
con sus distancias y sus soledades. Sus puntos de vista sobre la realidad
mundial, las costumbres, el sistema político y su evolución hacia una dictadura
de costumbres y pensamiento único le imponen otras distancias: la de amigos,
vecinos y lectores.

El periódico se va apagando, los
problemas económicos se agravan, Nathaniel es un peleador nato, un
inconformista, pero no tiene la luz de la Fe ni el bálsamo de la esperanza.

Su mujer lo deja, llevándose a la
hija mayor. No tolera estar sola contra el mundo. El sistema se ha vuelto más
tiránico y controlador de lo que muchos creen. Nathaniel y algún amigo suyo
están entre los pocos que se han dado cuenta, gracias a su cerril rechazo de
las costumbres y el pensamiento impuesto por “el sistema”. El resto se ha ido
adormeciendo de a poco.

Naturalmente, Nathaniel y su familia
(salvo la esposa, rescatada para la sociedad) se convierten en enemigos
públicos, y quienes los ayuden a escapar de “la ley” caen bajo la misma
condena. El libro es, esencialmente, un planteo del status questionis y una huida, o intento
de huida para alcanzar con sus hijos, la esperanza del futuro, algún refugio, o
santuario de libertad.

Además de la visión lúcida de los
tiempos que corren  (que así puede
verse sin problemas, a modo de metáfora, esta historia) o tal vez como
premonición de los que vienen, entendiendo los episodios ya más literalmente,
O’Brien se muestra un visionario en su justa proporción. Sin conspiracionismo ni ingenuidad.

Recorre un camino ya trabajado por
muchos (sin ir más lejos, la admirable novela-alegoría de Chesterton “La Esfera
y la Cruz”, de 1910). Pero esta vez aporta no solo un relato y una técnica
narrativa original y refinada, poética y actual, dinámica y profunda, sino
también un sustento teológico bien elaborado para la comprensión del hombre
actual de buena voluntad.

Apto para toda edad, a partir de la
edad del discernimiento (cada padre sabrá en su caso), pero en particular para
jóvenes padres de familia o aspirantes a fundarla.

Apto para un filme (no dudo que el
autor consideró esta posibilidad) que solo Mel Gibson
podría producir, ahora que la rusita lo abandonó.

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