Panorama Católico

La juventud eterna de la Iglesia

La Iglesia nunca ha estado contra el progreso, como algunos maliciosamente sostienen, por el contrario ha sido la impulsora de él, y la principal en ciertos periodos de la historia.La Iglesia no se aferra a un jumento o un caballo cuando hay autos o aviones. El problema es que con ese eslogan de «modernización» se le ha desvirtuado en muchas partes y es precisamente la juventud, la que notando esa falta de genuinidad de muchos, se aleja de Ella, pasado el momento inicial y eufórico de la dizque «modernización».

La Iglesia con su doctrina es de una permanente juventud. Cristo es hoy, ayer y eternamente. Es el Dios que es la alegría de nuestra juventud, como dice la liturgia.
La Iglesia nunca ha estado contra el progreso, como algunos maliciosamente sostienen, por el contrario ha sido la impulsora de él, y la principal en ciertos periodos de la historia
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La Iglesia no se aferra a un jumento o un caballo cuando hay autos o aviones. El problema es que con ese eslogan de «modernización» se le ha desvirtuado en muchas partes y es precisamente la juventud, la que notando esa falta de genuinidad de muchos, se aleja de Ella, pasado el momento inicial y eufórico de la dizque «modernización».

La Iglesia siempre -durante toda su historia- ha actuado pastoralmente de acuerdo a las circunstancias, pero sin perder su genuinidad ni haciendo maridaje con los tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne.

Es el mundo el que debe volver a Dios y su doctrina, y no la Iglesia la que debe desvirtuarse en un adulterio con las formas y principios falsos del mundo.

No hay nada más permanentemente joven que Dios, cuya doctrina es perenne y siempre vital y vivificante, pues Él es eterno en los siglos de los siglos. Nosotros nos hacemos caducos y viejos como personas, Dios y su Iglesia nunca. Busquemos hacernos y voltearnos hacia Dios y no desear que Él se adapte a nuestros usos y gustos.

Durante 2000 años, en los aspectos humanos en cuanto a formas, la Iglesia los ha desarrollado -con la sabiduría de los siglos- de modo que sean siempre fieles a sus orígenes y fundamentos y conduzcan hacia ellos. Lo grave es, precisamente, cuando algunos se apartan de ellos con pretexto de dizque «ponerla al día» y acaban deformando y traicionando el fondo. Recuérdese que Pablo VI señaló que entró satanás a la Iglesia cuando se esperaba una «primavera» postconciliar. Se dizque abrieron las ventanas y no entró aire fresco sino una tromba destructora y una crisis como nunca en toda la historia de la Iglesia, de la que tardará mucho tiempo para que salgamos. Para ello, es necesario un proceso de reconstrucción que vaya a sus fundamentos.

Quien está contra el verdadero progreso es aquel que no sigue construyendo teniendo como fundamento el progreso que ha habido -en las formas- durante siglos, sino busca qué destruir para innovarlo todo partiendo de cero. Por ello son iconoclastas en muchos sentidos.
El mensaje de Cristo es vivificante, actual y vigente. Los miembros que son fieles a su Iglesia siempre hallarán en ese mensaje perenne, fresco y siempre pletórico de ciencia, la eterna sabiduría a descubrir y profundizar por los jóvenes (y también por los no jóvenes).
Es esperanzador el fenómeno de que muchos jóvenes de hoy están redescubriendo esos tesoros que muchos de sus ancestros olvidaron o despreciaron, en su vetusta actitud decadente que en muchos casos se derivó de un amor excesivo a la novedad por la novedad misma, aunque rompiese la continuidad y el progreso de siglos.

Busquemos, pues, a ese Cristo que es la alegría de nuestra juventud en su mensaje siempre vivo, vigente y joven. Reedifiquemos todo con base en Él.
 

Tomado de: Catolicidad

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