Espíritu sobrenatural contra la desesperanza
La percepción que tenemos los que hemos recibido la gracia de ser fieles a la doctrina de la Iglesia es más bien de una catástrofe en ciernes. Esta percepción peca, sin embargo, no pocas veces de “prudencia” excesivamente humana o natural. El naturalismo nos ha ganado también a los católicos tradicionales.
Quizás no nos demos cuenta, pero estamos viviendo momentos extraordinarios. El mundo parece al borde de un estallido, la Iglesia en proceso de hacer explícito un cisma del que ya se habla en las planas de los diarios, producto del colapso doctrinal. La percepción que tenemos los que hemos recibido la gracia de ser fieles a la doctrina de la Iglesia es más bien de una catástrofe en ciernes.
Esta percepción peca, sin embargo, no pocas veces de “prudencia” excesivamente humana o natural. El naturalismo nos ha ganado también a los católicos tradicionales. Vivimos en un mundo embebido en el naturalismo; difícilmente podamos evitar algún contagio. Y además de otros, que no vienen al caso aquí, el más notorio es la escasez de una visión y un consiguiente espíritu y esperanza sobrenaturales.
La mayor parte de los desvaríos que han llevado a algunos tradicionalistas por caminos desastrados, o al menos peligrosos, y tientan a otros con reacciones de hartazgo más que de humilde aceptación de las consecuencias de los pecados de la humanidad, proceden de la falta de espíritu sobrenatural. Muchos hoy se sienten tentados de desesperación, de abandono de la práctica religiosa formal para seguir el camino de un misticismo individualista propio de los “iluminados”: el camino de los pocos que han entendido, porque el resto son unos necios que no entienden nada.
Hay apreciables datos de la realidad para que este espejismo se nos forme ante los ojos, pero no por eso deja de ser espejismo. Hay una apostasía generalizada. Hay una liturgia devastada, desnaturalizada en su esencia y a la vez “naturalizada” e ineficaz, contra la que muchos luchan al asistir a ella para mantener la Fe, con la que cargan como un peso en lugar se que ella los eleve. ¡Notable paradoja! Los medios ordinarios de la gracia se han convertido en medios de desgracia. O de antigracias.
El Magisterio parece haber cesado. De boca de papas, obispos y cardenales salen disparates insignes y espantosos errores. Y distingo porque hay que poner cada cosa en su lugar. Están los errores doctrinales que pueden ser argüidos con la sana doctrina tradicional. Pero hay mucho de dislate irracional, misticismo descaminado, iluminismo neoteológico… contra esto no hay argumento: es el absurdo.
Las masas que se imaginan católicas han sido “formadas” en estos dislates desde hace mucho tiempo; su forma mental está alejada de un modo impresionante de la recta razón. Carecemos, en esta tan tremenda crisis, hasta de herejes serios con los que discutir y a los que argumentar sobre ciertas bases comunes, como un apego a las Sagradas Escrituras.
Sin ir más lejos, hace horas, el insigne arzobispo Rector de la Universidad Católica Argentina y personaje eclesiástico importante por decisión de Francisco acaba de decir, a propósito de la oposición conservadora en el Sínodo: «Ésta es una suerte de estrategia apocalíptica –también presente en las Escrituras– para desacreditar a quien tiene el poder: hablar mal de él, difundir noticias absolutamente falsas, de modo que más personas empiecen a pensar que hace falta un recambio», dijo a La Repubblica el arzobispo argentino Víctor Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica Argentina, cercano al Papa. «Pero es un juego conocido y por este motivo no creo que Francisco se vaya a dejar impresionar», agregó. Caminos Religiosos
Si alguien puede, por favor, explicarnos que puede ser “una estrategia apocalíptica también presente en las escrituras para desacreditar a quien tiene el poder…” No se podrá, porque es un dislate. Es disparate intencional para confundir y desconcertar. Dicho a cara de piedra. Sin el menor pudor por su calidad de arzobispo o de rector de una universidad pontificia. En ese piso “teológico” se para uno de los redactores del documento sinodal “contra” la familia que está por parir 100 párrafos inescrutables. Aunque el “sínodo virtual” de los medios ya ha hecho su labor destructiva y ante la resistencia conservadora se inventa la teoría de la “conspiración apocalíptica ya presente en las Escrituras”…
De aquellos polvos…
Culminando una sucesión de papas más o menos desastrados, Francisco se entrega con todo su esfuerzo a oficializar esa praxis ya puesta en práctica desde hace tiempo en las distintas comunidades eclesiásticas: la de la separación entre la doctrina y la pastoral. Mantenemos la doctrina pero modificamos la pastoral, o sea, fundamos la cura de almas en una doctrina diferente de aquella que decimos sostener.
… estos lodos
Pero que no sostenemos, porque cada día, prácticamente, algún obispo o padre sinodal inventa alguna nueva forma de esquivar la clarísimas palabras de Nuestro Señor: una de las últimas, “Moisés cedió porque se acercó al pueblo. Del mismo modo, hoy en día la dureza de los corazones se opone al plan de Dios. ¿No podría S. Pedro tener misericordia como la tuvo Moisés?”, palabras delCard. José Luis Lacunza, designado por Francisco, al asumir su parroquia romana.
Todo esto, visto con ojos sobrenaturales nos mueve a la confianza en Dios, en su poder, en sus designios. A buscar los lugares de las profecías en los que se han anunciado estos momentos trágicos de la Iglesia y de la humanidad. No solo de la Revelación oficial, sino de las privadas que la Iglesia ha aprobado con tanto entusiasmo, como Fátima (la cual conviene estudiar en detalle incansablemente, porque es la clave es este tiempo, anticipada por la misericordia divina en las vísperas de lo más trágico).
Pero el espíritu naturalista ya campeaba en la Iglesia del preconcilio y muchos no hicieron caso de los dichos de esa religiosa admirable, Sor Lucía, o bien se asustaron ante la posibilidad de asumir las responsabilidades que el Cielo les señalaba para la hora. Así llegamos al Concilio.
Tenemos todavía a mano los recursos sencillísimos que el Cielo nos ha pedido por boca de la Santísima Virgen y luego de Nuestro Señor, en diversas apariciones que tuvo Sor Lucía más allá del ciclo de Fátima 13 de mayo – 13 de octubre. Algunos de ellos están a nuestro alcance: la devoción reparadora de los cinco primeros sábados, el santo rosario cotidiano con las jaculatorias pedidas por la Virgen. La penitencia, el espíritu de pobreza, la oración. Últimos recursos para atenuar o abreviar los grandes castigos, que la jerarquía y los fieles parecen haber olvidado o menospreciado.
El rosario en familia, con el espíritu y la piedad adecuados, es el gran recurso para preservar a padres e hijos de la mundanidad y la ruina espiritual. Y para que finalmente se cumpla lo que dijo la Virgen: la consagración de Rusia se hará, aunque será tarde.
Lo que parece cumplido en su segunda parte: ya parece ser tarde para evitar los castigos, las grandes guerras, lo que estamos viviendo en la Iglesia desde hace más de 50 años. Pero cuando se haga, Rusia se convertirá y le será dado al mundo un tiempo de paz. Este camino misterioso es difícil de imaginar, pero Rusia asume hoy en el mundo un papel cada vez más relevante y orientado contra muchas de las consignas mundialistas dominantes. ¿Se ha iniciado el proceso de conversión de Rusia? ¿Qué papel tendrá sobre la Iglesia y su crisis, como lo han tenido en otros tiempos los poderes civiles cuando se vivían momentos graves en la Nave de Pedro?
Todo está por verse, puede ser o no. Pero si no nos aferramos con espíritu sobrenatural a la esperanza en las promesas divinas, si no rezamos y nos esforzamos por salvarnos y contribuir a la salvación de los “pobres pecadores”, como los llama Nuestra Señora, caeremos, paradójicamente por nuestra “prudencia” o más bien, humana desconfianza, en algunos de los errores con que nos acecha el demonio en este monumental tiempo de confusión.
Estamos del lado de Dios, y de El es la victoria, cuando y como El quiera. Tal vez por los caminos más inesperados.

