De la Declaración de Manhattan a la Alianza Ruso-Católica
Leemos en estos días en diversos blogs informativos ecos de la asociación que ha planteado el vaticanista Sandro Magister entre la declaración conjunta de católicos, evangélicos y ortodoxos contra la política “bioética” y de moral pública del presidente Obama y otra que se insinúa como fruto de las crecientes coincidencias entre la Santa Sede y el nuevo Patriarca de la Ortodoxia Rusa, Kiril I.
Leemos en estos días en diversos blogs informativos ecos de la asociación que ha planteado el vaticanista Sandro Magister entre la declaración conjunta de católicos, evangélicos y ortodoxos contra la política “bioética” y de moral pública del presidente Obama y otra que se insinúa como fruto de las crecientes coincidencias entre la Santa Sede y el nuevo Patriarca de la Ortodoxia Rusa, Kiril I.
A primera vista nos queda la impresión de que se trata de una asociación ilícita. La primera, conocida como Declaración de Manhattan, ha asociado a grupos religiosos “cristianos” sin discriminación respecto de su encuadramiento en la tradición cristiana. Además del reconocimiento de una moral natural inspirada por Dios y de “referencia bíblica”, el solo elemento de unidad doctrinal que los une es la oposición al aborto, a la manipulación del células humanas, la eutanasia, el divorcio y las perversiones sexuales, lo que no es poco, pero tampoco es suficiente, por tratarse de un elemento negativo (oposición a) y porque pasa muy de puntillas sobre los fundamentos teológicos de dicha oposición.
Podemos leer en declaración graves errores doctrinales, tales como hablar de las “defectos” (shortcomings) de las distintas confesiones cristianas (sin reparar, como podíamos esperar los católicos, en la santidad de la Iglesia ni hacer mayores distinciones sobre esos defectos, si se trata de elementos doctrinales o de conducta de sus miembros).
Más adelante se habla de todas las corrientes que firman el documento como seguidoras de Cristo, su fundador… lo cual obvia un hecho más que evidente, cual es la distorsión doctrinal producida por muchas de las confesiones firmantes, particularmente las protestantes y evangélicas y las consecuencias prácticas que dichas distorsiones han tenido, entre otras, la formación de la sociedad liberal moderna, madre de las perversiones que se denuncian en la propia declaración.
Se afirma que el cristianismo durante centurias ha luchado para suprimir la idea de la realeza por derecho divino, algo que se asimila sin puntualizaciones a la tiranía y sustituirla por el asentamiento de los principios democráticos de una sociedad de “balances” constitucionales, en clara alusión al sistema liberal democrático anglosajón, con absoluta presindencia de toda alusión al origen revolucionario y plutocrático de este sistema, cuya evolución ha conducido a las consecuencias que se pretende condenar en la declaración, como queda dicho.
Asimismo, el último apartado de la declaración elogia de la libertad de conciencia y la laicidad del estado (Dios es el Señor de las conciencias), sin referencia alguna a la realeza social de Cristo. El reclamo del respeto a la moral natural sobre las bases de los “derechos civiles” y el bien común, lleva a un callejón sin salida. Ya en el párrafo dedicado a los homosexuales se habla de que, más allá de las perversiones personales, hay en cada individuo una “dignidad humana” que le otorga una suerte de inmunidad metafísica. No se distingue entre la dignidad como don divino en tanto y en cuanto no se renuncie a ella negando la ley divina y una presunta dignidad como un elemento esencial a la naturaleza humana, no coparticipada de la fidelidad a la ley divina ni de los efectos de la Redención. Con lo cual los perversos y los promotores de las perversiones serían personas tan dignas, esencialmente dignas, como los que cumplen con los mandamientos divinos.
La llamada “libertad religiosa” (entendiendo esta como una libre elección de creer en lo que uno desea o de no creer en nada) es groseramente confundida con la falta de coerción estatal en la materia de convicción religiosa. Lo cual nos pone en el dilema de pretender un fundamento objetivo de la moral pública sobre elementos subjetivos en materia religiosa. ¿Qué pasa si alguien funda la religión de la homosexualidad? ¿Qué prima, la libertad religiosa o la moral cristiana en el estado laico? La realidad mundial nos da la respuesta muy claramente, pero los obispos norteamericanos (con todo el respeto que merecen los firmantes) están tocados por un incurable liberalismo político.
Los signantes afirman que la moral cristiana y natural es necesaria para el bien común, a la vez que sostienen que nadie puede pretender, al menos con amparo legal dentro del sistema democrático, que una religión o una moral sea mejor que otra. O que una sea verdadera y las otras falsas. No es necesaria demasiada reflexión para advertir la contradicción radical.
La Declaración de Manhattan es un subroducto doctrinal del americanismo y su sucedáneo, el conciliarismo vaticanosecundista. Se defiende una buena causa, pero con fundamentos erróneos y contradictorios con esa misma causa.
Antecedentes de la Declaración Ruso-Católica que se anuncia
Si vemos el antecedente más inmediato de esta declaración ruso católica que se espera en un tiempo relativamente breve y que ha sido convenientemente preparada por declaraciones y visitas previas, notamos diferencias sustanciales con la declaración de Manhattan.
En su entrevista publicada por PapaRatzinger blog y que se tradujo al castellano, el patriarca sostiene claramente una postura que se separa notablemente de los conceptos de Manhattan:
“Uno de los desafíos más grandes al futuro de la humanidad es el diktat del agresivo secularismo neoliberal, que considera que su concepción del mundo es la única con derecho de ciudadanía. Entre otras cosas, esta ideología trastorna irreparablemente el modo de vivir del hombre así como Dios lo ha pensado porque busca introducir en la vida de todos los venenosos principios del relativismo moral, del hedonismo egocéntrico, del más burdo consumismo, del permisivismo moral, de la negación del pecado (…) La respuesta religiosa a este desafío puede ser de tres tipos: radical, y es el caso de una parte de los seguidores más agresivos del Islam; liberal, como significativos sectores de las comunidades protestantes, los cuales admiten los matrimonios entre homosexuales, el aborto y la eutanasia; finalmente, la respuesta puede ser la de las iglesias que se inspiran en la tradición cristiana, y es la respuesta de quien quiere defender la pureza de las verdades enseñadas por el Salvador sobre la vida y el hombre. La Iglesia ortodoxa y la católica están separadas por contrastes doctrinales y eclesiológicos pero, más allá de esto, hay algo que hace aliados estratégicos a los ortodoxos y católicos. De su comprensión recíproca, del éxito de las acciones a emprender juntos, depende el futuro no sólo de Europa sino, tal vez, del mundo entero”. Ver Panorama Católico
Si los dichos no fuesen suficientes, los hechos confirman: la Iglesia Ortodoxa Rusa ha salido en defensa de los presuntos “gaffes” de Benedicto XVI, como por ejemplo su restauración de la liturgia tradicional, sus dichos en Ratisbona contra el radicalismo musulmán y sus afirmaciones “políticamente incorrectas” contra el relativismo moral. Y esto después de la tormenta de enero causada por el levantamiento de las excomuniones a los obispos de la FSSPX.
Por si fuera poco, y en coincidencia con el formidable golpe asestado el ecumenismo por el papa al dar una instrumento más que amplio y generoso para recibir “en la Iglesia católica” a los anglicanos tradicionales y al poner bajo discusión temas centrales del Vaticano II en las conversaciones doctrinales con la Fraternidad San Pío X, los ortodoxos cortan el diálogo ecuménico con los luteranos, que tenía ya casi 50 años de duración, fundamentando tal decisión en “la carta enviada por el “ministro de asuntos exteriores” del Patriarcado de Moscú, el arzobispo Hilarion de Volokolamsk, a la presidente de la Iglesia luterana alemana, Margot Kassmann, que anunciaba la imposibilidad, por parte de los ortodoxos, de continuar el diálogo entre las dos Iglesias “en la misma forma” después de la elección de una mujer como cabeza de los protestantes de Alemania y a la luz de las divergencias en el campo ético que se han “agravado de modo dramático”. Ver La Buhardilla de Jerónimo
El llamamiento a una alianza estratégica para defender la tradición cristiana, alianza que incluye solo a la Iglesia Católica y a la Ortodoxia rusa, marca un rumbo bien distinto del de Manhattan. Nadie allí cuestionó la sucesión apostólica de los representantes de los distintos credos. En este caso, el patriarcado de Moscú pone su acento con claridad. “Para el vice-presidente del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Externas de la Iglesia ortodoxa rusa, esta decisión es la consecuencia inevitable de la “decadencia” del ecumenismo como ha sido practicado en las últimas décadas: “Por décadas – afirma Ryabykh – los intentos de los cristianos de elaborar una posición teológica común no han tenido éxito. Actualmente, incluso sobre los temas éticos hay tensiones y desacuerdos que en el pasado no existían”.
Para los que miramos estos movimientos con espectativa, los pasos que se van dando no pueden ser ajenos a los millones de rosarios que se han rezado, y continúan rezándose, por la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María, consagración para su conversión.
El proceso de conversión puede estar ya en marcha, el cual además tiene otro notable efecto, que es poner en entredicho las doctrinas y consecuencias del Concilio Vaticano II en el seno de la Iglesia Católica y ante el mundo. Es decir, sería un proceso de conversión mutua de las jerarquías, pero no a los errores de la otra parte, como postulaba el ecumenismo conciliar, sino de regreso a la pureza de la tradición cristiana.


Comentarios
CUANDO LA ORTODOXIA SUMA
Estimados Lectores,
Hace tiempo vienen noticias claras sobre la próxima reunión de los Catòlicos.
Creo que si Dios quiere, y con el trabajo de Nuestro Papa y el aporte de nuestros rezos, será posible remediar el cisma que hizo tanto daño.
Salud
Eduardo