Panorama Católico

Francisco Comienza a Golpear

Ha suscitado un gran clamor en los medios de comunicación el desplazamiento, junto a Rigali, del cardenal estadounidense Burke, eclesiástico muy ligado a la liturgia tradicional y siempre en primera línea en la defensa de los llamados principios no negociables

Dos extractos del último post de Sandro Magister sobre los cambios en la Curia Romana. Francisco ha dejado de hacer fintas para comenzar a golpear de verdad.

 

(…) «Por el contrario, ha suscitado un gran clamor en los medios de comunicación el desplazamiento, junto a Rigali, del cardenal estadounidense Burke, eclesiástico muy ligado a la liturgia tradicional y siempre en primera línea en la defensa de los llamados principios no negociables, de tal modo que es un tenaz defensor del hecho que sobre la base del derecho canónico no es posible dar la comunión a esos políticos que terca y públicamente apoyan y proponen leyes a favor del derecho al aborto.

En lugar de Burke el Papa ha elegido a Wuerl, quien además de contar con un pasado de secretario particular y de cónclave, en 1978, del ultraconservador cardenal John Wright (obispo de Pittsburgh y luego prefecto de la Congregación para el Clero), tiene una actitud mucho más flexible que Burke respecto a los políticos pro-aborto.

Este cambio ha sido saludado positivamente en el mundo «liberal» americano, que ahora espera elecciones de obispos más progresistas respecto a los nombrados en los últimos años.

Lo mismo sucede en España, donde la salida del cardenal Rouco Varela ha sido recibida con satisfacción por parte de quienes desean el advenimiento de nuevos obispos menos conservadores.

Pero particularmente revolucionado por el papa Francisco es el componente italiano de los miembros de la Congregación.

Han sido removidos dos eclesiásticos crecidos en la Génova del cardenal conservador Giuseppe Siri: los cardenales Piacenza (ya degradado de prefecto de la Congregación para el Clero a penitenciario mayor) y Bagnasco (actual presidente de la Conferencia Episcopal, a pesar del hecho que los titulares de este cargo han sido miembros del dicasterio, ininterrumpidamente desde 1985, de cuando la potestad de elegir a los obispos ha pasado del Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia, la actual Segunda Sección de la Secretaría de Estado, a la Congregación).

Ha sido excluido también el arzobispo Celata, quien fue secretario particular del cardenal Agostino Casaroli. (…)

 

Es curioso, al respecto, el episodio contado por la biógrafa papal Elisabetta Piqué, sobre la cena en Santa Marta entre los dos la tarde anterior al inicio del cónclave: 

«El arzobispo de Buenos Aires se sienta a comer con su connacional Leonardo Sandri. Se conocen desde jóvenes. Bergoglio fue prefecto de Sandri en el seminario del barrio de Villa Devoto, en Buenos Aires, antes de decidir unirse a los jesuitas. Sus carreras han sido muy diferentes. Bergoglio se dedicó a las tareas pastorales, Sandri se entregó a la diplomacia y pasó casi toda su vida en la curia romana. En el pasado tuvieron sus divergencias, lo saben todos. Pero fingen que no hubo nada».

Con la confirmación de Sandri en la educación católica y en los obispos parecería que el “fingir que no hubo nada» de Bergoglio siguió también luego del cónclave. Pero será necesario esperar la confirmación o no de los actuales vértices de la Congregación para las Iglesias orientales – que son todavía provisorios – para saber si es realmente así. 

Significativo es también el nombramiento como miembro de la Congregación para los Obispos del arzobispo de Bogotá, no sólo porque de este modo se duplica la presencia colombiana en el dicasterio. Poco antes de recibir en el 2012 el birrete cardenalicio, el cardenal Salazar sufrió una reprimenda, con su consiguiente declaración correctiva, luego que una afirmación suya fue interpretada como favorable a la legalización en su patria de las parejas gays.

También es significativo que haya sido llamado para formar parte de la Congregación para los Obispos el inglés Vincent Gerard Nichols, bajo el fuego del Santo Oficio – y quizás por eso todavía sin púrpura cardenalicia – por no haber puesto fin rápidamente a la celebración de liturgias ad hoc para los homosexuales. 

Hay que señalar por último la doble promoción que le tocó al cardenal Koch, teólogo suizo de impronta ratzingeriana, quien ha sido incorporado a la Congregación para la Educación Católica y a la de los Obispos, de las que no formaba parte.

Qué producirá la Congregación para los Obispos reconstruida desde la cima por el papa Francisco se verá en los próximos meses. 

Pero antes conoceremos los nombres de los primeros cardenales creados por el nuevo pontífice en el consistorio que se celebrará el próximo mes de febrero. Hacer conjeturas con él es más difícil que en el pasado. La sorpresa es la regla.

 

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