Panorama Católico

Hoy por ser día de tu santo…Santo Toribio de Mogrovejo, Obispo

Los datos acerca de este  Arzobispo, personaje excepcional en la historia de Sur América, producen  asombro y maravilla. Los historiadores dicen que Santo Toribio fue uno de los regalos más  valiosos que España le envió a América. Las gentes lo llamaban un nuevo San  Ambrosio, y el Papa Benedicto XIV dijo de él que era sumamente  parecido en sus actuaciones a San Carlos Borromeo, el famoso  Arzobispo de Milán. 

Santo Toribio de Mogrovejo

23 de  Marzo
   Santo Toribio de Mogrovejo
  Arzobispo de Lima

  (
1538  – 1606)

Los datos acerca de este  Arzobispo, personaje excepcional en la historia de Sur América, producen  asombro y maravilla. 

Los historiadores dicen que Santo Toribio fue uno de los regalos más  valiosos que España le envió a América. Las gentes lo llamaban un nuevo San  Ambrosio, y el Papa Benedicto XIV dijo de él que era sumamente  parecido en sus actuaciones a San Carlos Borromeo, el famoso  Arzobispo de Milán.

Toribio era graduado en derecho, y había sido nombrado Presidente del  Tribunal de Granada (España) cuando el emperador Felipe II al conocer sus  grandes cualidades le propuso al Sumo Pontífice para que lo nombrara Arzobispo  de Lima. Roma aceptó y envió en nombramiento, pero Toribio tenía mucho temor a  aceptar. Después de tres meses de dudas y vacilaciones aceptó. 

 El Arzobispo que lo iba a ordenar de sacerdote le propuso darle todas  las órdenes menores en un solo día, pero él prefirió que le fueran confiriendo  una orden cada semana, para así irse preparando debidamente a recibirlas.

En 1581 llegó Toribio a Lima como Arzobispo. su arquidiócesis tenía  dominio sobre Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia, Chile y parte de Argentina. Medía cinco mil kilómetros de longitud, y en ella había toda clase  de climas y altitudes. Abarcaba más de seis millones de kilómetros cuadrados. 
Al llegar a Lima Santo Toribio tenía 42 años y se dedicó con todas sus  energías a lograr el progreso espiritual de sus súbditos. La ciudad estaba en  una grave situación de decadencia espiritual. Los conquistadores cometían muchos  abusos y los sacerdotes no se atrevían a corregirlos. Muchos para excusarse del  mal que estaban haciendo, decían que esa era la costumbre. El arzobispo les  respondió que Cristo es verdad y no costumbre. Y empezó a atacar fuertemente  todos los vicios y escándalos. A los pecadores públicos los reprendía  fuertemente, aunque estuvieran en altísimos puestos. 

Las medidas enérgica que tomó contra los abusos que se cometían, le  atrajeron muchos persecuciones y atroces calumnias. El callaba y ofrecía todo  por amor a Dios, exclamando, «Al único que es necesario siempre tener  contento es a Nuestro Señor». 

Tres veces visitó completamente su inmensa arquidiócesis de Lima. En la  primera vez gastó siete años recorriéndola. En la segunda vez duró cinco años y en la tercera empleó cuatro años. La mayor parte del recorrido era a pie. A  veces en mula, por caminos casi intransitables, pasando de climas terriblemente  fríos a climas ardientes. Eran viajes para destruir la salud del más fuerte.  Muchísimas noches tuvo que pasar a la intemperie o en ranchos miserabilísmos,  durmiendo en el puro suelo. Los preferidos de sus visitas eran los indios y los  negros, especialmente los más pobres, los más ignorantes y los enfermos. 

Logró la conversión de un enorme número de indios. Cuando iba de visita  pastoral viajaba siempre rezando. Al llegar a cualquier sitio su primera visita  era al templo. Reunía a los indios y les hablaba por horas y horas en el idioma  de ellos que se había preocupado por aprender muy bien. Aunque en la mayor parte  de los sitios que visitaba no había ni siquiera las más elementales  comodidades, en cada pueblo se quedaba varios días instruyendo a los nativos,  bautizando y confirmando. 

Celebraba la misa con gran fervor, y varias veces vieron los  acompañantes que mientras rezaba se le llenaba el rostro de resplandores. 

Santo Toribio recorrió unos 40,000 kilómetros  visitando y ayudando a sus fieles. Pasó por caminos jamás transitados, llegando  hasta tribus que nunca habían visto un hombre blanco. 

Al final de su vida envió una relación al rey contándole que había  administrado el sacramento de la confirmación a más de 800,000 personas. 

Una vez una tribu muy guerrera salió a su encuentro en son de batalla,  pero al ver al arzobispo tan venerable y tan amable cayeron todos de rodillas  ante él y le atendieron con gran respeto las enseñanzas que les daba. 

Santo Toribio se propuso reunir a los sacerdotes y obispos de América en  Sínodos o reuniones generales para dar leyes acerca del comportamiento que  deben tener los católicos. Cada dos años reunía a todo el clero de la diócesis  para un Sínodo y cada siete años a los de las diócesis vecinas. Y en estas  reuniones se daban leyes severas y a diferencia de otras veces en que se hacían  leyes pero no se cumplían, en los Sínodos dirigidos por Santo Toribio, las  leyes se hacían y se cumplían, porque él estaba siempre vigilante para hacerlas  cumplir.

Nuestro santo era un gran trabajador. Desde muy de madrugada ya estaba  levantado y repetía frecuentemente: «Nuestro gran tesoro es el momento presente.  Tenemos que aprovecharlo para ganarnos con él la vida eterna. El Señor Dios nos  tomará estricta cuenta del modo como hemos empleado nuestro tiempo».

Fundó el primer seminario de América. Insistió y obtuvo que los  religiosos aceptaran parroquias en sitios supremamente pobres. Casi duplicó el  número de parroquias o centros de evangelización en su arquidiócesis. Cuando él  llegó había 150 y cuando murió ya existían 250 parroquias en su territorio. 

Su generosidad lo llevaba a repartir a los pobres todo lo que poseía. Un  día al regalarle sus camisas a un necesitado le recomendó: «Váyase  rapidito, no sea que llegue mi hermana y no permita que Ud. se lleve la ropa  que tengo para cambiarme».

Cuando llegó una terrible epidemia gastó sus bienes en socorrer a los  enfermos, y él mismo recorrió las calles acompañado de una gran multitud  llevando en sus manos un gran crucifijo y rezándole con los ojos fijos en la  cruz, pidiendo a Dios misericordia y salud para todos.

El 23 de marzo de 1606, un Jueves Santo, murió en una capillita de los  indios, en una lejana región, donde estaba predicando y confirmando a los  indígenas.

Estaba a 440   kilómetros de Lima. Cuando se sintió enfermo prometió a  sus acompañantes que le daría un premio al primero que le trajera la noticia de  que ya se iba a morir. Y repetía aquellas palabras de San Pablo: «Deseo  verme libre de las ataduras de este cuerpo y quedar en libertad para ir a encontrarme  con Jesucristo».

Ya moribundo pidió a los que rodeaban su lecho que entonaran el salmo  que dice: «De gozo se llenó mi corazón cuando escuché una voz: iremos a la Casa del Señor. Que alegría  cuando me dijeron: vamos a la   Casa del Señor».

Las últimas palabras que dijo antes de morir fueron las del salmo 30:  «En tus manos encomiendo mi espíritu».

Su cuerpo, cuando fue llevado a Lima, un año después de su muerte,  todavía se hallaba incorrupto, como si estuviera recién muerto.

Después de su muerte se consiguieron muchos milagros por su intercesión.  Santo Toribio tuvo el gusto de administrarle el sacramento de la confirmación a  tres santos: Santa Rosa de LimaSan Francisco Solano y San Martín de Porres.

El Papa Benedicto XIII lo declaró santo en 1726.

Y toda América del Sur espera que este gran santo e infatigable apóstol,  quizás el más grande obispo que ha vivido en este continente, siga rogando para  que nuestra santa religión se mantenga fervorosa y creciente en todos estos  países.

Fuente: EWTN

Comentario: Nada más destacar dos frases de esta síntesis biográfica del gran santo obispo.

Celebraba la misa con gran fervor, y varias veces vieron los  acompañantes que mientras rezaba se le llenaba el rostro de resplandores. 

Santo Toribio recorrió unos 40,000 kilómetros  visitando y ayudando a sus fieles. Pasó por caminos jamás transitados, llegando  hasta tribus que nunca habían visto un hombre blanco.

Se habla mucho de «nueva evangelización». En Santo Toribio vemos la fórmula del éxito: contemplación para la acción. Su «compromiso social y con los más pobres» tuvo la fortaleza y el justo equilibrio que nace de la sabiduría, la pureza y la rectitud de vida.

Martirologio Romano del 23 de Marzo

Santo  Toribio de Mogrovejo, obispo de Lima, que siendo laico, de origen español y  licenciado en leyes, fue elegido para esta sede y se dirigió a América donde,  inflamado en celo apostólico, visitó a pie varias veces la extensa diócesis,  proveyó a la grey a él encomendada, fustigó en sínodos los abusos y los  escándalos en el clero, defendió con valentía la Iglesia, catequizó y  convirtió a los pueblos nativos, hasta que finalmente en Saña, del Perú,  descansó en el Señor (1606).

2*. En Cornualles, san Fingar o  Guignero, mártir (c. 460).

3. Conmemoración de los santos  mártires Victoriano, procónsul de Cartago, y dos hermanos de la ciudad de Aguas  Regias, y también de Frumencio y otro Frumencio, mercaderes, que en la  persecución desencadenada por los vándalos bajo el rey Hunerico, que era  arriano, todos ellos padecieron atroces suplicios por su constancia en confesar  la fe cristiana, hasta ser coronados
  con  ilustre martirio (484).

4*. En Pontoise, cerca de París, en  Francia, san Gualterio, primer abad del monasterio del lugar, que, renunciando  a su amor por la soledad, enseñó con su ejemplo a los monjes la disciplina de la Regla y fustigó en el clero  las costumbres simoníacas (c. 1095).

5*. En Ariano, de Irpinia, en Italia,  san Otón, ermitaño (c. 1120).

6*. En Gubbio, de la Umbría, beato Pedro,  presbítero de la Orden  de Ermitaños de San Agustín (c. 1306).

7*. En York, en Inglaterra, beato  Edmundo Sykes, presbítero y mártir, que durante el reinado de Isabel I fue  desterrado por ser sacerdote, y habiendo regresado a Inglaterra de nuevo, fue  apresado y ajusticiado (1587).

8*. En el lugar de Naas, cerca de  Dublín, en Irlanda, beato Pedro Higgins, presbítero de la Orden de Predicadores y  mártir, que por guardar fidelidad a la Iglesia Romana, en  tiempo del rey Carlos I fue ahorcado sin juicio (1642).

9. En Barcelona, en España, san José  Oriol, presbítero, quien, con la mortificación corporal, el cultivo de la  pobreza y la continua oración, mantuvo una constante unión con Dios,  enriquecido de dones celestiales (1702).

10*. En el pueblo de  Cemmo, de Lombardía, en Italia, beata Anunciata Cocchetti, virgen, que con  fortaleza y humildad dirigió el Instituto de Hermanas de Santa Dorotea,  recientemente fundado (1882).

11. En el lugar de ad-Dahr, en el  Líbano, santa Rebeca de Himlaya ar-Rayy_s, virgen de la Orden Libanense de  San Antonio de los Maronitas, que ciega a los treinta años, y paralizada  después en todos los miembros, permaneció en oración, fija sólo en Dios (1914).

12*. En Leopoldvara,  ciudad de Eslovaquia, beato Metodio Domingo Trcka, presbítero de la Congregación del  Santísimo Redentor y mártir, que en tiempo de persecución por causa de la fe,  cambió su peregrinar terreno en vida eterna con su glorioso martirio (1959).

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