Faltan pastores y sobran asalariados
Escribe José Luis Milia
josemilia_686@hotmail.com
Escribe José Luis Milia
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Estamos solos frente a los lobos. Cambiaron nuestros Pastores la razón de su trabajo y prefirieron, por comodidad, convertirse en asalariados. De ahí en más, empezaron a cuidar a las ovejas de mejor lana, a las más gordas, a las que no le causan problemas. A aquellas que les pueden dar la mejor ganancia. Las otras, las que el Señor ama, las rechazadas porque molestan, las que se “condenaron” por salvar un esquema de vida que ellos habían en otro momento defendido, esas, las pródigas, mejor dejarlas, como a cualquier problema, de lado. Un asalariado, llámese Ñañez o Radrizzani irá, con pretensiones de pastoral, a Marcos Paz o a Bouwer,. Confirmar presos comunes es una actitud simpática en esta era de garantismo indecente pero se cuidará de acompañar, aunque sea por minutos, a un preso político porque al fin y al cabo eso de: “estaba enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis” es una pavada del viejo Mateo y es políticamente incorrecto a los ojos de quienes les pagan los sueldos.
Estamos solos porque los asalariados han preferido arreglar sus cuentas como Herodes o Poncio Pilatos. Ya no habrá problemas para ellos, solo tienen que hacer la parada de defender a las ovejas aunque ya hayan olvidado donde está la puerta. Y en esa ansiosa búsqueda de indiferencia, un asalariado, llámese, por ejemplo, Melani, le dará la espalda a aquellos que fueron a defender la Casa del Señor de los ataques sacrílegos que una runfla de putas querían perpetrar en la Catedral de Neuquén.
Estamos solos porque los asalariados se han tomado en serio – sacándolo de contexto – aquello de “astutos como serpientes” ya que va en consonancia con la época. El Pastor tiene el coraje de gritar desde los terrados, el asalariado calla o a lo sumo murmura. Y un asalariado al que podemos llamar Cassaretto, preferira escribir algo meduloso sobre la seguridad – que seguramente será olvidado al minuto – antes que consolar a su rebaño que es robado, expoliado y asesinado diariamente, antes que acompañarlo en su reclamo de una vida mejor
Estamos solos porque a diferencia de los Pastores, a los asalariados – de todas las jerarquías – no les avergüenza huir frente al lobo, como ya no les interesa conocer a sus ovejas, ya se sienten exentos de responsabilidad frente a ellas y de esta manera cada día y de manera inexorable son funcionales a aquellos que siguen al que quiere ver el rebaño disperso o sumido en las tinieblas.
Estamos solos porque en esta nueva era que vivimos el gerente de una diócesis a quien podemos llamar Maccarone puede darse el lujo de ser visto haciendo un viaje en sábana acompañado por un mozo de alquiler y una vez renunciado en escándalo en lugar de ser destinado a un lugar donde no joda a nadie más lo premian con un puesto honorifico en la UCA.
Sobran asalariados administrando rebaños, pero faltan Pastores que señalen con nombre y apellido – ¡más bramidos y menos cartas! – a quienes son responsables de la desnutrición infantil, de las drogas, de la inseguridad, de la educación publica deformada, de la salud pública inexistente, de la perdida del trabajo, de los jubilados expoliados, de la exaltación de paraísos artificiales. Porque nunca un asalariado va a tener el coraje de denunciar – sin maneras diplomáticas, a puro grito si es necesario – a quienes han convertido a la República en un burdel de toldería sin jerarquía ni respeto.
Mientras no tengamos Pastores, mientras los asalariados tengan el peaje de la “espiritualidad” del rebaño nosotros estaremos solos. Y si estamos condenados a carecer de Pastores tengamos el coraje de dejar de ser rebaño y convirtámonos en jauría

