Francisco contraataca: Sarah, Müller, ahora la liturgia
No hay modo de tomarse un descanso con Francisco. En estos días se conocieron medidas de intimidación al Card. Müller que surtieron su efecto, aparentemente, cuando el Prefecto de la Fe hizo una declaraciones a cierto canal italiano de noticias en defensa del silencio de Francisco ante el requerimiento de las dubia.
No hay modo de tomarse un descanso con Francisco. En estos días se conocieron medidas de intimidación al Card. Müller que surtieron su efecto, aparentemente, cuando el Prefecto de la Fe hizo unas declaraciones a cierto canal italiano de noticias en defensa del silencio de Francisco ante el requerimiento de las dubia. En la declaración el Cardenal Müller aparece sumamente incómodo, como si alguien lo estuviera amenazando con una pistola por detrás para que diga lo que dijo.
No es que Müller nos parezca un paladín de la ortodoxia, pero en esta materia, claramente, estaba en la resistencia a la Exhortación Amoris Laetitia. Lo más penoso es su crítica a los cardenales que presentaron las dubia. El resto puede entenderse como una formulación de compromiso, con deliberada ambigüedad, lamentablemente, como todo lo que sale de la Santa Sede.
Esta es una de las formas visibles del contraataque de Francisco. Amenaza con otras, una de las cuales detalla el artículo que reproducimos. Esperamos poder analizar la situación la semana que viene, cuando termine un breve receso de descanso.
De todos modos Francisco no las tiene todas consigo. El apura los tiempos pero, a su vez, los tiempos lo apuran a él.
La reforma de la curia vaticana que el papa Francisco está llevando a cabo se cumple en parte a la luz del sol y en parte en las sombras.
Entre las medidas adoptadas recientemente hay dos que son emblemáticas.
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Respecto a la primera medida ha descorrido el velo el vaticanista Marco Tosatti, cuando el 26 de diciembre dio a conocer la orden dada por el Papa a un jefe de dicasterio para que despidiera sin previso aviso a tres de sus funcionarios, orden dada sin explicación alguna y sin aceptar objeciones.
Hoy se sabe que el dicasterio en cuestión no es de segundo orden, pues es la Congregación para la Doctrina de la Fe. Los tres despedidos gozaban de pleno aprecio por parte de su prefecto, el cardenal Gerhard L. Müller, a su vez objeto de reiterados actos de humillación en público por parte del Papa.
¿Pero de los tres destituidos quién es el funcionario del que Francisco en persona – tal como fue informado por Tosatti – se quejó amargamente por teléfono por haber expresado críticas contra él, las cuales llegaron a oídos del Papa gracias a un delator?
Es el sacerdote Christophe J. Kruijen, de 46 años de edad, holandés al servicio de la Congregación para la Doctrina de Fe desde el 2009, teólogo de reconocido valor, premiado en el 2010 por la embajada de Francia en la Santa Sede con el prestigioso Premio Henri De Lubac, asignado a él en forma unánime por un jurado que incluyó a los cardenales Georges Cottier, Albert Vanhoye y Paul Poupard, por sus tesis teológica titulada: «Salvezza universale o doppio esito del giudizio: sperare per tutti? Contributo allo studio critico di un’opinione teologica contemporanea riguardante la realizzazione della dannazione» [¿Salvación universal o doble resultado del juicio: esperanza para todos? Contribución para el estudio crítico de una opinión teológica contemporánea respecto a la implementación de la condenación], tesis sostenida en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, bajo la dirección del teólogo dominico Charles Morerod, posteriormente rector de la misma universidad y hoy obispo de Lausana, Ginebra y Friburgo.
Los «novísimos», es decir, la muerte, el juicio, el infierno y el paraíso, es el tema predilecto de los estudios de Kruijen. Pero también se valora de él un excelente ensayo sobre Edith Stein, la filósofa judía y luego monja carmelita, asesinada en Auschwitz en 1942 y proclamada santa en 1998: «Bénie par la Croix. L’expiation dans l’oeuvre et la vie d’Edith Stein«.
En los escritos y en los discursos públicos de monseñor Kruijen no hay una sola palabra de crítica a Francisco. Pero fue suficiente una delación arrancada de una conversación privada suya para hacerlo caer en desgracia con el Papa, quien ha blandido el hacha.
También con esto se hace la reforma de la curia, a las órdenes y con el estilo de Jorge Mario Bergoglio.
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La segunda medida llevada a cabo en las sombras se refiere a la Congregación para el Culto Divino, de la cual es prefecto el cardenal Robert Sarah, también él objeto de reiteradas humillaciones públicas por parte del Papa, ahora condenado a presidir las oficinas y los hombres que están en contra de él.
Dirigida por el secretario de la Congregación, el arzobispo inglés Arthur Roche, se instituyó por voluntad de Francisco una comisión cuyo objetivo no es la corrección de las degeneraciones de la reforma litúrgica postconciliar – es decir, la «reforma de la reforma» que es el sueño del cardenal Sarah – sino precisamente lo contrario: la demolición de uno de los muros de resistencia a los excesos de los liturgistas postconciliares, la instrucción «Liturgiam authenticam» promulgada en el 2001, la cual fija los criterios para las traducciones de los textos litúrgicos del latín a los idiomas modernos.
Con Benedicto XVI estos criterios fueron posteriormente reforzados, en especial por la voluntad del Papa de mantener firme el «pro multis» del Evangelio y del misal latino en las palabras de la consagración de la sangre de Cristo, contra el «por todos» de muchas traducciones habituales.
Pero Francisco ha dado a entender inmediatamente que la cuestión le eraindiferente. Ahora, con la institución de esta comisión, cumple con las expectativas de modernización del lenguaje litúrgico promovidas, por ejemplo, por el liturgista Andrea Grillo, profesor en el Pontificio Ateneo San Anselmo y muy apreciado en la Casa de Santa Marta:
> La traduzione/tradizione impossibile: i punti ciechi di “Liturgiam authenticam”
Están los que temen que después de la demolición de «Liturgiam authenticam» el próximo objetivo de esta o de otra comisión sea la correción de «Summorum pontificum«, el documento con el que Benedicto XVI liberalizó la celebración de la misa en rito antiguo.
Fuente: Settimo Cielo, de Sandro Magister

