Habemus Papam
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Apenas despejada la incognita de quién sería el nuevo sucesor de Pedro, la prensa se ha lanzado a la búsqueda de sus «antecedentes». Esta curiosa inoperancia profesional de muchos de los grandes medios -en especial cuando el elegido no fue un desconocido sino un hombre de la primera línea vaticana por más de 20 años- se suplió con los desgastados clisés: «ultra» o «archi» conservador, y toda la recua de epítetos que la mentalidad «progre» destina a quienes encajan en una categoría tan ominosa según sus esquemas de pensamiento. Ahora buscan sus antecedentes «nazis»… |
Escribe Marcelo González
En Panorama venimos hablando de él desde hace tiempo (tanto en la edición física como en la digital) y si bien su elección nos ha sorprendido un tanto, puesto que lo veíamos como un más probable formador de opinión o «gran elector» que un candidato en sí -en especial después de su «eclesiásticamente incorrecta» homilía de la Misa Pro Eligendo Pontífice en la que trazó un programa de lineamientos notoriamente tradicionales- su elección no deja de ser una gratísima confirmación de las observaciones sostenidas desde estas páginas siempre. Hay un movimiento de retorno a la tradición que emerge con fuerza y que tiende a corregir y revisar lo actuado en el posconcilio. A veces en nombre de una interpretación «tradicional» del «espíritu del Concilio», a veces en nombre de una revisión completa de los documentos de allí emanados.
Curiosamente, la homilía del pontífice en su primera misa en carácter de tal es más política que la de Pro Eligendo Pontifice. En el primer caso pareció necesario disparar todo su arsenal sobre un Colegio Cardenalicio aparentemente disperso y tensionado por posiciones extremas. Por eso creemos que el actual pontífice no «apostó» a su propia candidatura, sino a un programa papal según el diagnóstico de la Iglesia y del mundo que desde su experiencia de Custodio de la Fe creyó necesario efectuar. En cambio, en la segunda homilía retornó a lugares comunes del reinado juanpaulino: ecumenismo, colegialidad, esperanza en los jóvenes, primavera…
Sin embargo hay interesantes matices, los cuales adquieren un perfil más claro si se los interpreta a la luz de declaraciones anteriores, y en particular la de los textos del Vía Crucis de 2005, de su autoría y de la propia homilía de la Misa Pro Eligendo, cuya versión completa no se ha dado a la prensa todavía, hasta donde sepamos. Estos matices van desde los formales hasta ciertas precisiones de términos antes utilizados con mayor vaguedad. Pronunciada en latín, la homilia utiliza el Nos mayestatico tradicional , el cual en las lenguas vernáculas fue sustituido por el «yo» de la primera persona singular.
Destacamos, entonces, a continuación algunos párrafos de su primera homilía, que nos han parecido delínean esta reorientación:
Ministerio petrino:
Al elegirme como obispo de Roma, el Señor me ha querido vicario suyo, me ha querido «piedra» en la que todos puedan apoyarse con seguridad. A Él pido que supla la pobreza de mis fuerzas, para que sea valiente y fiel pastor de su rebaño, siempre dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo.
Colegialidad:
Esta comunión colegial, si bien en la diversidad de roles y de funciones del Romano Pontífice y de los obispos, está al servicio de la Iglesia y de la unidad de la fe, de la que depende de manera notable la eficacia de la acción evangelizadora en el mundo contemporáneo.
Concilio Vaticano II:
Por lo tanto, yo también, cuando me preparo al servicio que es propio del sucesor de Pedro, quiero reafirmar con fuerza la voluntad decidida de proseguir en el compromiso de realización del Concilio Vaticano II, siguiendo a mis predecesores y en continuidad fiel con la tradición bimilenaria de la Iglesia.
Culto Eucarístico:
La Eucaristía, corazón de la vida cristiana y fuente de la misión evangelizadora de la Iglesia, no puede dejar de constituir el centro permanente y la fuente del servicio petrino que me ha sido confiado.
Pido a todos que intensifiquen en los próximos meses el amor y la devoción a Jesús Eucaristía y que expresen con valentía y claridad la fe en la esperanza real del Señor, sobre todo mediante la solemnidad y la dignidad de las celebraciones.
Lo pido de modo especial a los sacerdotes, en los que pienso en este momento con gran afecto. El sacerdocio ministerial nació en el Cenáculo, junto con la Eucaristía, como tantas veces subrayó mi venerado predecesor Juan Pablo II. «La existencia sacerdotal ha de tener, por un título especial, ‘forma eucarística’, escribió en su última carta para el Jueves Santo. A este fin contribuye sobre todo la devota celebración cotidiana de la Santa Misa, centro de la vida y de la misión de cada sacerdote.
Ecumenismo:
(Este Papa) Es consciente de que para ello no bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Son precisos gestos concretos que entren en los ánimos y remuevan las conciencias, llevando a cada uno a aquella conversión interior que es el presupuesto de todo progreso en el camino del ecumenismo.
«Purificación de la memoria»:
Pero lo que más urge es aquella «purificación de la memoria», tantas veces evocada por Juan Pablo II, que únicamente puede preparar los ánimos a acoger la plena verdad de Cristo. Cada uno debe presentarse ante Dios, Juez supremo de todo ser vivo, consciente del deber de rendirle cuentas un día de lo que ha hecho o no ha hecho por el gran bien de la unidad plena y visible de todos sus discípulos.
Expectativas sobre el Papado:
A muchos les pareció que aquella intensa participación, amplificada hasta los confines del planeta por los medios de comunicación social, fuese como una petición común de ayuda dirigida al Papa por parte de la humanidad, que turbada por incertidumbres y temores, se interroga sobre su futuro.
Magisterio:
Al emprender su ministerio, el nuevo Papa sabe que su deber es hacer que resplandezca ante los hombres y mujeres de hoy la luz de Cristo: no la propia luz, sino la de Cristo.
Diálogo interreligioso:
Con esta conciencia me dirijo a todos, también a aquellos que siguen otras religiones o que simplemente buscan una respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia y todavía no la han encontrado. Me dirijo a todos con sencillez y afecto, para asegurar que la Iglesia quiere seguir manteniendo con ellos un diálogo abierto y sincero, la búsqueda del verdadero bien del ser humano y de la sociedad.
Lema o programa de su pontificado:
Como Pedro, también yo renuevo a Dios mi promesa de fidelidad incondicional. Quiero servir solo a El, dedicándome totalmente al servicio de su Iglesia.
Como puede verse, son los mismos temas, pero con matices muy alentadores.
Primera Homilía de Benedicto XVI


