Panorama Católico

Armas de destrucción de la Misa

Este sencillo cuadro de humor gráfico resume asombrosamente el problema práctico de la Iglesia en el nivel parroquial. Jugando con el título original en inglés, el dibujante ha titulado «weapons of mass destruction», que significa a la vez «armas de destrucción masiva» y «armas de destrucción de la misa». Se ve que estamos frente a una realidad universal: la tendencia al descalabro litúrgico puede derivar en cualquier cosa, pero siempre sigue el mismo camino: «desmitificación» de la comunión, abandono de la vida religiosa, introdución de la profanidad en la liturgia, desvirtuación del rol sacerdotal, laxitud moral y sentimentalismo a raudales para llenar el profundo vacío doctrinal.

Este sencillo cuadro de humor gráfico resume asombrosamente el problema práctico de la Iglesia en el nivel parroquial. Jugando con el título original en inglés, el dibujante ha titulado «weapons of mass destruction», que significa a la vez «armas de destrucción masiva» y «armas de destrucción de la misa». Se ve que estamos frente a una realidad universal: la tendencia al descalabro litúrgico puede derivar en cualquier cosa, pero siempre sigue el mismo camino: «desmitificación» de la comunión, abandono de la vida religiosa, introdución de la profanidad en la liturgia, desvirtuación del rol sacerdotal, laxitud moral y sentimentalismo a raudales para llenar el profundo vacío doctrinal.

Comentarios

Anónimo
22/10/2009 a las 2:32 am

Le faltaría agregar…
Muy bueno e ingenioso.
Al autor -quizás- le faltó agregar: «rito de textos ambigüos, licuados y políticamente correctos que no enfaden a protestantes y a otras religiones enturbiando y escondiendo lo que realmente es la Misa: un sacrificio»… en síntesis: «El Novus Ordo Missae» (aunque suene «duro» éste comentario mío, es la verdad).

Gabriel D’ María



Anónimo
23/10/2009 a las 4:05 am

Mass Destruction
Lamentablemente, lo que la caricatura muestra es la triste realidad del logro de una agenda hace mucho tiempo pensada para destruir la iglesia–que sabemos no podrán– o al menos confundir a mucha gente. No en vano Pablo VI afirmó que el humo de Satanás se había metido en la Iglesia. Era una grave advertencia y una profecía de cosas que estaban por venir, a través del mal llamado «espiritu del Concilio», que no era tal sino su contrario, un antiespíritu destructivo, que se aprovechó de la ignorancia de muchos, que ni siquiera han leído los documentos del Concilio Vaticano II, menos aún lo entienden. A partir de este falso espiritu posconciliar comenzaron a darse cosas que para nada tenían que ver con el concilio, y que hicieron mucho daño causando posiciones erradas y extremas opuestas: unos a decir que el concilio era falso y del demonio, otros a hacer lo que les venía en gana escudandose en consignas falaces que distorcionaron esa continuidad a la que ha aludido el Santo Padre y creando rupturas que en realidad forman una falsa iglesia dentro de la Iglesia.
La caricatura ha sido un modo significativo de decir mucho. Gracias por publicarla.



Anónimo
28/10/2009 a las 11:20 am

item misa est
Eso eso, al que comulgue atreviéndose a extender las manos, que se las corten. Ambas manos. Las monjas, y mas las del dibujo, así, rellenitas y en pantalones, fuera de la Iglesia. Quemad las guitarras, los libros y las panderetas. Las monaguillas a coser y en la cocina. Fuera los Hippies, los negros y los gitanos ¿que se han creido? No se puede oir Misa con barba, y el primero que hay que echar es al hijo de dom Bernardone (San Francisco para quien no lo conoce). Y los carteles con sonrisas a la calle.

Y así ¡por fin! tendreis las misas que mereceis. Eso si; además de vosotros, no espereis que vaya ni Dios.



    Moderador
    28/10/2009 a las 12:26 pm

    «Item»

    Amigo Item, 

    No vaya a creer. A pesar de todas las restricciones viene mucha gente y hasta me atrevo a decir que Dios está presente no solo de un modo espiritual sino real en el Santísimo, lo cual no puede decirse de todas las misas de comunión en la mano. Y es mejor así, porque entonces no hay profanación real, no habiendo presencia real.

    Pero debo admitirle que a los negros solo los aceptamos para que nos lleven el misal y nos abaniquen. A los gitanos para que nos cuiden los automóviles mientras estamos en misa. Y las niñas cosen al fondo del templo. No hemos logrado que cocinen porque se mezcla el olor a guiso con el incienso. Los hippies piden limosna a la salida, pero no le damos.

    Con las guitarras hacemos asados fraternales después de misa y convocamos a los pobres, les mostramos las chuletas jugosas sobre el asador y les gritamos a coro: «no les vamos a dar»… Pero para que se consuelen les repartimos estampas con emoticones…

    Es nuestro modo de sentir a Cristo, ¿viste tío?

    «Item», comentario est.



    Anónimo
    28/10/2009 a las 12:44 pm

    Ché, ITEM MISA EST.
    Yo voy a la misa tridentina porque me acostumbré a golpear a mi mujer y, como usted bien se imaginará, ese tipo de misas aumenta la sumisión femenina allanando el camino de los hombres. Además, los curas de allí se alegran viendo como azoto a mis niños cuando joden en el medio de la misa, lo que me llena de satisfacción.

    Don Marcelo, le apuesto guita que el que mandó ese comentario es este «hijo» de Santo Domingo … y «heredero» del Aquinate … llamado Fray Pascual Saturio Medina O.P.

    El Carlista.
    —————————————————————-
    Vea aquí: http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/545291/ite/missa/est/pero/parece/no.html

    Ha dichio todas estas locuras el fraile impío:

    Ite, Missa est. Pero parece que no

    Fray Pascual Saturio Medina O.P. | Actualizado 23.10.2009 – 01:00

    44 comentarios 12 votos Cuando contestamos el «Deo gratias» por última vez, creíamos dar por enterrada para siempre una etapa en la que las ideas sobre Dios, sobre el hombre y sobre su Iglesia habían traído más inconvenientes que ventajas.

    Comoquiera que algún grupo de creyentes no eran capaces de dar el paso a lo propuesto por el Concilio Vaticano II, (el Dios de la Encarnación, que se ha manifestado a los hombres en Jesucristo desvelándonos su rostro y dejando de ser Misterio, la Iglesia como Pueblo Santo que camina hacia El y el hombre como criatura que se vuelve a su Creador para experimentar su amor y su misericordia), después de las dolorosas decisiones que tuvo que llevar adelante el Papa Pablo VI, echando mano incluso a las penas canónicas, sin obtener resultado alguno porque también éstos tienen su sentido de obediencia limitado a quienes les dan la razón; Juan Pablo II, y ahora Benedicto XVI, han querido conceder a quienes siguen queriendo mantenerse en la costumbre del latín esta posibilidad, que desde luego no incluye la vuelta a la mentalidad, que sustentaba entonces aquel modo de celebrarla, pero que, corre el riesgo de una involución muy peligrosa, porque el rito expresa una mentalidad y son las ideas las que llenan de sentido lo que hacemos y lo que decimos.

    Aquel modo de celebrar, (lo de la lengua es lo de menos), era también la expresión de una manera de pensar. Exagerándola hay que decir que éstas eran algunas de esas ideas sobre los tres agentes de la celebración: Dios, al que suponíamos un Misterio. Tanto que su Palabra la teníamos escondida y reservada y no se podía acceder a Ella. No cabían en su interpretación ni géneros literarios ni maneras de hablar. Su Hijo era el mero cáliz de una ofrenda de sacrificio y de Sangre Expiatoria que exigía el mismo sacrificio en sangre y miles de hora de reparación porque infinita era la ofensa. Y la mentalidad sobre el hombre era aún más rigurosa. Caídos en el pecado no cabía más que levantarse a golpe de campana, sin tener en cuenta ni ritmos personales, ni niveles de convicción. No había mas que obligación de hacer por Quien tanto había hecho y como consecuencia lo contrario rozaba el pecado mortal, y por cualquiera infracción se merecía el infierno una y mil veces.

    Por eso se estaba casi siempre de rodillas, vueltos y escondidos tras el sacerdote, como si el Bautismo, más que darnos la gracia de estar de pie delante de Dios y abrir los brazos para que nos abrazara, fuera una carga añadida a la criatura.

    No sigo. Porque supongo que todo aquello lo recordaréis como yo, que sobrepaso ya la cincuentena de años, y os traerá a la memoria una manera difícil de pensar y de vivir.

    Por eso y que conste que admirando la misericordia de esta Iglesia a la que me siento tan dichoso de pertenecer, capaz de reconocer y de acoger a quienes ponen en duda el valor de lo admitido por todos en la comunión de un Concilio como el Vaticano II, valorando de nuevo la tolerancia y el sentido de pastor bueno de nuestro Obispo y la generosidad de quienes dan forma a su deseo de velar por todos, veo con tristeza esta iniciativa.

    Porque si va a ser por guardar el anecdotario estético de cómo era la celebración que sustentaba una mentalidad ya superada, no tiene sentido. Es hacer rito sin vida.

    Pero si es por querer volver a aquella mentalidad que la animaba, es todavía más triste. Porque entonces habrá que exigir a quienes lo piden y a quienes se les acercan un modo de vida que daña a terceros. Y habrá entonces que negar la asistencia a quienes vivan en situaciones irregulares, llamando de nuevo «naturales» a los hijos que así se tengan, «amancebadas» a las personas con las que así convivan, «contranatura» a los que sean diferentes, todo ello por mantenerles viva su alegría por lo estético hecho de esa manera, y habrá que hacer el mismo esfuerzo por sacar de las cajoneras los amitos de lino, los roquetes de tul y encaje, los fiadores en fleco de bellota, los manípulos de brocado valenciano, las hijuelas y las palias pintadas en seda y los conopeos, los manutergios y los paños humerales, así como los corporales y los purificadores almidonados en agua de arroz, pero también las camisas cerradas hasta el ultimo botón, los pies vestidos con calcetín alto, los brazos siempre cubiertos en hombres y en mujeres con manga larga, en ellas las cabezas cubiertas con su velo y en ellos los tirantes y los cinturones en cuero negro y las chaquetas y las corbatas, y desde luego prohibiendo a todos hacer fotografía alguna y menos acudir de espectadores en calzonas o en chanclas. Y si para eso se va a utilizar también a las cofradías de negro, pues será también necesario cambiar muchos Estatutos y muchas normas de admisión de hermanos.

    No sé el alcance ni la valoración que de esta iniciativa se haya hecho en otros lugares, pero si con esta iniciativa se pretende hacer de la Liturgia de la Iglesia un rito sin vida propia, personalmente me quedo con la Carta Pastoral de nuestro Obispo animándonos en este curso a la evangelización y a una Parroquia más viva por la participación de todos y abierta para acoger con misericordia a quienes nos lleguen, y si el intento se encamina a recuperar aquella moral impuesta sin convicción a golpe de taconazo, mejor entonces que Dios nos recoja y nos cierre los ojos para no volver a verlo.



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