La Falacia de la «opción preferencial por los pobres»
Ideas de cuño marxista-cristiano son comunes a la mayoría de los católicos, seglares y clero hoy. Por eso me he permitido recordar el texto del Catecismo Mayor mandado redactar por San Pío X y supervisado por él mismo para refrescar lo que la Iglesia manda.
Muchas veces me sorprendo del olvido en que han caído las enseñanzas elementales de la doctrina católica. Sin duda, es un momento de espantosa confusión, porque no se explica que todo este tesoro, aún en sus formulaciones más sencillas, sea desconocido por los fieles, y peor aún, por el clero más joven, y haya sido miserablemente olvidado por el más viejo.
Lo que continúa es doctrina de la Iglesia, formulada en forma de Catecismo de Perseverancia, o sea, la instrucción cristiana que se daba a los jóvenes después de la comunión y como preparativo para la Confirmación. El método didáctico de las preguntas y respuestas seguramente va a ser criticado por algunos. En otros tiempos estas nociones, practicadas o no, eran retenidas toda la vida. Lo cierto es que hoy en día el fiel promedio desconoce las nociones básicas del catecismo, y los niños no saben siquiera como se hace la señal de la cruz. Hablo de los bautizados y asistentes a la catequesis parroquial o escolar.
En otros posts se ha discutido sobre la naturaleza de la caridad evangélica. Algunos insisten en reducirla a alguna de las obras de misericordia que el Catecismo nos ha enseñado, generalmente las materiales, pero no todas siquiera. Sobre ello cabe decir que si el espíritu de estas obras no es solidario con el de las espirituales, y si se reducen solo a las políticamente correctas, (asistir a los pobres) poco tienen de católicas, o sea, de verdaderas obras de misericordia evangélica. Pueden ser fruto de buenos sentimientos naturales, no más, sin mérito sobrenatural. Esto lo dice la Iglesia, no es opinión.
Pero al repasarlas con el propósito de publicar esta nota, advierto que algunas de las obras materiales que la Iglesia prescribe son expresamente contrariadas por los cultores del apostolado que encuadran bajo el dudoso título de “opción preferencial por los pobres”, cuyo origen histórico entronca con los llamados movimientos de los sacerdotes para el Tercer Mundo, en sus diversas vertientes, algunas francamente marxistas y violentas, otras socialistas y predicadoras de un pacifismo que muchas veces no practicaron más que a conveniencia.
Hoy estas ideas de cuño marxista-cristiano son comunes a la mayoría de los católicos, seglares y clero. Por eso me he permitido poner entre paréntesis al lado del texto del Catecismo Mayor mandado redactar por San Pío X y supervisado por él mismo con gran dedicación, prácticas hoy casi comunes entre los católicos que contrarían lo que la Iglesia manda.
Para no dejar en cierto modo fuera de contexto las preguntas y respuestas sobre las obras de misericordia he incluido también el capítulo previo, sobre las bienaventuranzas y su correcta exégesis. En realidad, las bienaventuranzas evangélicas son el fundamento de las obras de misericordia.
Lo que sigue es texto del Catecismo Mayor o de perseverancia del santo papa Pío X con más los comentarios antedichos:
DE LAS BIENAVENTURANZAS EVANGÉLICAS
927. ¿Cuántas y cuáles san las Bienaventuranzas Evangélicas?
– Las Bienaventuranzas Evangélicas son ocho:
1.ª Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
2.ª Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.
3.ª Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
4.ª Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos.
5.ª Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
6.ª Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios..
7ª Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios; y
8.ª Bienaventurados los que padecen persecución a causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
928. ¿Por qué nos propuso Jesucristo las Bienaventuranzas?
-Jesucristo nos propuso las Bienaventuranzas para que detestemos las máximas del mundo y nos estimulemos a amar y practicar las máximas de su Evangelio.
929. ¿Quiénes son los que el mundo llama bienaventurados?
– El mundo llama bienaventurados a los que abundan en riquezas y honores, que viven regocijadamente y no tienen ocasión alguna de padecer.
930. ¿Quiénes son los pobres de espíritu que Jesucristo llama bienaventurados?
– Los pobres de espíritu que Jesucristo llama bienaventurados son los que tienen el corazón desasido de las riquezas, hacen buen uso de ellas si las poseen, no las buscan con solicitud si no las tienen, y sufren con resignación su pérdida si se las quitan.
931. ¿Quiénes son los mansos?
– Mansos son los que tratan al prójimo con dulzura y sufren con paciencia sus defectos y agravios sin quejas, resentimientos ni venganzas.
932. ¿Quiénes son los que lloran y no obstante se llaman bienaventurados?
– Los que lloran y no obstante se llaman bienaventurados, son los qué sufren con resignación las tribulaciones, los que se afligen por los pecados cometidos, por los males y escándalos del mundo, por verse lejos del cielo y por el peligro de perderlo.
933. ¿Quiénes son los que tienen hambre y sed de justicia?
– Tienen hambre y sed de justicia los que ardientemente desean crecer de continuo en la divina gracia y en el ejercicio de las buenas obras.
934. ¿Quiénes son los misericordiosos?
– Misericordiosos son los que aman en Dios y por amor de Dios a su prójimo, se compadecen de sus miserias así espirituales como corporales y procuran aliviarlas según su fuerza y estado.
935. ¿Quiénes son los limpios de corazón?
– Limpios de corazón son los que no tienen ningún afecto al pecado, viven apartados de él y principalmente evitan todo género de impureza.
936. ¿Quiénes son los pacíficos?
– Pacíficos son los que conservan la paz con el prójimo y consigo mismos y procuran poner en paz a los enemistados.
937. ¿Quiénes san los que padecen persecución a causa de la justicia?
– Padecen persecución a causa de la justicia los que sufren con paciencia las burlas, improperios y persecuciones por la fe y ley de Jesucristo.
938. ¿Qué significan los diversos premios que promete Jesucristo en las Bienaventuranzas?
– Los diversos premios que promete Jesucristo en las Bienaventuranzas significan todos, con diversos nombres, la gloria eterna del cielo.
939. ¿Nos procuran solamente la gloria eterna del paraíso las Bienaventuranzas?
– Las Bienaventuranzas no sólo nos procuran la gloria eterna del paraíso, sino que también son medios de llevar una vida feliz, cuanto es posible en este mundo.
940. ¿Reciben ya alguna recompensa en esta vida los que siguen las Bienaventuranzas?
– Sí, por cierto; los que siguen las Bienaventuranzas reciben ya alguna recompensa aun en esta vida, porque gozan de una paz y contentamiento interior, que es principio aunque imperfecto de la eterna felicidad.
941. ¿Pueden llamarse felices los que siguen las máximas del mundo?
– No; los que siguen las máximas del mundo no son felices, porque no tienen la verdadera paz del alma y corren peligro de condenarse.
DE LAS OBRAS DE MISERICORDIA
942. ¿Cuáles son las buenas abras de que se nos pedirá cuenta particular en el día del Juicio?
– Las buenas obras de que se nos pedirá cuenta particular el día del Juicio son las obras de misericordia.
943. ¿Qué se entiende por obras de misericordia?
– Obras de misericordia son aquellas con que se socorren las necesidades corporales o espirituales de nuestro prójimo.
944. ¿Cuáles son las principales obras de misericordia corporales?
– Las principales obras de misericordia corporales son:
1.ª Visitar y cuidar a los enfermos.
2.ª Dar de comer al hambriento.
3.ª Dar de beber al sediento.
4.ª Dar posada al peregrino.
5.ª Vestir al desnudo.
6.ª Redimir al cautivo; y
7.ª Enterrar a los muertos. (No dice “cremar a los muertos”)
945. ¿Cuáles son las principales obras de misericordia espirituales?
– Las principales obras de misericordia espirituales son:
1.ª Enseñar al qué no sabe. (Principalmente, la doctrina cristiana sin adulteraciones)
2.ª Dar buen consejo al que lo necesita. (Lo que supone guiarlo para que viva conforme a la ley evangélica)
3.ª Corregir al que yerra. (Especialmente en la doctrina de la Fe)
4 ª Perdonar las injurias. (Algo que tanto nos asemeja a Cristo cuando lo hacemos)
5.ª Consolar al triste. (En definitiva, con la verdad, es decir, la esperanza final de la salvación y el deseo de ella. No, por ejemplo, entreteniendo a un enfermo grave para que no sepa que puede o va a morir… sin los sacramentos, o aconsejando a quien ha tenido un revés sentimental que lo olvide viviendo una etapa de libertinaje…)
6.ª Sufrir con paciencia los defectos del prójimo; y (Quizás la más difícil de todas, sobre todo si incluimos sufrir con paciencia los defectos propios)
7.ª Rogar a Dios por los vivos y difuntos. (En la práctica, rezar también por las almas del purgatorio, misas de difuntos, reiteradamente, oraciones con indulgencia a favor de las benditas almas, etc.)
San Pío X, Catecismo Mayor, Caps. IV y V.
Comentario Final
Esto es una exposición de la doctrina. No significa que “los de misa tridentina” la practiquemos todos ni en el mismo grado de virtud. Ruego ahorrarse la molestia de señalar tal obviedad. Así como la calumnia de afirmar que en este ambiente nadie practica las virtudes ni las bienaventuranzas.
Pero siendo una exposición de doctrina, no puede omitirse repetir, nuevamente, que la Fe precede a la virtud de la Caridad ya que en esta tierra sin la primera no es posible la segunda. Es decir, que quien no tenga Fe católica verdadera NO puede tener Caridad católica verdadera. A la inversa, es posible, aunque no recomendable, tener Fe católica verdadera SIN Caridad católica verdadera. Hay malvados con Fe. Hay hombres poco o nada virtuosos con Fe. Que no se interesan por la suerte del prójimo, ni sufren sus defectos ni perdonan las injurias pero tienen Fe, creen en lo que la Iglesia enseña y Cristo ha revelado. Es decir, que corren serio riesgo de ir al infierno al fin de sus días.
Mas quien No tenga Fe católica verdadera, en forma actual o por deseo de conocerla y seguirla, no entrará en el Reino de los Cielos. Porque la Fe es condición NECESARIA, aunque no SUFICIENTE para la salvación.

