Carta Encíclica “Sacerdotalis Calibatus“
Dada la permanente campaña contra el calibato sacerdotal, recordamos la encíclica del Papa Pablo VI, en la que vuelve a los fundamentos de tan antigua disciplina.
INTRODUCCIÓN
El celibato sacerdotal, hoy
1.- Situación actual
Dada la permanente campaña contra el calibato sacerdotal, recordamos la encíclica del Papa Pablo VI, en la que vuelve a los fundamentos de tan antigua disciplina.
INTRODUCCIÓN
El celibato sacerdotal, hoy
1.- Situación actual
El celibato sacerdotal, que la Iglesia custodia desde hace siglos como perla preciosa, conserva todo su valor también en nuestro tiempo, caracterizado por una profunda transformación de mentalidades y de estructuras.
Pero en el clima de los nuevos fermentos se ha manifestado también la tendencia, más aún, la expresa voluntad de solicitar de la Iglesia que reexamine esta institución cuya característica, cuya observancia, según algunos, llevaría a ser ahora problemática y casi imposible en nuestro tiempo y en nuestro mundo.
2.- Una promesa nuestra
Este estado de cosas, que sacude la conciencia y provoca la perplejidad en algunos sacerdotes y jóvenes aspirantes al sacerdocio, y engendra confusión en muchos fieles, nos obliga a poner un término a la dilación -para mantener la promesa que hicimos a los venerables padres del concilio, a los que declaramos nuestro propósito de dar nuevo lustre y vigor al celibato sacerdotal en las circunstancias actuales. Entretanto, larga y fervorosamente hemos invocado las necesarias luaces y ayudas del Espíritu Paráclito, y hemos examinado, en la presencia de Dios, los pareceres y las instancias que nos han llegado de todas partes, ante todo de varios pastores de la Iglesia de Dios.
3.- Amplitud y gravedad de la cuestión
La gran cuestión relativa al sagrado celibato del clero en la Iglesia se ha presentado durante mucho tiempo a nuestro espíritu en toda su amplitud y en toda su gravedad. ¿Debe todavía hoy subsistir la severa y sublimadora obligación para los que pretenden acercarse a las sagradas órdenes mayores? ¿Es hoy posible, es hoy conveniente la observancia de semejante obligación? ¿No será ya llegado el momento para abolir el vínculo que en la Iglesia une el sacerdocio con el celibato? ¿No podría ser facultativa esta difícil observancia? ¿No saldría favorecido el ministerio sacerdotal, facilitada la aproximación ecuménica? Y si la áurea ley del sagrado celibato debe todavía subsistir, ¿con qué razones ha de probarse hoy que es santa y conveniente? ¿Y con qué medios puede observarse y cómo convertirse de carga en ayuda para la vida sacerdotal’?
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