A la hora de la foto y las pesetas…
La editorial que publicó el último libro del Papa es la misma que saca Playboy en España… Otra desventaja de ser una pontífice «best seller», hay que meter la mano en la m…
Lo que la Iglesia debería cuidar
Porque al no hacerlo sume en la perplejidad a los católicos. E incluso a los que no lo son. Y la incoherencia se paga. Muy caro. Pues es imposible seguir a los incoherentes. No merecen ninguna credibilidad. Hace unos días Antena 3 ofreció a sus televidentes una burla al catolicismo protagonizada por Leo Bassi que, una vez más, y van ya no sé cuantas, se despechó a gusto contra la Iglesia y el Papa. El “Paticano”, la religión “patólica”, además de dar cuenta de a donde llega su “ingenio”, si es que a esos burdos ataques se les puede llamar ingenio, fueron una agresión directa a los sentimientos religiosos de muchos españoles. Aunque tal vez haya regocijado al propietario de la televisión, señor Lara, y a su equipo.
José Manuel Lara puede tener los sentimientos religiosos que quiera. O no tener ningunos. Son cosa suya. Pero los católicos deberíamos tomar nota de los sitios desde donde se nos agrede y obrar después en consecuencia. Hasta aquí estamos en una comercialización de una cadena televisiva que acertará o no en su opción anticatólica. Pero hay más. Y es lo que me parece impresentable y de lo que protesto.
El grupo Planeta, del señor Lara, edita la versión española de Play Boy. Es otra opción comercial legítima aunque también poco católica. Y uno de sus periódicos, La Razón, encarta la edición española de L’Osservatore Romano que es el periódico de la Santa Sede. Con lo que las neuronas de cualquiera comienzan a rechinar. Porque a eso se llama jugar a todos los palos. Es también vox populi que esa inserción es obra de un cardenal español, que dicen amiguísimo de Lara y del ministro Fernández, asegurándose que entre los tres impidieron algo que estaba ya prácticamente cerrado. La aparición de L’Osservatore en las páginas de La Gaceta. Yo no estuve en esos tratos por lo que me limito a decir lo que se dice. Si no fuera así convendría que el cardenal al que implican lo desmintiera. Porque, de ser cierto, lo que se entiende por quedar bien, no queda. La colaboración semanal del purpurado español en el periódico citado parece confirmar por lo menos su proximidad al mismo.
No soy nadie para indicarle al cardenal sus amistades. Son cosa suya siempre que se limiten al terreno particular. Pero con el cardenal esas amistades trascienden siempre. Y le comprometen. Y, además, comprometen a la Iglesia.
Supongo que el grupo Intereconomía debe estar encantado de la intervención cardenalicia, siempre que haya existido, en su contra. Porque menuda ruina ha supuesto el apoyo de Su Eminencia. No debe haber nadie que compre La Razón por leer la edición española de L’Osservatore y, además, les debe costar un pastón. Incluida la desaparición de los anuncios eróticos del periódico pues era imposible sostener la doble moral en páginas consecutivas. Papa en unas y sexo puro y duro en otras.
Y hay más. Mucho más. Planeta ha editado el último libro del Papa sobre la infancia de Jesús. Ese es un pelotazo de muchísimo dinero. Es evidente que el Santo Padre no tenía el menor interés en la editorial. Y tal vez ni supiera que existía Planeta. Alguien la recomendó. ¿Estamos ante el que se dice fue el recomendante anterior? Siempre en favor de Planeta. Y en esta ocasión de un negocio redondo.
Y en favor de la editorial que publica el Play Boy en español y que ofrece su cadena televisiva a Leo Bassi para que desde ella se ataque al Papa y a la Iglesia. Y es seguro que a espaldas del Papa que ha sido utilizado como provechosísima mercancía.
Muy mal si estamos ante un despropósito general en el que nadie se entera de nada. ¿Desconoce Lara que es el editor del Play Boy y que su televisión se utiliza para atacar al Papa y a la religión católica? ¿Quién recomendó Planeta para la edición del libro del Papa? ¿El recomendante ha tenido participación en tan pingüe negocio? ¿No sería más normal que la ganancia se diera a una editorial de la Iglesia o por lo menos católica? ¿No estamos ante demasiadas incoherencias de muy difícil comprensión?
Soy plenamente consciente de que muchas veces está en la calle lo que no existe. Pero en esos casos hay que deshacer el entuerto. Porque pudiera ser que de una simple amistad se deduzcan cosas que no existen. Pudiera ser que el cardenal, pese a su amistad con Mendoza, no tuviera nada que ver con el desafortunadísimo relevo en la diócesis de Cartagena. Pudiera ser que el cardenal, pese a su amistad con Kiko Argüello, no tuviera nada que ver con aquella aprobación de la liturgia neocatecumenal que se anunció segura y que luego no existió. Pudiera ser que el cardenal, pese a su amistad con Lara y con Jorge Fernández no tuviera nada que ver con que L’Osservatore se publique en La Razón y el libro del Papa en Planeta. Pudiera ser. Pero el cardenal no puede estar permanentemente en la duda. Eso tiene que aclararlo, por su bien. Y de modo contundente y convincente. Si no ha tenido nada que ver en nada de eso, si todo han sido casualidades en las que se mezcló su nombre sin motivo alguno no se merece la sospecha. Por él como persona y, sobre todo, como cardenal de la Iglesia. Aclarado todo y limpio como una patena seré el primero en recoger con muchísimo gusto la exoneración de todos los que se revelen como juicios temerarios.
Y también se lo merecen los fieles de Madrid que si tuvieran que recibirle, como algunos también dicen, de arzobispo madrileño, deberían poder hacerlo con la alegría de encontrar al que viene en nombre del Señor y no a un pequeño Rasputín de vía estrecha a quien el amigo de turno embarcará en no se sabe qué nueva aventura.
Comentario Druídico: Casi del todo de acuerdo con Paco Pepe. Agrego yo, a la hora de las fotos y las pesetas, todos renquean del mismo lado… El Cardenal, que Paco Pepe no menciona pero señala en la fotografía, el el «pequeño Ratzinger», el bueno de Cañizares, un poco sonzo, tal vez. En la foto participa de un debate. Cuando Rodriguez Zapatero fue abucheado, el Cardenal salio a acallar la reacción del público. Nada mejor que un buen amigo de sus enemigos.

