Bergoglio, ese desconocido
Después de larga cavilación me decido a escribir algo sobre el pontificado del papa Francisco. Pasado el entusiasmo delirante de los primeros tiempos, y con apenas pocos indicios de nombramientos, resulta más fácil decir qué no es antes que definirlo por lo que es.
Después de larga cavilación me decido a escribir algo sobre el pontificado del papa Francisco. Pasado el entusiasmo delirante de los primeros tiempos, y con apenas pocos indicios de nombramientos, resulta más fácil decir qué no es antes que definirlo por lo que es.
Me decide a romper el silencio, el desconcierto que causa la nota publicada hoy por Sandro Magíster. Vaticanista (y por lo tanto oficialista perpetuo), Magíster siempre debe encontrar el modo de permanecer sin conflicto con el papa reinante. Se ve que la definición de su estilo como “pastiche” le abrió una puerta de escape en materia de discursos y homilías. Ahora ensaya otra, relativa al pasado, pero con menos fortuna.
Dice, hablando del cardenal, ahora papa, que fue rara avis entre los jesuitas por no haber adoptado nunca la Teología de la Liberación, lo que le valió largos años de ostracismo. Tiene razón en parte. No solo la rechazó, sino que la persiguió, inclusive hasta extremos que ahora se niegan, pero cuya historia está todavía bastante fresca. De allí su posterior ostracismo, de Superior Provincial a portero…
Pero, misterios de la vida, fue rescatado y promovido con harta rapidez. Ya no era el mismo, al menos en lo que expresaba. Según Magíster, había seguido los pasos de su maestro, el P. Scannone, quien sería el teólogo argentino vivo más importante en este momento.
Movido por tal descubrimiento busqué el testimonio del P. Scannone sobre su vida y convicciones, puesto que según Magíster, es el jefe de una línea llamada “teología del pueblo”. Lo que querría decir, según la misma fuente, un acercamiento a los pobres y un cultivo de la religiosidad popular con sensibilidad por la justicia (social).
Esto de las teologías ya marea. Yo conozco la teología dogmática, la moral, la mistica, pero todas estas variantes me están llevando a la perplejidad insuperable. Oí hablar hace poco de la teología ecológica… Parece que es la “onda” en la que se desliza el ex referente de la Teología de la Liberación, Leonardo Boff.
Veamos lo que dice el P. Scannone de sí mismo:
«Pero, desde ésta no dejé de estar al servicio de la teología, uniendo ambas estrechamente entre sí y con mi vida espiritual y apostólica, sin confundirlas. Estimo que, en el fondo, ésa ha sido mi misión y mi carisma, al servicio de los estudiantes, de la Iglesia y aun de la sociedad. Por eso elegí como materia de mi tesis a Maurice Blondel, en quien también esos tres factores estuvieron íntimamente unidos, como lo muestran sus diarios espirituales, sus cartas y sus obras, en las que predominan, respectivamente, su vida espiritual y apostólica, su teología y su filosofía..
A esa síntesis entre lo filosófico-teológico y lo espiritual-apostólico, simbolizada por la figura de Blondel, le faltaba entonces un tercer factor de lo que -visto desde ahora- ha sido mi carisma y misión, a saber, el componente latinoamericano-social. Con todo, cuando regresé a la Argentina en noviembre de 1967, no sólo yo -que había tenido de profesores a expertos del Concilio como Rahner y Josef Jungmann– sino una parte importante de la Iglesia argentina, respirábamos el espíritu del Vaticano II. En el Colegio Máximo me encontré con una reunión de sacerdotes, que luego conformarían el Movimiento para el Tercer Mundo, luego me conecté con los trabajos que estaban haciendo Lucio Gera y su grupo teológico-pastoral de la COEPAL -al cual también pertenecían los jesuitas Alberto Sily y Fernando Boasso- sobre evangelización de los pueblos, de la cultura y las culturas, religiosidad popular y pastoral popular, y en 1969, conocí a Enrique Dussel -quien ya estaba trabajando en una filosofía latinoamericana-, el cual vino a pasar unos días en nuestra casa, a fin de usar la biblioteca. De las conversaciones con él nacieron en 1970 las Jornadas Académicas interdisciplinares de teología, filosofía y ciencias sociales, de las Facultades de San Miguel, centradas en temas latinoamericanos y argentinos, que se extendieron de 1970 a 1975 inclusive, publicadas anualmente en la revista “Stromata”. Todo ello y la participación en el encuentro de El Escorial (1972), la consecuente colaboración con el CELAM y la CLAR, mis aportes -sobre todo metodológicos y epistemológicos- a la teología de la liberación, y a la filosofía latinoamericana, mi trabajo en barrios populares de San Miguel (entonces, en la Manuelita, ayudando al P. José Ignacio Vicentini desde 1971), contribuyeron a darle a lo que había recibido tanto en Córdoba y San Miguel como en Europa, el tercer componente que faltaba, a saber: la perspectiva latinoamericana, informada por la opción preferencial por los pobres, que ya la Iglesia latinoamericana había vivido en Medellín (1968) y, luego, explicitó en Puebla (1979). Por ello, me pareció acertado que, cuando -bastante tiempo después- el Hno Ariel Fresia SDB compiló un catálogo de mis publicaciones, las dividiera en tres ámbitos: el filosófico, el teológico y el de la doctrina social de la Iglesia, en ese orden.
Cuando el actual Cardenal Bergoglio era Provincial, me dijo algo que me quedó grabado, a saber, que en mis trabajos apostólicos estaba realizando de hecho la misión actual de la Compañía: el servicio de la fe y la promoción de la justicia. Pues, al enseñar teología filosófica y escribir sobre esa temática y sobre teología, estaba contribuyendo a lo primero, y a lo segundo, al dedicarme a la teología y filosofía de la liberación, y a la doctrina social de la Iglesia, además del trabajo sacerdotal entre los pobres de los barrios. Después de la CG 34, de la cual tuve el gozo de participar, podría añadir algo semejante tanto con respecto a la problemática de la cultura e inculturación (sobre todo del pensamiento filosófico y teológico) como a la del diálogo, no interreligioso, pero sí interdisciplinar e intercultural».
Más arriba nombra su relación con Juan Luis Segundo, el otro teólogo de la liberación que produjo Uruguay al que el P. Bojorge dedicara su demoledor libro.
Por lo que puede leerse, el P. Scannone no será un Teólogo de la Liberación línea fundadora, pero anda por el barrio. De modo que si este es el maestro teológico del Card. Bergoglio, no vemos razones para el optimismo. Por lo pronto, al menos la exterioridad de lo aquí descripto es lo que viene practicando como cardenal y lo que se insinúa como papa.
Otra cosa que pone entre paréntesis un juicio optimista, a pesar de ciertas declaraciones auspiciosas poco habituales en él (también en esto se confunde Magister), como las que ha hecho contra el aborto, contra la manipulación de los embriones y demás quedan, opacadas por las por ahora escasas designaciones.
En la Argentina: su sucesor, Poli, un clon pero menos inteligente. En Merlo-Moreno, Maletti, (¡fatídico apellido!), de una diócesis devastada por él (Bariloche) a otra devastada por otros. Bariloche es el desierto espiritual. Merlo-Moreno, la estepa.
Finalmente, la elevación al cargo de Arzobispo (in partitibus infidelibus) del Rector de la UCA resulta incomprensible. Ni por méritos académicos, ni por gestión, ni por ortodoxia de pensamiento, el hasta ahora P. Víctor Manuel Fernández, merece ningún título honorífico. Se sabe que su nombramiento como rector fue objetado desde Buenos Aires y tuvo esta objeción ecos en Roma en la era Benedicto. Finalmente prevaleció la buena estrella del rector que no pudo ni siquiera expulsar a una alumna que filmó (más bien actuó de estrella) de un video haciendo un strip-tease en las aulas de la facultad de Derecho de la casa de estudios pontificia. La pena fueron 15 días de suspensión, en suspenso.
No son nombramientos alentadores, y en este caso ni siquiera necesario. En fin, Bergoglio sigue siendo un desconocido, si Uds. prefieren, pero por favor, no traten de encontrar explicaciones donde solo cabe, en el mejor de los casos, la perplejidad.

