Panorama Católico

Félix Dufourq responde al P. Danilo, del Opus Dei

Estimado P. Danilo:

Me he demorado un poco en contestar su mail, porque he querido hacerlo reflexivamente, rezando previamente para pedir iluminación al cielo. Mi respuesta tal vez le parezca un poco “juridicista”, pero me ha parecido necesario haberlo así, ya que usted hace referencias a la propiedad, robo, etc.

Estimado P. Danilo:

Me he demorado un poco en contestar su mail, porque he querido hacerlo reflexivamente, rezando previamente para pedir iluminación al cielo. Mi respuesta tal vez le parezca un poco “juridicista”, pero me ha parecido necesario haberlo así, ya que usted hace referencias a la propiedad, robo, etc.

También previamente le hago saber que misalatina@fibertel.com.ar es el mail de Una Voce Argentina, rama local de la FIUV (Federación Internacional Una Voce), de la que soy su titular y responsable.

Esto aclaro, entro en tema.

En todo delito doloso deben distinguirse dos aspectos: el subjetivo, es decir, el dolo, que consiste en la intención de violar la ley; y el objetivo, esto es, la adecuación de la conducta a un tipo legal sancionatorio (nullum crimen sine previa lege).

Así, por ejemplo, el que contrae matrimonio con otra persona sabiendo que ésta es casada, comete el delito de adulterio. Pero si lo ignora, falta el elemento subjetivo y por lo tanto, aun cuando su conducta se haya adecuado al tipo legal, resulta inimputable.

Otro ejemplo: alguien deja estacionado su auto en una calle y luego va con su llave, lo abre, pone en marcha y se va a Córdoba una semana. Pero resulta que se trataba de otro auto, idéntico, que funcionaba con la misma llave, lo que pudo ocurrir porque las fábricas de automóviles no hacen una cerradura distinta para cada unidad de un mismo modelo, sino varios grupos de combinaciones distintas, lo cual permite que cada llave abra todas las unidades que tengan la cerradura con el mismo código.

.En el ejemplo, que le ocurrió realmente a un amigo mío, todo tuvo un final feliz, y a nadie se le ocurrió imputar el delito de robo o hurto a mi amigo, no obstante haberse apoderado de un bien mueble susceptible de valor pecuniario total o parcialmente ajeno, es decir, se había configurado perfectamente el aspecto objetivo del delito.

En consecuencia, también ocurrió aquí como en el supuesto anterior: faltó el elemento subjetivo, en este caso, el animus rem sibi habendi, es decir, la intención de apoderarse de un bien ajeno para incorporarlo al patrimonio propio, y por lo tanto, aun cuando la conducta de mi amigo se hubiera adecuado objetivamente al tipo legal, resultó penalmente inimputable.

En el caso de las “campanadas” yo no tuve jamás la intención de apoderarme ilegítimamente de algo ajeno. Desconozco qué es eso del “proceso de anotación”, y si ello se refiere a algún requisito previo para que terceros ajenos a la prelatura puedan reproducir escritos de un santo; si así fuera, le ruego me lo haga saber.

Por supuesto que me parece muy atinado y lógico que el Opus Dei tome las debidas precauciones para reproducir tales escritos expurgados de errores. Pero estas “campanadas” han sido puestas en circulación y no tengo conocimiento de que nadie de vuestra obra hubiera señalado cualquier adulteración; por el contrario, ha habido quienes ratificaron su existencia, e incluso aportado la fecha. Y además, tengo fehaciente noticia que las campanadas realmente existen, que son tres y que por lo menos en algunas ocasiones son o por lo menos han sido objeto de libre compulsa en el transcurso de retiros internos para los miembros de esta obra.

De manera que, en cuanto a mi conducta, actué convencido de que los textos reproducidos eran correctos; dejando a salvo, por supuesto, la posibilidad de ser válidamente corregido y aceptar esa corrección de inmediato.

Ignoro si el Opus Dei ha registrado la propiedad intelectual de las “campanadas”, le ruego me informe al respecto en caso de poder averiguarlo. En ese caso, yo sí habría cometido una violación a la ley de propiedad intelectual, del mismo modo que continuamente estoy reproduciendo textos que bajo de Internet relativos a temas religiosos, y especialmente de liturgia. Pero tanto en esos casos como el presente, siempre lo hecho por un puro afán apostólico, es decir, desinteresadamente y jamás para obtener un provecho económico. Naturalmente, cuando hago una cita, siempre consigno la fuente, las cuales muchas veces autorizan la reproducción pero estableciendo que se haga con referencia al origen (p. ej., AICA). Lo mismo ocurre con las noticias, reproducciones o traducciones publicadas en el sitio www.unavoce.com.ar, cuya lectura le recomiendo, lo cual me eximirá de toda otra explicación.

Por lo contrario, si las “campanadas” no estuvieran bajo protección de registro, le pido me aclare cuál es la protección jurídica, civil o canónica, que pudiera haber a su respecto.

Asimismo, siempre he tenido en mente lo que se refiere a las Memorias del Oratorio escritas por San Juan Bosco en obediencia al mandato expreso del beato Papa Pío IX, y su libre difusión luego de ser canonizado, pese a la expresa prohibición del santo para su publicación, en su vida o después de su muerte:

“Advierto que escribo únicamente para mis queridísimos hijos los salesianos, con prohibición de dar a publicidad a estas notas lo mismo antes que después de mi muerte” (BAC 135 – Madrid 1955 – “Biografía y Escritos de San Juan Bosco – Edición preparada por el Padre RODOLFO FIERRO, S.D.B.” – Memorias del Oratorio. Preliminares, pág. 81,).

Pero en ese mismo libro, el comentarista expresa:

“(Don Bosco) … prohibió que se le diera publicidad ni antes ni después de su muerte, sino que se guardara en el archivo General de la Congregación.

Una vez canonizado el Santo, y hecho, por tanto, todo lo suyo patrimonio universal, mandatos expresos ordenaron dar a publicidad el escrito” (id., pág. 75, Introducción a las Memorias del Oratorio).

La misma idea se expresa en el tomo 402 de la BAC, “San Juan Bosco – Obras fundamentales, 1978 (Edición dirigida por Juan Canals Pujol y Antonio Martínez Azcona. Estudio introductorio de Pedro Braido), en la introducción a las Memorias del Oratorio, pág. 544.

“Don Bosco dejó el mandato expreso de que estas Memorias no fueran publicadas; pero al ser canonizado (1934), el santo pasa a ser patrimonio universal y, por lo tanto, también sus obras. De ahí que sus hijos no hayan visto el menor inconveniente, sino todo lo contrario, en la publicación del manuscrito.

“Efectivamente, fueron cuidadosamente publicadas en italiano por EUGENIO CERIA, historiador de la congregación salesiana, en 1946, y también en castellano, en 1955 (BAC 135)”.

Don Bosco fue canonizado en 1934, y las Memorias del Oratorio (en italiano), fueron publicadas por primera vez en 1946; y en castellano en el mencionado 135 de la BAC.

En la década del 30, Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría), escribió sus famosas “Aventuras de Don Bosco”, que hicieron las delicias de muchas generaciones; y si no me equivoco, porque cito de memoria ya que no tengo el ejemplar a mano, en ese libro él citaba como fuente a las Memorias; y esto, muy probablemente, porque aun cuando aquéllas todavía no habían sido editadas, Hugo Wast pudo haber tenido acceso a ellas dados sus contactos con la congregación salesiana. ¿Hubo una autorización válida? ¿O fue esto un robo y lo hizo para enriquecerse con la publicación del libro, o solamente por puro afán de apostolado?

Naturalmente, lo lógico es que el Opus Dei publique los escritos del santo, o que tenga una prioridad para ello; pero ignoro si existe una normativa que prohíba, una vez muerto su fundador, la publicación por terceros de cualquiera de sus obras, editadas o inéditas, o que se requiera un permiso expreso de la congregación. Me explico: si pasan cien años sin que se publiquen esta clase de escritos (circulares internas, memorias, etc:), ¿tiene el Opus Dei el derecho de oponerse indefinidamente a que tales escritos del santo sean publicados o reproducidos por terceros?

Más allá de lo estrictamente jurídico, sea desde el punto de vista civil o canónico, yo reproduje esas cartas entusiasmado por su contenido, y exclusivamente por espíritu de apostolado; un amigo mío dice que ellas solas hubieran bastado para canonizar a su autor.

Por supuesto, yo me voy a atener estrictamente a lo que corresponda hacer, pero cuando digo “lo que corresponda hacer” no me refiero a esta o aquella opinión, por respetable que sea, sino a normas precisas, porque en materia de opiniones a veces hay muchas, de todas clases y para todos los gustos … El asunto es ver si tienen la autoridad suficiente; pero si el prelado o quien quiera con autoridad en el OD me indican lo contrario, dejaré de difundir las cartas; aun más, dejaré de hacerlo desde este momento, pro bona pacis …

Estimado Padre, hace mucho que nos conocemos y siempre hemos tenido la mejor relación, que de ninguna manera quiero que se deteriore. Más bien es mi deseo que mostremos que somos verdaderos discípulos de Nuestro Señor por cómo nos amamos el uno al otro. Más allá de cualquier interpretación equivocada, etc.,. yo siempre lo he tenido en gran estima, no sólo por su cálida amabilidad que me ha mostrado invariablemente, sino porque habiendo oído varias conferencias suyas he podido apreciar la profundidad y ortodoxia de su formación filosófica y teológica, la claridad de su pensamiento, la propiedad y la precisión de su terminología, su gran don y preocupación por lo didáctico, en fin, una cabeza bien ordenada y ortodoxa, lo cual actualmente no es común entre los presbíteros, especialmente en las nuevas camadas – o goteos … – que salen de no pocos seminarios, sin conocer siquiera las preguntas del catecismo de primeras nociones; y ni qué decir del latín …

Yo quedo a sus órdenes, y a la espera de su respuesta, que le ruego no omita, aunque sea para fusilarme merecidamente por la espalda … Pero, le reitero, en mí nunca hubo malicia ni intención de apoderamiento indebido.

Con el aprecio de siempre, lo saluda In Domina,

Félix Dufourq

 

PD. Apenas recibida su respuesta se la retrasmití a Marcelo González, pues en realidad él fue el principal destinatario del reproche, al haber publicado las dos campanadas en PCI; con lo cual trascendió a su público, y naturalmente éste bien pudo plantearse algunos interrogantes – recibí, por supuesto, varios comentarios – . Y ese público, a mi juicio, merece un esclarecimiento, sobre todo porque no ha faltado quien nos tenga a usted y a mí en buena estima y haya quedado un poco sorprendido de este aparente enfrentamiento.

Por fin, estimo que de todo esto puede salir un muy buen resultado: definir si las campanadas pueden ya ser leídas por todos los fieles, tanto los que están enterados de su existencia como aquellos que no, pero podrían llegar a tener un legítimo interés en ellas.

Muchas veces me pidieron escribiera las Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales, y, aunque no podía negarme a la autoridad de quien me lo aconsejaba, sin embargo, no me determiné a ocuparme decididamente de ello, porque debía hablar de mí mismo demasiado a menudo. Ahora me llega el mandato de persona de suma autoridad, mandato que no se pude diferir, y, en consecuencia, me decido a exponer detalles confidenciales que puedan dar luz o ser de alguna utilidad. …

“Advierto que escribo únicamente para mis queridísimos hijos los salesianos, con prohibición de dar a publicidad a estas notas lo mismo antes que después de mi muerte.

“¿Para qué servirá, pues, este trabajo? Servirá para superar las dificultades futuras, aprendiendo del pasado; servirá para dar a conocer cómo Dios mismo condujo todas las cosas en cada momento. servirá de ameno entretenimiento para mis hijos. … Hijos míos, cuando después de mi muerte leáis estas Memorias, acordaos de que tuvisteis un padre cariñoso, que os las dejó antes de morir en prenda de su cariño paternal”.

(San Juan Bosco, Memorias del Oratorio. Preliminares, pág. 81, BAC 135).

 

Comentario del Editor: Al quedar necesariamente involucrado en este asunto quiero aclarar: no tengo ningún temor sobre responsabilidades penales respecto a la difusión de las «Campanadas». Si alguno he abrigado ha sido el de ser este acto moralmente lícito. Mis dudas cayeron por el hecho de que Escrivá de Balaguer ha sido canonizado, y por lo tanto su obra es patrimonio de la Iglesia.

El caso que Félix Dufourq cita, el de San Juan Bosco, evidentemente es de otra naturaleza. El santo se resiste a escribir su biografía (lo hace a instancias del Papa) y luego ingenuamente prohíbe darlas a conocer, sabiendo que eso ya no dependería de su Congregación. Lo hace por humildad y no por secretismo u ocultamiento de su posición doctrinal. San Juan Bosco prohibía a sus hijos espirituales gritar viva Pío IX, como gritaban los liberales y masones antes de que Pío IX se ganara merecidamente su renombre de antiliberal. Y esto era porque el Cardenal Mastai-Ferreti era tenido por simpatizante de las ideas liberales. Don Bosco nunca ocultó sus reservas sobre el papa recientemente elegido en su momento, ni las tuvo para una elite de iniciados. 

Parece mentira, ahora todos tienen que tener «doctrina oculta». En la vida de los santos que hemos leído toda la vida, su pensamiento íntegro fue siempre público, como lo es la doctrina de la Iglesia. Es un poco absurdo que estemos discutiendo estas cosas. Sin embargo varios «movimientos» de gran auge actualmente mantienen reservas sobre lo que predican. Y hasta un gran santo como Maximiliano Kolbe está censurado (sea esta una contracara del mismo fenómeno) por su clara posición sobre el tema judío, que comprendía muy bien porque comprendía la doctrina católica.

Y para los tontos, que no faltarán, y decidan comentar mi «posición» sobre validez de la canonización de Escrivá de Balaguer, recuerdo que el mismo cuestionamiento afectaría la canonización del P. Pío, por ejemplo. Es decir, si hubo defecto de procedimiento, ninguno de ellos está válidamente canonizado. Claro, la discusión sobre su doctrina pasa por otro carril… y no es lo que tratamos aquí.

Artículo relacionado: Sobre robos y ladrones: las Campanadas de Escrivá de Balaguer

Comentarios

Anónimo
22/09/2009 a las 7:30 pm

La biografía de Vázquez de Prada y la tercera campanada
En el libro de Andrés Vázquez de Prada, «El fundador del Opus Dei: vida de Josemaría Escrivá de Balaguer. 2ª ed. Volumen 3», a partir de la página 680, se habla expresamente de «La tercera campanada», se la data el 17-VI-1973 y se transcriben fragmentos de la misma. Cualquier puede verificarlo en la página de libros de google.

Es una temeridad que se hable de robo o de violación de la propiedad intelectual.

En Xto.,

P.



    Anónimo
    23/09/2009 a las 6:14 pm

    es la propiedad intelectual
    en sí misma deleznable. No hay que hablar sobre si hubo o no robo, sino desenmascarar la falacia de la propiedad intelectual, que nadie la ve, ni se habla de ella (acaso el Papa nomás cuando pide que se flexibilicen sus normas en lo que a patentes médicas se refiere).

    ADJUNTO UN LINK CON INTERESANTE CRÍTICA DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL HECHA POR UN SOCIAL DEMOCRATA, CON EL CUAL PODRÁ NO COMPARTIRSE SU FILOSOFÍA DE BASE O SU PROPUESTA POLITICA SOCIAL Y ECONOMICA, PERO QUE DESTROZA LOS FUNDAMENTOS DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL, LO HACE A CONCIENCIA Y UNO POR UNO.

    VA UN FRAGMENTO… SI QUIEREN PROFUNDIZAR AQUI TIENEN EL LINK

    http://www.cibersociedad.net/archivo/articulo.php?art=224

    Teniendo todo esto en cuenta, ¿deseamos dar a unos hombres el poder de enriquecerse con el conocimiento devenido en mercancía infungible, siendo conscientes de que supone incurrir en una diferencia brutal con el resto de los trabajadores que producen bienes finitos como concreciones de ese mismo saber? ¿Es justo con el resto de la humanidad tal premio a los simonitas?

    Veamos un ejemplo muy manido pero resplandeciente: para producir un software es necesario un equipo que lo diseña. La inversión en capital humano –tratándose de personal altamente especializado– y medios tecnológicos puede ascender a cifras considerables. Es razonable pensar que el producto se lance al mercado a un precio relativamente alto si atendemos a tal inversión. Esto es justo si partimos de que se aplica el mismo criterio que a cualquier otro bien. Pero no es el caso: se cobrará cada una de las copias como si fuese el original y sin la consiguiente merma en la propiedad que se produce con la comercialización de cualquier otro producto. Y en consecuencia, el coste de la creación del software deja de ser elevada al perderse la relación proporcionada entre sacrificio y beneficio. Se rompen, por tanto, las reglas de juego que tanto gustan a los neoliberales, se reinventa la economía y se dinamita el orden establecido por el mercado. Este caos no importa, no duele, pues las reglas son para los pobres y sólo cuando molestan a los ricos, se saltan o se anulan, olvidadas siempre en nombre del bien común y del sacrosanto y sistemático utilitarismo. Así pues, en este nuevo mercado del saber no hay existencias limitadas, se vende todo lo que haga falta, puesto que en realidad no se vende nada. La oferta se iguala a la demanda de forma automática ya que el stock siempre es suficiente para cubrir cualquier venta. El ciudadano no compra la propiedad de nada y de esta forma el fruto del esfuerzo de algunos hombres se pierde, transmutado en algo indeterminado, esclavizando al resto de los mortales que pagarán una y otra vez con su esfuerzo el supuesto uso de un bien que nuca les pertenece. Los haberes de estos últimos sí que se verán mermados cada vez que paguen por estos derechos de uso, y su merma será determinada en proporción a los beneficios del propietario de la patente. Esto es una injusticia porque no existe igualdad en el intercambio. Unos y otros acuden al mercado con el fruto de su trabajo, pero los primeros tendrán sus réditos «por las nubes», más propios de los dioses en tanto que infinitos, y los segundos presentarán sus rentas tan concretas como humanas y terrenales. El intercambio es justo si ambas partes entregan algo, pierden lo que entregan y reciben algo a cambio. Para ofrecer cosas nuevas, tendrán que trabajar de nuevo. Esto no será necesario para algunos gracias a las leyes de propiedad intelectual. Beneficio y sacrificio deben ser similares para ambos: si la carga de la operación sólo es soportada por una de las partes el negocio es evidentemente injusto en tanto en cuanto se rompe la relación de ecuanimidad, fundamento bien habido de cualquier intercambio humano. Los liberales nos quieren convencer de que los precios son justos cuando son libres, cuando se acata su imposición desde la oferta y la demanda, pero aquí dicen que el precio justo es el otorgado por el monopolio. La disposición a pagar por algo no supone la justicia del intercambio, pues no es justo que nadie pague por no ser torturado y sin embargo todos nos encontraríamos dispuestos a pagar lo que sea para evitarnos tal trance, o para hacernos con un tratamiento que salve la vida de nuestros hijos aunque sepamos que pagamos diez mil veces el coste de fabricación total, incluidos los gastos proporcionales de la investigación. Cabría quizás tachar de demagógica tal argumentación, pero sólo debemos contemplar la realidad para comprender que lo que digo es cierto, es, insisto, la pura realidad cotidiana para millones de personas que con su esfuerzo competitivo deben adquirir bienes fabricados en monopolio.

    La psicología liberal necesita que nos fijemos en los beneficios generados con el intercambio, pues muchos fueron, son y serán los que no pagan con el sudor de su frente las cosas buenas del mundo, algo que no nos debe llevar a equívocos, pues también en la ecuanimidad del sacrificio encuentra justicia el intercambio, por más que la necesidad nos lleve también a los pobres a obviar tal relación y por mucho que suframos en todos los casos en que conocemos que entregamos haberes conseguidos con gran esfuerzo a cambio de un producto o servicio que poco ha costado al vendedor. ¿Pero cómo se puede aceptar tal propuesta desde un mercado cuya primera ley es que cobres todo lo que puedas por tus productos para así incrementar tu propio beneficio? Esta ley te dice que da igual el esfuerzo que realices, como si no es ninguno, cualquier beneficio que obtengas en el mercado será legítimo. Y por otro lado, ¿cómo podría defender tal cosa quien poco o nada hace y, sin embargo, vive la gloria material? Si aceptara el sacrificio como fundamento del intercambio, ¿acaso no se sentiría un miserable contemplando a los demás hombres trabajar de sol a sol mientras él disfruta de los mismos bienes sin hacer nada? La cuestión estriba en que todos debemos contribuir al sostenimiento y continua construcción de la sociedad con nuestro esfuerzo y en la medida de nuestras capacidades. Parece injusto establecer una sociedad que exija un esfuerzo continuo a unos hombres y no a otros, ya sea por poseer una patente, por derechos de cuna al trono de un país cualquiera o por disfrutar de una herencia que les exima de ganarse el pan con el trabajo diario.»

    PL



Anónimo
22/09/2009 a las 7:45 pm

Rectifico
La cronología de las campanadas es la siguiente:

1. Carta de 28 de marzo de 1973
2. Carta de 17 de junio de 1973
3. Carta de 14 de febrero de 1974

En Xto.,

P.



Anónimo
15/02/2010 a las 12:22 pm

Leer las Camapanadas de José María Escrivá
Las Campanadas pueden leerse en:

Primera ‘Campanada’, CARTA 28-III-1973, Josemaría Escrivá de Balaguer

http://opusvalladolid.wordpress.com/2008/07/19/primera-campanada-carta-28-iii-1973-josemaria-escriva-de-balaguer/

Tercera ‘Campanada’, CARTA 14-II-1974, Josemaría Escrivá de Balaguer

http://opusvalladolid.wordpress.com/2008/07/19/tercera-campanada-carta-14-ii-1974-josemaria-escriva-de-balaguer/



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