Panorama Católico

El laicado servil

El Obispo no lo está escuchando, se está defendiendo de las acusaciones que se hacen en esta página al viento como si nada. El respeto por la jerarquía episcopal, el respeto por la persona, no meterse donde no lo llaman, no opinar sobre lo que no se está seguro, etc.

No se puede jugar al chimentero en temas de los cuales depende la salvación del alma. Una cosa es en privado y otra cosa es en público. El pecado de difamación es muy grave como ustedes bien saben. ¿Porque no se tratan temas profundos, investigaciones serias en vez de perder el tiempo en debates sobre cuestiones que no deben ventilarse?

La cita del comienzo es una reacción “laical” a nuestra publicación de la respuesta de Mons. Taussig con motivo de ciertos artículos sobre persecusión de diáconos.

Nos detenemos en ella porque es significativa de un modo de pensar y vivir la relación con el clero, que se llama “clericalismo”.

El Obispo no lo está escuchando, se está defendiendo de las acusaciones que se hacen en esta página al viento como si nada. El respeto por la jerarquía episcopal, el respeto por la persona, no meterse donde no lo llaman, no opinar sobre lo que no se está seguro, etc.

No se puede jugar al chimentero en temas de los cuales depende la salvación del alma. Una cosa es en privado y otra cosa es en público. El pecado de difamación es muy grave como ustedes bien saben. ¿Porque no se tratan temas profundos, investigaciones serias en vez de perder el tiempo en debates sobre cuestiones que no deben ventilarse?

La cita del comienzo es una reacción “laical” a nuestra publicación de la respuesta de Mons. Taussig con motivo de ciertos artículos sobre persecusión de diáconos.

Nos detenemos en ella porque es significativa de un modo de pensar y vivir la relación con el clero, que se llama “clericalismo”.

Nos hemos ocupado muchas veces de este tema, pero no está de más volverlo a hacer, porque está en la raíz de muchísimos males de nuestra sociedad católica hispanoamericana.

El primer error del clerical es confundir la potestad de orden y la dignidad sacerdotal – episcopal con la infalibilidad, privilegio que posee el Papa en determinadas circunstancias, y que posee también cualquiera que afirme lo que afirma la Iglesia. Yo mismo puedo ser infalible. Claro, no en virtud de mis propias fuerzas intelectuales ni de revelación privada alguna. Puedo ser infalibe diciendo lo que la Iglesia dice en materia de Fe y Moral.

Naturalmente, hay una diferencia. El pontífice, en virtud de su cargo, sea Papa u obispo o sacerdote, por su misión de predicar, tiene una asistencia activa particular, que se da en diversos grados según las materias, la jerarquía del pontífice (entiéndase aquí, sacerdote) y la solemnidad con que son emitidos los juicios. Es lo que se llama “magisterio” y es de competencia del clero y solo del clero.

El segundo error del clerical consiste en confundir la potestad de gobierno con una suerte de superpoderes generales.  Todo pontífice (papa, obispo, sacerdote) tiene la obligación y el poder de regir a los fieles en las materias de su oficio.  Y tiene el poder de establecer a su prudencia, según la ley eclesiástica, -fundada en la divina, pero al servicio de ella- y con recta intención, las medidas que considere buenas para la santificación de las almas. En esta materia puede (y suele) equivocarse.

El simple respeto del principio de autoridad en cualquier ámbito nos obliga a someternos a las medidas dispuestas por quienes gobiernan, aun cuando ellas puedan ser inadecuadas y hasta injustas, sobre todo cuando obedecer ayuda más al bien común que negarse a obedecer.

En alguna circunstancias, siempre siguiendo por principio el reconocimiento de la autoridad legítima el inferior puede negarse a cumplir con la orden del superior (acato pero no obedezco), fundado en razones de fe o de moral, o de bien común.

Finalmente, cuando la corrupción campea en el clero, callarla sistemáticamente, como era costumbre bastante difundida en la Iglesia preconciliar, es algo malo.  Costumbre ésta que se conservó luego del peor modo, encubriendo lo malo y dando libertad en cambio para atacar y silenciar a los que resistían la deriva doctrinal hacia la heterodoxia.

El clerical se asocia sistemáticamente al clero, bajo capa de respeto de la dignidad y potestades sacerdotales, acompañándolo en todo lo que hace, bueno o malo, facultativo u obligatorio. Sin distinción de materia y con un pronunciado servilismo.

La historia del periodismo católico está plagada de ejemplos de este servilismo. No solo por disposición espiritual de seguir al clero en todo, sino también por dependencia económica, otra de las facetas del clerical vinculado a las estructuras eclesiásticas.

Solo el sacerdote vive del altar. El laico puede prestar función auxiliar, pero esta función no debe confundirse con la obediencia debida al pastor, sino al patrón, la cual no está exenta de restringirse según los preceptos morales. Es cierto, la necesidad apremia, pero no se puede encubrir, por ejemplo, los chanchullos del párroco porque es el párroco y tiene potestad de orden y de gobierno, y por lo tanto se debe callar y obedecer en todo.

El clericalismo se retroalimentea. Hay participación en las ganancias y en los beneficios, lo cual suaviza mucho las asperezas de la conciencia. Ser clerical puede ser una carga, una distorsión espiritual, pero a veces es un negocio.

Cuando surge una voz independiente que no acepta someterse servilmente a los mandatos del clericalismo, es prolijamente expulsada. Se la acusa de desobediencia, de intromisión en asuntos que son privativos del clero,  de desacato y falta de respeto por el sacerdocio.  El caso más extraordinario que ha dado la Argentina es el Leonardo Castellani, que era sacerdote, pero no era clerical.

No se trata de estar en pie de guerra con el clero. Se trata de respetar y hacer respetar los límites de la autoridad del clero. Aunque ahora se suma también, en este tiempo turbulento, la cuestión doctrinal y la liúrgica, derivada de la anterior, que pone mucho mayor conflicto a esta relación.

Por fin, y para  no abundar, insistimos en que –más allá del acierto o desacierto con que se ejerza – los fieles, y el propio clero tiene, la obligación y el derecho de no ser clericales, lo que no significa ser anticlericales.

Por eso denunciamos con nombres y apellidos.

Estamos hartos, discúlpesenos el vulgarismo, de publicaciones católicamente correctas que defienden la buena doctrina (hasta por ahí) con rigurosa y prolija prescindencia a la hora de “tocar” a las personas. La verdad se defiende también encarnada en los hechos y los hechos involucran a las personas.

Estamos hartos de los sahumerios a los monseñores de quienes después murmuran de ellos por las cosas que no se atreven a decir de un modo público y en sus propias caras cuando la gravedad de la materia y la urgencia de la circunstancia lo requiere.

Esta es la doctrina que practicamos en Panorama Católico. Lo que nos ha granjeado muchísimos enemigos entre el clero y los fieles… clericales. Y muchísimos amigos entre el clero y los fieles que no incurren en tan abominable vicio.

¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! Porque, por haber callado, el mundo está podrido. Santa Catalina de Siena.

Artículos vinculados: Una Respuesta de Mons. Taussig   Sobre Diáconos perseguidos  Sobre Pesos y Medidas, más sobre Mons. Taussig

Comentarios

Anónimo
23/12/2009 a las 9:40 pm

SACERDOTE DIOCESANO DE MENDOZA
ESCRIBE COLUMNAS EN DIARIOS ON LINE con DUDOSA MORAL O DE MARCADA TENDENCIA IZQUIERDISTA O SOCIALISTA O DE AMBAS.
El P. V. Reale, sacerdote de la Diócesis de Mza, es asiduo colaborador en los medios de comunicación. Se caracteriza por mensajes «siempre solidarios con los pobres», la ecología, la defensa del medio ambiente, o las guerras de medio oriente, también, tiene un artículo (publicado hace dos años) donde opina a favor de la «sana laicidad» del estado. Parece que su afición es la redacción de reflexiones, por llamarlo de alguna forma (y sin querer faltar el respeto), cuando murió Mercedes Sosa, publicó unas estrofas en honor a la cantautora.

Paso a compartir con Usted, la publicacíón el día de hoy, donde aparece un escrito que se llama «TE HE VISTO»; y lo que más me preocupa (si es que en el escrito se refiere a NSJ) es que no lo ha visto en la Eucaristía o en el Sagrario.

Atte.
JACISTA

Reflexiones en Navidad
por Vicente Reale, sacerdote católico

1- Te he visto

Esta tarde quiero darte las gracias porque te he visto tantas veces. Y hoy no ha sido un día especial. Pero has querido que sintiera especialmente Tu presencia.

Te he visto en los rostros de Griselda, Mirco, Sebastián, Mariela y Alicia con tratamientos en el Notti.

Te he visto en aquella mujer que vendía especias en las puertas del mercado.

Te he visto en aquella viejecita que entraba a la iglesia buscando aquello que, después de haberlo probado todo en la vida, le parece más auténtico.

Te he visto en aquel mozo joven, con contrato temporal, que soportaba pacientemente los gritos del dueño del bar.

Te he visto en Coca y en cada uno de los chicos del Hogar.

Te he visto en los ojos claros y limpios de aquel/lla joven que se preguntaba qué quería ser y hacer en la vida.

Te he visto en el obrero municipal que, con pala en mano, limpiaba las acequias, mientras un grupo de curiosos lo miraban.

Te he visto en el padre y en la madre de familia que volvían cansados a casa después de muchas horas de trabajo.

Te he visto en aquel muchacho/a, que, con cara triste, se inyectaba en el rincón de una calle solitaria.

Te he visto en el rostro de Juan y de Marta que me han anunciado que habían decidido casarse.

Te he visto en aquella religiosa que lleva cuarenta años sirviendo a los enfermos y nunca se habla de ella.

Te he visto en la cara feliz de aquella chica, después de una larga charla para curar su empacho espiritual.

Te he visto…

Ábreme los ojos, Señor, para que te pueda ver, en medio de la vida.

– – – – – – – – – – – – –

2- Diógenes

En esas lecturas que uno realiza de vez en cuando, recuerdo una que relata lo siguiente. Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente a base de adular al rey, le dijo: “Si aprendieras a ser sumiso con el rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas”. Diógenes replicó: “Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.

– – – – – – – – – – – – –

3- El viento y la veleta (de Armando Tejada Gómez)

Como el mundo es redondo se aconseja,
no situarse a la izquierda de la izquierda,
pues, por esa pendiente,
el distraído suele quedar de pronto a la derecha.
Se han dado casos.
Se repiten tanto en estos tiempos de confusa urgencia,
que el que quiere cambiar la flor de mano
debe ejercer la ciencia y la paciencia.
Pero no en breves raptos o relámpagos
ni a palos con el águila agorera;
tampoco en conversadas salamancas
de sexo y saxo y de pilosa niebla.
Esas raras maneras del hartazgo
suelen ser distracciones pasajeras,
síntoma tipo de que el ocio endémico
sustituye la historia por la histeria.
Hay que ser consecuente con la furia!!
Escoger entre el viento o la veleta.

– – – – – – – – – – – – – –

4- La esperanza como actitud crítica

La esperanza es una de las tres virtudes teologales, junto a la fe y al amor. Rima con confianza, término que deriva de fe: quien cree, espera; y quien espera, cree. Esperar es confiar.

Para Jesús la esperanza está ‘delante’ marcando el fin y la plenitud de la historia, y no en la cima, como postura verticalista de quien ignora la existencia de este mundo o la rechaza. Hoy la esperanza tiene una connotación histórica: la utopía. Ésta introdujo en la cultura occidental la conciencia histórica, la percepción del tiempo como proceso histórico que lucha contra los obstáculos que, en el hoy, impiden la realización de lo que se espera como ideal.

La esperanza se basa en la memoria. Quien espera, rememora y conmemora. Es esa memoria la que alimenta la conciencia crítica, conciencia de la diferencia, de la inadecuación, de lo que falta.

Si la fe ve lo que existe, la esperanza ve lo que existirá, decía Péguy. Y añadía: el amor sólo ama lo que existe, pero la esperanza ama lo que existirá… en el tiempo y por toda la eternidad.

———————–

5- Repartir con el que no tiene

¿Qué debemos hacer ante este presente?, es la pregunta que a todos nos invade.
Juan Bautista resume su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.

¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?

Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?

El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es ésta la que está desvirtuando lo mejor del mensaje de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.

Link permanente: http://www.mdzol.com/mdz/nota/179895



    Anónimo
    24/12/2009 a las 1:24 pm

    Lo que pasa
    es que NO HABIENDO PASTOR las ovejas se despelotan.

    Hay MUCHO CLERICALISMO.

    y NADA DE CONTEMPLACIÒN.

    Pura EXTERIORIDAD.

    Ceremonias y devociones al rolete.



Anónimo
24/12/2009 a las 4:05 am

Suma teológica – Parte II-IIae – Cuestión 33
Acá transcribo algo de santo Tomás de Aquino.
In Christo
«veni Domine et noli tardare»
Darius

Suma teológica – Parte II-IIae – Cuestión 33

Artículo 4: ¿Está alguien obligado a corregir a su prelado?
Objeciones por las que parece que nadie está obligado a corregir a su prelado:
1. En Ex 19,13 se lee: La bestia que tocare el monte será apedreada, y en 2 Re 6,6-7 se dice que Oza fue herido por el Señor por tocar el arca. Ahora bien, con el monte y el arca se significa el prelado. Luego éstos no deben ser corregidos por sus súbditos.
2. La Glosa, interpretando el texto del Apóstol en Gál 2,11: le echó en cara, añade como a igual. Por tanto, no siendo el súbdito igual al prelado, no le debe corregir.
3. Escribe San Gregorio: Nadie intente corregir la vida de los santos, a no ser quien sienta mejor de sí. Mas nadie debe sentirse mejor que su prelado. Luego no deben ser corregidos los prelados.
Contra esto: está el testimonio de San Agustín en la Regla: No os compadezcáis sólo de vosotros mismos, sino también de él, que corre mayor peligro cuanto más alto puesto ocupa. Pero la corrección fraterna es obra de misericordia. Luego también los superiores deben ser corregidos.
Respondo: La corrección que es acto de justicia por coacción penal, no incumbe al súbdito respecto de su prelado. Pero la corrección que es acto de caridad atañe a cada cual en relación con las personas a las que debe amar si ve en ellas algo reprensible. En efecto, el acto que procede de un hábito o potencia se extiende a cuanto comprende el objeto de esa potencia o hábito, lo mismo que la visión abarca todo cuanto esté bajo su objeto. Pero dado que el acto virtuoso debe estar regulado por las debidas circunstancias, en la corrección del súbdito hacia su superior debe guardarse la debida moderación, o sea, no debe hacerlo ni con protervia ni con dureza, sino con mansedumbre y respeto. Por eso en 1 Tim 5,1 escribe el Apóstol: No increparás al anciano, sino exhórtanle como a padre. Por eso mismo también reprocha Dionisio al monje Demófilo por haber corregido de manera irreverente a un sacerdote golpeándole y echándolo de la iglesia.
A las objeciones:
1. Se puede decir que se trata inadecuadamente al prelado cuando se le apabulla o cuando se le infama. Es lo que se significa en esos pasajes con el contacto de la montaña o del arca prohibidos por Dios.
2. Reprender a la cara y en público (Gál 2,11) rebasa a la moderación de la corrección fraterna. Y San Pablo no habría reprendido de esa manera a San Pedro si no hubiera sido de alguna manera su igual en la defensa de la fe. Mas amonestar oculta y severamente puede hacerlo incluso quien no sea igual. Por eso, escribiendo a los Colosenses 4,17 pide San Pablo reprender al superior, en estos términos: Decid a Arquipo: cumple tu ministerio. Hay que tener en cuenta, no obstante, que en el caso de que amenazare un peligro para la fe, los superiores deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos. Por eso San Pablo, siendo súbdito de San Pedro, le reprendió en público a causa del peligro inminente de escándalo en la fe. Y como dice la Glosa de San Agustín: Pedro mismo dio a los mayores ejemplo de que, en el caso de apartarse del camino recto, no desdeñen verse corregidos hasta por los inferiores.
3. Creerse en todo mejor que su superior parece presuntuosa soberbia; pensar, en cambio, que es mejor en algo no tiene nada de presunción, ya que en esta vida no hay nadie sin defecto. Pero hay que tener en cuenta también que quien amonesta con caridad a su superior, no por eso se considera mejor, sino que va en auxilio de quien está en un peligro tanto mayor cuanto más alto puesto ocupa, como enseña San Agustín.



    Anónimo
    24/12/2009 a las 1:20 pm

    RICORDI
    «1. Se puede decir que se trata inadecuadamente al prelado cuando se le apabulla o cuando se le infama. Es lo que se significa en esos pasajes con el contacto de la montaña o del arca prohibidos por Dios».

    Que esto han hecho sus hermanos en el Episcopado a Mons.Williamson.

    Y también SUS INFERIORES.

    ¿la VIGA en el propio?



      Moderador
      24/12/2009 a las 6:00 pm

      ¿Qué propio?
      Se ha hablado del clericalismo, no del clericalismo progresista.

      El juicio sobre Mons. Williamson es otro tema, y no es verdad que sus hermanos hayan hecho esto con él. Lo que pasa es que a Ud. como a tantos otros, Mons. Williamson no les interesaba hasta que se armó el lío de los campos de exterminio. Ahí todos los de su (su de Ud.) pensamiento lo pusieron como héroe por sus opiniones contingentes, y no le dan ni cinco de bolilla en sus opiniones teológicas… que es donde tiene competencia.

      En una palabra: lo usan.



        Anónimo
        26/12/2009 a las 1:46 pm

        Sr Gonzalez
        No se haga el distraído.

        NO RESISTE NI UN ARCHIVO.

        Ahí está lo reportajes concedidos a los ENEMIGOS de la Cruz de Cristo dueños de todos los medios de comunicación.

        No trate de salvar su proposición juzgando temerariamente como es su Moral cuando no tiene razón.

        Ud. NO ME CONOCE.No pertenezco a la Asociación SPX. Solo asisto a Misa y he colaborado en BUEN momento con el Seminario con parte de mi sueldo y no dejo de hacerlo en la canastita para el sacerdote que vive del altar.

        Y CELEBRO siempre las opoiniones teológicas Y CULTURALES de Mons. Williamson en las que TAMBIÉN TIENE COMPETENCIA Y DE SOBRA. Cosa de que ADOLECEN , no solo Ud.sino los que lo han DEFENESTRADO y CALUMNIADO. Y me refiero también a los que ahora no están,que también le objetan sus reflexiones.

        Le acepto sus excusas por haberme MALDECIDO.



        Anónimo
        05/01/2010 a las 4:20 am

        Campos de reeducación
        Estimado Marcelo, son «campos de reeducación», no de eso otro que… se le habrá escapado.

        Saludos políticamente incorrectos,
        Von Ribbentrop



Anónimo
24/12/2009 a las 12:34 pm

Tiene usted toda la razón
He conocido varios Institutos o COngregaciones, de buena doctrina, que predican la ortodoxia, pero que a la hora de llamar «progresista» a quien lo es o «modernista» a quien lo es ponen paños fríos con la excusa de que la Iglesia es Una, haciendo caso omiso de la terrible crisis que se vive.

Si así actúan con el «enemigo enquistado», qué podemos esperar si a alguien se le ocurre personalizarlo en algún representante del clero… En realidad lo que no quieren es atraer las miradas recelosas de una jerarquía que adhiere activa o pasivamente al progresismo. Por supuesto no me refiero al Santo Padre y muchos Pastores que están luchando por la Iglesia, sino a tantos obispos que el solo tufillo a incienso o sotana les produce repulsión y violencia.

Por eso, para esta clase ce católicos es mejor callarse siempre, no apuntar, no denunciar. Entiendo que resulta amargo y quizás estéril la denuncia constante, pero vamos, hay ocasiones en que no se puede esquivar el bulto. Los clericales lo esquivan siempre bajo obediencia, aunque la conciencia les pese.

Y convengamos que entre los tradicionalistas también abundan los clericales. Y a ciertos curas de Rito Tridentino les gusta la corte de clericales y obsecuentes. Pero ya entraríamos en cuestiones de «partido».

FS



    Moderador
    24/12/2009 a las 5:55 pm

    Por cierto que en el tradicionalismo
    campea el clericalismo en algunos curas y fieles. Algunos demasiados.

    Vea el vínculo que pongo en el artículo y podrá comprobar que esto lo vendo diciendo desde hace años… por eso muchos tradicionalistas no me pueden ver…



Anónimo
24/12/2009 a las 3:29 pm

¿Laicado servil?
Es fácil para el laico decirse “no clericalista” y opinar abiertamente de cosas que atañen a la vida del clero, a cuestiones curiales. Si un sacerdote lo hace, corre peligro su estabilidad en sus funciones, o en su diócesis. Si lo hace el laico, no corre el menor peligro (no cuento a los que tienen cátedras vinculadas a universidades del clero, o cargos semejantes).

Yo podría decir pestes de toda la Conferencia Episcopal Argentina y mi vida seguiría su idéntico curso.

De vez en cuando leo los artículos que se publican acá. Tengo una idea bastante acabada del mundo eclesiástico, pero sobre todo de su “esencia”; las cosas que pasan cotidianamente se me escapan. Los que escriben por este medio están bastante más informados que yo.

Al respecto, quería decir lo siguiente. En realidad, lo que voy a decir lo escuché de un sacerdote con un cargo importante, y, como no quiero comprometerlo, voy a guardar mi nombre en el anonimato. En realidad no soy nada famoso, pero… el mundo es un pañuelo y en este ambiente nos conocemos bastante.

Ahí va:

Las cosas que ustedes dicen muchas veces son ciertas. Pero, no obstante eso, hay algo que no cierra. Y eso es una cuestión de espíritu. Es algo difícil de definir. Digámoslo así: yo podría corregir a mi padre, dándole un sermón de tres horas seguidas, con palabras muy ásperas. Y mis correcciones serían verdaderas. Pero sería muy difícil creer que en mis palabras hay amor. Por eso digo… hay algo que no va.

Yo entiendo que el espíritu del laico tiene que ser totalmente clerical. Eso no significa que el buen laico sea el sacristán, o el ministro de la eucaristía. Significa que su vida apostólica tiene que estar vinculada al sacerdocio. (En este punto no me refiero a la acción en la vida pública, en la cual habría que hacer más distinciones.). Si se hace periodismo sobre cosas de la Iglesia (que es un apostolado), se tiene que tener espíritu clerical. Lo contrario puede hacer que el apostolado sea contraproducente.

La primera regla de San Ignacio para “sentir en la Iglesia”, de los Ejercicios Espirituales, dice “Despuesto todo juicio, debemos tener ánimo aparejado y prompto para obedescer en todo a la vera sposa de Christo nuestro Señor, que es la nuestra sancta madre Iglesia hierárchica”. Ése es el espíritu. No está hablando de las verdades infalibles, o del Papa. Está hablando de toda la jerarquía, de la cual forman parte los sacerdotes.

No niego las perplejidades que los fieles tenemos muchas veces. Pero, como en este artículo no se está hablando de casos concretos sino de un principio general, creo que el principio católico está en las antípodas de lo que expresa el autor.

¿Laicado servil? Me parece una expresión muy poco feliz, más propio del ámbito político que eclesiástico. Puede haber servilismo malo en laicos que se codean con las altas esferas de la curia, pero raramente en el laicado en general.

Por otro lado, decir “servil” peyorativamente tampoco parece convenir. Vuelvo a citar al santo: “Dado que sobre todo se ha de estimar el mucho servir a Dios nuestro Señor por puro amor, debemos mucho alabar el temor de la su divina majestad; porque no solamente el temor filial es cosa pía y sanctísima, más aun el temor servil, donde otra cosa mejor o más útil el hombre no alcance, ayuda mucho para salir del peccado mortal; y salido fácilmente viene al temor filial, que es todo acepto y grato a Dios nuestro Señor, por estar en uno con el amor divino.”.

Como conclusión, no puedo dejar de recordar que no ha existido en la historia de la Iglesia ninguna acción apostólica encarada exclusivamente por laicos que haya tenido perdurabilidad. Y no alcanza con tener a los sacerdotes por capellanes; en las cosas de la Iglesia ellos son el centro, la guía y la fuente vital. El laico jamás puede reemplazarlos.

Sin ir más lejos ¿qué obra de laicos ha dado tantos santos como las grandes congregaciones religiosas? Podríamos citar a los Cristeros, que ha dejado muchos mártires. Pero, a pesar de ello, hay que señalar que no fue un movimiento perdurable… y que, en su momento, supieron obedecer a la jerarquía, deponiendo el juicio propio.

No hay que subestimar la posición del laico, pero, en lo que respecta a las cosas de la Iglesia, su acción está subordinada y no es independiente. El laico solo… muere.

Repito que lo anterior no se refiere a la acción pública. Pero está claro que acá se está hablando de cosas con vinculación a la Iglesia y a la jerarquía.

En fin, no sé si me pude expresar bien. Espero que se pueda leer con el mismo espíritu que se escribió: de amor a la Iglesia.

Feliz Navidad



Anónimo
04/01/2010 a las 4:27 pm

Gracias a Dios los fieles de
Gracias a Dios los fieles de la FSSPX no son clericalistas y se plantan frente a sus autoridades para decir lo que no les parece bien. Y, humilde, el clero de la FSSPX toma muy en cuenta las críticas y sugerencias de los laicos, que tienen parte muy activa en la conducción de la vida diaria de los prioratos.
¿O no?



    Moderador
    04/01/2010 a las 5:23 pm

    El clericalismo…
    Afecta a todos, progres, tradis, línea conservadora… Es un mal generalizado.



    Anónimo
    04/01/2010 a las 7:35 pm

    Sr Anonimo el Lun 01/04/2010
    NO.



    Anónimo
    05/01/2010 a las 7:20 pm

    Si es así, nada los
    Si es así, nada los diferencia de las iglesias progres con curas laicisados y laicos clerizados. ¡Qué desilusión! pensaba que había sacerdotes más sabios por esos lares.



      Moderador
      06/01/2010 a las 1:49 am

      Clericales o laicisados
      Me temo que haya cometido un error en su interpretación. Una cosa es el abuso del clericalismo, y otro es el error en la doctrina, en la forma de vida, etc.

      Si entiende el artículo correctamente verá que son cosas bien distintas. Sin duda el sacerdote tradicional está doctrinalmente bien formado, lleva una vida más ordenada y virtuosa (dicho esto en general) por el solo hecho de vivir sacerdotalmente y no profanamente, como es común entre los sacerdotes progres.

      La tentación de traspasar los límites de su autoridad sacerdotal también y quizás especialmente los afecte, pero su buena formación también le pone coto. Sin embargo, hay, lo mismo que en los fieles, una tendencia a ultrapasar esos límites naturales.

      Ahora bien, las formas híbridas como la de los «laicos consagrados» o miembros de los «movimientos» son un fértil campo de cultivo para el clericalismo, no ya como abuso sino como error doctrinal.



Responder a Anónimo Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *