La Poesía Popular
Cuando en nuestro suelo todavía no se habían difundido los artificios monótonos y ramplones de la prensa folletinesca, la radiotelefonía novelera, la cinematografía lacrimosa, la televisión pornográfica… y otros medios “masivos”, opresivos y corrosivos de “comunicación” social, el pueblo sencillo (“analfabeto”, quizás, pero profundamente sabio) (nuestros mismos abuelos, tal vez) cantaba y recitaba coplas romances y adivinanzas impregnadas bien de alto vuelo teológico, bien de recia filosofía, bien de finísimo humor, bien de disimulada picardía, bien de amores encendidísimos, y en todos los casos exponentes de la más auténtica y verdadera poesía popular.
Escribe Ricardo Fraga
Cuando en nuestro suelo todavía no se habían difundido los artificios monótonos y ramplones de la prensa folletinesca, la radiotelefonía novelera, la cinematografía lacrimosa, la televisión pornográfica… y otros medios “masivos”, opresivos y corrosivos de “comunicación” social, el pueblo sencillo (“analfabeto”, quizás, pero profundamente sabio) (nuestros mismos abuelos, tal vez) cantaba y recitaba coplas romances y adivinanzas impregnadas bien de alto vuelo teológico, bien de recia filosofía, bien de finísimo humor, bien de disimulada picardía, bien de amores encendidísimos, y en todos los casos exponentes de la más auténtica y verdadera poesía popular, es decir, no tan sólo no chabacana, grosera o mediocre, sino nacida de las entrañas mismas de la tierra y, por lo mismo, no impuestas tiránicamente desde afuera por una camarilla de “intelectualoides” desconectados de las más valiosas e insustituibles fuentes culturales.
Ese riquísimo cancionero argentino –original en muchos casos, adaptación de la poesía cumbre española de los Siglos de Oro en otros- se ha perdido ya de la memoria real de nuestras poblaciones del interior de la República. Las causas más serias que provocaron esta pérdida irremediable fueron nombradas antes, pero a ésas cabe agregar aún el desdén (cuando no abierto desprecio) que ese tesoro de sabiduría hispano-católica produce, generalmente, en los ambientes educativos, periodísticos, etc., desde donde debiera promoverse su estudio y difusión.
La mayoría de las personas desconoce totalmente sus orígenes y, por lo tanto, están desarraigadas, esto es, ya no tienen raíces. Y las plantas sin raíces prontamente se secan, y no rebrotan más.
Un grande argentino –casi desconocido como todos nuestros verdaderos grandes- Juan Alfonso Carrizo, maestro y catamarqueño, pasó gran parte de su vida recorriendo a lomo de mula los lugares más apartados de nuestro extenso Noroeste recogiendo de boca misma de los más viejos las más variadas versiones de todo ese Cancionero popular. Apenas contó con algún apoyo público. Pero después sus trabajos fueron publicados por la Universidad de Tucumán. Realizó su labor en el momento justo de la transición (hacia 1920); una generación más y todo se hubiera fatalmente perdido.
Una tarea apostólica de re-fundación de la patria exigirá retornar a nuestros orígenes genuinos y, por ello, volver a nuestra sabiduría tradicional. Ahora las corrientes aplanadoras de una falsa “cultura” (principalmente desde la televisión) no sólo nos torna imbéciles, más también incapaces de todo gozo peculiar, específico, nuestro “de veras”.
Volver a nuestras raíces históricas no puede ser tampoco una actitud exclusivamente académica o “libresca” (si bien ésta es necesaria); debe ser, ante todo, una actitud espiritual de purificación de todos los pegotes que la extranjerización ha producido y consiguiente re-creación vital de aquellas fuentes originales. Pero esta empresa capital ni la cumplió antes el pueblo sencillo sin el concurso de sus “MEJORES”, ni la podrá cumplir tampoco ahora sin el impulso y la dirección de una “clase dirigente” que CONOZCA y AME el patrimonio cultural argentino.
“Es mi fe la de la Iglesia “Cuando pases por la cruz
más firme que la razón; te has de sacar el sombrero
porque la fe está fundada donde puso sus espaldas
en la palabra de Dios!” Jesucristo Nazareno”
“Casi casi me quisiste “No mostréis niños y novios
casi casi te he querido con besos vuestros cariños,
si no es por el casi casi los niños por los microbios
casi me caso contigo” y los novios… por los niños”
“Un señor muy encumbrado “En la ventana soy dama
anda mejor que un reloj, en el balcón soy señora,
se levanta muy temprano en la mesa cortesana
y se acuesta a la oración” y en el campo labradora”
(el sol) (el agua)

