Hoy por ser día de tu santo…San Gabino, presbítero y mártir
Fue San Gabino originario de Dalmacia, pariente del emperador Diocleciano, hermano del papa San Cayo, y padre de Santa Susana; nació de padres cristianos, hacia la mitad del tercer siglo. En poco tiempo adelantó mucho en las letras humanas; pero se dedicó con mucha mayor aplicación al estudio de la Sagrada Escritura y de las ciencias divinas.
SAN GABINO, PRESBÍTERO Y MÁRTIR
Día 19 de febrero
Fue San Gabino originario de Dalmacia, pariente del emperador Diocleciano, hermano del papa San Cayo, y padre de Santa Susana; nació de padres cristianos, hacia la mitad del tercer siglo. En poco tiempo adelantó mucho en las letras humanas; pero se dedicó con mucha mayor aplicación al estudio de la Sagrada Escritura y de las ciencias divinas.
Fue San Gabino originario de Dalmacia, pariente del
emperador Diocleciano, hermano del papa San Cayo, y
padre de Santa Susana; nació de padres cristianos, hacia la
mitad del tercer siglo. En poco tiempo adelantó mucho en
las letras humanas; pero se dedicó con mucha mayor
aplicación al estudio de la Sagrada Escritura y de las
ciencias divinas.
Era casado Gabino; pero no tuvo más que una hija,
llamada Susana a cuya crianza se aplicó con el más
vigilante desvelo, inculcándola desde la cuna el temor
santo de Dios, inspirándola un grande amor á la virginidad,
y sumo horror á todo lo que podía manchar el alma.
Era
Susana de una vivacidad, de un espíritu extraordinario.
Faltóle su madre siendo todavía muy niña, y su padre
Gabino se dedicó enteramente á cultivar aquel nobilísimo
terreno, que mostraba las más bellas disposiciones para la
virtud, y para ser algún día, como lo fue, una ilustrísima
mártir.
Apenas se vio nuestro Santo desembarazado de los
lazos del matrimonio por la muerte de su virtuosa mujer,
cuando se aplicó enteramente á estudiar la ciencia de la
religión. Libre de los empeños del siglo, quiso ser admitido
en el clero; elevado á la dignidad del sacerdocio, no cedía
su celo al más generoso, al más infatigable, al más
industrioso ni al más eficaz. Veíase con admiración a este
santo presbítero pasar las noches enteras en las lóbregas
concavidades de las rocas para celebrar el santo sacrificio
de la Misa, y para alimentar con el divino Pan a los que
estaban en vísperas de ser sacrificados, hostias inocentes,
al Dios vivo en las aras del martirio.
No se contenía el celo de San Gabino precisamente
dentro de los límites de estas grandes obras de caridad.
Como era sabio, compuso un excelente tratado contra los
idólatras, en el cual, exponiendo las impías y monstruosas
supersticiones de los paganos, hacía visibles, aun a los
entendimientos más limitados y á los ojos menos
perspicaces, el horror, la extravagancia y aun la locura de
sus dogmas, demostrando al mismo tiempo con tanta
precisión la palpable santidad de la religión cristiana, que
no se puede dudar que con esta obra no hiciese gran
número de conversiones.
Habiendo sucedido San Cayo en el pontificado al papa
Eutiquiano el año 282, se puede en cierta manera decir que
nuestro santo cargó con parte de la solicitud pastoral del
santo pontífice Cayo, y que Cayo encontró en su santo
hermano un compañero fiel con quien repartió todos sus
trabajos.
Pero mientras Gabino trabajaba con tanto fruto en la
viña del Señor, no por eso olvidaba el cuidado de su
querida hija. Al mismo tiempo que cultivaba su
entendimiento con las luces más sublimes, iba labrando su
corazón con el ejercicio de las más heroicas virtudes.
Sobre
todo imprimió en ella una idea tan superior de la
virginidad, que, despreciando generosamente los más
halagüeños tentadores atractivos del mundo, hizo voto de
no admitir otro esposo que á Jesucristo.
No ignoraba el emperador Diocleciano que Cayo y
Gabino sus parientes eran cristianos, ni dudaba tampoco
que Susana profesase también la misma religión; pero
como este príncipe, los primeros años de su reinado se
mostró muy favorable a los cristianos, los dejó vivir en paz,
y aun su familia estaba llena de ellos.
Habiendo creado César a Maximiano Galerio (&) el
emperador Diocleciano, quiso también hacerle yerno suyo,
dándole por mujer á su única hija la princesa Valeria.
Muerta ésta, el Emperador, que no quería que la púrpura
saliese de su familia, y que estaba bien informado de las
eminentes prendas de Susana, resolvió darla por esposa al
nuevo César, y ordenó á un caballero pariente suyo,
llamado Claudio, que buscase á Gabino, y que en su
nombre le propusiese esta boda.
Gabinó recibió al
caballero con la mayor urbanidad, y, después de
manifestarle lo agradecido que quedaba á la honra que el
Emperador quería dispensarle, pidió por favor le
concediese algún tiempo para proponérsela á su hija, y
para dar parte de ella á su hermano Cayo.
Llamó después separadamente á Susana, y con voz
dulce, con semblante sereno y tranquilo la dijo: ¿Conoces
bien, hija mía, la grande dicha que gozas en tener por
esposo á Jesucristo? ¿Te haces cargo de lo que vale tu
estado? ¿Comprendes perfectamente su mérito y su valor?
—
Lo conozco tan bien, respondió Susana, que, en su
comparación, me parecen menos que nada todas las
coronas del mundo; no hago más caso de ellas que de un
poco de humo, el cual sólo se eleva para disiparse, sólo
sube para desvanecerse.
— Éso es, hija mía, estimar las cosas
en su justo precio, discurrir y hablar como se debe. Pero
demos caso que el Emperador quisiese hacerte su nuera,
¿parécete que la augusta dignidad de Emperatriz no te
daría en los ojos y no te tentaría en el corazón? Sobre todo,
si te dieran á escoger, o la corona imperial, o la corona del
martirio, ¿cuál de las dos escogerías?
— ¡Ay, padre y señor,
exclamó la Santa, y qué dichosa sería yo si me viera en ese
paraje! ¡Que presto tomaría mi partido! No: no sería capaz
de deslumbrarme el resplandor de la púrpura imperial;
esposa soy de Jesucristo, y esposa suya moriré. Ninguna
cosa del mundo es bastante para hacerme titubear en la fe,
ni para que padezca el menor vaivén mi fidelidad. Toda mi
confianza la tengo colocada en aquel Salvador omnipotente
que es el único dueño de mi corazón. No, no me espantan
los tormentos: y, si no, á la prueba me remito.
No pudo contener las lágrimas el virtuosísimo padre,
enternecido con la cristiana magnanimidad de su querida
hija.
— Ea, pues, Susana, la dijo, viendo estoy que presto te
hallarás en esta prueba. El Emperador quiere casarte con el
César Maximiano, y Claudio, tu pariente, vendrá á hacerte
la proposición de su parte.
Apenas habían acabado esta
conversación, cuando llamó Claudio á la puerta; después de
los primeros cumplimientos, declaró la voluntad y el orden
que traía del Emperador, extendiéndose mucho en
ponderar el esplendor y las ventajosas conveniencias de
tan ilustre alianza. Oyó Susana la proposición con el más
profundo respeto; pero cuando llegó el caso de hablar,
revistiéndose de un aire resuelto y determinado, pero al
mismo tiempo modestísimo y atento:
— Admirada estoy,
respondió a Claudio, que si el Emperador sabe, como no lo
puede ignorar, que soy cristiana, piense casarme con un
príncipe pagano, y príncipe que sobradamente se ha
declarado ya enemigo mortal de los que profesan mi
religión; pero, si acaso lo ignora, yo os suplico que se lo digáis de mi parte. Añadidle que estoy muy agradecida a la
honra que me hace su majestad imperial; pero al mismo
tiempo aseguradle que ningún hombre mortal me tendrá
jamás por esposa suya.
No dijo más por entonces; y despidiéndose
cortesanamente de aquel caballero, fue derecha a buscar a
su tío el papa Cayo, y le refirió todo lo que había pasado,
ratificándose en la resolución de conservar su virginidad,
aunque fuese aá costa de su sangre y de su vida. Confirmóla
el santo Pontífice en su generosa resolución, animándola al
martirio.
Las circunstancias de su gloriosa victoria se
pueden ver en la vida de este Santo el día 22 de abril, y en
la de la santa el dia 11 de Agosto.
Convirtiéronse á la fe Claudio, su mujer Prepedigna,
con dos hijos suyos, acompañándolos en la misma dicha su
hermano Máximo, uno de los caballeros mozos más
distinguidos en la corte.
Nuestro Santo fue testigo del combate y de la victoria
de su querida hija, que sufrió los más crueles tormentos con
tan heroica constancia, que admiró hasta á los mismos
paganos.
Apenas triunfó Susana de los tormentos, coronando su
virginidad con el generoso sacrificio de su vida, cuando fue
arrestado San Gabino.
Encerráronle en un obscuro
espantoso calabozo, que fue para él lugar apacible de sus
delicias. Resuelto el tirano á vencer la constancia de su fe,
ó por el tedio, ó por las incomodidades de la prisión, ó
dejándole morir en ella de hambre y de miseria, le hicieron
padecer cuantos tormentos puede inventar la más cruel
barbarie.
Sufrió el Santo todos estos suplicios, no sólo con
una constancia inalterable, sino con tanta alegría como si 6
pasara la vida más divertida y más regalada del mundo.
Seis meses pasó San Gabino en estos tormentos después de
la preciosa muerte de su hija Santa Susana, hasta que,
queriendo el Señor coronar su paciencia premiando sus
trabajos, permitió que le cortasen la cabeza.
Terminó
nuestro Santo la carrera de su vida por un glorioso martirio
el día 19 de Febrero del año de 296, dos meses antes que
lograse la misma suerte su hermano el santo pontífice
Cayo; y fue enterrado por los cristianos el cuerpo de San
Gabino en el cementerio llamado de San Sebastián.
La Misa en honor del Santo es del común de los
mártires no pontífices, y la oración la que sigue: Suplicámoste, Señor, que nos fortifiques en el amor de
tu santo Nombre por la intercesión de tu bienaventurado
mártir Gabino, cuyo dichoso nacimiento al Cielo
celebramos en este día. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.
La Epístola, es del cap. 10 del libro de la Sabiduría, y
la misma que el dia 14.
(&) Nota del Editor: Diocleciano formó una tetrarquía dando a cada uno de los tetrarcas el título de César
Autor del texto: P.Juan Croisset, S.J.
Puede descargarse el texto completo en el archivo adjunto. incluye además reflexiones y propósitos espirituales

