Panorama Católico

El Card. Martini objetó la canonización de Juan Pablo II

El historiador Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad San Egidio, informa que ciertos personajes de gran influencia en la Iglesia han objetado la canonización de Juan Pablo II, entre ellos el poderoso Card. Martini, jefe del sector que impulsó la candidatura del Card. Bergoglio, ya en el cónclave de 2005, al Solio Pontificio.

Hemos sabido, por el testimonio de un libro recientemente publicado, cuyo autor, el historiador Andrea Riccardi es el fundador de la Comunidad San Egidio, que ciertos personajes de gran influencia en la Iglesia han objetado la canonización de Juan Pablo II, entre ellos el poderoso Card. Martini, jefe del sector que impulsó la candidatura del Card. Bergoglio, ya en el cónclave de 2005, al Solio Pontificio. La noticia es de prensa laica, firmada por la «biógrafa» del papa Francisco, Elizabetta Piqué.

Cuestionan la canonización de Juan Pablo II

Difunden el crítico testimonio de un cardenal fallecido, que se suma a dudas previas

ROMA.- «Era un hombre de Dios, pero no es necesario hacerlo santo. Tendría que haberse retirado antes.» Cuando faltan dos semanas para que Juan Pablo II y Juan XXIII sean proclamados santos por Francisco , empiezan a salir a flote algunas dudas sobre al papa polaco, como las que manifestó, en su momento, el cardenal jesuita Carlo Maria Martini, famoso intelectual progresista que murió en agosto de 2012.

Martini fue uno de los 114 testigos escuchados durante el proceso de canonización de Karol Wojtyla (1920-2005), que será proclamado santo en tiempo récord, a tan sólo nueve años de su muerte. Según reveló ayer el Corriere della Sera, basándose en La santidad del papa Wojtyla, un libro recientemente publicado por el historiador Andrea Riccardi, el cardenal jesuita no estaba muy de acuerdo con la canonización de Juan Pablo II.

En su testimonio durante el proceso, de hecho, Martini señalaba algunas «limitaciones» en acciones y decisiones del papa polaco. Entre ellas, algunas designaciones «no muy felices» de colaboradores, especialmente en los últimos tiempos; excesivo apoyo a los movimientos, «relegando de hecho las iglesias locales»; imprudencia al ponerse «en el centro de la atención -especialmente en los viajes- con el resultado de que la gente lo percibía como el obispo del mundo y quedaba opacado el rol de la Iglesia local y del obispo».

Martini, arzobispo emérito de Milán y prestigioso biblista, en su testimonio también destacó mucho los aspectos positivos de Juan Pablo II, «hombre de Dios y servidor fiel» de la Iglesia. «Su momento mejor era el encuentro con las masas y en especial con los jóvenes», dijo, al considerar, además, admirable «el coraje» demostrado después del atentado sufrido el 12 de mayo de 1981: «No se retiró mínimamente del contacto con la multitud, aunque lo expusiera al peligro». Fue «evidente», por otra parte, la virtud de la perseverancia «en una tarea ardua y difícil». Más allá de eso, eran patentes sus dudas sobre un Wojtyla «santo súbito».

«No quisiera subrayar más de lo debido la necesidad de su canonización, porque me parece que es suficiente el testimonio histórico de su dedicación seria a la Iglesia y al servicio de las almas», indicó Martini al dar su testimonio en la causa. Este jesuita sorprendió también al animarse a señalar que, quizá, Juan Pablo II, que no ocultó su sufrimiento y enfermedad durante los últimos años de pontificado, debería haberse retirado antes de morir. «No sabría decir si perseveró más de lo debido, teniendo en cuenta su salud. Personalmente pensaría que tenía motivos para retirarse antes», testimonió.

Martini no es el único que tuvo reservas sobre la canonización de Juan Pablo II, el reconocimiento de santidad más rápido de la época moderna, ya que Pío X fue proclamado santo por Pío XII en 1954, a 40 años de su muerte y Juan XXIII será proclamado santo el 27 de abril próximo, junto a Juan Pablo II, a 50 años de su muerte. «Este proceso está avanzando demasiado rápido, la santidad no necesita de carriles preferenciales», apuntó el cardenal belga Godfried Danneels.

Como recordó el Corriere della Sera, también se manifestó contrario Giovanni Franzoni, ex abad de la basílica de San Pablo Extramuros y teólogo disidente, que acusó al pontificado del papa polaco por diversos motivos, como la «oscura gestión» del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el banco del Vaticano, o la hostilidad contra el arzobispo Oscar Romero, asesinado en El Salvador cuando oficiaba misa en 1980″.

En la misma nota, Piqué señala que hay también una oposición de parte de los «ultratradicionalistas», cuyo jefe, Mons. Bernard Fellay ha opinado que: «… esto «tendrá como efecto inmediato la consagración de todas sus empresas, también las más escandalosas», según dijo el obispo Bernard Fellay, jefe de los lefebvrianos, en alusión a la jornada de oración convocada en 1986 en Asís con representantes de todas las religiones del mundo y a las visitas a la sinagoga de Roma y a la mezquita de Damasco».

No faltan tampoco, dice Piqué, objetores entre las víctimas de abusos sexuales, que consideran que Juan Pablo II tuvo una política de tolerancia con estas prácticas nefandas, e inclusive protegió a Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, de quien se sabía que era culpable de graves irregularidades morales.

«Finalmente, también hay descontento entre las asociaciones de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes, que acusan a Wojtyla de haber protegido durante su pontificado al fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano Marcial Maciel, abusador serial que fue luego castigado por Benedicto XVI». Ver La Nación

De modo que un informe teológico crítico de la doctrina del papa Woytila sobre ciertos puntos centrales, como ha sido el presentado por la FSSPX, no puede causar consternación. Y sin embargo, hemos recogido un comentario, probablemente representativo de muchos otros, en tal sentido. Parece interesante repetirlo aquí junto con nuestra respuesta.

Dice el anónimo comentarista, haciendo un juego de palabras: 

“Qué suerte que tenemos al ignoto P. De la Rocque para defendernos de los errores de la Roca que Cristo mismo ha dispuesto perennemente para su Iglesia. Gracias. Qué sería de nosotros sin estas iluminaciones de los que sostienen la fe de la Iglesia contra la mismísima institución divina de la Roca”.

Alude al comentario del libro: Juan Pablo II, Objeciones a una Beatificación, del P. Patrick De La Rocque, en realidad, el informe oficial de la FSSPX presentado a la comisión que instruyó el proceso diocesano en esta causa.

Nuestra respuesta:

Estimado, le pido me aclare. 

¿Quién es «la Roca»? ¿Se refiere al Papado o a un papa en particular?

Porque, si es el papado, los argumentos del P. De La Rocque se fundan en la doctrina del Magisterio de la Iglesia. Para comprobar si esta afirmación es correcta, deberá leer el libro. Tal vez en la reseña este punto no quede claro, más bien me pareció obvio.

Y si «la Roca» es un papa en particular, no puede ser Juan Pablo II, cuya causa fue sometida por «la Roca» (Benedicto XVI) a juicio canónico a fin de determinar si posee o no virtudes heroicas. Para ser más preciso, ningún papa es «santo» por el hecho de ser papa, como puede comprobarse simplemente leyendo la lista de los pontífices. Si hay razones para sospechar tales virtudes, se debe ir a un juicio, donde se requieren los testimonios a favor y en contra de quienes puedan aportar algo. Es decir, en cualquier caso, «la Roca» (pontificado) o «la Roca» Benedicto juzga la santidad de «la Roca» Juan Pablo II. Y pide argumentos, que es lo que aporta el padre De La Rocque.

La fama (en el sentido de amplitud de su renombre) de De La Rocque no tiene la menor relevancia. Ni siquiera lo tiene en el otro sentido (buena o mala), porque lo que solicita el proceso canónico instituido por «la Roca» son argumentos o testimonios veraces. Todos deben ser considerados, dice el procedimiento establecido por «la Roca», y en este caso, las objeciones de De La Rocque no lo fueron.

En esta materia le recuerdo que personas con más o menos fama que De La Rocque también han hecho sus objeciones: el afamado Card. Martini, o el menos afamado Giovanni Franzoni, ex abad de San Pablo Extramuros, según testimonio del más afamado Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad San Egidio e historiador, en un libro reciente, como consigna la malafamada Elizabetta Piqué en La Nación de ayer. Señora que también se ocupa de las objeciones del Superior General de la FSSPX, por cuyo pedido el P. De La Rocque escribe el estudio presentado a la comisión diocesana, que por mandato de «la Roca»  instruye el proceso.

De modo que su juego de palabras no da mucho sentido y su ironía menos. El P. De La Rocque, más allá del acierto de sus juicios teológicos, que son materia de otra discusión, lejos de atribuirse funciones que no le competen, cumplió con una obligación.

Me sorprende que tanta gente tropiece con una dificultad de tan poca monta y hasta se escandalice porque alquien hace lo que la Iglesia manda.

Lo saludo atte.

P.S. ¡No quiero imaginar lo que opina Ud. del abogado del diablo de este proceso canónico, cuya función es buscar objeciones a quienes defienden la santidad del candidato, sea o no sea «la Roca».

Seguimos sosteniendo que la causa de muchas incomprensiones y perplejidades de los fieles católicos hoy radica en la falta de una comprensión correcta de la naturaleza y atribuciones de la Sede Petrina, y las de sus titulares.

El anónimo de «la Roca» confunde la idefectibilidad de la Iglesia, con una presunta impecabilidad o cierta fantástica infalibilidad ilimitada de los papas. No reconoce grados o jerarquías en los pronunciamientos papales, ni temas de competencia. O más bien, los mezcla todos.

Tampoco distingue entre el debido acatamiento y veneración a la Sede Petrina y a su titular de las críticas a los errores y pecados públicos de los papas, que siempre han (debido ser) objeto de justa recriminación, para la cual hay que mantenerse dentro de ciertos límites para salvaguardar la caridad y la investidura. Mas aún cuando se trangredan dichos límites, si la recriminación se ajusta a la verdad de los hechos es justa.

Así lo recordaba Benedicto XV en su carta In Praeclara Summorum (1), con motivo un centenario del nacimiento de Dante Alighieri, cuyas críticas a los papas de la época no carecieron de razón, pese a que por el temperamento del poeta muchas veces las marcara en un tono inusualmente acerbo.

Esto supone un gran amor a la Iglesia, cierto conocimiento de las materias, libertad de espíritu y la famosa parresia que el Papa Francisco pedía hace poco a los obispos: es decir, la virtud de hablar sin falsos respetos ni temor a las consecuencias.

 

(1) Per la verità, l’Alighieri ha una straordinaria deferenza per l’autorità della Chiesa Cattolica e per il potere del Romano Pontefice… Ma, si dirà, egli inveì con oltraggiosa acrimonia contro i Sommi Pontefici del suo tempo. È vero. (…) Del resto, poiché la debolezza è propria degli uomini, e « nemmeno le anime pie possono evitare di essere insudiciate dalla polvere del mondo »  chi potrebbe negare che in quel tempo vi fossero delle cose da rimproverare al clero, per cui un animo così devoto alla Chiesa, come quello di Dante, ne doveva essere assai disgustato, quando sappiamo che anche uomini insigni per santità allora le riprovarono severamente? (Benedicto XV, In praeclara summorum)

 

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