Comité de la ONU: el juego se vuelve peligroso
Traducimos el comentario de Sandro Magister sobre el informe del Comité de la ONU sobre los Derechos de los Niños. La Santa Sede se arriesgó a ir a presentar una defensa ante quien no tenía derecho de acusarla y recibió una brutal reprimenda que excede largamente el tema de la pedofilia.
Traducimos el comentario de Sandro Magister sobre el informe del Comité de la ONU sobre los Derechos de los Niños. La Santa Sede se arriesgó a ir a presentar una defensa ante quien no tenía derecho de acusarla y recibió una brutal reprimenda que excede largamente el tema de la pedofilia.
“El Comité de las Naciones Unidas para los Derechos de los Niños era un organismo casi desconocido hasta hoy. Pero ha saltado a la notoriedad clamorosamente gracias a las acusaciones que ha lanzado sobre el Vaticano como conclusión de su última sesión, que tuvo lugar en Ginebra entre el 13 y el 31 de enero.
“Preside este comité la noruega Kirsten Sandberg. Sus cuatro vicepresidentes provienen de Arabia Saudí, Bahrein, Etiopía y Sri Lanka, países que no brillan por el respeto de los derechos humanos. Entre sus dieciocho miembros se encuentra también una italiana, María Rita Parsi.
“El 16 de enero los representantes de la Santa Sede presentaron al comité su informe, en el cual han mostrado las múltiples iniciativas puestas en acción en los años pasados para contrarrestar los abusos sexuales de menores y dar contención a las víctimas, iniciativa que coloca a la Iglesia Católica en la primera línea entre las instituciones mundiales empeñadas en la defensa de los niños.
“Pero ha sido como hablar con un sordo, vistas las “Observaciones conclusivas sobre el segundo informe periódico de la Santa Sede”, que se han hecho públicas el 5 de febrero. Al final de los primeros párrafos parece, de hecho, darse a entender que el comité tenía en mente muy otra cosa que el problema de la pedofilia.
“Para comenzar, la homosexualidad. El comité ataca a la Iglesia Católica por su posición en la materia, que “contribuye al estigma social y a la violencia contra lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y niños criados por parejas del mismo sexo”. Y esto no obstante las “palabras progresistas y positivas pronunciadas en julio de 2013 por el papa Francisco”, en alusión a su célebre: “¿Quién soy yo para juzgar?” Luego los recién nacidos abandonados en los tornos (*) de los conventos. Luego las muchachas recluidas hacia fines de 1966 en la lavandería Magdalena. Luego los castigos corporales infligidos a los niños en las escuelas católicas y en las familias.
“Más adelante, el comité pone la mirada en los hijos de los sacerdotes mantenidos en las sombras sobre la identidad de sus progenitores.
“A propósito de estos castigos, se demanda que el Código de Derecho Canónico los prohíba expresamente y que “una interpretación de la Escritura en el sentido de no justificar los castigos corporales se refleje en la enseñanza de la Iglesia y sea incorporada a la enseñanza y a la educación teológica”.
“Sobre la pedofilia recién se habla en la página 9 sobre un total de 16. Y es como si nada bueno se hubiese hecho en la Iglesia Católica antes del fatídico año 2013, año de la elección del papa Francisco.
“Una vez superado el capítulo de la pedofilia, el documento amplía nuevamente el campo. Da una reprimenda a la Iglesia por “no reconocer la existencia de las diversas formas de familia”. Acusa a algunas de sus instituciones de separar a los hijos de sus padres y de manipular sus conciencias. Denuncia “la sustracción forzada de miles de niños a sus madres por parte de congregaciones católica en numerosos países, para recluirlos en orfanatos o darlos en adopción a padres extranjeros”.
“Para luego finalizar con el aborto y la contracepción, ambos colocados bajo el rótulo: “Salud”.
“Después de haber recordado el caso de la niña en Recife a quien se obligó a abortar dos niños gemelos que llevaba en su vientre en 2009 y adosárselo al obispo de Recife, y al prefecto de la congregación vaticana de los obispos (en esa época el cardenal Giovanni Battista Re) el comité “requiere con urgencia a la Santa Sede rever su posición sobre el aborto y modificar el canon 1398 del código de derecho canónico relativo al aborto, con el propósito de precisar las circunstancias en las que éste está permitido”.
“Lo mismo con los anticonceptivos. Se le requiere a Santa Sede “garantizar a los y las adolescentes el acceso a la contracepción”, para prevenir el SIDA y de un modo más general en bien de la “salud reproductiva”, fórmula que, como es notorio, no es una alternativa al aborto, sino que lo incluye.
“Para concluir, el comité pide a la Santa Sede dar la más amplia publicidad posible al documento. Un poco como en la revolución cultural china, se hacía circular a los réprobos con un cartel colgado al cuello en el que constaban su malas obras.
“La primera respuesta del Vaticano al documento de Ginebra ha sido un tímido comunicado que se expresa lamentando “ver en algunos de los puntos de las Observaciones conclusivas una tentativa de interferir en la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la dignidad de la persona humana y en el ejercicio de la libertad religiosa”.
“El Secretario de Estado, Pietro Parolin, ha prometido una respuesta más “articulada”. Se verá. Entretanto, de nuevo este ataque a la Iglesia ha llegado al Papa Francisco. Y de esta manera lo ha asociado a la causa. Dentro de la Iglesia y en vísperas de un sínodo sobre la familia, tema vecino a los agitados por el documento de Ginebra. El juego se torna peligroso”. (…)
Fuente: Settimo Cielo
Comentario Druídico: El informe es una verdadera infamia. Pero ya sabemos lo que se puede esperar de la masónica ONU. Ahora bien, ¿sabemos lo que se puede esperar de la diplomacia de la Santa Sede?
1) ¿Por qué la Santa Sede no evaluó la hostilidad de dicho Comité antes de legitimarlo presentándose como acusada en un tribunal que no tiene el menor rango moral ni ecuanimidad. La Santa Sede no puede ser por nadie juzgada, menos por sus enemigos.
2) Cometida la torpeza, al menos cabe esperar una respuesta condigna, y no frases vagas que desalientan todo respeto a la Iglesia. No tenemos muchas esperanzas de que esto se enmiende.
3) Desanima profundamente que este Comité tan perverso en sus propósitos solo vea algo bueno en la Iglesia en la desdichada frase de Francisco que se cita. Esta es otra prueba, por si fuera necesaria, del modo en que el mundo entiende muchos de los dichos papales. Y de como “pone su esperanza” en que los hechos vayan en el sentido en que el informe pide. Lo cual seguramente no va a ocurrir, siendo a la vez que motivo de confusión para los fieles, un descrédito adicional para la Iglesia a los ojos de quienes esperan que esto suceda, entre los cuales hay gente que no podríamos calificar de malvada. Y también un riesgo, nos animamos a anticipar, para la vida del propio papa, que en algún momento se verá obligado a frustrar las expectativas de los enemigos de la Iglesia. Un juego muy peligroso.
4) Y finalmente, otro juego más peligroso aún, como bien lo define el articulista: el hecho de influir y hasta tal vez imponer una agenda al sínodo. La consulta, ampliamente conocida, sobre los temas del sínodo, que es rutinariamente dirigida a los obispos del mundo, se ha visto «bajada» a los fieles, con las consecuencias que esto implica: potenciar desde dentro mismo de la Iglesia una agenda con temas de los enemigos de la Iglesia, bajo la excusa de que esas son laa “preocupaciones” de los fieles. Este acto demagógico resultará una caja de Pandora. Los de la ONU, nada lentos, echan leña al fuego, humillando a la Iglesia con sus exigencias.
5) Si la Santa Sede no responde con un rechazo de plano y máxima energía, el atrevimiento de este consorcio de delincuentes ideológicos ayudará a empujar las discusiones y conclusiones del sínodo al campo de la herejía pura y dura. Y de allí en más la única barrera que quedará será Francisco. El cual deberá probar ahí si es un papa digno de tal nombre.

