Panorama Católico

El Pensamiento Político de Dante y su actualidad

           I.-

Hace
muchos años en una disertación pronunciada en Mar del Plata, acerca de un tema
análogo, quien nos presentó, el profesor de Derecho Político y diplomático
ejemplar, Carlos Gustavo Lerena, cuya memoria recordamos, dijo algo así: hoy,
Montejano nos viene a hablar de la actualidad de un poeta y político, que hasta
fue acusado de ser inactual en su época.

           I.-

Hace
muchos años en una disertación pronunciada en Mar del Plata, acerca de un tema
análogo, quien nos presentó, el profesor de Derecho Político y diplomático
ejemplar, Carlos Gustavo Lerena, cuya memoria recordamos, dijo algo así: hoy,
Montejano nos viene a hablar de la actualidad de un poeta y político, que hasta
fue acusado de ser inactual en su época.

            Pasados
más de cuarenta años volvemos sobre el tema, con otro atrevimiento: compartir
la tribuna de nuestro Instituto, de nuestra corporación profesional, con la
persona, que a nuestro entender es quien más sabe acerca de Dante, no sólo en
nuestra Patria sino en toda América, quien en su generosidad de viejo amigo,
que no es lo mismo que amigo viejo, aceptó inmediatamente el convite: hablamos
del doctor Jorge Adolfo Mazzinghi, a quien tendrán el placer de escuchar
mañana. Cabe acotar que sus ancestros, 
ya en el siglo XII, provenientes de Campi, se instalaron en Florencia y
que Dante nació en esa Ciudad  en
1265 y murió en Rávena, en el exilio, en 1321, donde su cuerpo todavía
descansa, rigurosamente custodiado.

            Y
ahora, para no incurrir en las censuras del escribano. Mollura, para quien no
le sacamos el jugo a los capiteles, un comentario al de hoy: “La confusion de le persone principio fu del
mal de la cittade
”. Esta confusión se opone al orden de la sociedad en ese
ámbito, que resulta de la justicia y que de acuerdo con la grandiosa definición
agustiniana, adaptada por nosotros a la política, es “la disposición que asigna
a las cosas, a las personas y a los grupos infrapolíticos, iguales y desiguales
el lugar que les corresponde”.

            Este orden existe, en cualquier sistema
político, cuando gobiernan los mejores, y los peores, en sentido moral y
jurídico, se alojan en las cárceles, que procuran su mejoramiento para su
reinserción en la sociedad. Cuando la idoneidad tiene su premio y el delito su
castigo, cuando el hombre común recibe buenos ejemplos de los poderosos y se
siente partícipe de una empresa colectiva. Cuando las leyes son ordenaciones
racionales orientadas al bien común y no el resultado de caprichos, de
voluntarismos ciegos o de arbitrariedades de los que mandan
, pues como
escribe Dante a los florentinos: “no hay delincuente más peligroso que aquél
que, sin vergüenza y respeto de Dios, hace todo lo que le vienen gana” [1] ,
o sea, no hay más delincuentes más peligrosos que aquellos que, por su poder,
quedan impunes. Como decía el Padre Leonardo Castellani, “en la Argentina va
preso quien roba una gallina, pero no el que roba la estancia y la gallina”.

            No
olvidemos que la paz es resultado de ese orden justo y que San Agustín, la
define en dos palabras, que muestran la concisión de la lengua latina: “tranquilitas ordinis”, o sea la
“tranquilidad en el orden”, según la traducción castellana.

            Y
como hoy vivimos, aquí, desde hace tiempo, y no sólo en el campo político, en
esa confusión que denuncia el tango “Cambalache [2] ,
que se incrementa en forma cotidiana, los argentinos añoramos el orden y la
paz. 

Intentaremos ahora, con la ayuda
divina, hacer un esbozo del mensaje político y jurídico del gran florentino a
los hombres que vivimos en los albores del siglo XXI,  en especial a nuestros sufridos compatriotas.

 
La obra fundamental de la cual nos
ocuparemos, en primer lugar, por su importancia sustantiva, y en segundo, para
congraciarnos con la representante de la minoría monárquica en el Curso de Argumentación Jurídica, la
escribana Edda Sinelli, es “La Monarquía
o Monarchia, aunque no faltarán
muchas referencias a “El Convite” o Convivio,  un banquete filosófico, que el autor ofrece a sus lectores,
y a algunas cartas. “La divina comedia”,
obra magna, queda reservada al maestro Mazzinghi, excepto la referencia a algún
comentario, para confirmar las afirmaciones de nuestro colega Ernesto Calandra,
quien afirma, estimamos con razón, que Dante era teólogo. El distinguido
escribano y querido amigo se enrola en una corriente interpretativa que comenzó
con Juan de Virgilio, quien había preparado, para el sepulcro de Dante un
epitafio, que decía: “Dante teologo di
nessuna dottrina ignaro – che filosofia scaldi sul suo nobile seno
”.

 
Con esta hermenéutica coincide Paulo
VI, cuando en la Carta Apostólica en el VII centenario del nacimiento del poeta
lo llama “señor del altísimo canto,
precisamente en cuanto teólogo de mente sublime
”.  

La
Monarquía
” es una obra política, de doctrina política, cuyo objeto no está
ordenado a la especulación [3] ,
sino hacia la acción. Se trata de cosas en lo fundamental agibles, reguladas
por la prudencia política. Y también, aunque subordinados, de aspectos
factibles, regulados por el arte político.

Respecto a esta obra,
fundamentalmente de filosofía política, señala Etienne Gilson: “se puede decir
sin exageración alguna, que no es indigna de su autor. Sino en belleza
literaria, al menos por la amplitud y la extraordinaria originalidad de sus
puntos de vista. La Monarquía hace
honor al nombre de Dante: sin duda sería difícil hacer de ella mejor elogio. [4] . 

Al comienzo de su obra, el autor se
presenta como lo que somos todos los hombres medianamente normales: eslabones de una larga tradición, de esa
sabiduría de siglos que distingue a Shakespeare y a Newton de los hombres de
las cavernas. Esto ha sido negado sólo por algunos dementes como Rousseau,
Robespierre, Augusto Comte o Carlos Marx. Como esto no lo decimos al voleo, le
dedicaremos una palabra a cada uno, reconociendo, al primero, su calidad de
gran escritor, y en los dos últimos bastantes intervalos lúcidos, más allá de
su estado habitual al que se refiere nuestro Código Civil al definir la causa
de esta incapacidad. Rousseau escribió: “la naturaleza ha roto el molde del que
he salido”, Robespierre afirmó que la Revolución Francesa había generado en
seis meses hechos más importantes que toda la humanidad anterior, o sea desde
Adán y Eva hasta ese acontecimiento político; Comte y Marx, se declararon los
primeros científicos de la humanidad, por eso los socialistas anteriores al
último, fueron llamados por ese ingrato, que mucho les debía, con desprecio,
utópicos o pre-científicos.  

El hombre,
decía Charles Maurras, “es un heredero”;
y, como tal se manifiesta Dante a los
seres humanos
requiriéndoles que “así como han aprovechado los beneficios
de la labor de sus antepasados, por su parte, ellos consigan trabajar en
provecho de sus descendientes, de tal manera que la posteridad quede
enriquecida”.

El florentino ilustre critica al hombre egoísta que no labora lo
recibido
, que no
enriquece el patrimonio cultural heredado, “que en lugar de ser el árbol
plantado a la vera del arroyo que a su tiempo da frutos, queda convertido en
devastador remolino, que todo lo traga y nada devuelve”
[5] .

Dante no es un irónico en sentido clásico de la palabra, un falso humilde, que se
abaja para engañar mejor, sino que tiene conciencia de los talentos recibidos,
que debe hacerlos fructificar como enseña la parábola evangélica, y no
enterrarlos bajo tierra, o guardarlos en una caja de seguridad. Por eso, tiene
el propósito de “dar frutos que aprovechen a todos y de enseñar algunas
verdades descuidadas por otros”.

Su empresa es ardua y superior a sus
fuerzas, lo confiesa, pero confía en la luz de aquel Dispensador “que a todos
da con abundancia y sin reproche”
[6] .

Dante es heredero de la Antigüedad y de todo el  Medioevo anterior. ¿Es un renacentista? Entendemos
que no, porque su cosmovisión es medieval;
pertenece a una época  muy
institucional, ya que en ella, las instituciones sostenían a las personas. Es
por eso, que papas y reyes pueden aparecer en su infierno [7] ,
sin que por eso se discutan la Iglesia o la monarquía. En nuestra época
individualista, con instituciones debilitadas, en cambio, son las personas
quienes, muchas veces, sostienen a las instituciones.

En una alocución a la Sociedad Dante
Alighieri, el Papa Paulo VI afirma: “Este ardiente deseo
(de Dante) de unidad, en todos los dominios de la vida, refleja maravillosamente
la mentalidad medieval… esa mentalidad que jamás será conocida suficientemente:
la mentalidad de unidad arquitectónica del mundo cósmico, de la sociedad civil
y eclesiástica, de la historia, de la lengua, de la escuela, de la cultura;
unidad, sinfonía, armonía, equilibrio de las facultades de la persona humana
llamadas a conspirar en la síntesis que se llama belleza; esto es, unidad que
extrae su origen y su modelo de Dios, punto focal de todo el universo, fuente
de vida y de luz y de unidad: “Vi un punto que irradiaba una luz tan viva, que
los ojos que ella toca deben cerrarse por causa de su fuerza penetrante”(Paraíso, XXVIII, 16-18) [8] .

La perspectiva de Dante es
teocéntrica
; en cambio, la perspectiva renacentista, con muchos matices y grados, es fundamentalmente antropocéntrica.

El gran florentino fue todo lo
contrario de un poeta puro, de un político de laboratorio
. Fue un hombre que comprometió en sus empresas su pensamiento, su
corazón y su sangre. Esto lo señala bien el actor Roberto Benigni: “Lo
importante es tratar al poeta en su eternidad de ayer, hoy, mañana: está
siempre delante de nosotros. Dante no es un trágico que mira siempre desde lo
alto como Goethe: él vive, se enfurece, vuelve sobre sus juicios, es un hombre
verdadero lleno de pasión y de pasiones… Con él conocemos de veras todas
nuestras emociones y debilidades” [9] .

          Defendió sus convicciones con la espada, la
pluma y la palabra
. Sufrió la proscripción, la pobreza y el destierro. Así,
el mismo lo confiesa en El Convite: “He sido como un barco sin vela y sin
gobierno, arrastrado a diferentes puertos y costas y playas por el viento seco
que levanta lo dolorosa pobreza” [10] .

          Nunca fue
indiferente a las tribulaciones de Florencia y de Italia. Como señala el
profesor alemán Günther Holstein, “Dante se vio sumergido, con todo el
apasionamiento de su ser, en medio de las tormentas y facciones políticas de su
época. Destrucción por todos lados, lucha entre el Emperador y el Papa,
corrupción de la Iglesia, corrupción de las costumbres” [11] . Podría haber exclamado palabras análogas
a las pronunciadas por don Miguel de Unamuno en horas sombrías de su patria:
“Me duele España”
.

Aunque
a nuestro entender, olvidó otras, practicó
esa parte de la prudencia que se llama circunspección
y así nos dijo: “Es necesario hablar y obrar en una
edad de distinta manera que en otra, pues hay costumbres que son oportunas y
laudables, en una edad e inconvenientes y reprochables en otra” [12] .

Nunca se entusiasmó con las novedades en si mismas, como algunos hoy, que en lugar de
evaluar los signos de los tiempos los convierten en normas de conducta, y por
eso escribe: “El resultado de las novedades es incierto, ya que nunca se ha
tenido experiencia de ellas, mientras que las cosas usadas y conservadas están
comprobadas por su desarrollo y por su desenlace” [13] .

            Supo discriminar justamente y si hoy
viviera entre nosotros sufriría la persecución del INADI, de nuestra resentida
ex alumna María José Lubertino (antes Lubertino Beltrán); y aquí  ES, o sea nuestra computadora nos
corrige bien, pues escribe Libertino; esa libertina lo acusaría por discriminar
entre hombre y mujer cuando afirma: “Toda
bondad propia de una cosa es amable en ella: como, por ejemplo, en los hombres,
poseer una recia barba, y en las mujeres, tener limpia la cara de toda barba
” [14] .

            También aconsejó a los varones a saber
apreciar con inteligencia la belleza en las mujeres
: “No se puede manifestar bien la
belleza de una dama cuando los adornos del tocado y de los vestidos hacen que
se admire más a estos que a ella misma, por eso, quien quiera juzgar con acierto a una dama debe mirarla cuando su
belleza natural está sola
, sin compañía de adorno accidental alguno” [15] .

            
Y las mujeres, a pesar del dicho, “el hombre es como el oso, cuánto más
feo más hermoso”, no deberían criticar nuestra fealdad, pues como afirma Dante
No debemos reprochar a un hombre porque
sea feo de nacimiento porque no estuvo en sus manos ser hermoso
” [16] .

            ¿Qué
diría el varonil florentino de la extensión, que se produce en nuestros días,
en gastos de tinturas, cirugías, manicuras, picaduras de avispas, cremas y
otras yerbas aplicadas a los metrosexuales que al final parecen verdaderos
muñecos? Por eso, hoy recomendamos a las
mujeres juzgar a los varones al natural
, aunque no seamos partidarios del
nudismo.

Y para que no nos acusen de olvidar
la cuota femenina, un consejo dantesco para algunas de ellas, en la línea del
apotegma homérico, “el silencio es el
ornato de la mujer
”, para las damas ruidosas, cuyas reuniones parecen
grandes pajareras, comparadas con la sonrisa de Beatriz: “Sea tu risa sin estrépito; es decir, ríete sin cacarear como una
gallina ¡hay sonrisa admirable de mi señora, de quien hablo, que nunca la
sentía otro sentido que la vista!
” [17] .

Existen animales, como la hiena, que
ríen, aunque su risa no tenga el mismo significado que entre los hombres; pero
podemos afirmar que la sonrisa es un fenómeno estrictamente humano.

Durante la guerra de España Saint-Exupéry estaba prisionero de los
anarquistas
, que estuvieron a punto de fusilarlo; el crimen era usar
corbata [18] .
Porque “ellos fusilaban sin grandes
objeciones de conciencia… por un síntoma dudoso se envía al contagiado al
lazareto de aislamiento: el cementerio
”. En un momento advirtió que había
olvidado los cigarrillos y como uno de sus carceleros fumaba, le pidió uno, con
el esbozo de una sonrisa. “El hombre, alzó los ojos en la dirección, no de mi
corbata, sino de mi rostro y, con gran sorpresa de mi parte, esbozó, él
también, una sonrisa. Fue como el despertar del día… Nada aun había sido dicho.
Sin embargo, todo estaba resuelto. Puse la mano, en señal de gratitud, sobre la
espalda del miliciano en el momento de tenderme el cigarrillo. Y como, una vez
roto el hielo, también los otros milicianos se humanizaron, penetré en la
sonrisa de todos como en un país nuevo y libre” [19] .

V.-

Para Dante el bien humano, la felicidad en sentido clásico, necesita paz y
libertad.

Aquí utiliza un argumento de
cantidad, el de la parte y del todo (esto para el Curso de Argumentación), y nos dice: “como lo que se predica de la
parte se predica también del todo, y en el hombre particular ocurre que con la
tranquilidad y el descanso se perfecciona en prudencia y sabiduría, es evidente
que el género humano, en la quietud y tranquilidad de la paz, podrá ocuparse
con mayor libertad y facilidad a su obra propia… De donde se concluye que la paz universal es el mejor de todos los
medios ordenados a nuestra felicidad
. Por eso, cuando se oyó una voz del
cielo sobre los pastores, ésta no les anunció riquezas, ni placeres, ni larga
vida, ni salud, ni fuerza, ni belleza, sino paz. La milicia celeste canta:
“Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena
voluntad”[20] .

Y el todo se alcanza en etapas. A
partir del hombre y a través de la casa, la aldea, la ciudad y el reino
particular, llegamos en forma orgánica al imperio universal, cuyo emperador
debe esforzarse para que “en esta mansión de los mortales se viva en paz y con
libertad”.

Dante se apoya en la autoridad de
Aristóteles quien afirma que “cuando
varias cosas están ordenadas a un mismo fin, conviene que una de ellas regule o
gobierne y que las demás sean reguladas y regidas
”, para llegar a la
conclusión que en todos esos ámbitos es necesaria una autoridad, recordando
respecto a la familia la maldición antigua: “ojalá tengas un igual en tu casa”
y respecto al orden político el texto evangélico: “todo reino dividido será
desolado” (Lucas, 11, 17).

Dante propugna, en el lenguaje de su
tiempo, un imperio universal, pues ya que todo el género humano está ordenado a
un mismo fin, conviene que haya uno que mande o reine y éste deber ser llamado
monarca o emperador.

En El Convite había señalado algo jurídicamente elemental y fundamental:
No hay hombre que sea verdadero y justo
juez de sí mismo
” [21] .
Esto lo aplica a las relaciones internacionales y propugna una jurisdicción
universal, argumentando que “donde puede surgir un litigio debe haber un juez
que lo juzgue… Entre dos príncipes cualesquiera independientes uno del otro,
puede darse, como es obvio, un litigio por culpa propia o también por culpa de
los súbditos… Y como uno no puede conocer de los derechos del otro por no
estarle sujeto, porque el igual no tiene potestad sobre el igual, es menester
que haya un tercero con mayor jurisdicción y que tenga a ambos bajo su poder” [22] .                                                                                                                                               

Aquí tenemos planteados temas
importantes, actuales, en estos tiempos de globalización.

Aquí, más allá de las teorías de
Dante, que aparecen en circunstancias medievales, muy distintas de las
nuestras, y para evitar equívocos, queremos
manifestar nuestra repulsa a todo intento de un Estado Mundial
. En el
aspecto teórico adherimos a una tradición escéptica, hasta respecto a su
conveniencia, que se remonta a Aristóteles y a San Agustín y a los teólogos
clásicos españoles, como Domingo de Soto y Francisco Suárez.

En el aspecto práctico, hoy, esa
autoridad surgiría de la imposición de los más fuertes, los que tienen derecho
de veto en las Naciones Unidas, organización que, como escribe Luciano Pereña,
“las más de las veces se ha convertido en instrumento de hegemonía de las
grandes potencias; ha sido incapaz de detener la agresión cuando ha tratado de
oponerse a los intereses de los grandes, se ha deshecho en verbalismo y
protestas ambiguas para convertirse en una tribuna internacional de propaganda
y demagogia” [23] . 

VI.-

Pero también el hombre necesita
libertad, palabra confusa, devaluada, confundida a veces con una espontaneidad
casi animal.

La libertad para Dante es otra cosa.
Está al principio pero sobre todo al final del camino, como expresa Charles
Maurras: “se es más libre a medida que se es mejor. Hay que llegar a serlo” [24] .

Para el florentino, “el primer principio de nuestra libertad es
el libre albedrío, que muchos tienen en la boca, pero pocos en el entendimiento
”.
Esto es fundamental, pues “ratio causa
libertatis
”, o sea que en nuestro entendimiento está la raíz, la causa de
la libertad.

Luego, se refiere a las formas de
gobierno, y propone como criterio para juzgarlas a la libertad de los hombres y
de los pueblos: “los regímenes políticos
rectos procuran la libertad, es decir, que los hombres vivan para sí mismos.
Porque no son los ciudadanos para los cónsules, ni el pueblo para el rey, sino,
al contrario, los cónsules para los ciudadanos, y el rey para el pueblo
”.

A lo cual sigue un pertinente
distingo, útil también para nuestro Curso
de Argumentación
, cuando nos ocupemos de la pareja medio-fin: “Si bien el
cónsul o el rey, en razón de los medios son señores de los demás, en razón del fin son servidores de los
demás”.

Hoy vivimos tiempos sombríos en los
cuales, como anunciara Shakespeare, muchos señores o que deberían serlo, se han
transformado en payasos y han cesado de estar al servicio de los demás; son
exponentes de un nuevo “pan y circo”, cada vez con más circo, ahora por lo
general televisivo, sea en vivo o telefónico, y menos pan.

VII.-

Que Dante haya puesto a la paz en el
centro de su proyecto político, ¿hace de él un pacifista? ¿Un anticipo del
barbado Lanza del Vasto y de su pintoresca comunidad del Arca? [25]

Entendemos que no, porque
consideraba a la guerra a veces necesaria para instaurar la justicia y alcanzar
la paz, ya que como señalaba el profeta Isaías “la obra de la justicia será la
paz”; en la magnífica brevitas de la
lengua latina, las palabras se reducen a tres, “opus iustitiae pax”.

Incluso este es el fin que justifica
una guerra en la cual intervino, según su carta al Cardenal Nicolás de Prato:
“¿Por qué nos lanzamos a la guerra civil? ¿Por qué levantamos nuestras blancas
banderas? ¿Por qué quedaron enrojecidas nuestras espadas y nuestras saetas? La
razón de todo ello fue conseguir que aquellos ciudadanos que con temerario
capricho habían cercenado los derechos civiles, doblegaran su cerviz bajo el
yugo de una ley justa y fueran obligados a respetar la paz de la Patria. Lo
repetimos: la saeta legítima de nuestro propósito, al salir disparada del arco
que habíamos tendido, pretendía, pretende y pretenderá siempre únicamente la
paz y libertad del pueblo florentino” [26] .

Banderas, espadas, saetas…
¡Magnífica descripción de una guerra de esos tiempos puesta ante nuestros ojos,
como si fuera una pintura! Poco tiene que ver con la guerras de nuestro tiempo,
las cuales, según  Saint-Exupéry
son asesinatos en masa, guerras cartesianas, “de ejércitos sin clarines ni
banderas, ni misas por los muertos” [27] .

Guerra civil, que ya la sabiduría de
Platón distingue de la guerra externa, contra el enemigo que invade nuestras
fronteras, pues en la primera se enfrentan compatriotas que a la larga están
llamados a reconciliarse.

VIII.-

¿Qué Dante haya puesto a la libertad
también en el centro de su sistema político como elemento de la felicidad hace
de él un liberal del siglo XIX? ¿Un antecesor de los fisiócratas, de Adam
Smith, de David Ricardo, en lo económico? ¿De Kelsen en lo jurídico?

De ningún modo, porque él no es
determinista. A estos liberales sean antecesores de las llamadas justamente por
Marx, “épocas orgiásticas del capital”, sean del siglo XX o XXI, les cabe una
comparación de Saint-Exupéry: “Estamos sorprendentemente bien castrados. Nos
han cortado las piernas y luego han proclamado la libertad de caminar” [28] .

Así, Kelsen, como tantos positivistas, nos amputa las piernas al negar el
libre albedrío, el cual, según Dante, es el principio de nuestra libertad. Lo
llama “ilusión ética”, que aparece “frente a la ineludible determinación causal
de la voluntad humana demostrada psicológicamente”
[29] .  

La libertad para el gran florentino,
como hemos visto, tiene su principio en el libre albedrío. Gracias a él, los
hombres somos responsables, aptos para labrarnos nuestro destino, capaces de
merecer una recompensa e imputables para poder ser castigados con justicia.

Esta libertad no es enemiga de la ley, de la justicia, ni del orden. No opera en el vacío, sino que se
relaciona con las cosas y las finalidades concretas, posibles, honestas. Y en
una “Carta a los florentinos”, así la
describe: “¿A qué otra cosa llamaremos libertad, sino al libre curso de la
libertad hacia la acción, facilitado por las mismas leyes a todo el que las
respeta? Por lo tanto son solamente
libres aquellos que con gusto obedecen las leyes formuladas según la imagen de
la justicia natural
. La observancia de estas leyes no sólo es alegre,
espontánea, no solamente no constituye esclavitud, sino a todo el que considera
las cosas atentamente, se presenta como la más perfecta libertad” [30] .

Porque, como tantas veces hemos
repetido, las leyes son como caminos al
servicio de los caminantes. Eso ya lo había advertido Dante cuando escribe: “no
son los hombres los que están ordenados a las leyes, sino que son las leyes las
que están ordenadas a los hombres
” [31] .              

Y como la ley tiene por fin el bien
común, que nosotros llamamos político, para distinguirlo de otros bienes
comunes temporales, no puede existir oposición entre la ley humana justa,
derivada de la ley natural jurídica, por vía de conclusión o por vía de
determinación, y la libertad en el sentido dantesco. Esta orientación es
destacada por el florentino cuando señala: “Veamos a los legisladores fijar sus
ojos principalmente en los bienes comunes al promulgar sus leyes” [32] .

            
Además, ¿cómo va a existir
contradicción entre esa ley humana, que nos indica normativamente los preceptos
que debemos observar para nuestro desarrollo individual y social en consecución
de fines existenciales valiosos, y la auténtica libertad, instrumento precioso
que mana del libre albedrío y que nos permite alcanzar en forma meritoria y
responsable esos fines preceptuados por la ley
?

            
Sin embargo, en todos los tiempos y por lo tanto en el nuestro, existen
las contradicciones entre las leyes humanas injustas y la auténtica libertad de
la concepción dantesca, y entre la falsa libertad y las leyes “formuladas según
la imagen de la justicia natural”. En nuestros días, tiranos francos o
disfrazados, diremos glosando a Gustave Thibon, amenazan o conculcan las
verdaderas libertades de los hombres y de los pueblos a través de la opresión y
de la corrupción, de la destrucción por atrofia y de la destrucción por
inflamación.

IX.-

            
También, en el proyecto político de Dante, está presente un principio
muy importante en el orden político que hoy llamamos de subsidiariedad. Así, escribe que “las naciones, reinos y ciudades
poseen cualidades propias, que conviene regular con leyes diferentes, pues la
ley es una regla directiva de la vida” y es por eso, que el príncipe supremo no
debe decidir inmediatamente “los pleitos menudos de cualquier municipio” [33] .

             La subsidiariedad es un principio
de organización social que empieza de abajo para arriba, y su punto de partida
son la familia y las pequeñas unidades sociales. Entonces, la sociedad global
no será “una suma aritmética de individuos sino una integración de
instituciones
”. Los grupos infapolíticos tendrán libertades, competencias,
franquicias, para realizar todo aquello que sean capaces. Las funciones
entonces de la sociedad global serán de ayuda, coordinación, estímulo,
integración, corrección y hasta en algunos casos de sustitución.

            
Para que la cuestión no quede muy abstracta vamos a un ejemplo sencillo.
¿A quién le compete cuidar y educar a los hijos? A los padres. En el orden de
la instrucción, ¿puede existir un colegio en cada casa? No, entonces aparece la
escuela. Y ¿si los padres son desnaturalizados, si los corrompen? La
administración de justicia se ocupará del asunto, y hasta podrá privarlos de la
patria potestad y arbitrar los medios que otros tomen el lugar de los padres
para el bien de los hijos. Y ¿si los padres no existen o los han abandonado? Se
ocupará también la sociedad política mediante la puesta en práctica de la
adopción. 

            La subsidiariedad, es el mejor remedio contra
el Estado totalitario
, es lo que el suizo Emil Brunner llama federalismo,
que en su concepción es integral, va mucho más allá del aspecto meramente
geográfico, a lo cual se ha reducido casi siempre nuestro alicaído federalismo.

            
La aplicación del principio citado puede ser un buen elemento para
desmasificar, pues el Estado totalitario opera en el vacío creado por la
masificación que ha producido el hombre masa. ¿Qué es la masa? Algo que no
tiene trama, urdimbre ni estructura. El
hombre masa carece de raíces históricas, sociales y sagradas. Es un
desarraigado, vaciado en su interior, robotizado, que responde a estímulos
externos, veleta, capaz de seguir hoy una bandera, mañana otra. Es la versión
contemporánea de los “borregos de la historia”,
de que hablara Max Scheler.

Esas gentes masificadas son ciegas,
porque, como advierte Dante, carecen de la luz de la discreción, ya que
“ocupadas desde el principio de su vida en algún oficio determinado, al que
enderezan su ánimo por la fuerza de la necesidad, de tal manera que no atienden
a otra cosa…estos hombres deberían
llamarse borregos y no hombres, porque si una oveja se arrojase desde una
altura de mil pasos, todas las demás se irán tras de ella
…. Y yo mismo vi
hace ya tiempo tirarse muchas ovejas a un pozo, porque una saltó dentro de el
creyendo tal vez, saltar una pared, a pesar de que el pastor, llorando y
gritando, se ponía delante de ellas con 
los brazos y con el pecho” [34] .

X.-

           
El tema del Estado totalitario, la gran injusticia de los tiempos
modernos nos conduce al tema de la justicia. El mundo se halla en mejor
disposición cuando la justicia es en él más poderosa. Y siendo ella una virtud
al servicio de los otros, ¿cómo obrará según sus dictados si no se tiene el
poder de dar a cada uno suyo?  De
donde resulta que cuanto más fuerte sea el justo, tanto más amplia será en su
acción la justicia.

En El Convite encontramos un
texto que nos obligará a algunas puntualizaciones. El mismo dice: “Dado que toda virtud es en el hombre digna
de ser amado, sin embargo, más amable la virtud que es más humana, y esta es la
justicia, la cual está en la parte racional o intelectual, es decir, en la
voluntad
” [35] .

El florentino aquí es seguido por un
glosador vernáculo, Mario Amadeo, que en su libro, Dante siempre, interesante y recomendable, por otro lado, dice que
“en el plano intelectual colocó a la justicia -siguiendo en esto a sus
maestros- por encima de las otras tres virtudes cardinales: la prudencia, la
fortaleza y la templanza”, agregando luego que “la predilección de Dante por la
justicia se funda en su formación doctrinaria. La Ética de Aristóteles y la Suma
Teológica
fueron los libros capitales de su formación intelectual” [36] .

El Doctor José Orelle, “el último
mohicano”, que subsiste de tiempos pretéritos, ha dicho alguna vez, con toda su
autoridad académica, que en el Instituto de Filosofía, tratamos de hacer las
cosas en serio. Y como aquí, encontramos un par de importantes errores en
Dante, y una falsa afirmación en su comentarista, con graves consecuencias
prácticas, estamos obligados a hacer varias aclaraciones.

En primer lugar, el alma humana
tiene dos potencias: la inteligencia y la voluntad, que pertenece al género de
los apetitos y se llama apetito racional.

La inteligencia conoce y cuando este
conocimiento se ajusta al ser de las cosas, encuentra la verdad. La voluntad
elige mediante el libre albedrío, y obra; cuando elige y obra correctamente
realiza del bien. Por eso, como bien señala Josef Pieper, primero está el ser,
después la verdad, por último el bien.

Aquí entran en juego dos virtudes:
la prudencia y la justicia; la primera es una virtud intelectual con materia
moral, y reside en la inteligencia, como el arte o la ciencia. La segunda,
reside en la voluntad.

La primacía entre las virtudes cardinales la tiene la prudencia; porque
lo que pertenece a la esencia, prima sobre lo que pertenece a la realización,
que es de lo que se ocupa la justicia y ésta sobre las virtudes cuyo papel más
modesto es evitar los obstáculos, en el campo del apetito irascible, la
fortaleza, y en el del concupiscible, la templanza
.  

Por eso, no es cierto que la
justicia sea la virtud más importante, y tampoco que esto sea lo sostenido por
Aristóteles ni por Santo Tomás.

El último, en la Suma Teológica, escribe: “No se nos llama justos porque conozcamos
algo rectamente, sino por el hecho de que obremos algo rectamente… la voluntad
se dirige a su objeto una vez captado éste por la razón y puesto que la razón
ordena a otro, la voluntad puede querer algo en orden a otro lo que pertenece a
la justicia
” [37] .

La primacía es de la prudencia,
según Paul Claudel, “la inteligente proa de nuestra vida moral”; y según Fray
Luis de Granada,  “esta virtud, en
la vida espiritual, es lo que los ojos en el cuerpo, lo que el piloto en el
navío, lo que el rey en el reino, lo que el conductor en el carro” [38] .
Aquí cabe aclarar que este gran escritor no es patrimonio exclusivo del
escribano Francisco Dardán, a pesar que nuestro querido colega lo cultive hace
rato, beneficiado con suspensiones y gripes puercas, para su disertación del
jueves próximo, en nuestro Curso de
Argumentación
.   

Ahora vamos al orden práctico: que
Dios nos guarde de gobernantes y jueces apasionados cultores de la justicia que
no sean prudentes. ¿Cómo le van a dar a cada uno lo suyo si no tienen la más
remota idea de que es lo suyo de cada uno? Un jurista español, romanista,
Alvaro d’Ors llegó a escribir que “el
estudio del derecho no es más que una educación de la prudencia… Las escuelas
de derecho tienen por objeto procurar que los que las frecuentan sepan en todo
momento qué es lo que se debe dar a cada uno
” [39] .  

Es interesante que Mario Amadeo reconoce un amor “desordenado”
de Dante por la justicia
y comenta: “fue ese mismo exceso de amor que lo
llevó a la paradoja de caer involuntariamente en juicios y actitudes
incompatibles con la justicia” e incluso que el apasionamiento “lo llevó a
exageraciones e inexactitudes que la historia, pasados los siglos, no podía
hacer suyas” [40] . Y ese falso amor, ¿no será ocasionado por
ausencia de prudencia? Sin la cual, que impera respecto de los medios que hay
que poner en práctica  para
realizar lo bueno y evitar lo malo, que conocemos a través de la sindéresis, no
tenemos amor ni justicia
.

Vamos a concluir esta parte con unos
versos de Leonardo Castellani, que tenía claro el papel de las cuatro virtudes
cardinales:

La Prudencia es el timonel
que está sentado en el timón,
La Justicia es el sobrecargo
que reparte la provisión;
La Templanza es el maquinista
que da fuego, aire y carbón,
La Fortaleza el artillero [41]

          
Concluido el tema de la justicia aparece su objeto, el derecho, acerca
del cual Dante ensaya una definición: “es
una proporción real y personal de hombre a hombre que cuando es respetada
protege a la sociedad, y cuando es corrompida, la corrompe
[42] . 

            El fin del derecho debe obtenerse por medio
del derecho
; Dante no concuerda con 
ningún Robin Hood,  y lo
expresa con mucha precisión, “pues aunque un ladrón se sirva de lo hurtado para
ayudar a un pobre, esto no ha de llamarse limosna, sino acto que de realizarse
con bienes propios tendría forma de limosna”
[43] ,
pues la verdadera limosna se da de lo propio y lo decente.

           
El orden natural en las cosas no puede ser mantenido sin el derecho,
pues el fundamento del derecho está inseparablemente unido al orden; es
necesario, por consiguiente, que el orden sea mantenido conforme a derecho.

           
El mero orden, la arquía,
superación de la anarquía, puede ser impuesto por un tirano, por una clase, por
un partido, por un sector de la sociedad, que transforma al fin de ésta en su
medrar particular. Por eso, es muy
importante lo del florentino, que anticipa lo que hoy llamamos Estado de
derecho
.

XII.-

           
En estos tiempos oscuros para la Universidad en los cuales se escriben
trabajos titulados “La Universidad
moribunda
”, “El colapso de la
Universidad
”, “Para que la
Universidad no muera
”, “Mi
Universidad desaparecida
”, constituye para nosotros, que hemos sufrido
persecuciones laicas y clericales, una inmensa satisfacción el poder vivir la Universidad fuera de la
Universidad
, con libertad, decoro y respeto, aquí, en nuestro colegio
profesional. Robert Ellrodt, profesor de la Sorbona, uno de los autores del
libro citado, “Para que la Universidad no
muera
”, nos convoca al combate, a la única lucha universitaria que tiene
sentido y que es la batalla por la verdad. Y agrega: “queremos, debemos ganar
esa batalla. Pero los que se nos han unido pueden librarla sin angustia;
incluso en la derrota tendrían un último recurso. Abandonando las universidades
de nuestro tiempo al reino de los partidos o de las facciones, continuarían
pensando y viviendo en esa Universidad fuera del tiempo en que se reúnen
especialmente los hombres cuya vocación esencial es la búsqueda de la verdad”
[44] .

           
Ahora, algo para nuestro Curso de
Argumentación
, un regalo dantesco para todos los colegas, mujeres y varones
que concurren al mismo desde casi un año y a quienes se han incorporado en el
2009, con el único objetivo de saber, pues aquí no hay condecoraciones ni
graduaciones, no hay parciales ni finales, sino sólo algún ridículo, que puede
surgir de las discusiones, que son desgrabadas, con honestidad y prolijidad,
por nuestra querida secretaria, la escribana María Josefina Bilbao, cuya
ausencia, por no estar en Buenos Aires, hoy, se siente.

Dante compara a la retórica,
tan trabajada en nuestro curso cuanto la dialéctica,
con una estrella, por su suavidad y por su aparición. Así, en El Convite escribe:  “El cielo de Venus se puede comparar
con la retórica por dos propiedades: una es la claridad de su aspecto, que es
más suave a la vista que ninguna otra estrella; otra es su aparición por la
mañana y al atardecer…porque la retórica es la más suave de todas las ciencias
pues este es su objeto principal, y aparece por la mañana, cuando el retórico
habla a la vista del oyente, y aparece por la tarde, es decir, por detrás,
cuando el retórico habla por medio del escrito”
[45] .

Llega la hora de concluir este
primer aporte a las Jornadas Dantescas. Y lo haremos con una poesía de un poeta
nuestro, contemporáneo y amigo, dedicada al gran florentino, que aparece en su
libro “Campanas de tierra y cielo”:

“Acaso era la mano de Virgilio
develando secretos ancestrales;
la luz de misterios primordiales
rescatando saberes del exilio.
Acaso era tu alma en el idilio
visionaria de esencias celestiales
trayendo hacia estos campos
terrenales
la concordia, la norma y el
concilio.
Todo lo vio, señor, tu sabia
ciencia,
el Imperio, la Cruz, la Monarquía,
el tormento de aquel que no es
feliz,
el convite del nombre y la
excelencia,

la vita nuova y el stil que
unía

el amor por Florencia y por Beatriz” [46] .

Bernardino Montejano, Buenos Aires,
agosto 6 de 2009.  



[1] Carta de Dante Alighieri,
florentino e injustamente desterrado, a los malvados florentinos que viven
dentro de la ciudad
, en Obras Completas, B.A.C., Madrid, 1956, p. 1036..

[2] La letra y la música es de Enrique Santos Discépolo y denuncia, ya en
1935. a la confusión enemiga del orden. En su cosmovisión parte de una tesis
clásica del cristianismo: el mundo es un enemigo y lo afirma en su peculiar
lenguaje: “el mundo fue y será una porquería, en el 506 y en el 2000 también”; sabe
que siempre ha habido “chorros” o sea ladrones, y maquiavelos, pero el siglo
XX, es un “despliegue de maldad insolente”; por eso vivimos “revolcados en un
merengue”. En ese revuelco “es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante,
sabio, chorro, generoso, estafador. Todo es igual… Nada es mejor… Lo mismo un
burro que un gran profesor… Los inmorales nos han igualado ¡Qué atropello a la
razón!” (José Gobello, Letras de tangos,
Nuevo Siglo, Buenos Aires, 1997, ps. 209/211.

[3] Aquí cabe aclarar que no se trata de la especulación del comerciante
ventajita, del inversor que compra regaladas tierras públicas para después
venderlas al menudeo a los valores reales, del usurero, como el Shylock de
Shakespeare, sino de la especulación de la filosofía teórica, base de la
filosofía práctica. Especulativo viene de “speculum”,
espejo que refleja la realidad que tiene delante. Una mujer fea no puede
corregirlo; sólo le queda romperlo. Como esa penitente, de la cual habla el
cardenal Dias, hindú de ascendencia portuguesa, entonces arzobispo de Bombay,
que se creía muy linda, y por lo tanto, vivía frente al espejo, pero que en la
realidad era un esperpento. Había un error de estética, incluso, antes  del pecado.

[4] Las metamorfosis de la Ciudad de
Dios
, Rialp, Madrid, 1965. p.139.

[5] La Monarquía, I, 1, en Obras Completas, B.A.C. Madrid,
1956, p. 886.

[6] La Monarquia, I, 4 y 6 en
Obras Completas, ed. cit., p.886.

[7] Como comenta
Günther Holstein, “En simbolismo demoníaco, los Papas que han traicionado la
misión salvadora de la Iglesia por el dinero y la hacienda, tenían que
consumirse, cabeza abajo en el hoyo del infierno”, Historia de la filosofía política, Instituto de Estudios Políticos,
Madrid, 1953, p. 159.

[8]   Alocución del 31/1/1966,
en L’Osservatore Romano, n° 698,
13/3/1966.

[9] Tredici serate in piazza con
Dante
”, Corriere della Sera, Milano, 4/7/2006.

[10] 1, III, 5, en
Obras Completas, ed. cit., p. 711.

[11] Ob. cit., ps. 154/5.

[12] 1, I, 17, en Obras Completas, ed. cit., p. 708.

[13] En Obras Completas, ed. cit., p. 722.

[14] El Convite, l, XII, 8, en
Obras Completas, ed. cit., p. 727.

[15] El Convite, 1, X, 13, en Obras Completas, ed. cit., p.
723.

[16] El Convite, 3, IV, 7, en
Obras Completas, p. 772.

[17] El Convite, III, VIII, 12,
en Obras Completas, ed. cit., p. 783.

[18] Con este criterio anticorbatístico y corbatofóbico, en la primera y
última reunión de presidentes de institutos y comisiones de este Colegio a la
asistimos, todos los varones corríamos riesgo de ser fusilados, menos uno que
apareció con chomba y que nos obligó a preguntarle, al colega que teníamos al
lado, si era escribano. 

[19]   Lettre à un otage, IV, en Ècrits de guerre, Gallimard, París,
1982, ps. 338/40. Como señala Manuel Guerra “sólo el
hombre, ser inteligente, es capaz de sonreír” (El enigma del hombre, EUNSA, Pamplona, 1978, p.67).

[20] La Monarquía, I, IV, en
Obras Completas, ed. cit.,  ps.
889/900.

[21] 1, II, 8, en Obras Completas, ed. cit., p. 709. Dante se apoya en el
adagio acuñado por Publio Siro “Nemo esse
iudex in sua causa potest
”.

[22] La Monarquía, I, X, 1/5, en Obras Completas, ed. cit, ps. 893/4.

[23] Comentarios a la Pacem in
Terris
, B.A.C., Madrid, 1963,  p. 203.

[24] Mis ideas políticas”,
Huemul, Buenos Aires, 1962, p. 103.

[25] Acerca de este
pintoresco personaje puede consultarse el documentado libro de Guillermo Gallardo,
Estimación de Lanza del Vasto”,
Buenos Aires, 1957.

[26] Obras Completas, ed. cit., p. 1026.

[27] Lettre au général X, en Écrits.., ed cit., p. 377.

[28] Lettre… cit., en Écrits…, ed. cit., p.380.

[29] Esencia y valor de la democracia, Labor, Barcelona, 1934, p. 110.

[30] En Obras
Completas, ed. cit., p. 1038.

[31] Carta al Can Grande de la Escala de Verona, en Obras Completas, ed. cit., p.
1054.

[32] El Convite, I, VIII, IV, en
Obras Completas, ed. cit., p. 718.

[33] La Monarquía, L. I, XIV, en Obras Completas, ed. cit., p.
900.

[34] El Convite, 1, XI, 9 y 10,
en Obras Completas, ed. cit., p. 724.

[35] I, XII, X, en Obras Completas, ed. cit., p. 727.

[36] Club de
Lectores, 1981, ps. 127 y 128.

[37] Tratado de la Justicia, q.58 a.4, en Suma Teológica,
B.A.C., Madrid, 1956, T. VIII, ps. 277/8.

[38] Guía de pecadores, Espasa
Calpe, Madrid, 1966, ps. 164/5.

[39] Una introducción al estudio del
derecho
, Rialp, Madrid, 1963, ps. 12/13.

[40] Ob. cit., ps.
129 y 143.

[41] Catecismo, Círculo de Amigos del Padre Castellani,
Buenos Aires, 1971, p. 132.

[42] La Monarquía, L. 2, V, en Obras Completas, ed. cit., p. 910.

[43] La Monarquía, L. 2, VI, 24
en Obras Completas, ed. cit., p. 914.

[44] Rialp, Madrid, 1980, p. 220.

[45] El Convite, II, XIII, 13 y
14, en Obras Completas, ed. cit., p. 755.

[46] Nueva
Hispanidad, Buenos Aires, 2002, p. 103.

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