El Cardenal Ratzinger y la Misa Tradicional
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Michael Davies nos ha dejado un testimonio invalorable del pensamiento del actual Papa, Benedicto XVI, sobre la Misa Tradicional, en tiempos en que era Cardenal Prefecto de la Doctrina de la Fe. Los textos aquí citados pertenecen a la obra Apologia pro Josef Ratzinger que el ilustre escritor y polemista inglés legara entre sus múltiples y valiosísimas obras. Vale la pena leerlos y releerlos en todos sus detalles, y tomar consciencia de que este pensamiento es coherente con lo que ha sido el sentir secular de la Iglesia en el dominio de la liturgia. |
En lo concerniente al Papa, estamos obligados a aceptar y creer sus enseñanzas cuando son expuestas ex cathedra, o infaliblemente. Sin embargo, tales pronunciamientos son raros. Según explica en Card. Newman, «Ni en la conversación, ni en la discusión, ni en la interpretación de las Sagradas Escrituras o de los Santos Padres, ni en las consultas, ni en la formulación de razones para sostener el punto que ha definido, ni en las respuestas a cartas, ni en las deliberaciones privadas, en el supuesto de que esté planteando su opinión, en ninguno de estos casos es el Papa infalible».
Así pues, cuando el Papa informa que la reforma litúrgica posconciliar ha sido un gran éxito, con frutos manifiestamente buenos, está postulando su opinión y nosotros tenemos pleno derecho a decir que la verdad es lo contrario. Estaríamos volando por sobre la realidad si no adoptáramos esta posición.
El Card. Ratzinger analiza el pensamiento de un selecto grupo de teólogos y liturgistas modernos y concluye en que «Un numeroso grupo de liturgistas católicos parece haber arribado a la conclusión práctica de que más bien Lutero antes que el Concilio de Trento estaba esencialmente en lo correcto en el debate del siglo XVI», y agrega: «uno puede observar la misma posición en las discusiones postconciliares sobre el sacerocio». Se refiere a teólogos que comparten la opinión de Lutero de que «el más espantoso horror y la más condenable impiedad es hablar de la Misa como sacrificio».
El Cardenal continúa. «Es solo en este contexto de negación efectiva de la autoridad de Trento, que se puede entender la amarga lucha contra la celebración de la Misa según el Misal de 1962, lucha que se ha venido dando después de la reforma litúrgica. La posibilidad de su celebración constituye la más fuerte, y (para ellos) la más intolerable contradicción de la opinión de quienes creen que la fe en la Eucaristía formulada en Trento ha perdido vigencia».
«Me parece indispensable continuar ofreciendo la oportunidad de celebrar la misa de acuerdo al antiguo Misal, como signo de identidad permanente de la Iglesia. Para mí ésta es una razón fundamental: lo que estaba en pie hasta 1969, la liturgia de la Iglesia, -para todos nosotros la cosa más sagrada que existía- no puede convertirse, después de 1969 en la cosa más inaceptable, -sosteniendo, además, esta negativa con un increíble empeño-. Si queremos ser creíbles, incluso manteniendo como slogan la condición de modernos, debemos reconocer absolutamente que lo que era fundamental antes de 1969 permanece siendo fundamental después».
«El ambito de lo sacro es el mismo. La liturgia es la misma…… este Misal de la Iglesia debería ser el punto de referencia, y el refugio de aquellos fieles que, en sus propias parroquias ya no encuentran una liturgia celebrada genuinamente, conforme a los textos autorizados por la Iglesia. No hay duda, por otra parte, que un rito venerable como el Romano, en uso hasta 1969, pertenece a la Iglesia, es uno de los tesoros de la Iglesia y debería ser preservados en la Iglesia».
(Publicado en Christian Order, Junio/Julio de 2004: tomado de «Apología pro Josef Ratzinger», de Michael Davies)


