Panorama Católico

«Primavera de la Iglesia», dice el Rector Mayor

En una reciente entrevista, el Rector Mayor de la Congregación Salesiana, p. Fernández Artime, entre otras cosas declaraba:

Yo creo que es muy cierto que estamos viviendo lo que sea llama una primavera en la Iglesia, a mí me gusta decir también que es posible esta primavera gracias a la increíble figura de Papa Francisco y gracias también a que ha habido una figura que ha sido muy libre y de un hombre de una gran fe como ha sido el Papa Benedicto XVI para hacer lo que él hizo y decir “hasta aquí llego”.

En una reciente entrevista, el Rector Mayor de la Congregación Salesiana, p. Fernández Artime, entre otras cosas declaraba:

Yo creo que es muy cierto que estamos viviendo lo que sea llama una primavera en la Iglesia, a mí me gusta decir también que es posible esta primavera gracias a la increíble figura de Papa Francisco y gracias también a que ha habido una figura que ha sido muy libre y de un hombre de una gran fe como ha sido el Papa Benedicto XVI para hacer lo que él hizo y decir “hasta aquí llego”. 

Parece obligado señalar que en este párrafo se hacen apreciaciones más que discutibles por un lado, y se agravia al papa Benedicto bajo la forma de una alabanza.

Sobre lo primero, el P. Fernández Artime realiza una apreciación de la que habría necesidad de pedirle precisiones terminológicas y elementos de prueba. Por “vivir una primavera” coloquialmente se entiende un proceso de reverdecimiento, de impulso, prosperidad, una mejoría evidente de algo.

Esto significa que, conforme lo expresado por el rector salesiano, sería hoy notable un aumento de la piedad, la frecuencia sacramental, un impulso de la virtud y las conversiones, una mejoría evidente del conocimiento de la doctrina católica. El surgimiento de personas y/o movimientos que levanten las banderas católicas en la vida pública y se batan con los enemigos de la ley divina. La Iglesia haciendo el aporte esencial para la regeneración moral de una sociedad notablemente degradada.

Mas cuando vemos los temas de discusión en los grandes encuentros de la jerarquía nos lamentamos de comprobar que se habla de la pérdida de la Fe, ya que se necesita una “nueva evangelización”, o, en otros casos, se discute hasta qué punto se puede a conceder a personas en pecado grave el acceso a los sacramentos de vivos, es decir, los que solo pueden recibirse en gracia de Dios, “por razones pastorales”, dada la inmensa cantidad de católicos que se hallan en situación moral irregular o de pecado público.

No parecen discusiones de “primavera de la Iglesia”.

No es propio de un momento de “primavera”, de progreso moral y de crecimiento de la Fe estar debatiendo esos temas, característicos de una etapa de decadencia. El solo hecho de considerarlos implica que muchos están en falta, y además exigen que se les legalice esa irregularidad moral en algún sentido. Entiéndase que no discuto aquí si está bien o mal tal debate, sino que el hecho de darse con tanta fuerza prueba lo contrario de lo que el rector mayor afirma. Transitamos no una primavera, sino un crudo invierno en la vida de los católicos.

La expresión “primavera de la Iglesia” tiene, además, una triste historia en el siglo XX, porque fue usada hasta el hartazgo durante el Concilio y posconcilio, mientras el clero era devastado por deserciones y locuras generalizadas y hasta masivas. Miles y miles de sacerdotes y religiosos abandonaron la vocación durante la “primavera” conciliar. En medio de una efervescencia parecida a la que suscita la figura de Francisco, aunque mucho más generalizada y menos puesta en una persona cuanto en la “nueva era” que se venía de la mano del Vaticano II.

La otra infeliz expresión de rector mayor, bajo forma de elogio, es “una figura que ha sido muy libre y de un hombre de una gran fe como ha sido el Papa Benedicto XVI para hacer lo que él hizo y decir “hasta aquí llego”. Este falso elogio significa: Benedicto, un obstáculo para la “primavera” que hoy vivimos, tuvo la grandeza de irse y no hacer más desaguisados.

Alguien podrá cuestionar esta interpretación, pero tiene un fundamento sólido. Si buscan qué juicio ha merecido la renuncia de Benedicto entre progresistas y liberales, se puede decir que es el único acto de su pontificado que aprueban. Y el P. Fernández Artime lo dice en ese sentido. Siendo que además no hay muchos otros posibles. No se trata de un “después de un fructífero pontificado y viendo mermadas sus fuerzas, el papa Benedicto dio paso a quienes continuasen su obra”. Es: “tuvo el buen tino de irse para no trabar ya más los planes de su sucesor, el verdadero autor de la primavera”.

Entretanto, nos preguntamos, por qué estas personas que ocupan cargos tan importantes en la Iglesia, como el de ser el octavo sucesor de San Juan Bosco a cargo de la Congregación Salesiana, donde también el Rector Mayor ve “primaveras”, en especial en “América Latina” (de nuevo, ¿para qué la Nueva Evangelización si todo va tan bien?), ¿por qué se empeñan en ver todo bajo una lupa tan optimista?

La respuesta puede ser compleja. Aunque el punto central es sin duda que estos neo-católicos quieren esto. No se engañan pensando que esto es lo mismo que ha sido siempre la Iglesia. No. Esto es otra cosa, y ellos lo saben y están felices de que así sea. La parte más compleja puede ser el saber si lo que ha sido siempre la Iglesia -en su concepción ideológica- ha sido bueno para un tiempo y ya no lo es más, o si siempre ha sido una deformación del mensaje de Cristo. Si creen que esto es una “evolución necesaria” o “inevitable” o más bien un deseado “por fin se acabó lo otro”. Aunque a muchos les cueste entenderlo, cambia el juicio sobre cada personaje de los que habitualmente englobamos bajo en nombre de “neomodernistas” y hace presumir más confusión que malicia en algunos casos.

De todas maneras se confunden. Lo “otro” no se acabó. La Iglesia no será vencida por el Infierno porque le ha sido prometida esa inmunidad por su Fundador mismo. Pero también le ha sido anunciada una pasión en la que su rostro será desfigurado de tal manera que ni sus propios hijos la llegan a reconocer.

Fuente:  Radio Vaticana

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *