Panorama Católico

Si tenés fe, tenés que saltar…

Una propuesta para reformar la curia romana y varias cosas más…

‘La alegría de la fe, la alegría del Evangelio es el criterio para ver la fe de una persona. Sin alegría esa persona no es un verdadero creyente.

Es evidente que el Papa Francisco ha traído una verdadera revolución a la Iglesia. La revolución de la fe y de la alegría. Por eso, además de los cambios que el Pontífice produce cada día en las almas de los fieles, y de los infieles, -como atestiguan la revista Time, el New York Times, el diario La Repubblica, Clarín, La Nación y hasta el independiente Valores Religiosos- hay que hacer otros en las estructuras envejecidas de la Curia Romana.

Empecemos por las cosas de fondo: el nombre de los dicasterios. Ya se ha creado uno, el de la Economía. No parece necesario cambiarle inmediatamente la designación oficial, que por otra parte, va acorde con los valores espirituales que se promueven desde este feliz pontificado. Y que además ha demostrado el espíritu juguetón y de alegría que predicó Francisco en Río de Janeiro con su sentencia magisterial -digna de los anales de los doctores de la Iglesia-: “Hagan lío”. Me refiero a las aventuras de la retozona Francesca Inmmacolata Chaouquí y algunos presbíteros de cuyos nombres preferimos no acordarnos.

Ahora la cosa debe poner la atención en los dicasterios demasiado envejecidos por el paso del tiempo. Hace más 50 años que se mantienen los mismos nombres. Para no abundar, citaremos el caso de uno:

Doctrina de la Fe, que conforme a las ciertas y reincidentes declaraciones pontificias debería remozarse con un nombre que no evoque los típicos vicios neopelagianos de los fariseos, empeñados en mantener la pureza de la Revelación, el depósito de la Fe, (para depósitos tenemos al IOR) como si esto tuviera alguna importancia. La Fe es alegre, la Fe es esperanzadora. ¡Basta ya de discutir qué cosa es de la Fe y que cosa no es de la Fe! No terminemos como los doctores de la ley haciendo tratados de casuística, como han hecho tantas órdenes religiosas en otros tiempos. Casi todas menos una, ¡eh!

Propongo que a partir de un tiempo prudencial que no exceda los 15 días el dicasterio hoy llamado Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe pase a denominarse. Sagrada Congregación del Amor y la alegría. Ya pasamos esa etapa oscurantista del Santo Oficio, -¡qué horror!- Y el beato Paulo VI, de coherente memoria, dio el primer paso. Ahora viene el definitivo, al menos definitivo por este año.

En los párrafos de la disposición pontificia (otra cosa que debe sufrir una serie de cambios, basta ya de nombres en latín y cosas por el estilo) sugiero se incluya el texto fundante de este nuevo documento, la homilía pontificia contra la “fría doctrina”, pronunciada desde la cátedra de Santa Marta ante visitantes, mozos, turistas japoneses y miembros de la Guardia Suiza. Propongo se la denomine: “Tenés que saltar”, que resume, como se verá, la alegría y el calor.

Se incluirán, por tanto, en la consabida bula párrafos tales como:

‘Y esto es aquello que no entendían estos doctores de la ley. No entendían la alegría de la promesa; no entendían la alegría de la esperanza; no entendían la alegría de la alianza. ¡No entendían! No sabían alegrarse, por que habían perdido el sentido de la alegría, que sólo viene de la fe. Nuestro padre Abrahán fue capaz de alegrarse por que tenía fe: fue justo en la fe. Estos habían perdido la fe. Eran doctores de la ley, ¡pero sin fe! Es más, ¡habían perdido la ley! Porque el centro de la ley es el amor, el amor por Dios y por el prójimo’.

(No es por agrandar las bulas más de lo necesario, pero había fariseos que no se dedicaban a la casuística, sino que ante la presencia del profeta nazareno consideraron seriamente la posibildad de que fuera el Cristo, y por lo que sabermos algunos, después de analizar las escrituras y ver las profecías cumplidas, creyeron. Como Nicodemos, Gamaliel, y un tal Saulo de Tarso. Los demás son los que dieron origen a la religión judía talmúdica que Francisco tanto venera. Debería explicar un poquitín este tema, como para aclarar dudas).

Sólo tenían un sistema de doctrinas exactas y que precisaban cada día más que ninguno las tocase. Hombres sin fe, sin ley, unidos a doctrinas que también les provocaban una postura casuística: se puede pagar los impuestos al César, ¿no se puede?. Esta mujer, que se casó siete veces, cuando vaya al cielo ¿de quién de los siete será esposa?, esta casuística… Este era su mundo, un mundo abstracto, un mundo sin amor, un mundo sin fe, un mundo sin esperanza, un mundo sin confianza, un mundo sin Dios. ¡Es por esto que no podían alegrarse!’

(Nuevamente, sin ánimo de hinchar más las bulas, a una de estas preguntas aquí mencionadas respondió Nuestro Señor. No solo a una, a varias que no se mencionan en este discurso. (¿Quién es mi prójimo?, por citar una) Casi a todas las que los fariseos le hicieron. De donde habría que explicar si Cristo no pecó de casuista también. Un «calaverada» como la de separarse de sus padres, que contemplamos en el cuarto misterio gozoso del Rosario).

Tal vez, los doctores de la ley -observa el Papa- también podían divertirse, ‘pero sin alegría’, es más ‘con miedo’. ‘Esta es la vida sin fe en Dios, sin confianza en Dios, sin esperanza en Dios’. Y ‘sus corazones estaban petrificados’. ‘Es triste ser creyente sin alegría y la alegría no está cuando no está la fe, cuando no está la esperanza, cuando no está la ley, sino solamente las prescripciones, la fría doctrina’.

(Idem a las consideraciones anteriores, nos preguntamos qué hacer con la frase: “Sin la fe es imposible agradar a Dios” que forma parte del cuerpo doctrinal, con perdón, del Nuevo Testamento. Y que según parece, antiguos pelagianos enquistados en la Iglesia establecieron que si bien la virtud teologal de la caridad es la que resume y plenifica el mensaje evangelico, no es posible alcanzarla sino precedida por dos virtudes teologales previas, tales como la fe y la esperanza. Se puede tener fe y no caridad. Pero no se puede tener caridad sin fe. Un parrafito más para la bula).

‘La alegría de la fe, la alegría del Evangelio es el criterio para ver la fe de una persona. Sin alegría esa persona no es un verdadero creyente. Volvemos a casa, pero antes hacemos la celebración aquí con estas palabras de Jesús: ’Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría’. Y pedir al Señor la gracia de ser regocijados en la esperanza, la gracia de poder ver el día de Jesús cuando nos encontremos con Él y la gracia de la alegría’.

(Me pregunto si los amigos judíos de Francisco saltan de gozo al ver el día de Cristo cumplido hace ya más de 2000 años. ¿O atrasan un poco? ¿Cómo hará Francisco para explicarles estos textos cuando se reunen a comer cosher en Santa Marta? ¿Les cantará “el que no salta es un negador”?)

Estos párrafos magistrales (aunque poco magisteriales) no pueden faltar en la bula que disponga el cambio. Junto con la creación de una junta teológica interreligiosa e internacional con cupo femenino y gay para determinar:

1) Si la frase Sin la Fe es imposible agradar a Dios” es canónica o una interpolación neopelagiana .

2) Si Saulo de Tarso existió o se trata de un mito tejido sobre un accidente ecuestre.

3) Si debemos suspender todas sus enseñanzas ante la posibilidad de que su supuesta doctrina haya sido un fraude creado por una rama secreta de los fariseos, que se llamaban a sí mismos: Sagrada Congregación para la Doctrina del Sanedrín.

Finalizamos con algo refrescante, ante tanta falta de alegría: con una canción que proponemos como himno oficial para el próximo sínodo sobre: la Alegría de la Fe, en el que -ya se ha determinado de antemano- la segunda importa un cuerno porque lo que vale es la primera. Mons. Tucho Fernández ya está escribiendo la conclusiones a las que llegarán los padres sinodales en un par de años.

Con una sana crítica a los amargos neopelagianos y para que todos salten de alegría por lo que se viene: “Tenés que saltar”.

 

Puedo ser yo, puede ser otro
una vez más, sólo una vez más
tenés que saltar
vos elegís, una, dos, tres salidas
yo no se cual, sólo que no se cual
tenés que saltar
una canción que te saque de la duda
no la hay, sólo que no la hay
tenés que saltar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *