Panorama Católico

Dios en las Alturas

Dios está en las alturas, como afirman las escrituras, reza la liturgia y sostiene la teología.  Elevar, escalar, subir, alcanzar cumbres… términos que repite el lenguaje de la mística católica para analogar el camino de alma hacia la perfección y la salvación. Por eso esta historia se enmarca en un contexto muy particular. 

Dios está en las alturas, como afirman las escrituras, reza la liturgia y sostiene la teología.  Elevar, escalar, subir, alcanzar cumbres… términos que repite el lenguaje de la mística católica para analogar el camino de alma hacia la perfección y la salvación. Por eso esta historia se enmarca en un contexto muy particular. Tiene una admirable sencillez: Dios no se olvida de aquellos que han estado bien dispuestos a su misericordia. 

Hace un año dimos cuenta de un hecho que conmovió a los que tuvimos noticia de él. Un sacerdote, andinista él mismo y capellán de un grupo de escaladores, en una subida que hizo cumbre en el Aconcagua llegó a administrar los sacramentos en la alta montaña a alguien que murió en el intento. En medio de la soledad de esos parajes, el cuerpo sin vida pero tibio aún del escalador muerto recibió los auxilios de la Iglesia, y en su forma tradicional. El hecho de que no se hubiese enfriado el cuerpo, enseña la teología sacramental católica, es señal de que el alma no se ha separado aún del cuerpo y éste es pasible de recibir los sacramentos extremos, bajo condición (dependiendo de las disposiciones previas del fallecido la eficacia del perdón, como ocurre con los vivos también)

Por otro lado, lo providencial del encuentro: porque a esas temperaturas la muerte había sido muy reciente, de otro modo no habrían podido encontrar indicios de calor.

Al cumplirse el aniversario de este hecho excepcional de la misericordia de Dios, el sacerdote protagonista, P. Ezequiel Ma. Rubio, ha tenido la gentileza de autorizarnos a publicar el relato en detalle de esta aventura de la Gracia.

 

La razón por la cual hice esta expedición fue ajena a mi plan, ya que no pensaba volver un año seguido al Coloso o al Centinela de Piedra, como se lo traduce a nuestra lengua castellana el nombre Aconcagua, sino ir con nuestro grupo de alta montaña, San Bernardo Andinismo, a otros cerros de la cordillera.
El punto que cambió el rumbo fue el pedido que me hiciera el Subcomisario de la patrulla de rescate de la Policía de Mendoza, a quien habíamos conocido el año anterior en nuestro segundo intento de cumbre, quien me solicitó, promediando el año, que les bendijera el nuevo refugio que colocarían a 5400 mts. en reemplazo del domo de estructura tubular con lona, que tenían en el lugar de acampada llamado Nido de cóndores.
Asimismo, como en dicho lugar había una imagen de la Virgen Milagrosa, de unos 40 cms. de altura, que estaba colocada en una gruta de piedra y que, luego de muchas temporadas expuesta al sol, a la nieve, a los vientos y a los fríos intensos se había resquebrajado, me pidieron, también, si podía llevarles otra semejante en cemento blanco para reemplazarla.

Estos fueron los motivos que me llevaron a cambiar los planes y a volver, aunque esta vez solo, es decir, sin el grupo del SBA, ya que estaba invitado a compartir con la Policía su mismo destacamento durante la quincena que duraría el turno de ellos para ese mes.
Así pues, el sábado 24 de enero entré en el Parque Aconcagua con uno de ellos, el “Coco”, y un invitado más, otro policía al que le decían el “Tucu” a quien yo había conocido, ahí mismo, el año anterior.

Luego de unos días de aclimatación pudimos cumplir, con mucha alegría, ambos objetivos: habiendo, pues, bendecido el destacamento y la flamante Virgencita, a la que le dejamos en el cuello, con una cinta de nuestro priorato, un medallón de nuestra agrupación de montaña, quedaba la cereza del postre… intentar la «negada» cumbre en un tercer intento…

La ventana de cumbre, tal como lo indicaba la meteo en la web, se presentaba para el sábado 31 de enero, día en que estaría bastante celeste, aunque con ráfagas de viento de más de 70 kms. de velocidad. Luego, como aumentarían los vientos, se haría más que difícil intentarla. Caso contrario, habría que esperar hasta la semana siguiente.

El hecho fue que el viernes 30 por la tarde llegamos al refugio Berlín, ubicado a los 6000 mts., considerado con el campamento vecino llamado Cólera, los dos últimos lugares posibles de acampada. Como casi no había nieve, tuvimos un extra que cada uno debía portear: entre 5 y 6 litros de agua en la mochila para poder cocinar, hidratar el resto de la jornada y prever lo necesario para el desayuno y el día de cumbre. Los 600 metros que mediaron entre Nido y Berlín, se sintieron como unos cuantos metros más…

Luego de una noche de sueño muy entrecortado por la falta de oxígeno y la ansiedad, a las 06:00 de la mañana del día siguiente salimos bien abrigados del refugio hacia la cumbre, luego de haber desayunado y previsto los termos de té para hidratarnos en el camino.
Cerca de las diez, es decir, a las cuatro horas de marcha y comenzando los caracoles que nos llevaban al antiguo refugio Independencia, ubicado a los 6400 mts., el Sub Alejandro se da vuelta y nos indica que él se adelantaría un poco, aunque sin descubrirnos la causa. A los 15 minutos de marcha lo alcanzamos y nos encontramos con un hombre tendido en el suelo, de rasgos sajones, sin signos vitales, rodeado del guía de esa expedición y de otro mas que estaba de rodillas, inmóvil y como shockeado. En efecto, me indica el Sub que el montañista acababa de fallecer y el guía me dice que era un inglés que tenía 58 años de edad, con experiencia en montaña y el que estaba sin gesticular era amigo del él.

En ese momento, me arrodille al lado del difunto, en un sendero que tenía su pendiente, y recordando la enseñanza de la teología moral para estos casos, confiando que su alma estaría aun unida a su cuerpo y bien dispuesta, le di una Absolución general sub conditione tanto de los pecados como de las censuras canónicas en las que hubiese podido incurrir, máxime si no era católico. A continuación le recé un responso encomendándo su alma a Dios y a la Virgen Santísima.

Luego de ayudarlos a colocar el cuerpo en una camilla politraumática anaranjada que trajo el policía enrollada desde dicho refugio, lo miré al Sub para saber si quería que lo ayudara a descender el cuerpo, pero inmediatamente él también me miró y me dijo: “Padre, están para la cumbre, sigan uds.”. Dicho esto, seguimos subiendo los casi 600 mts que aún nos quedaban pendientes, en una marcha muy lenta por las violentas ráfagas de viento y bajas temperaturas, acompañados por dos miembros de la patrulla y otro policía tucumano que habíamos conocido el año anterior e intentaba coronar la cumbre como nosotros.

Por fin, cerca de las 17 hs., es decir, luego de 11 hs. de marcha nos dimos el emotivo abrazo en la cima, en donde estuvimos apenas unos 15 minutos, nos sacamos unas pocas fotografías, avisamos a la Base que estábamos en la cumbre e hidratamos y comimos un poco para luego comenzar el rápido descenso hacia Berlín, a donde llegamos a las 21 hs. y de ahí, habiendo tomado nuestros equipos, hacia Nido de Cóndores, llegando a las 23 hs., con una noche serena, una luna llena y unos buenos amigos, policías y civiles, que, haciéndonos señales con sus linternas, nos estaban esperando con una sopa caliente y una rica comida.
De regreso en Buenos Aires, me comunique con la Embajada del Reino Unido y esta, a su vez, se encargó de notificarle a los deudos lo sucedido. De estos últimos, si bien no he tenido respuesta alguna, no obstante, sí la tranquilidad que les ha llegado la información, con lo cual, pude poner el punto final y cerrar de esta forma la expedición.
Como un sueño pasó ya un año de este hermoso día y consolador apostolado en las alturas. Si la Virgen dispuso que este inglés falleciera el mismo día de marcha, a metros de distancia y por delante de mí y no por detrás (cosa que recién me hubiese enterado al descender) y tan alto como andábamos, no creo que haya sido por pura “coincidencia” y sin que haya recibido ningún beneficio de nuestra asistencia sacerdotal.

Días más tarde, he rezado una misa por su eterno descanso, confiando que esta absolución en las alturas, le haya servido para salvar su alma y que se acuerde de nosotros, particularmente, en cada expedición.
Para concluir agregaría aquella gran verdad que decía el padre Castellani; » la sotana es una bandera», en cualquier lugar en donde esté.

En fin, mis queridos lectores, esto es, sucintamente, lo vivido aquel 31 de enero del 2015, esperando, ahora, coronar la cumbre que le sigue, mucho más alta aún que la del Everest, no ya otra temporal sino la celestial.
 

+Padre Ezequiel María Rubio, FSSPX, capellán de la asociación San Bernardo Andinismo

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