IOR o El Parto de los Montes
Desde Esopo, ya, hasta los tiempos modernos ha hecho fortuna una fábula en la que se relata lo siguiente: grandes temblores anuncian un hecho cósmico sin precedentes. Las sacudidas y vagidos de las cadenas montañosas aterrorizan a los hombres. Expectativa: ¿qué tremenda criatura darán a luz estos montes?
Desde Esopo, ya, hasta los tiempos modernos ha hecho fortuna una fábula en la que se relata lo siguiente: grandes temblores anuncian un hecho cósmico sin precedentes. Las sacudidas y vagidos de las cadenas montañosas aterrorizan a los hombres. Expectativa: ¿qué tremenda criatura darán a luz estos montes?
Tanta fortuna tuvo el relato de Esopo que Horacio lo menciona en su poética y el ingeniosísimo Arcipreste de Hita, en su Libro del Buen Amor recrea la fábula, con un desenlace clásico. Recuerdo la expresión que tanta gracia nos causaba a los estudiantes de literatura española medieval: finalmente los montes, después de tremendas convulsiones, parieron… un “mur topo”. Un ratoncito.
Leemos hoy en la prensa especializada otro parto de los montes: «Il Santo Padre ha approvato una proposta sul futuro dell’Istituto per le Opere Religiose (Ior), riaffermando l’importanza della missione dello Ior per il bene della Chiesa cattolica, della Santa Sede e dello Stato della Città del Vaticano».
Sí, amigo lector, el Instituto para las Obras de la Religión, IOR, el tan temido “banco del Vaticano”, en la realidad, una mezcla de cooperativa de crédito, centro de cobro de sueldos para empleados y jubilados del Vaticano y Pago Fácil de la Santa Sede, donde –parece- anidaban todos los corruptos del mundo eclesiástico, las mafias y las operaciones ilícitas de Europa, después de la creación de comisiones ad hoc y tremebundas amenazas replicadas por la prensa mundial con sus correspondientes hosanas, se anuncia que «continuerà a servire con attenzione e a fornire servizi finanziari specializzati alla Chiesa cattolica in tutto il mondo».
Lo ha dicho el Card. Pell, ministro de hacienda de la Santa Sede. Eso sí, ahora hay un dicasterio más, y varias consultoras internacionales privadas muy felices de contribuir a tan ejemplar depuración por apenas un puñado de euros y acceso a cierta información privilegiada.
El “anuncio” es un instrumento de gobierno mucho más usado en la Argentina que la realización. O como decía el p. Castellani, los argentinos tienen mucha iniciativa y poca terminativa.
Cuando les decimos a los europeos que ya lo conocemos, es porque ya lo conocemos. ¡Créannos!
Y siga Pancho por la vía…
Fuente: Vatican Insider

