Panorama Católico

Sínodo y teología de rodillas

Nada peor que ser incomprendido. Gracias a Dios (con perdón) las masas sí comprenden, pero la rémora de siempre atrasa el reloj de la Iglesia unos 200 años, según palabras del sabio y difunto Card. Martini. Miren si no el alboroto que han armado algunos por las palabras luminosas de Francisco sobre la naturaleza de Dios, en reciente homilía

«La Iglesia ha retrocedido 200 años. ¿Por qué no espabila? ¿Tenemos miedo? ¿Temor en vez de coraje?«

Cardenal Carlo Martini

Nada peor que ser incomprendido. Gracias a Dios (con perdón) las masas sí comprenden, pero la rémora de siempre atrasa el reloj de la Iglesia unos 200 años, según palabras del sabio y difunto Card. Martini. Miren si no el alboroto que han armado algunos por las palabras luminosas de Francisco sobre la naturaleza de Dios, en reciente homilía:

Hace pocos días, en una de sus ya célebres sermones en Santa Marta, hablando de la oración, Francisco dijo estas palabras: “La oración se hace con el amigo, que es el compañero de camino de la vida, se hace con el Padre y se hace en el Espíritu Santo. El amigo es Jesús”. “Es Él quien nos acompaña y nos enseña a rezar. Y nuestra oración debe ser así, trinitaria.

Y luego agregó este pequeño diálogo ilustrativo:

Tantas veces (se dice):
-‘¿Pero usted cree?’:
– ‘¡Sí! ¡Sí!’;
-¿En qué cree?’;
-‘¡En Dios!’;
-‘¿Pero qué es Dios para usted?’;
-‘¡Dios, Dios!’.

Pero Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe! Existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: son personas, no son una idea en el aire… ¡Este Dios spray non existe! ¡Existen las personas! Jesús es el compañero de camino que nos da lo que le pedimos; el Padre que nos cuida y nos ama; y el Espíritu Santo que es el don, es ese plus que da el Padre, lo que nuestra conciencia no osa esperar”.

Saludamos la referencia trinitaria (un poco chusca), aunque pone en entredicho las afirmaciones más o menos recientes del propio Francisco ante representantes musulmanes y judíos: tenemos el mismo Dios (¿Spray?).

Esta redefinición trinitaria que Francisco no hace cuando habla del “mismo Dios” –ni han hecho otros papas predecesores- mueve un poquito a confusión. ¡Pero, qué importa un poco de confusión de los fieles católicos en esta materia, primer artículo de Fe del credo católico (Creo en Dios…) si nos acercamos afectuosamente a los representantes de las religiones “del Libro”.
 
Aunque, ¿cómo hacemos para acercarnos a los musulmanes y judíos y después decir que Dios no existe, que existe la Trinidad. Bueno, Francisco sabe, porque es el papa y el papa es infalible, o sea que lo sabe todo.

Dicho sea aparte: ¡claro que todos tenemos el mismo Dios!, inclusive los ateos y agnósticos. Aunque no todos creamos, adoremos y sirvamos al mismo Dios. Tampoco es cuestión de hacerse los rulos por una cosa tan menuda. Se confundiran un poco, puede ser, pero sabrán que hay un Dios verdadero (no el Spray), y ese Dios es un amigo como pocos. ¿Hay algo más importante?

Contra divinitatem sprayentem

“¡Este Dios spray no existe!”, clama Francisco con urgente exhortación. Como un padre de la Iglesia de los tiempos apostólicos, inicia su cruzada contra el “Dios Spray”. Ayer, caminando frente a unas vidrieras vi enormes maquetas de desodorantes. Me vino a la cabeza esta duda: ¿habrá una secta que adora los aerosoles?

La verdad, no sé muy bien a qué se refiere el Santo Padre. Es más, nunca el papa Francisco, fiel a su magisterio positivo, cuestionaría la existencia de algún objeto de adoración religiosa. No se opondría jamás a forma alguna de “religiosidad”, que desde el Concilio Vaticano II se ha convertido en sinónimo de “salvación”. Y si es “religiosidad popular”, no solo de salvación, de salvación garantida…

No. El “Dios Spray” tiene que ser una forma de idolatría como las que practican los devotos de los ramilletes espirituales y de la cuenta de avermarías en el rezo del Rosario. El “Dios Spray” es un Dios intangible, un ser espiritual. Aunque el spray sea un efecto producido sobre una sustancia material líquida, digamos agua, que pasada por un sencillo adminículo que propulsa aire, hace que dicho líquido se disperse en forma de microgotas, tan materiales como el agua misma. Sin embargo es una adecuada analogía, piensa el Santo Padre, para referirse a la idea anatematizada de un Dios intangible y difuso.

Cuestión de proximidad

Lamentablemente, la Iglesia, a lo largo de los siglos, se ha ocupado de analizar la Revelación e ir definiendo qué es y qué no es Dios. Un Dios lejano y difuso, intangible, como se ha dicho.

Porque, todo el mundo sabe, no puede haber un Dios que no tenga proximidad. Y es obvio que no hay otra forma de “proximidad” que el toqueteo, el abrazo, el beso, etc. Nadie puede estar próximo a otro si no lo toca, como ha enseñado el Santo Padre en su universalmente apreciado “magisterio tangente” cuya forma más excelsa es su desfile en medio de los fieles en las audiencias generales. (¿Por otro lado, qué forma de comunicación sería más apropiada para un papa que viene del país del tango?).

Para Francisco, que interpreta fielmente al mundo de hoy, nada existe cuya existencia no pueda ser apretada con la mano. Porque apretar es la forma del amor, y el amor es la única verdad. (Disculpen que adelante uno de los aportes de Mons. Tucho al documento final del Sínodo).

Al menos es lo que yo llegué a concluir después de largas consideraciones: el apriete constituye el fundamento del decir y del obrar de Francisco, desde que era el Card. Bergoglio y posiblemente antes. Nada de un Dios espiritual que no vemos ni tocamos. Dios tiene que ser alguien que podamos llamar “Che”, agarrar, abrazar… todo eso.

Habrá que hacer algunas reformas a la Sagrada Escritura y abrogar ciertos dogmas, claro, pero el tiempo sobra, y se pueden convocar más sínodos. “El tiempo es superior al espacio”, como dijo Mons. Tucho, amanuense papal.

Burke, un progresista incomprendido

Ha dicho en su momento el Card. Burke que la “Evangelii gaudium” no es Magisterio. (Y lo está pagando con su cuero, porque pronto no lo dejarán entrar ni al comendor de Santa Marta).

Sin embargo, todo ha sido una gran confusión. Lo que el buen cardenal quiso denotar en su impactante declaración fue más amplio: Francisco no produce, estrictamente hablando, magisterio.  Lo suyo es más, algo universal, una sabiduría superior, inclusive, a los libros de autoayuda. Algo que llega a todos, no sólo a los católicos. A eso se referiría, imagino, cuando dijo esas palabras distorsionadas por la prensa lefebvrista.

Como se sabe, los teólogos tradicionales han hecho grandes esfuerzos para sostener que la Revelación puede encerrarse en unas definiciones esclerosadas. No podemos seguir perdiendo el tiempo con la lectura de textos medievales sobre Dios como esos de la Suma Teológica. Miren, si no, la pérdida de tiempo, la creación permanente de aduanas que implica este tipo de definiciones:

 La proposición Dios existe, considerada en sí misma, es evidente por sí misma, ya que en ella sujeto y predicado son lo mismo, pues Dios es su mismo ser”. (Adviertan, es lo  mismo que dicen los cultores del Dios spray: “Dios es Dios”).

O: “Dios no es cuerpo en absoluto… Dios es el más noble entre todos los seres. Es imposible que algún cuerpo sea el más noble entre todos los seres”. O, para no aburrir con tanta monserga:Como quiera que el ser divino no es un ser contenido en algo, sino que subsiste en sí mismo, como también quedó demostrado (q.3 a.4), resulta evidente que el mismo Dios es infinito y perfecto”, etc. ¿Se dan cuenta que si Dios no tiene cuerpo, no se lo puede abrazar, tocar ni besar, como hace el Santo Padre con todo el mundo, o casi.

Realmente nos complicaron la vida Santo Tomás de Aquino y otros teólogos. Se la han pasado haciendo distinciones sobre Dios, qué es, qué no es, siempre basándose en la  una visión reumática de la Revelación. Por eso la Iglesia nunca llegó a nada.

El relato del Sínodo

Como todo católico sabe, el papa no se puede equivocar en nada. Pero así y todo, cuando convocó el Sínodo y mandó al Card. Kasper presentar los lineamientos generales, esa pieza magnífica de teología de rodillas, no esperaba que algunos retardados fuesen a oponerse a la lectura pastoral del mundo actual que se impone a cualquier cuerpo episcopal digno de estar en comunión, como el paraguayo, entre otros.

Así que, a la hora del “relato”, Francisco decidió sacar de sus puestos a los retardatarios, entre ellos el incomprendido Card. Burke y dejar solo con su alma al Card. Erdó, sustituyendo a sus seis relatores auxiliares por otras cabezas mitradas insignes que con ojos de águila ven lo que el mundo quiere, pide y hasta exige.

A Burke, que posa de canonista experto, docto en teología, etc., lo sustituyo por el Magnífico Rector de la UCA de Buenos Aires, Mons. Tucho Fernández, sobre cuya ciencia teológica nadie, con la debida formación, puede tener la menor duda.

De este modo Francisco se asegura que el relato del Sínodo sea acorde con sus sabios propósitos. Y de paso, que la teología siga de rodillas.

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