De Babel a Sodoma
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El tren de la civilización posmoderna va a toda máquina sin escalas de Babel a Sodoma. De esta triste realidad daremos cuenta en la edición presente de Panorama Católico Digital. Claro que no todas serán malas noticias, porque los buenos resisten y Dios da gracias especiales a quienes deben practicar este, el más arduo modo de la virtud de la fortaleza, que es mantenerse firmes ante el asedio de enemigos desmesuradamente más poderosos… según el mundo. Porque los que estamos del lado de Dios tenemos a nuestras espaldas al Todopoderoso. |
Escribe Marcelo González
Editor y Responsable
No queremos cultivar un estilo sensacionalista ni revolver el merdazal moral de los tiempos que corren para ganar audiencia. Los hechos, sin embargo, son obstinados y están allí. Tampoco es cuestión de poner la cabeza dentro del hoyo y convencerse de que «no es para tanto».
Es para tanto. La ofensiva del lobby (o colectivo, como dicen con gracia los españoles) de los pervertidos sexuales abarca todo el mundo occidental y en algunos lugares ha cobrado entidad de dictadura.
Son astutos, como que su padre es el padre de la mentira. Por eso, cuando no tenían predicamento social eran tímidas palomitas gimiendo por un poco de piedad. Luego pasaron a la etapa del descaro y el escándalo. La parte mundana de la sociedad, es decir, la mayor parte, los recibió como un fenomeno divertido, como quien va al circo a ver a la mujer barbuda. Luego reclamaron respeto. Ya era mal visto decirles nombres que aludieran castizamente a sus prácticas nefandas, como invertidos, maricas o el españolísimo «putos». Ahora son los dueños del terreno: si uno le pega una trompada a un «gay» pagará diez veces más que si la propina a un simple vendedor ambulante de panchos. Porque ahora son sagrados y cualquier agravio es sacrilegio.
Claro que no propiciamos ni trompeaduras ni agravios. Sí defendernos de su cada vez más tiránico poder. Veamos, si no, lo que pasó en España. Un millón o más personas se manifestaron a favor del matrimonio, es decir, en contra de la desnaturalización de la familia que supone la ley farsesca de «matrimonio de homosexuales». Bien. Si hubiesen sido un millón de «gays» la manifestación habría tirado abajo al gobierno, los organizadores hubiesen sido invitados a formar parte de los gabinetes ministeriales y propuestos como mínimo al premio Nobel, habría que ver en qué rubro.
Pero como eran personas que ahdieren a la moral natural, esa que Ud. y yo sabemos desde siempre y desde siempre practicamos, y encima muchos profesaron su condición de católicos, pues, bien, el Senado votó contra la Ley, pero los Diputados (nunca tan diputados como en este caso) volverán a presentarla, ZP dice que lo «hará feliz» promulgarla (humm, sospechemos) y pelitos a la mar. Lo que la sociedad quiere, nos importa tres velines, porque aquí el poder los tienen los «gays». ¿Está claro?
Los medios han puesto la menor cantidad de fotografías, los expertos han explicado el fenómeno homofóbico, los sociólogos el sindrome de Helsinki y los calculistas científicos han determinado que a pesar de que parecían muchos era poquísimos. Científicamente comprobado.
Si eran muchos o poquísimos no importa a la verdad de la causa, pero sí al sistema que rige las «democracias occidentales» donde la mayoría decide, según dicen los manuales de cultura cívica. El caso es que aquí no deciden las mayorías salvo que las mayorías voten a favor de lo que quieren las minorías en el poder. ¡Vamos!, que no estamos descubriendo América, pero es necesario recordarlo y hacerlo parte de nuestro bagaje de armas intelectuales. Que si no, entre que nos apichonamos por la desfachatez de los muy cafres y los periódicos que nos invierten las cosas (con perdón) terminaremos siendo reducidos a la servidumbre por estos sujetos. Algo que no le deseo a nadie.
Por eso y porque ellos usan como fuerza de choque intelectual la confusión de las palabras, los conceptos, las falsas ideas y todo eso que algún viejo maestro ha llamado la «guerra semántica» es que vamos de Babel a Sodoma. Por eso dedicamos tanto espacio a ambos temas. A la Babel cultural que nos ha hecho perder el más elemental sentido común y a la Sodoma donde el colectivo (ahora dicho en sentido argentino) de los «gays» y todas sus subespecies nos conducen.
En el fondo, como dice el autor francés que comentamos, estos tipos quieren hacer del mundo un gran burdel, pero encima un burdel rosa. ¿Lo vamos a permitir?
Además dedicamos algunos esfuerzos -sin duda fallidos- a desentrañar los dichos del arzobispo porteño -tan elogiados como incomprensibles- en su reciente apertura de la Jornada de Pastoral Social. Nuevamente la «guerra semántica» de la que no sabemos quién es víctima y quien victimario, a esta altura de la epidemia. Pero sí sabemos que casi todos contagian.
Y contra la mentira, el testimonio del Dr. Joseph Meaney, de Human Life International. Para que el Dr. GGG (o tripe G, como acertadamente lo han denominado en el reciente Congreso por la Vida y la Familia) quede con su trasero expuesto. De hecho otro doctor, esta vez un abogado, Aurelio García Elorrio, lo ha querellado por falsear las cifras de abortos.
La Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires ha fallado autorizando el aborto de un niño de 5 meses de gestación porque corre riesgo la salud de la madre. ¡5 meses!, es decir que en unos días más será viable hacer una cesárea y mantenerlo con vida hasta su plena maduración. Pero los cortesanos dicen que hay que matarlo. No es que hubiese sido distinto de haber sido 5 semanas, pero ¡qué grotesco fallo! El presidente de la Corte y dos ministros han tenido la honradez de votar en contra argumentando que no encuentran sustento en la ley argentina para matar a un ser humano. Recemos por ellos. Y por los otros…
Estamos esperando la convocatoria de los obispos argentinos a manifestarse en contra de esta aberración. Seguiremos esperando sin duda. Al menos una reunión de emergencia de la Asamblea Episcopal y una declaración categórica. El ofrecimiento de uno de los tantos hospitales católicos para la atención de madre e hijo, sin cargo alguno. Cartas pastorales que los párrocos deban leer a sus feligresías… ¿Es que están vivos los obispos en la Argentina o son zombies? Solo unos pocos están vivos, nos tememos.
Y para no cerrar el número sin tratar de las cosas que sostienen la fe, iniciamos una serie de publicaciones con un estudio crítico sobre el filme de Mel Gibson, La Pasión. Vale la pena. Y nos ponemos tercos con el tema de la Misa Tradicional. Hay otra el 16 de julio a las 19 hs. en la Castrense de Buenos Aires, además de las de siempre, las «pohibidas». Allí, en la nota, Michael Davies trae textos del Cardenal Ratzinger sobre este tema. Ahora el Cardenal es Papa. Tiene la suma del poder en la Iglesia. Dios lo haga coherente.


