Entre San Pío X y San Pío X
Hace algunos días, el 18 de agosto, Su Santidad Benedicto XVI recordó a San Pío X en la alocución de los miércoles dedicada a los peregrinos. Su fiesta, según el calendario litúrgico nuevo, se celebra el 21 de agosto. Según el tradicional el 3 de septiembre. Por lo cual, entre San Pío X y San Pío X, siguiendo el ejemplo del Sumo Pontífice, me parece prudente recordar al último papa canonizado.
Hace
algunos días, el 18 de agosto, Su Santidad Benedicto XVI recordó a San Pío X en
la alocución de los miércoles dedicada a los peregrinos. Su fiesta, según el
calendario litúrgico nuevo, se celebra el 21 de agosto. Según el tradicional el
3 de septiembre. Por lo cual, entre San Pío X y San Pío X, siguiendo el ejemplo
del Sumo Pontífice, me parece prudente recordar al último papa canonizado.
Recuerda
el Santo Padre rasgos característicos del papa santo:
Su
deseo de reforma de las estructuras administrativas y las disposiciones
disciplinarias que mostraban rasgos de decrepitud.
Su
énfasis en la formación sacerdotal.
Su
enfoque pastoral: proveer ante todo por el bien de las almas y poner los medios
sobrenaturales y naturales al alcance para contribuir a este fin.
Así,
el Papa Sarto redujo la edad para la primera comunión a los siete años y
simpificó los requisitos de formación de los niños: llegó él mismo a dar la
primera comunión a un niño de 4 años, que excepcionalmente manifestaba tener la
conciencia suficiente de que recibía el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de
Nuestro Señor Jesucristo.
Recuerda
también el Papa Benedicto la eficacia del Catecismo Mayor (hoy conocido
–o desconocido- como “catecismo de San Pío X”). (Mis hijos adolescentes,
anoto yo, han hecho toda su etapa de perseverancia estudiando los textos de
dicho catecismo, con resultados admirables).
Finalmente
alude el Papa a la obra legislativa formidable de San Pío X, el Código de
Derecho Canónico, promulgado por Benedicto XV, pero cuya idea e inspiración,
sostenimiento y perseverencia, como lo reconoce el propio promulgador, es mérito del Papa Sarto y,
asimismo recuerda el Pontífice reinante la lucha contra de San Pío X contra el
Modernismo.
Dos San Pío X
Así
como la reforma litúrgica nos ha puesto en la paradójica situación de tener dos
fechas para celebrar la fiesta del mismo santo, así también esta esperanzadora
recordación del Papa Benedicto no deja de traer el eco de otra paradoja: se
recuerda la obra de San Pío X, pero no se pone énfasis en destacar las
diferencias que hicieron tan fecundo su ministerio apostólico en contraste con
los resultados de las experiencias posconciliares.
Al
caso: el catecismo de San Pío X formaba las mentes sólidamente en la doctrina
de la Fe. Los innumerables catecismos que hemos conocido desde el Concilio (y
ya durante él) dejan en las almas de los niños, en el mejor de los casos, una lánguida experiencia sentimental,
que se evapora ante el primer desafío intelectual o moral que se les presenta.
Estos
catecismo NO forman, más bien entretienen la imaginación y en muchos casos
deforman o permiten que la mente del niño se deforme. Tampoco establecen el
hábito teológico, a saber, el ver la
doctrina como un corpus ordenado, lógico y coherente, fundado en la revelación
pero expuesto conforme a las normas de la recta razón (teológía). No, por el
contrario, promueven un hábito
antiintelecutal, dando a crer que la Fe es una emanación sentimental.
Consecuencia
de este desprecio por la doctrina, tampoco se aplica hoy en día la gente
–ni el clero ni los fieles- al estudio del magisterio del Papa San Pío
X, que ha sido un punto culminante de
Magisterio Católico.
Al
hablar de la lucha contra el Modernismo, el Papa no se detiene a considerar el
fenómeno “modernismo” como algo actual y con consecuencias gravísimas en la situación de la Iglesia en los
últimos 50 años. Tal vez la brevedad de la alocución no le ha permitido
extenderse, pero uno no deja de extañar un párrafo más que profundice esta
cuestión, para no quedarse con la impresión de que el Modernismo es algo
superado y lejano.
E
Supremi apostolatus
En
1903, cuando el Papa Pío X publicó su primera encíclica, E Supremi
Apostolatus planteó la situación del mundo y de la
Iglesia en términos que eran a la vez un diagnóstico crudo y una exhortación
esperanzadora:
¿Quién
ignora, efectivamente, que la sociedad actual, más que en épocas anteriores,
está afligida por un íntimo y gravísimo mal que, agravándose por días, la
devora hasta la raíz y la lleva a la muerte? (…) Es indudable que quien
considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las
almas es como una muestra, como el prólogo de los males que debemos esperar en
el fin de los tiempos; o incluso pensará que ya habita en este mundo el hijo de
la perdición de quien habla el Apóstol”. (¡1903!)
Palabras
que hacen temblar. Mucho más actuales hoy que en el momento en que fueron
escritas, pero menos proféticas que descriptivas, porque la perspicacia del
Papa Sarto pudo ver en sus tiempos en pleno desarrollo lo que hoy vivimos como
una espantosa realidad.
Por
ello el papa Pío toma como lema pontificio la frase paulina que anuncia
formalmente en esta encíclica: Omnia instaurate in Christo: establecer todas las cosas en Cristo.
Y
no solo diagnostica, sino que receta la medicina para estos males.
“Ahora
bien, para que el éxito responda a los deseos, es preciso intentar por todos
los medios y con todo esfuerzo arrancar de raíz ese crimen cruel y detestable,
característico de esta época: el afán que el hombre tiene por colocarse en
el lugar de Dios;
habrá que
devolver su antigua dignidad a los preceptos y consejos evangélicos; habrá
que proclamar con más firmeza las verdades transmitidas por la Iglesia, toda su
doctrina sobre la santidad del matrimonio. la educación doctrinal de los niños,
la propiedad de bienes y su uso, los deberes para y con quienes administran el
Estado;
en fin,
deberá restablecerse el equilibrio entre los
distintos órdenes de la sociedad, la ley y las costumbres cristianas”.
Dicho
en otros términos: el Reinado Social de Cristo.
Tales
los sacerdotes, tales los fieles
Por
eso la recomendación más enfática que realiza el papa en esta carta
apostólica dirigida a los obispos,
es la de cuidar la formación sacerdotal: no solo en las ciencias de Dios, sino
en las virtudes sacerdotales. Y ¡por favor! –el papa usa esta expresión
inusual en el lenguaje magisterial- “
¡por favor
! no olvideis la prescripción de San Pablo a
Timoteo: a nadie impongais las manos precipitadamente”.
Más daño hace un mal sacerdote que la falta de
sacerdotes. La generalidad de los seminarios de hoy desmiente a las claras que
las advertencias del Papa Pío X hayan sido tenidas en cuenta, al menos en las
últimas décadas.
Finalmente,
para no abusar de la paciencia del lector, quiero destacar de esta mágnífica y
breve pieza del Magisterio Pontificio, la recomendación, tan actual hoy, quizás
más que nunca, sobre el modo de dirigirse a los que yerran, a los apóstatas,
a los extraviados en la Fe y a los infieles.
“Es
un error esperar atraer las almas a Dios con un celo amargo: es más,
increpar con acritud los errores, reprender con vehemencia los vicios, a veces
es más dañoso que útil.
Ciertamente
el Apóstol exhortaba a Timoteo: Arguye, exige, increpa, pero añadía, con
toda paciencia”.
¿De
donde saldrá esa infinita paciencia sino de la caridad sobrenatural? “¿Cómo
no vamos a esperar que el fuego de la caridad cristiana disipe la oscuridad
de las almas
y lleve consigo
la luz y la paz de Dios? Quizás tarde algún tiempo el fruto de nuestro trabajo:
pero la caridad nunca desfallece, consciente de que Dios no ha prometido el
premio a los frutos del trabajo, sino a la voluntad con que éste se realiza
”.
Diagnóstico
seguro y realista, medios claros, fundamentos sobrenaturales y también
sobrenatural esperanza. ¿Qué otros consejos se pueden pedir aun padre? Sobre
todo cuando este padre, desde la altura de su santidad ve lejos, tan lejos como
cien años después, es decir, nuestro tiempo. Y se asienta en la roca
inconmovible de las verdades eternas.

