La mentira contra la paz
Escribe Juan Olmedo Alba Posse
Escribe Juan Olmedo Alba Posse
Gaza Más allá de cualquier disquisición sobre sus verdaderos orígenes, en la tragedia de Gaza hay cosas indiscutibles, aunque sufran oscurecimientos intencionales. De un lado algunos muertos y heridos, casi todos soldados. Del otro, centenares de muertos y miles de heridos, casi todos pobladores civiles. Ancianos, mujeres y niños. En el primer sector el arrasamiento total, por anidar terroristas que viven agrediendo con pedradas o cohetes. Como demostrándolo, el diario (La Nación 9.1.09) muestra en la página 4 la estela de un cohete aparentemente lanzado desde una azotea de la ciudad de Gaza hacia el sur israelí. Al costado, otra foto con “la respuesta de Israel” (sic): las fulgurantes llamaradas de un incendio de vastas proporciones y una inmensa humareda negra desde un foco más atrás. En otro lugar (p.2) se consigna que “una serie de cohetes lanzados desde el Líbano dejó dos heridos leves en el norte de Israel”.
Falacias Resulta necesario subrayar lo principal. Conforme lo señala una crónica desde Israel, la invasión de Gaza a sangre y fuego, en trece días “ha cobrado la vida de más de 770 personas dejando cerca de 3300 heridos”. En nota aparte, Bernard Henry-Levy –severo crítico contra Hamas- reconoce que también se siente “perturbado por las imágenes de los niños palestinos muertos”. Y comenta que aunque el ataque de Hamas haya provocado “tan pocas bajas” (sic), ello no significa que sus misiles sean artesanales, inofensivos ni nada por el estilo…
Todas estas crónicas (hacia la historia-ficción) donde se mezclan acotaciones de intención evidente, con tétricos relatos de cadáveres hallados entre los escombros, van revelando cierto sedimento falaz. Por ejemplo –y sólo como un ejemplo elegido al azar- un gran título a toda página anuncia: “Gaza: no hay tregua y la ONU se retira”. Pero está precedido por la siguiente anotación: “Guerra en Medio Oriente – Hamas rechazó un alto al fuego”. No es precisa labor de mucha inteligencia, para advertir a quién se hace responsable. Obviamente al pueblo palestino, para peor identificado con Hamas…
Una grave incongruencia agudiza más el desánimo. En otra parte, el mismo periódico explica que la agencia de la ONU de Ayuda a los Refugiados, decidió suspender sus actividades “tras la muerte de uno de sus integrantes, que conducía un convoy alcanzado por fuego israelí”.
Inercia Cunden las noticias de horribles sucesos y los resortes internacionales siguen a la expectativa, lejos de reacciones otrora más briosas en distintas partes del Globo. Mientras “sotto voce”, se percibe en casi todo el mundo la perplejidad y el rechazo de tanta violencia indiscriminada con desproporción en grado extremo.
Llama la atención frente a esto, que el embajador israelí cuestionara en la AMIA “las calumnias (sic) que recibió su país a raíz del conflicto”; aunque más adelante “admitió que hubo errores en la ofensiva que causaron víctimas civiles palestinas”. Para añadir una revelación todavía más sensacional, sugiriendo graves interrogantes sobre el manejo de la ofensiva y supuestos “enfrentamientos”: “La mitad de los soldados nuestros que murieron en Gaza cayeron con fuego amigo”…(LN. 9.1.09, p.4).
Único camino El terrorismo es abominable, como bien lo conoce la Argentina, no mereciendo justificaciones ni comprensión alguna. Pero tampoco la encuentran los abusos pretextando combatirlo. Una brutal desproporción de la respuesta o el castigo por la simple sospecha. De suyo tanto o más criminal que el mismo crimen, en cuanto se hace a nombre de la civilización y del derecho de gentes. Para peor extendiendo terribles sanciones a familiares y vecinos del sospechado. Está fresca todavía la horrible memoria de Jenín, el Líbano, Belén, Sabra y Chatila; de los asesinatos y bombardeos selectivos. Y la honrosa contrapartida de los nobles pilotos israelíes que se negaron no hace mucho a bombardear objetivos civiles en Palestina.
Es muy sabido –pero desgraciadamente muy olvidado- que la paz y la libertad sólo podrán encontrarse con el regreso a la Verdad; conforme a las enseñanzas del Divino Maestro. Por ello en la oscuridad presente, resulta imperioso hacerla resplandecer desenmascarando por todos los medios la Mentira.

