Panorama Católico

Hillary Clinton ¿una bruja al poder?

Con las elecciones norteamericanas, el martes 8 de noviembre se decide el rumbo inmediato de asuntos importantísimos del mundo actual.

Con las elecciones norteamericanas, el martes 8 de noviembre se decide el rumbo inmediato de asuntos importantísimos del mundo actual.

Imagino a muchos lectores anteponiendo una objeción a este comentario: “yo no creo en el sistema”. El sistema significa, en principio, las elecciones de autoridades en el mundo “democrático”, amañadas de un modo tal que nada puede ser distinto de lo que determinan quienes tienen el poder real. El mundo está regido por sociedades secretas y élites financieras que retienen todo el poder en sus manos no importa lo que pueda cambiar en la superficie, etc.

Yo me permito disentir, no en la mirada general, pero en las particularidades de esta visión, casi nunca debidamente madurada con objetividad a la luz de los hechos. Se trata de una forma de concebir la realidad que conlleva un cierto fatalismo. Como si la mirada humana, aún cuando (a veces) en parte se funde en la interpretación correcta de las Sagradas Escrituras, pudiese penetrar los caminos secretos de Dios y arrancarle lo que Él mismo nos ha dicho está vedado hasta a los mismos ángeles.

No hay duda que el curso de la historia presente está bajo el dominio del Demonio, quien parece tener las manos desatadas para llevar a los individuos y a las sociedades por caminos desastrosos, hacia su ruina espiritual, moral, económica; a la pérdida misma de las más elementales libertades, con un entusiasmo que va en paralelo con su ceguera. Si bien el entusiasmo va perdiendo fuerza y la ceguera comienza a curarse en algunos, tanto individuos como naciones.

El mundo está en manos del Demonio porque la Iglesia se ha mimetizado con el mundo, y sus miembros mismos están, en uno u otro grado, bajo la influencia del Demonio. En particular si se han despojado de las armas más eficaces para combatirlo: la oración, los sacramentos, la Fe íntegra, las obras de la Fe.

El enemigo avanza por golpes, con triunfos que trabaja durante años, décadas tal vez. Tiene el dinero, el poder, la fuerza bruta. Pero no controla todo ni cada uno de los hechos. El enemigo no es un dios, y nuestra fuerza sí es Dios. No es irreal esperar Su intervención, tampoco que esta sea necesariamente extraordinaria y directa en todo y en todos. Hay advenimientos que requieren un tiempo de preparación. Hay un triunfo del Corazón Inmaculado de María que está prometido.

* * *

El martes 8 de noviembre se elige presidente en los EE.UU. En otras ocasiones no sería demasiado relevante pero en ésta uno de los candidatos, una, para ser exactos, es satanista. Si no lo cree puede ver los fundamentos de esta afirmación en estos vínculos. Aquí, aquí (ver especialmente a partir del minuto 21) y aquí.

Naturalmente no lo ha reconocido. Sin embargo, los esfuerzos comunes de católicos conservadores y tradicionales, el enigmático Wikileaks, que sin que sepamos las motivaciones de fondo, ha exhumado tantos datos confirmatorios de los que surgen certezas de cosas antes sospechadas; la aparición de un personaje impensado y suficientemente audaz como para desafiar al Establishment del que se sirven habitualmente estas sociedades y élites financieras mundiales -y que ha ganado el apoyo de una masa enorme de votantes norteamericanos- al que sus enemigos, además, acusan de estar en connivencia con el presidente ruso, Vladimir Putin, quien ha tenido expresiones de encomio hacia él… Todo esto conforma un raro momento, como para esperar que el curso de los hechos mundiales tenga un giro.

Donald Trump ha atacado a la burocracia de los políticos profesionales, al punto de tener a lo a muchos prohombres republicanos votando por la candidata Clinton. Se ha declarado “próvida”, lo cual no es tan raro entre los conservadores, pero con compromisos bien poco comunes: dio la lista de los candidatos a reemplazar al difunto juez Scalia en la Suprema Corte, y ciertamente a otros que irán dejando sus cargos a lo largo de un eventual mandato. Los conocedores de estos eventuales justices los consideran íntegros, enemigos del aborto y las costumbres contra natura legalizadas ya. De hecho, ha renacido la esperanza de poder derogar la ley que autoriza el genocidio de niños no nacidos, basada en un fallo de la corte, el famoso “Wade vs. Roe”, gran victoria de los liberales. Desfinanciar esa demoníaca organización conocida como “Planned Parenthood”.

Trump ha prometido derogar la enmienda Johnson, que desde 1954 pone en jaque a los institutos religiosos que levantan la voz contra la inmoralidad pública. Y amenaza también frenar el avance del “matrimonio igualitario” y las escandalosa ley de “baños públicos”, adoptada en varios Estados, que la corte actual parece dispuesta a nacionalizar. Un nuevo juez Scalia (o varios) sería el freno de estas iniciativas. Y tendría una influencia notable en otros países del mundo.

Sin duda la política exterior norteamericana cambiaría. No es posible afirmarlo más que por indicios, pero cabe suponer que la creciente presión sobre Rusia, que amenaza reeditar un conflicto mundial, esta vez sobre una potencia en vías de cristianización, la persecución contra Putin, acusado de tomar medidas dictatoriales, mientras EE.UU. apoya a Cuba, a los regímenes más opresivos y se desentiende de las consecuencias de su desestabilización de todo Medio Oriente, con la desaparición de las comunidades cristianas de muchos de sus lugares ancestrales, el apoyo a China Comunista… etc., este rumbo de las cosas al menos quedaría en entredicho.

Trump podría, con sus ideas puestas en práctica, abrir la puerta de un cambio en la dirección de la tendencia mundial. Incluso aunque no lo sepa. Podría ser un freno, un lastre en los planes de un Nuevo Orden Mundial. El cambio podría tener influencia aún dentro de la situación de la Iglesia. Porque es un hecho que la superpotencia vencedora de la II Guerra ésta ha marcado de un modo determinante el rumbo de la Iglesia Son sus propias ideas bajo el nombre de “Americanismo” las que posibilitaron los desvíos del Vaticano II. (Ver la condena de esta herejía por León XIII en Testem Benevolentia en castellano aquí).

Los católicos norteamericanos más tradicionales rezan para que Hillary no llegue al poder. Quizás podríamos acompañarlos en ese propósito. Como ha dicho el mismo Trump: “¿qué tienen que perder?” Y si las cosas mejoran, hay tanto por ganar.

Y a los que objeten que los poderes que dominan el sistema no lo permitirán se les puede responder sencillamente: Dios está por encima de esos poderes y puede producir los cambios que quiera, del modo que quiera. Hay que pedirlo con insistencia… y merecerlo.

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