Panorama Católico

Boicot a Sochi 2014

En el contexto de lo que implica ese gran conglomerado de intereses y factores de poder que son los juegos olímpicos, tanto los tradicionales como en menor medida los de invierno, resulta interesante observar cómo el periodismo en general, y también el especializado, no deja de salpicar a Rusia por dos pecados imperdonables: resistir a los ambientalistas y poner límites a los homosexuales.

En el contexto de lo que implica ese gran conglomerado de intereses y factores de poder que son los juegos olímpicos, tanto los tradicionales como en menor medida los de invierno, resulta interesante observar cómo el periodismo en general, y también el especializado, no deja de salpicar a Rusia por dos pecados imperdonables: resistir a los ambientalistas y poner límites a los homosexuales.

La detención de los ¿militantes? de Greenpeace primero y las advertencias contra la propaganda homosexual, subrayadas por acciones concretas como la criminalización y la represión de las manifestaciones del llamado «orgullo gay» hablan de una determinación clara. Putin, presidente de la Federación Rusa, no está dispuesto a permitir que se viole la soberanía de su país en nombre de la ecología, ni que se alteren la buenas costumbres que son el fundamento de una sociedad sana.

No intento valorar las intenciones del presidente de Rusia. Solo comprobar los hechos, que al menos hasta ahora están llamativamente en las antípodas de la gran corriente mundialista en esta materia, acompañado sólo por algunos países africanos, si hablamos de naciones cristianas.

Naturalmente, Putin debía pagar un precio por semejante desafío: primero los atentados de los islámicos chechenos en Sochi, para boicotear los juegos. Luego la propaganda mundial en su contra. Que uno de los anillos olímpicos no se encendió, que el responsable de este efecto fue hallado muerto… Pero es difícil torcerle la mano a Putin, particularmente en un tema de su especialidad. La seguridad en Sochi, hasta ahora, ha sido incuestionable.

Donde resulta más fácil y gratuito atacarlo es en materia de «intolerancia» por eso casi nadie se priva de hacer alguna alusión a las leyes sobre sodomía que rigen en Rusia, venga o no al caso, que casi nunca viene. Inclusive se hace alusión a las costumbres personales de algunos atletas, muy pocos, por lo que pude observar, como si lo que se pone en juego en las competencias fuese su condición moral.

Claro, hay una relación: es necesario que gane algún «gay» o alguna «lesbiana» para erigirlos en héroes. Por ahora no han tenido suerte. Y sí la han tenido, si acaso sea suerte, ciertos atletas rusos en algunas competencias, no tantas que pueda sospecharse siquiera algún favoritismo de los jueces hacia la nación que organiza. Pero ya se han hecho las denuncias periodísticas. Es el caso del patinaje artístico, donde el equipo de la Federación se llevó el oro.

 

 

 

Yulia Lipnitskaya, de 15 años, maravilló en Sochi

 

Desde el primer momento, la presentación misma, los juegos de Sochi parecen haber desafiado la tendencia mundial en la materia. No tanto en los recursos, mezcla de tecnología de espectáculos y coreografías, como en el contenido de dichos espectáculos y coreografías. Dedicados a la historia de Rusia, con la música de sus grandes compositores principalmente, el apoyo de las grandes instituciones del arte ruso, como el Bolshoi y masas de bailarines que se destacaron por la disciplina y marcialidad de sus movimientos.

Impresionó mucho la rememoración de los orígenes de San Petersburgo. Sin ahorrar críticas al comunismo en un momento en que todo el estadio quedó bajo una luz roja intensa y los bailarines también vestidos de rojo brillante arrastraban o eran arrastrados por piezas de máquinas y engranajes. Seguido luego por una alusión a la era poscomunista en la que se destaca una la coreografía donde decenas de parejas representan la formación de familias (hombres y mujeres, obviamente), seguidas de la aparición de cochecitos de los que salen bebés. Un verdadero insulto al nuevo orden mundial.

Sin pecar de optimismo, creo, puede decirse que Rusia defiende, al menos en su política oficial, el fortalecimiento de una sociedad sana, conforme a las leyes naturales. Y el gobierno tiene el apoyo de esa sociedad a la que defiende. No se puede decir que sea suficiente, pero sí un indicio de que hay todavía una potencia mundial, poderosísima actual y potencialmente, que está del lado del Occidente tradicional. Dios dirá sobre el futuro, aunque en parte es nuestra responsabilidad seguir rezando, o empezar a hacerlo, por la pedida y nunca realizada «conversión de Rusia» que promete nuestra Señora en Fátima junto con la consoladora consecuencia de dicha consagración: «le será dado al mundo un tiempo de paz»

 

 

 

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