Declaración “Dominus Iesus“
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El perenne anuncio misionero de la Iglesia es puesto hoy en peligro por teorías de tipo relativistas, que tratan de justificar el pluralismo religioso, no sólo de facto sino también de iure (o de principio). En consecuencia, se retienen superadas, por ejemplo, verdades tales como el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo, la naturaleza de la fe cristiana con respecto a la creencia en las otra religiones, el carácter inspirado de los libros de la Sagrada Escritura, la unidad personal entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret, la unidad entre la economía del Verbo encarnado y del Espíritu Santo, la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Jesucristo, la mediación salvífica universal de la Iglesia, la inseparabilidad -aun en la distinción- entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia, la subsistencia en la Iglesia católica de la única Iglesia de Cristo. |
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Roma, 6 de agosto del 2000,
Fiesta de la Transfiguración del Señor
SINTESIS de DOMINUS IESUS
Algunos teólogos afirman que las religiones son caminos igualmente válidos de salvación. Estas teorías se fundan sobre algunos presupuestos de naturaleza filosófica y teológica bastante difundidos que propagan la relatividad con relación a la verdad: que aquello que es verdad para algunos no lo es para otros; la contraposición radical que habría entre la mentalidad lógica occidental y la mentalidad simbólica oriental; el subjetivismo de quienes consideran a la razón como única fuente de conocimiento; el eclecticismo (asumir diferentes contextos filosóficos y religiosos, sin preocuparse de su coherencia, conexión sistemática y compatibilidad con la verdad cristiana) y otros errores que llevan a la tendencia a leer e interpretar la Sagrada Escritura fuera de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. La Comisión Teológica Internacional ya había publicado en 1997 un documento, ‘El Cristianismo y las religiones’, que mostraba la falta de fundamento de una teología pluralista de las religiones, afirmando en cambio la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Cristo y de la Iglesia, fuente de toda salvación, dentro y fuera del cristianismo.
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