Beau Geste
|
El encanto de las viejas películas en blanco y negro, sin efectos especiales, con argumentos lineales, donde los buenos y los malos quedan bien definidos desde un comienzo y se les nota en la cara, nos redime, cada tanto, de la opresión del cine actual. En efecto, el cine de computadora, por fantástico y creativo que sea, nos enajena.
Beau Geste (1939) Director y productor: William Wellmans Cada tanto es saludable mental y espiritualmente, entretenerse con un buen clásico donde no se profieran 100 obscenidades por minuto, se hable un idioma correcto y ganen los buenos. Beau Geste es un film con el encanto de la ingenuidad. Considerada una "superproducción" en 1939, no alcanzó a filmarse en color. Sin embargo no pierde nada valioso por esto: solo hay que tener buenos ojos para saber verla. Es la historia de los huérfanos Geste que son criados por una tía rica. En realidad no tan rica como parece, porque su fortuna ha ido mermando considerablemente. Los hermanos, que conviven desde su niñez con Isabel, otra niña que se beneficia con la caridad de la buena tía, llegan a una bien entrada juventud llevando una vida placentera de "hidalgos", es decir, de buenos rentistas ingleses. En determinado momento, por razones aparentemente misteriosas, uno de ellos, Beau, roba una joya valiosísima y huye, para terminar enlistádose en la Legión Extranjera, refugio de tantos pecadores. Sus hermanos lo siguen con lealtad perruna. Allí, bajo la cruel y despiadada conducción del Sargento Markoff, un ruso ambicioso que quiere llegar a los máximos honores militares, pasan por vicisitudes extremas. Hay batallas contra los feroces tuaregs, conspiraciones y motines. Lo más original de la película es que comienza por el final. La primera escena queda en suspenso y solo se entiende con la culminación del relato, cuando uno ya casi la ha olvidado. No logra casi tensión dramática, hemos de reconocerlo, pero sí cierta curiosidad y se mantienen frescas las escenas de humor. También da gusto ver puestos en escena sentimientos de nobleza y lealtad. Hemos de lamentar la falta de toda referencia religiosa, suplida por una suerte de rito pagano que se realiza en cumplimiento de cierta promesa infantil. Un Gary Cooper juvenil, se desenvuelve mejor como actor cómico que en las escenas trágicas, donde realmente el film no tiene ningún vuelo, por decir lo menos. Sin duda hay que verlo con indulgencia. Pero no más de la que concedemos a los terribles engendros con que semanalmente nos indigestamos, insanos psíquica, estética y a menudo moralmente. Volver a gustar de los clásicos estimula y sienta bien. Incluso aunque no sean de calidad irreprochable.
Beau Geste (1939) Navegación de entradas |



