Panorama Católico

Kirchner se Salió con la Suya

Ningún obispo argentino tiene nada que decir del incidente -en modo alguno terminado- por el «caso» Baseotto que es mucho más grave y sintomático de lo que se supone. Porque se trata de un comportamiento claramente totalitario ya que el estado pretende seleccionar a los obispos de la Iglesia Católica, advertirle lo que deben decir y callar (el caso de Mons. Bergoglio es intensamente significativo) y, llegada la situación, sancionarlos como ocurrió con el ordinario castrense.

Escribe Víctor E. Ordóñez

Nos referimos a la maniobra practicada por este presidente montonero que, hasta el momento, rige nuestros destinos de ciudadanos y de colectividad. Su estilo confrontativo responde tanto a una inclinación temperamental (que por momentos roza con lo patológico) como a un reclamo de sus rencores ideológicos. Y todo esto se puso de manifiesto de un modo grotescamente desagradable en ocasión del Tedeum que por una tradición recién ahora interrumpida, se celebraba cada 25 de mayo en la Catedral de la ciudad de Buenos Aires. Con una excusa pueril y mentirosa («es necesario que los porteños comprendan que la Argentina va más allá de la General Paz», dijo uno de los Fernández burlándose así de todos nosotros), el oficio se trasladó a Santiago del Estero donde le sería más agradable al primer magistrado y, efectivamente, lo fue.

Mientras tanto en la Capital se celebraba la misa ordinaria de las 11 horas de los domingos a la que se había convocado a cuantos pudieran ir como expresión de rechazo a la agresiva actitud presidencial, actitud que, repetimos, pese a las expresiones un tanto hipócritas del oficialismo, disimulaba mal el desaire que se quería inferir al cardenal Jorge Bergoglio (y, por supuesto, a la Iglesia). El cardenal, por su parte, brilló por su ausencia lo que no pudo dejar de llamar la atención de la multitud calculada en más de 2000 personas que se había congregado en el principal templo porteño. La pregunta es simple y preocupante ¿porqué? ¿Por qué el primado no celebró el sacrificio aunque no se realizara el Tedeum tradicional, por qué se omitió en el sermón toda referencia a la actualidad tan crítica que se vive en el país, ahora no sólo por las circunstancias sociales sino por la política cultural que el progresismo instalado en el poder lleva a cabo con tanta decisión como convicción… o es que se cree de buena fe en la Curia que no hay conflicto, a lo menos potencial y sordo, entre la Iglesia y el estado? ¿No hay nada que reprobarle a este gobierno que se cobija bajo las faldas y los pañuelos de las tétricas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo? ¿Por qué callar ante un gobierno que ya no oculta su raigambre anticristiana ni su militancia ni su procedencia, dando a cada instante y cada vez que puede un paso adelante en ese sentido? ¿Se presta conformidad con la educación sexual que se propaga por todo el país, penetrando en lo más íntimo del corazón de cada joven y de cada familia? Porque éste es un gobierno dispuesto a acelerar el proceso de izquierdización (paganización) de la república, instalando para ello un totalitarismo apenas velado que, evidentemente, le urge… como lo demuestra la ley ya aprobada y reglamentada que admitía el espionaje de los mensajes transmitidos vía Internet como si estuviéramos en una guerra abierta ante un enemigo declarado.

Este gobierno practica una repugnante política de control de la natalidad, cuyo ministro responsable en el área no temió caer en el ridículo distribuyendo preservativos personalmente en la calle, rodeado de monigotes que completaban la maniobra mediática, ministro que, además, se declaró en forma pública firme partidario del aborto sin merecer advertencia alguna del presidente, lo que no puede entenderse sino como un apoyo implícito a esa postura que llamaremos -para nombrarla de alguna manera- doctrinaria (el negocio de látex que hay detrás no es para contar).

Ningún obispo argentino tiene nada que decir del incidente -en modo alguno terminado- por el «caso» Baseotto que es mucho más grave y sintomático de lo que se supone. Porque se trata de un comportamiento claramente totalitario ya que el estado pretende seleccionar a los obispos de la Iglesia Católica, advertirle lo que deben decir y callar (el caso de Mons. Bergoglio es intensamente significativo) y, llegada la situación, sancionarlos como ocurrió con el ordinario castrense.

Es decir que el totalitarismo que se viene dibujando desde hace exactamente dos años -contra el cual el magisterio papal tiene páginas preciosas, inalterables y siempre actuales- no llama, por el momento, la atención de la jerarquía argentina ni la alarma no obstante haber empezado a sufrirlo. La verdad hay que proclamarla con oportunidad o sin ella según el mandato paulino. Y lo mismo cabe decir de la obligación de advertir de los peligros de paganismo y de descristianización que asoman en el horizonte cercano, con evidencia trágica… peligros que se dejan ver con síntomas claros e inocultables ¿A quien corresponde denunciarlos? A todos los que los hayan vislumbrado -como lo estamos haciendo desde nuestra modesta posición- pero tanto más los que están ubicados en niveles desde donde, como centinelas atentos que deben ser, otean con mejor visión la línea sobre la que asoma el enemigo. Antes que sea tarde.

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