Panorama Católico

El grito silencioso

«Tenemos —dijo— un matrimonio en el que el marido es sifilítico terciario incurable, y además decididamente alcohólico. La mujer está desnutrida y sufre tuberculosis avanzada. El primer hijo de esa pareja muere al nacer; el segundo sobrevive, pero con serios defectos congénitos. Al tercer hijo le ocurre lo mismo y se le suma el hecho de ser infradotado mentalmente. La mujer queda embarazada por cuarta vez. ¿Qué aconsejan ustedes hacer en un caso así?». Un senador del bloque socialista manifestó categóricamente que la única solución para evitar males mayores, era practicar un «aborto terapéutico» inmediato. Lejeune hizo un largo y notorio silencio; bajó la cabeza por unos segundos en medio de su expectante mutismo; volvió a alzarla y dijo: «Señores Senadores, pónganse de pie, porque este caballero acaba de matar a Ludwig van Beethoven».

«Tenemos —dijo— un matrimonio en el que el marido es sifilítico terciario incurable, y además decididamente alcohólico. La mujer está desnutrida y sufre tuberculosis avanzada. El primer hijo de esa pareja muere al nacer; el segundo sobrevive, pero con serios defectos congénitos. Al tercer hijo le ocurre lo mismo y se le suma el hecho de ser infradotado mentalmente. La mujer queda embarazada por cuarta vez. ¿Qué aconsejan ustedes hacer en un caso así?». Un senador del bloque socialista manifestó categóricamente que la única solución para evitar males mayores, era practicar un «aborto terapéutico» inmediato. Lejeune hizo un largo y notorio silencio; bajó la cabeza por unos segundos en medio de su expectante mutismo; volvió a alzarla y dijo: «Señores Senadores, pónganse de pie, porque este caballero acaba de matar a Ludwig van Beethoven».

Yo imagino que el grito de esos pobrecitos que son asesinados antes de nacer,

debe llegar hasta Dios.

Madre Teresa de Calcuta

El doctor Gerome Lejeune, uno de los mayores genetistas de la historia, fue invitado por el Senado de Francia hace unos veinte años, para que ofreciese su documentada opinión sobre el tema del aborto. Una de las opiniones fuertemente arraigada en dicha cámara, era la que sostenía que hay embarazos que deben ser interrumpidos, cuando los antecedentes o el pronóstico parecen ser irreversiblemente malos. Cuando se le otorgó la palabra al Dr. Lejeune, planteó un caso: «Tenemos —dijo— un matrimonio en el que el marido es sifilítico terciario incurable, y además decididamente alcohólico. La mujer está desnutrida y sufre tuberculosis avanzada. El primer hijo de esa pareja muere al nacer; el segundo sobrevive, pero con serios defectos congénitos. Al tercer hijo le ocurre lo mismo y se le suma el hecho de ser infradotado mentalmente. La mujer queda embarazada por cuarta vez. ¿Qué aconsejan ustedes hacer en un caso así?». Un senador del bloque socialista manifestó categóricamente que la única solución para evitar males mayores, era practicar un «aborto terapéutico» inmediato. Lejeune hizo un largo y notorio silencio; bajó la cabeza por unos segundos en medio de su expectante mutismo; volvió a alzarla y dijo: «Señores Senadores, pónganse de pie, porque este caballero acaba de matar a Ludwig van Beethoven».

El hecho real al que acabo de referirme, podría aplicarse a otros muchos de similares circunstancias, que tuvieron después por protagonistas a personajes muy célebres en la historia de la humanidad, lo que desmonta de forma irrefutable la justificación de un asesinato bajo el mal llamado “aborto terapéutico”.

Y es que, como decía en el primer artículo que dediqué a este tema, “Cuando nace un niño, nace un mundo nuevo”, y su aniquilación, constituye la destrucción irreparable de parte del futuro del universo. Es igual que llegue a ser un genio o no. Lo verdaderamente importante, es que es un ser humano único e irrepetible, que vivirá si le dejamos, en un mundo que puede o no ser exactamente igual al nuestro, pero que siente y que padece, que tiene sus ilusiones y sentimientos, que ama y le gusta sentirse amado y que en el fondo, desea ser aceptado y hará todo lo posible por integrarse en nuestra sociedad.

Demagógicamente se suele argumentar por aquellos que fomentan la cultura de la muerte —aborto y eutanasia— que es inhumano no legalizar el «aborto terapéutico»; que este debería realizarse cuando el embarazo pone a la mujer en peligro de muerte o de un mal grave y permanente

Terapéutico procede de «terapia», que significa curar y el aborto, no solamente no cura nada, sino que mata directamente a un ser humano inocente e indefenso y produce unas secuelas sicológicas en la madre, que perdurarán durante toda su vida. Por otro lado, el código de ética médica, señala que en el caso de complicaciones en el embarazo, deben hacerse los esfuerzos proporcionados para salvar a madre e hijo y nunca tener como salida la muerte premeditada de uno de ellos, porque eso convertiría a los médicos —cuya misión es preservar la vida curando las enfermedades— en sicarios a sueldo.

Pero, de momento, no es mi intención demostrar las falacias del incongruente y ¿mal informado?, “progresismo”. Porque el asesinato, jamás puede constituir ninguna forma de progreso.

El objetivo de mis últimos artículos, es concienciar a quien tenga la oportunidad de leerme, del valor que tiene toda vida humana; del decisivo y noble papel que desempeña la mujer en la transmisión de la existencia; concienciarla de que, a quien lleva —no lo que lleva—  dentro de su vientre, no es su propio cuerpo —simplemente está alojado en él— y por tanto, no tiene el menor derecho a decidir sobre una vida que no es la propia; del irremediable daño que de por vida se haría así misma, de atentar contra la inocente criatura que ella misma ha creado; de que alumbrando a ese nuevo ser, justifica su propia razón de ser como mujer, que es la más noble misión y la culminación del privilegio de que la dotó la naturaleza. En definitiva, porque la muerte solo significa destrucción, una vez más, quiero transmitir un mensaje positivo de amor, fe, fortaleza y esperanza.

Sin embargo, no podemos ignorar la existencia de un opresivo y arbitrario “progresismo” que persigue el logro de una sociedad amorfa, mediante la despersonalización del individuo, la eliminación del “tú” y el “yo”, con todo lo que de excepcional conllevan estos conceptos; la supresión de “marido” y “mujer”, sustituyéndolo por cónyuge A y B. Partiendo de este principio, en el trascendente acto de la procreación, ya no seremos “padre” y “madre”, sino progenitor “A” y “B”. Realmente ¿nos estamos dando cuenta de la profunda gravedad que constituye esta perversión del lenguaje y a donde nos puede conducir esta deshumanización en el futuro, si llegamos a aceptarlo como algo normal y cotidiano? Entre otras muchas consecuencias, si con el paso del tiempo, esta forma de pensar prende en la sociedad, se producirá un vacío insensibilizador que nos conducirá a la nada, con capacidad de contagiarlo todo, lo que permitirá al Estado, el adueñamiento de los derechos fundamentales del ser humano, convirtiéndose en señor absoluto y manipulador de cuerpos y conciencias, último fin del totalitarismo laicista.

Quienes patrocinan, fomentan y legislan basándose en estos bastardos e insolidarios intereses ideológicos y económicos, están colocando a España en la primera línea del sacrificio infantil, presentando el aborto como un derecho y liberación de la mujer. Una liberación que, al marginar a los padres, deja sola a una niña de dieciséis, diecisiete años —al fin y al cabo una adolescente que necesita la protección de quienes verdaderamente la aman y deben velar por protección y por su bien— aterrada por las consecuencias de una relación sexual inmadura, para que elija sola un futuro en el que solo estará acompañada de por vida, por la angustia, el sentimiento de culpabilidad, la ansiedad, los terrores nocturnos, la depresión, los trastornos de alimentación o de su vida sexual futura, secuelas que habitualmente aparecen y permanecen, incluso años después de haber abortado.

La ministra de ¿Igualdad?, Bibiana Aído, dijo el 18 del pasado mes de mayo: «Un feto es un ser vivo, pero no podemos hablar de ser humano».

Lo que una mujer lleva en su seno materno desde el mismo instante de la concepción, es un nuevo ser humano en desarrollo y no solamente un ser vivo. Como si de un embrión o un feto humano, pudiese surgir una salamanquesa.

El Dr. Bernard Nathanson, ginecólogo norteamericano, cuenta en su autobiografía haber realizado más de 60,000 abortos. En su libro confiesa que era un paria en la profesión médica. “Se me conocía como el rey del aborto… Llegué incluso a abortar a mi propio hijo», declaró el médico en una conferencia llorando amargamente. Ese suceso cambió su vida. Dejó la clínica abortista y pasó a ser jefe de obstetricia del Hospital de St. Luke´s. La nueva tecnología del ultrasonido hacía su aparición en el ámbito médico. El día en que Nathanson escuchó el corazón del feto en los monitores electrónicos, comenzó a plantearse por vez primera «qué era lo que estábamos haciendo verdaderamente en la clínica». Decidió reconocer su error y en la revista médica The New England Journal of Medicine, escribió un artículo sobre su experiencia con los ultrasonidos, reconociendo que en el feto existía vida humana desde el mismo momento de la concepción. Incluía declaraciones como la siguiente: «el aborto debe verse como la interrupción de un proceso que de otro modo habría producido un ciudadano del mundo. Negar esta realidad, es el más craso tipo de evasión moral». Había llegado a la conclusión de que no había nunca razón alguna para abortar: “…el aborto es un crimen”. Con los ultrasonidos hizo un documental que llenó de admiración y horror al mundo. Se titulaba «El grito silencioso». Nathanson había abandonado su antigua profesión de «carnicero humano». Hoy, Bernard Nathanson, es un judío convertido al catolicismo.

Por activa y por pasiva, Bibiana Aído, la ministra que ha promovido el nuevo proyecto de Ley del aborto, ha tratado de justificar el mismo, argumentando que es para evitar que vaya a la cárcel aquella mujer que aborte. Ciertamente no se conoce un solo caso en que por este hecho se haya aplicado tal condena, pero sí es cierto que la mujer que aborta, queda para siempre aprisionada entre rejas; las rejas morales de su propia culpabilidad, que en algún recoveco de su alma, le aprisiona y no le deja dormir.

En cualquier tipo de circunstancias en las que se produzca un embarazo, la respuesta no está en el raciocinio, si no en las indescriptibles sensaciones de amor y de ternura que ese nuevo ser que la madre alberga dentro de sí misma, le hace sentir.

Cuando una mujer se encuentra ante un embarazo en circunstancias adversas, hemos de tener en cuenta que es un ser humano, que tiene que enfrentarse, en medio de su íntima soledad, al dilema de escoger entre la Vida o la muerte; ahora le llaman “Derecho Reproductivo”. Este dilema no lo comparte, lo decide en medio de la desesperación, la angustia y el miedo, y cuando finalmente decide por la muerte del hijo, lo hace en medio de un dolor indescriptible, sin que nadie le informe adecuadamente de que la vida le ofrece otras salidas y de que en ese momento se está embarcando en la nave de un drama, en la que se verá prisionera y navegará durante el resto de sus días.

Hundir en ese abismo a una criatura que se enfrenta a una incertidumbre tan trágica, no es otorgarle un “derecho”, ni abrirle las puertas de una embaucadora “liberación”: es una auténtica villanía, tras la que se esconden infames intereses.

Todos los científicos y clase médica, coinciden en el hecho incuestionable en que, ante el atroz ataque que un bebé sufre el transcurso de un aborto provocado, el niño reacciona ante el dolor e incluso emite lo que muchos han llamado, el “grito silencioso”. Silencioso porque no se escucha fuera de su hábitat natural, pero que su infinito dolor ante la salvajada que con él se está cometiendo, nunca dejará de escuchar el corazón de su madre.

La Divina Naturaleza, hizo del vientre de la mujer, el más fértil campo destinado a dar el más maravilloso y sobrenatural fruto de la creación. No permitamos que tan prodigioso origen de la vida, el aborto lo convierta en un lóbrego ataúd, reino eterno del dolor y del silencio.


Comentarios

Anónimo
04/12/2009 a las 5:11 am

Beethoven: Anécdota errónea
Me voy a referir solo a la anécdota principal y no al tema del aborto.
Esa anecdota debe ser falsa, o el que describió la familia de Beethoven no tenía ni idea de los datos biograficos del gran maestro alemán.
El orden de nacimiento de la familia Beethoven es la siguiente:
-2 de abril de 1769 nace Ludwig Maria van Beethoven y muere 6 días despues.

-16 de diciembre de 1770 nace el famoso Ludwig van Beethoven muere el 26 de marzo de 1827 a los 57 años.

-8 de abril de 1774 nace Caspar Anton Carl van Beethoven que muere el 15 de noviembre de 1815 a los 41 años.

– 2 de octubre de 1776 nace Nikolaus Johann van Beethoven que muere despues del músico siendo el ultimo de los hermanos Beethoven en morir.

-23 de febrero de 1779 nace Anna Maria Franziska van Beethoven y muere a los poco días.

-17 de enero de 1781 nace Franz Georg van Beethoven y muere a los dos años el 16 de agosto de 1783.

-5 de mayo de 1786 nace Maria Margaretha y muere al año y medio el 26 de novimebre de 1787.

Por lo tanto Beethoven fue el segundo hijo y no el cuarto, no hay documentación de que ninguno fuera infradotado mental de los que murieron. Caspar Carl murió de tuberculosis y el otro hermano no recuerdo, Beethoven según ultimas investigaciones murió por envenenamiento de plomo ya que en esa epoca se usaban copas de plomo y este le produjo un envenenamiento lento y gradual desde los 20 años aproximadamente, la sordera le afecta recién a los 30 años aproximadamente.

En definitiva es totalmente ridiculo utilizar esa anécdota para defender el tema de aborto por que si tenemos la mala suerte de tener un proabortista que sabe de la historia de este músico nos dejaría mal parado refutandonos con los datos reales.
Lejeune debería haber dicho:Señores Senadores, pónganse de pie, porque este caballero acaba de matar a Maria Margaretha van Beethoven». ya que fue la ultima de dos nacimientos complicados, claro que sería el mismo crimen pero es menos efectista.
in Christo
Darius (beethoveniano desde toda la vida)



    Anónimo
    12/12/2009 a las 7:25 pm

    Reflexiones sobre el comentario de “un beethoveniano desde toda
    Ante todo, deseo mostrar mi profundo agradecimiento al comunicante anónimo que hace el comentario “Beethoven: Anécdota errónea”, por dedicar parte de su tiempo, que es lo más valioso que posee un ser humano —nuestro tiempo es nuestra propia vida— a leer mis modestos pensamientos; felicitarle por su detallado conocimiento de la biografía del genial músico alemán y manifestar que tiene razón al señalar que Ludwig van Beethoven, fue el segundo de los hijos del matrimonio formado por Johann van Beethoven y María Magdalena Keverich, nacido el 16 de diciembre de 1770[I].
    No obstante, confío en que el amable lector me permitirá hacer algunas reflexiones en relación con las consideraciones que hace en su puntualizadora nota, la cual agradezco, ya que demuestra el interés que ha puesto en la lectura de mi artículo “El grito silencioso”.
    1. En primer lugar: la narración con que se inicia el artículo sobre el que hace su comentario, con todas las matizaciones que queramos hacerle, no es una anécdota, ni una falsedad, sino un posicionamiento real que ilustra la irreductible defensa que de la vida humana, hizo siempre Jérôme Lejeune[II], hasta tal extremo de que su firme y decidido compromiso le sitúa en 1970 como un firme oponente al proyecto de ley de aborto eugenésico de Francia, lo que le hizo caer en desgracia en determinados sectores, que lograron impedir que se le concediese el premio Nobel por sus descubrimientos, algo que todo el mundo científico esperaba.
    2. El pormenorizado detalle que el Dr. Lejeune hace de las enfermedades de todos y cada uno de los miembros de la familia Beethoven, demuestra un profundo conocimiento de la misma, por lo tanto es dudoso suponer que ignorase la cronología del nacimiento de los hijos del matrimonio. Lo que es un hecho innegable, es que a causa del cuadro clínico familiar, de los siete hijos habidos del matrimonio, solo llegaron a sobrevivir tres. La causa por la que el prestigioso científico sitúa al genial músico en el cuarto lugar de los frutos del matrimonio se ignora. Pudo tratarse de un lapsus, que en ningún caso alteraba la base argumental de su informe, o bien podría pensarse, que ante la gravedad del proyecto para el que se solicitaba su acreditada opinión, quiso reforzarlo de este modo. En cualquier caso, esta última hipótesis, no pasa de ser una mera especulación.
    3. Con el fin de no ser acusado de ligereza gratuita, invariablemente he considerado que la utilización de un adjetivo calificativo, siempre debe sobrevenir como consecuencia de datos o hechos probados e irrefutables y aun así, siempre que juzgo conveniente utilizarlo, procuro hacerlo con la máxima prudencia y consideración. Por ello nunca juzgué ridículo utilizar como preámbulo de mi artículo, este pasaje de la vida de uno de los más prestigiosos científicos del siglo XX, del que con motivo de su muerte, Juan Pablo II escribió al Cardenal Lustinger de Paris diciendo: “En su condición de científico y biólogo era una apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”.
    4. En cualquier caso y como usted mismo admite en su comentario, en el supuesto de haber permitido la madre del gran músico un aborto eugenésico a causa de una presunta enfermedad, se trataría del mismo crimen, tanto si se trataba del primero, como del séptimo de sus hijos. Consecuentemente con su propia conclusión, la utilización del preámbulo citado —independientemente del orden de los hijos nacidos del matrimonio— no solamente no se puede calificar de ridículo, sino por el contrario, plenamente justificado, máxime cuando se trata de elegir entre el criterio de quien es reconocido como una de las personalidades científicas mas prestigiosas del siglo pasado y —por supuesto con mi más profundo respeto sobre sus conocimientos musicales— un beethoveniano desde toda la vida.
    César Valdeolmillos Alonso
    _________________________
    [I] Beethoven fue bautizado el 17 de diciembre, normalmente se atribuye su fecha de nacimiento un día antes, el 16, pero este dato no es seguro con certeza.
    [II] Jérôme Lejeune, médico genetista francés, descubridor de que el síndrome de Down se debe a la presencia de un cromosoma de más: la trisomía. Mediante el descubrimiento del mecanismo de muchas más enfermedades cromosómicas abrió la vía a la citogenética y a la genética moderna. En 1963 descubrió la enfermedad de los cromosomas conocida como síndrome del maullido de gato o cri du chat. Fue también experto internacional de Francia sobre radiaciones atómicas.



      Anónimo
      13/12/2009 a las 3:13 am

      Sí, todo bien, nadie criticó
      Sí, todo bien, nadie criticó el contenido del artículo sino esa anécdota que no es una crítica hacia usted porque es una anécdota vieja conocida.
      Es muy probable que Lejeune ignorara los datos del compositor alemán porque todavía se siguen descubriendo datos y hechos nuevos sobre varios compositores y todavía se encuentran lagunas biograficas en otros, muchas biografias cuando las leemos nos damos cuenta que hay parrafos impregnados más por el subjetivismo del biografo que por hechos reales del biografiado, hay que tener cuidado con las biografías, la musicología es una disciplina practicamente nueva y es nomral encontrar datos falsos en escritos de primera mitad del siglo XX. Abundan leyendas de todo tipo sobre la vida de varios compositores y que a veces se cree que fueron realidad; otro ejemplo de estas leyendas es el creer que Palestrina salvó la polifonía clásica renacentista con su misa del Papa Marcello, y así podemos hacer largas listas.
      En conclusión, lo que quise aclarar es que los datos biográficos son erróneos y tampoco hay documentación fehaciente de que la madre haya querido abortar. Por supuesto que no le critico a Lejeune su defensa de la vida, solo señalé el detalle de esa anécdota y recomendé no insistir en ella por ser errónea. Que Lejeune se haya equivocado en esa anécdota no le quita merito a su defensa a la vida.
      In Christo
      Darius beethoveniano hasta la eternidad



        Anónimo
        17/12/2009 a las 4:38 pm

        Cuanto nos queda a los cristianos por aprender
        La Cámara baja española, acaba de aprobar por una diferencia de solo ventiséis votos, una nueva Ley del aborto que en la práctica, permitirá a la madre gestante asesinar a su propio hijo hasta el último día del embarazo, aduciendo precisamente los mismos supuestos que se le expusieron al doctor Lejeune en su día. Esta aprobación la ha logrado la izquierda española, con el inestimable auxilio de partidos que siempre han blasonado de ser católicos, como el Partido Nacionalista Vasco, que en esta ocasión ha abandonado lo que hasta ahora decía que eran sus principios, por ocultos y espurios intereses políticos.
        Previendo este resultado, mis modestos pensamientos, solo pretenden ser un «Grito en favor de la vida», una voz que se alza en favor de los santos e indefensos inocentes, voz que seguiré alzando mientras esta situación persista y Dios me conserve en este mundo. Pero me apena profundamente, que una vez admitida la imprecisión del Dr. Lejeune, no se haya hecho prácticamente la menor referencia al fondo de la cuestión que es lo que verdaderamente importa: la vida de esos futuros inocentes que ya están sentenciados a muerte, mientras perdemos el tiempo en una discusión verdaderemente accesoria e irrelevante cual es, si son galgos o podencos.
        ¡Cuanto nos queda aún por aprender a los Cristianos!
        César Valdeolmillos Alonso



Anónimo
13/12/2009 a las 6:26 am

«…acaba de matar a Albert Einstein…»
Yo creo que sería mucho más efectivo cambiar a Beethoven por Einstein, o en su defecto por Martin Luther King.
Es una mentirita piadosa, pero imaginemos toda la gente podríamos convencer con eso! ¡De repente todos se harían provida!
Digo, ya que estamos inventando…



    Moderador
    13/12/2009 a las 3:43 pm

    Aclarar
    El autor cita un caso: el de Jerome Lejeune, que aparentemente dio una información incorrecta. La cita del autor es correcta, la de Lejeune, aparentemente no.
    No se trata de mentir. Si así fuera, nadie hubiera desmentido la información, o bien nadie la habría publicado. Se trata de la verdad. Dios no necesita de las mentiras… Toda mentira obra en favor del demonio. Esto es una confusión, una imprecisión, no una mentira.



      Anónimo
      13/12/2009 a las 6:30 pm

      Ahora, hablando en serio
      Marcelo:
      Por si fuera necesario, aclaro que el primer comentario no iba en serio, sólo ironizaba acerca de la actitud del autor del artículo, que admite la posibilidad de que Lejeune hubiera mentido para reforzar su informe «ante la gravedad del proyecto para el que se solicitaba su acreditada opinión». Lo que en mi barrio se llama «mentirita piadosa».
      Curiosamente, el autor no aclara si al momento de escribir la nota estaba al tanto de la «confusión», en cuyo caso vendría a ser lo que -de nuevo en mi barrio- se llama ‘posible cómplice de una «mentirita piadosa»‘. Incluso habla de elegir entre el criterio del «beethoveniano de toda la vida» -que conoce la acerca del caso particular- y la del científico -que conoce el contexto general, la dura realidad, la corrupción de la sociedad, todas cosas que hacen «necesario» flexibilizar nuestra moral y alejarnos momentáneamente de esta pequeña verdad beethoveniana en pos de la VERDAD DEL VALOR DE LA VIDA HUMANA.

      Eso por un lado.

      Ahora bien, generalmente, cuando uno quiere poner palabras en boca de otro, por ejemplo, un prestigioso hombre de ciencia como Lejeune, es conveniente poder aportar referencias creíbles. Yendo al grano: ¿quién dice que Lejeune mandó fruta con lo de Beethoven?
      ¿Cuándo fue? ¿En el Senado o en un debate televisivo con Monod? (porque también circula esa versión). En cualquiera de los dos casos no sería difícil encontrar algún tipo de registro, como las actas del Senado o una grabación de ese debate.
      Lo raro, es que siendo una anécdota que circula mucho y de diversas maneras por la red (sólo en español; en inglés o en francés casi no aparece) y que ha sido reproducida por revistas parroquiales o similares no tengo noticia de una referencia cierta.

      Marcelo, Ud. afirma que la cita del autor es correcta, ¿en qué se basa?

      Saludos cordiales

      PD: Sepa disculpar esta costumbre mía de andar cuestionando artículos y pidiendo pruebas o referencias. Espero no crear ningún conflicto esta vez.



        Moderador
        14/12/2009 a las 2:51 pm

        Estimado Tito
        No afirmo que la cita de Lejeune sea correcta. No la he investigado nunca. Se la he oído a muchos acreditados referentes provida, personas serias. Es toda mi ciencia en la materia. Siempre la creí auténtica… Si no lo es, bueno, muchos nos hemos engañado.



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