«Hemos vuelto al punto de partida», dijo Mons. Fellay
Como se esperaba, Mons. Fellay se refirió al detenimiento de las conversaciones con Roma. La única forma en que podemos hacer bien a la Iglesia, ha dicho el Superior General de la FSSPX, es permaneciendo fieles a la herencia de Mons. Lefebvre.
Extracto tomado de la versión escrita inglesa realizada por Rorate Caeli
Durante la celebración de la Fiesta de San Pedro y San Pablo, no podemos dejar de pensar en Roma. Y no podemos olvidar el amor que nuestro fundador tenía a Roma, y que él deseaba y quería inculcar a sus hijos. ¡Somos romanos! ¡Esto no lo podemos abandonar! Inclusive si vivimos en tiempos de dificultades, incluso si tenemos que sufrir por causa de Roma hoy, esto no puede debilitar en absoluto esta verdad; amor efectivo y afectivo por Roma, porque, ha sido Dios mismo quien eligió esta Ciudad como cabeza de la Iglesia. ¿Esto no significa que debamos amar los errores? ciertamente no, los sufrimos. Pero uno no puede permitirse, digamos así, ser arrastrado por lo que está pasando, al punto de rendirse. No, es necesario sostenerse, que es lo que tratamos de hacer.
“¿Qué está pasando con roma?, ustedes me preguntan. Si hasta ahora no hemos dicho casi nada es porque no teníamos mucho que decirles. Ahora, las cosas están en una etapa, podríamos decir, de detenimiento completo. En el sentido de que ha habido idas y vueltas, intercambios, efectivamente; negociaciones, propuestas, pero estamos como en el punto de partida. El punto de partida en el cual dijimos que no podíamos aceptar, que no podíamos firmar. Estamos ahí, eso es todo. Vemos, por otro lado, que esta situación se está poniendo complicada, han sido dos, tres años atrás, lo he dicho antes, en Roma, frente a las contradicciones. Desde 2009, lo he dicho, y lo he repetido, y todos los días ocurre. Es el estado en que está la Iglesia, ¿qué se puede pedir? Están los que tratan, desean ir hacia delante, podemos decir, en el progresismo y en las consecuencias del progresismo. Y hay otros que quieren que haya correcciones.
Y nosotros, en el medio, como en un partido de ping-pong, golpeados por todos. Sabemos que al final, al final, la Iglesia se reencontrará a sí misma, y nos pertenece este anhelo de no quedar satisfechos, digamos así, con una cierta tranquilidad. Con una situación que no es normal, así de simple. No podemos considerar que estamos en una situación normal, por el simple hecho de que estamos en una situación en la que podemos hacer lo que queremos. No es verdad. Sencillamente no es verdad. Es normal que busquemos recobrar el título que nos pertenece, con el debido respeto por todas la condiciones necesarias, evidentemente, título al cual tenemos derecho, el de católicos. Esto no significa que debamos ponernos en manos de los modernistas, no tiene nada que ver con eso.
Pero la situación es difícil, difícil, todo parece electrizado, vemos con claridad que el Demonio corre desencadenado por todas partes. Y por lo tanto, es tiempo de oración. Es un momento difícil. Respecto a nosotros, sobre nosotros, se han dicho toda clase de cosas. ¡Dios santo!, lo único que deseamos es hacer la voluntad de Dios, eso es todo. La voluntad de Dios expresada en los hechos… Está claro también que no podemos llevar ningún bien a la Iglesia sino permaneciendo fieles a la herencia de Monseñor. De donde vienen estas famosas, “condiciones”, “reaseguros”, que hemos puesto delante varias veces, que deberán asegurar que la Fraternidad permanecerá siendo lo que es. Si, en algún tiempo, resulta concebible una colaboración, cuándo, cómo, las circunstancias lo mostrarán.
Nota: se mantiene el estilo oral, repetitivo, de la parte transcripta de la homilía de Mons. Fellay.
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