El Rosario y el Corazón Inmaculado de María
El rosario es como una cuerda que Nuestra Señora nos lanza y que sus manos sujetan firmemente desde el Cielo; y es más fácil subir sobre una cuerda que tenga nudos que sobre una cuerda lisa. Estos nudos son las cuentas de nuestro rosario. Si no las rezamos, corremos el riesgo de deslizarnos y de no llegar al Cielo.
En Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Queridos hermanos,
El rosario es como una cuerda que Nuestra Señora nos lanza y que sus manos sujetan firmemente desde el Cielo; y es más fácil subir sobre una cuerda que tenga nudos que sobre una cuerda lisa. Estos nudos son las cuentas de nuestro rosario. Si no las rezamos, corremos el riesgo de deslizarnos y de no llegar al Cielo.
En Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Queridos hermanos,
Hace algunos instantes, el subdiácono apagó el cirio pascual: este gesto litúrgico representa la ascensión física, corporal de Nuestro Señor Jesucristo al Cielo, cuarenta días después de su resurrección. Al fin del mundo, volverá con gran majestad a juzgar a todos los hombres. Se apagó el cirio, no la lámpara del Santísimo, pues Nuestro Señor sigue presente, invisiblemente, sacramentalmente pero no menos realmente, entre nosotros.
¿Será que el Cielo solamente se abrirá al fin del mundo, y que nunca más sus felices y gloriosos habitantes se pondrán en contacto con los hombres? No. En efecto, festejamos también hoy el aniversario de la primera venida de Nuestra Señora sobre el suelo de Fátima, el día trece de mayo de 1917. Y ¿para qué la Santísima Virgen visitó la tierra, sino para recordar a los hombres, tan apegados a esta tierra, que hay un Cielo, hay una vida eterna? ¡Pero la vida eterna se puede perder para siempre y transformarse en una muerte eterna! Entonces, Nuestra Madre del Cielo vino para recordar a los hombres sus postrimerías, es la razón primordial de su venida a Fátima y el tema principal de su aparición en este 13 de mayo:
– “¿De dónde es Vuestra Merced?”, preguntó la pastorcita Lucía.
– “Soy del Cielo”.
– “Y ¿yo también voy al Cielo?”
– “Sí, vas”.
– “¿Y Jacinta?”
– “También”.
– “¿Y Francisco?”
– “También; pero tiene que rezar muchos rosarios”.
– “¿Y nosotros?… También tenemos que rezar muchos rosarios…
“Entonces, escribe Sor Lucía, me acordé de preguntar por dos chicas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías e iban a mi casa a aprender a tejer con mi hermana mayor”.
– “¿María de las Neves ya está en el Cielo?”
– “Sí, está”.
– “¿Y Amelia?”
– “Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo”… Varios años después, se hizo una investigación sobre esta muchacha, que había merecido un castigo tan severo: sufrir las penas del purgatorio hasta el fin del mundo. Asistía a la Santa Misa, es cierto, sabía su catecismo, a veces se confesaba, comulgaba, pero, en general su espíritu, su corazón se dirigía más a cosas vanas, si no peligrosas. En una palabra, era superficial. Su apariencia exterior, los muchachos de la aldea, la falta de respecto a sus padres, las rivalidades pueriles con sus compañeras, eran su pan cotidiano. Sin embargo, había recibido una educación religiosa más que suficiente, y, quizás por eso, justamente, Dios castigó más aún sus vanidades… ¡Gran lección, jovencitas!
El Cielo, el purgatorio, y también el infierno: Nuestra Señora de Fátima no dudó en mostrar a los tres pastorcitos el infierno; visión tremenda, que suscitó en sus corazones, especialmente en el de Jacinta, un inmenso celo por la conversión de los pecadores y una profunda y constante devoción al Inmaculado Corazón de María.
– “Habéis visto el infierno, les dijo Nuestra Señora, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”.
Este terrible hecho de actualidad no figura en los diarios; sin embargo, ¡es muchísimo más terrible que un tsunami o un terremoto! Alrededor de 200.000 personas mueren cada día en el mundo. Pregunto: En este mundo que no es cristiano, donde todos se mofan de las leyes morales más elementales, donde la mayoría de los sermones ignora la Cruz salvadora de Nuestro Señor, calla la realidad del infierno y predica una mera filantropía universal, ¿cuántas de estas almas se salvarán? Y, a propósito de esto, el Concilio Vaticano II, con su ecumenismo mortífero, su libertad de perdición y más tarde su liturgia envenenada, tendrá que dar cuenta también de la condenación de millones de almas. Pero esto no está en los diarios.
Entonces, sigamos con una imperturbable perseverancia el pedido de Nuestra Señora de Fátima, seis veces repetido: Rezad el rosario todos los días por la conversión de los pobres pecadores, para que se conviertan, por lo menos al último momento, y puedan entrar en el Cielo, y también por nuestra propia fidelidad. ¿Soplan los vientos malos del orgullo, de la ambición? Ave María. ¿Sobreviene la pereza, la impureza? Ave María. ¿El desánimo, la vanidad? Ave María. ¿La envidia, la ira, la desobediencia? Ave María, Ave María, Ave María. Cuando el mar de este mundo, con sus olas peligrosas, amenaza nuestra alma, miremos a la Estrella, a la Virgen, y digámosle, con absoluta confianza: Ave María. Pues Nuestra Señora, dice San Bernardo, es “tota ratio spei nostrae”, “toda la razón de nuestra esperanza”, especialmente de nuestra salvación.
El rosario es como una cuerda que Nuestra Señora nos lanza y que sus manos sujetan firmemente desde el Cielo; y es más fácil subir sobre una cuerda que tenga nudos que sobre una cuerda lisa. Estos nudos son las cuentas de nuestro rosario. Si no las rezamos, corremos el riesgo de deslizarnos y de no llegar al Cielo.
Y no solamente tenemos la cuerda salvadora de nuestro rosario, sino también tenemos un refugio seguro, una fortaleza inexpugnable, donde el enemigo no puede entrar, como decía Santa Teresita: es el Inmaculado Corazón de María. Que nuestros corazones, tantas veces débiles, mezquinos e inconstantes encuentren en él refugio (dice San Basilio), su seguridad, su mansión.
Ave María purísima
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Comentarios
¿ Nuestro amigo el cura ya hablaba de tsunamis ?
¿Y se despachaba con tanta libertad sobre el CVII? ¿O falta cierre y apertura de comillas, en ese orden, antes y después del cuarto párafo desde abajo? Sabemos que el Druída es un fiel discípulo de ese sacerdote, pero el párrafo tiene aroma a interpolado. Como sea, è ben trovato: viene muy bien, y el artículo es muy edificante. La foto de la pastorcita del medio, claro está, difiere horrores de quien aparece con SS JPII en la famosa entrevista de 2000 – AMGD
Bueno, el sermón es del jueves pasado
13 de mayo de 2010. Me parece que ya habían sucedido algunos tsunamis. Y ciertamente el mayor de todos, el Concilio.
Yo tengo bien en claro lo del munus docendi. Para eso hay que ser cura. No meto mano donde no tengo oficio… ni beneficio.
Yo también pensaba en otro cura.
Marcelo: con el título, yo pensé también en el P. Castellani.
¿Que cura predica tan bien?
Juancho.
No pasarse de perspicaces
Los Sermones de Mi Amigo el Cura son sermones de un cura amigo mío. No quiere dar su nombre. Hemos de respetar su voluntad. Lo que importa es el contenido.