El Santo Padre en los EE.UU.
“sanamente laico”, donde todas las religiones tienen su lugar y su
libertad, destacando la “religiosidad” del pueblo, y hasta el hecho de
que sus líderes políticos con frecuencia ondeen banderas morales y
religiosas en sus discursos y propuestas. Esto es tan cierto como el
indiferentismo endémico y la cruda decadencia moral tanto del pueblo
como de los líderes mismos. Lo que se explica más bien por la práctica
de un deísmo sentimental y puramente inmanentista, sin moral objetiva,
de clara inspiración protestante y masónica. “Americanismo” lo llamó
León XIII con anticipadora precisión lingüística.
La extraordinaria pompa con que el Papa fue recibido por las máximas autoridades estadounidenses sorprendió a muchos. Y aunque es posible analizar los hechos como la búsqueda de una legitimación moral del gobierno de Bush, tan desprestigiado en este su tramo final, y hasta como un impulso para la fórmula republicana, estas segundas intenciones no podrían ocultar una cierta comunidad de concepciones, que el Pontífice se ha encargado de destacar.
Sin embargo, no parece necesario a estos fines proponer a los EE.UU. como modelo de la relación iglesia – estado. Esto proviene de una convicción profundamente arraigada en las ideas conciliares de adopción de los “valores de la modernidad”, entre los que se destacan, sin duda, la “libertad religiosa” (libertad de cultos) y la separación de Iglesia y el Estado, o el así llamado “laicismo”.
Sorprende que se proponga a los EE.UU. como un modelo de Estado “sanamente laico”, donde todas las religiones tienen su lugar y su libertad, destacando la “religiosidad” del pueblo, y hasta el hecho de que sus líderes políticos con frecuencia ondeen banderas morales y religiosas en sus discursos y propuestas. Esto es tan cierto como el indiferentismo endémico y la cruda decadencia moral tanto del pueblo como de los líderes mismos. Lo que se explica más bien por la práctica de un deísmo sentimental y puramente inmanentista, sin moral objetiva, de clara inspiración protestante y masónica. “Americanismo” lo llamó León XIII con anticipadora precisión lingüística.
Nos deja perplejos que el Santo Padre postule estas ideas que han sido ya dogmáticamente condenadas por diversos pontífices, uno de ellos recientemente beatificado.
A la vez, algunos párrafos del discurso en el encuentro ecuménico con líderes cristianos matiza ciertos aspectos del ecumenismo en vigor desde el CVII.
“Debemos, sin embargo, preguntarnos si su fuerza [el poder del kerigma] íntegra no ha sido atenuada por enfoques relativistas de la doctrina cristiana similares a los que podemos encontrar en las ideologías seculares, las cuales, alegando que solo la ciencia es “objetiva”, relegan la religión enteramente a la esfera subjetiva del sentimiento individual. Los descubrimientos científicos y sus aplicaciones a través del ingenio humano indudablemente ofrecen nuevas posibilidades para el mejoramiento de la humanidad. Esto no significa, sin embargo, que lo cognoscible esté limitado a lo empíricamente verificable, ni que la religión quede restringida al campo de la ‘experiencia personal’.”
Esta advertencia, tan oportuna, parece desdecir los elogios al “sano laicismo” estadounidense.
El lenguaje conciliar está aquejado de una polisemia insanable. Cada uno rescatará el párrafo que prefiera (y sólo señalamos dos en esta breve nota), dando así énfasis al enfoque relativista de la doctrina, que es causa directa del enfoque relativista de la moral. Ambos reiteradamente condenados por el Sumo Pontífice reinante.
Seguimos perplejos.

