Panorama Católico

Interesantes memorias sobre la preparación del CVII

Se han conocido las memorias del Card. Tucci, referidas a las entrevistas que mantuvo con el Papa Juan XXIII en los años precedentes al Concilio, en reuniones a las que asistía en calidad de editor de la revista «La Civiltá Cattollica», sometida a un estricto control doctrinal por la Santa Sede. Pío XII personalmente leía los artículos antes de la publicación para ejercer la censura eclesiástica. En tiempos del Papa Roncalli se derivó la tarea al Santo Oficio, pero la reunión con el papa siguió siendo privilegio del director de la señera revista jesuítica.

Se han conocido las memorias del Card. Tucci, referidas a las entrevistas que mantuvo con el Papa Juan XXIII en los años precedentes al Concilio, en reuniones a las que asistía en calidad de editor de la revista «La Civiltá Cattollica», sometida a un estricto control doctrinal por la Santa Sede. Pío XII personalmente leía los artículos antes de la publicación para ejercer la censura eclesiástica. En tiempos del Papa Roncalli se derivó la tarea al Santo Oficio, pero la reunión con el papa siguió siendo privilegio del director de la señera revista jesuítica.

Reproducimos una pequeña selección de textos tomados de la ya selectiva colección que publicó Sandro Magister en Chiesa. Vale la pena leer todas estas observaciones del P. Tucci, hoy cardenal, a los fines de hacerse una idea del «clima» pre-conciliar. Lo que más llama la atención es la frialdad de los cardenales de la Curia Romana ante el anuncio del papa de su decisión. Invitados a hacer comentarios y aportar ideas, todos se mantuvieron en silencio. 

Claramente, era la curia de Pío XII, y se sabe que el Papa Pacelli consideraba la posibilidad de reunir un concilio ecuménico como un potencial desastre para la Iglesia dadas las tendencias fuertemente enquistadas en los círculos teológicos y académicos católicos. Algo de eso también menciona el Papa Juan, según las referencias del P. Tucci. 

(…) A punto de finalizar ya la audiencia, escribe el jesuita, el Papa «volvió a hablar de la seriedad y seguridad doctrinal de nuestro periódico, y mencionó el hecho de que los buenos padres jesuitas franceses de ‘Études’ se habían dejado influir un poco también ellos por el movimiento de ideas innovadoras cuando él era nuncio en París. Menciona una especie de neomodernismo que a veces,  ‘por lo que me dicen’, se introduce en la enseñanza también eclesiástica: todo se convierte en problema y los jóvenes acaban cuestionándolo todo».

El papa hacia referencia a los teólogos de la «nouvelle théologie», condenada en esos años en Roma y vista con sospecha en algunos ambientes católicos. Muchos de esos teólogos, de hecho, eran jesuitas: entre ellos estaban los padres de Lubac, Daniélou, Teilhard de Chardin, Rahner y otros; los escritores de la revista jesuita parisina, al contrario de sus colegas romanos de «Civiltà Cattolica», sostenían con entusiasmo esta corriente «novatrice». […]

«Ha mostrado claramente – anotaba el director de «Civiltà Cattolica» – que él ve el concilio ecuménico en conexión con el problema de la reunión con, al menos, las Iglesias orientales separadas. No se hace ilusiones, pero constata que el clima espiritual ha mejorado mucho desde los días de León XIII […]. Me dicen que esté atento, mas ¿cómo puedo responder duramente a quien se dirige a mí de manera tan amigable? Pero yo tengo siempre una rendija de mis ojos abierta para no dejarme engañar».

El Papa habló, inmediatamente después, de la necesidad de actualizar el lenguaje de la teología y la doctrina católica formulado a lo largo de los siglos: «A continuación – sigue el director – hace una distinción bastante explícita entre el dogma propiamente dicho, misterios que hay que aceptar humildemente, y las explicaciones teológicas». […] Dijo además que había que hablar del infierno a los fieles, resaltando sin embargo «que el Señor será bueno con tantos». Añadió, además, en tono bromista: «Ciertamente, todos podemos ir, pero me digo a mí mismo: Señor, ¿no permitirás que vaya tu vicario, no?». […]

Mencionaba también su condición de «prisionero de lujo» en el Vaticano y el exceso de pompa y ceremonial que rodean a su persona. «No tengo nada contra estas buenas guardias nobles – confió el pontífice –, pero tantas reverencias, tanta formalidad, tanta pompa, tanta procesión me hacen sufrir, créame. Cuando bajo [a la basílica] y me veo precedido por tantas guardias, me siento como un detenido, un malhechor; en cambio, desearía ser el ‘bonus pastor’ para todos, cercano a la gente. […] El Papa no es un soberano de este mundo. Cuenta como le incomodaba al principio ser llevado en la silla gestatoria a través de las salas, precedido por cardenales a menudo más ancianos y decrépitos que él (añadiendo además que ni siquiera era muy seguro para él, porque en el fondo se está siempre un poco en vilo sobre ella)». […]

El Papa, anotó el p. Tucci, «me ha hablado de la revisión de los textos conciliares que está haciendo. […] Me ha enseñado algunas de sus notas al margen de los mismos: [entre otras] las de un texto en el que, en una página y media, sólo se enumeran errores, observando que se necesitaría menos dureza. Me ha dicho también que ha tenido que explicitar que era su intención revisar los textos antes de que fueran enviados a los obispos. Pero que al principio no le habían tenido en cuenta, por lo que algunos textos ya habían sido enviados sin que él los hubiera visto». […]

 

Fuente: Chiesa

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