Fin de un receso necesario
Fin de un receso necesario para la salud del cuerpo y del
espíritu. Este que pasó ha sido un año pródigo en escándalos eclesiásticos y a
veces nos toca, no por gusto, revolver el basural, para que las pruebas de los
delitos no se pierdan. Algún bien se hace, aunque el gasto es grande. Grande en
salud y bienestar del alma. Es mucho más fácil discutir sobre la doctrina, o
traer casos lejanos.
Dios nos conceda a todos un santo y feliz (con la felicidad
que en este mundo es posible alcanzar) año que comienza.
Sobre lo actuado, y muchas veces cuestionado, en
materia de denuncia de casos de corrupción eclesiástica, solo puedo decir que
con la mira en el bien de la Iglesia y allí donde la denuncia es imperiosa, no
voy a cambiar de rumbo, en la medida en que las cosas me lleguen
providencialmente.
Pero sí, voy a reforzar algunos aspectos de esta web
que habían quedado postergados: a saber las muy criticadas -por especialistas
crónicas- sobre filmes. Después de suspender, convencido de que no servían,
muchos lectores me han demostrado lo contrario. Dios nos libre de los
especialistas.
Segundo punto, reseñas de libros. Pido a los editores
que me hagan llegar material, porque soy insolvente para comprar, aunque muchos
me interesan, todo lo interesante que sale, en particular en España. Yo les
prometo, a cambio, alguna difusión, no despreciable.
Sobre el Observatorio Episcopal, se hace cada día más
evidente su necesidad. Este rubro tiene particular interés para los argentinos,
dado que son sus obispos quienes están bajo observación. Se acercan nuevos
vientos. Los tiempos serán abreviados, según creemos y el reacomodamiento
prudente de las figuras (¡Roma se acuerde de la Argentina!) será vital para la subsistencia
de esta iglesia tan pecadora como ineficaz.
Este rubro, no ya los aspectos prostibularios que
hemos debido abordar en los últimos meses y que por fuerza conmueven
violentamente suscitando por un lado intensas negaciones (comprensibles pero no
justificables) y, por el opuesto, desánimos y hasta cuestionamientos de la Fe,
sino más bien la pérdida, en algunos casos irreparable, de la Fe misma por
parte del clero, y a consecuencia de los fieles, es dramática y aterradora.
¿Qué me va un obispo pecador de la carne, si antes y
después, y durante, no es un hereje vitando? Obispos y clero carnal siempre los
ha habido, y no es bueno. Pero no ya propiamente la herejía, que es un fenómeno
más serio, porque supone una cuestión doctrinal, y por lo tanto una doctrina,
sino la disolución doctrinal, el menefreguismo litúrgico, doctrinal y moral, no por sostenimiento de tal o cual doctrina
errada, sino por la carencia de toda doctrina… y hasta del mero interés en la
doctrina, eso que es el modernismo en sus últimas fases, fases terminales,
plaga implacable que destruye la Iglesia y deja solo cascarones vacíos, que a
veces ni siquiera se sostienen en lo material, y colapsan bajo el peso de su
propia podredumbre… A eso asistimos.
Todo esto tiene que ver con el Concilio Vaticano II.
No entro aquí en discusiones sobre hermenéuticas, en las que no creo, pero
exhorto a todos los fieles a establecer la conexión, no solo de un modo
teórico, sino más bien práctico y militante.
Hay esperanza, sin duda. La esperanza, a mi ver, es la
liturgia. En esto el Papa Benedicto nos ha dado un arma formidable: la
liberación de la Misa Tridentina. Este salvoconducto, necesario de facto, no de iure, es el camino de
la reconstrucción de la Iglesia.
La Misa Nueva ya no existe. Hay miles de “misas
nuevas”, y muchas ya no son ni nuevas ni misas. Es una realidad palpable, no
necesita mucho esfuerzo de demostración. Lo que pueda hacer el Papa, con su
reforma de la reforma, para detener este proceso, solo Dios lo sabe. Pero en el
fondo, la única esperanza es la restauración del rito romano tradicional. De a
poco, ¿40 años más? es el camino de la recuperación de la Fe, la moral, las
tradiciones venerandas, la Tradición.
Cada día hay más jóvenes sacerdotes que miran hacia la
liturgia tradicional como una estrella de esperanza. Necesitan darle sentido a
su sacerdocio, y ese sentido es la misa. Sacer do. Sacer Facio. Sin
“sacrificio” no hay sacer docio Con
la misa, viene la doctrina, la teología tradicional, es decir, la verdadera. Ya
no hay margen para cócktails ni batidos. O aspiramos a todo, o no tendremos
nada.
Por este camino de trabajo transitará también
Panorama, con la gracia de Dios.
Quedo a disposición de todos los que puedan encontrar
en estas páginas un elemento útil, una facilitación en su camino, de un modo
personal, por vía de correo privado o entrevista personal, cuando sea posible.
Finalmente, esta decisión, profundamente meditada ante
el sagrario, durante el rosario, en la vela de la noche, frente a los problemas
del día, significa que el saldo y las circunstancias, analizadas con toda la
objetividad que la paz y el reposo pueden ofrecer, en conjunción con los
sacramentos, significa que he de seguir
viviendo de la caridad.
De las múltiples habilidades que puedo poner al servicio
de causas lícitas (entiéndase esto como una expresión relativamente irónica),
nadie considera útil requerir ninguna de un modo rentado. Y ante tal violenta indicación de la
Divina Providencia, solo puede interpretar que me quiere haciendo esto mismo,
pero mejor.
A ello me empeño.
Marcelo González
Editor y Responsable
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