La estatua bendecida en la Catedral de Buenos Aires, es la misma de un parque temático. Hasta se nota el desgaste de su exposición al exterior. Estaba en el «Tierra Santa», junto con el Mahatma Gandi.
Dijeron los medios, que El Vaticano «criticó duramente, hace pocos días, una gigantesca escultura modernista que retrata a Juan Pablo II, señalando que la estatua de bronce ubicada frente a la principal estación ferroviaria de Roma ni siquiera se parece al pontífice» (ver fotos al final de esta entrada). Según el mismo cable, «los pasajeros y turistas dicen que les recuerda al difunto dictador Benito Mussolini, más que al amado Papa«.
El escultor, Oliviero Rainaldi, muestra al pontífice desplegando su capa como para abrazar a los fieles. Pero según el Vaticano, crea la impresión «de un manto que casi parece una garita de centinela coronada por una cabeza de Papa demasiado redondeada«.
En esta línea marcada por la Santa Sede, la cual indica que aún en el ámbito profano no se puede representar a un beato de cualquier manera, debe entenderse este post, que relata lo que para nosotros es el «fiasco» de la Catedral Primada.
La palabra «fiasco» significa fracaso, pero también decepción; la misma desilusión que sentimos al comprobar que la estatua de Juan Pablo II, bendecida el último 1º de Mayo en la Catedral Primada de Buenos Aires por el Cardenal Begoglio, es la misma, o una copia obtenida con su molde, que la que fue exhibida por largos años en el parque temático Tierra Santa.
Para quien no conozcan de qué se trata, desde hace ya varios años está montado en nuestra ciudad Capital, un gran parque que recrea el ambiente y las circunstancias habidas en el momento en que nuestro Señor moría en la Cruz. Su fundador, el Dr. Fernando Pugliese, es el creador de las estatuas en resina, polietileno y fibra de vidrio que lo llenan, dándole a los personajes un aspecto realista. Puede decirse sin error que lo suyo es un éxito, que incluso habrá acercado a la fe a mucha gente. Pero el estilo, la finura y los materiales que generan éxito en un parque temático, pueden no coincidir con lo que se necesita en los altares de una catedral. ¡Y este es el caso!
Además, esta estatua que muchos estamos seguros de haber visto en el parque, al lado de la de Mahatma Ghandi, es tosca, desproporcionada, rústica, por decir poco. Muestra un Juan Pablo II desalineado y grotesco, que da la impresión de una figura casi simiesca. Nada tiene que ver con la estampa, casi cinematográfica, que el Papa proyectó por los medios en los años en que la buena salud lo acompañaba. Ni tampoco con el anciano enfermo, de rasgos paralizados por los corticoides, que llevaba su enfermedad con voluntad férrea y mucha dignidad. Ni siquiera coincide el color de la sotana que es grisáscea, como si estuviera sucia, además de arrugada.
Recuerdo que no me gustó cuando la vi en el parque, y menos me gusta ahora en la Catedral. Está en el piso cerca de la entrada, colocada sin ningún ornamento, y no creo que pueda ser entronizada finalmente en un entorno del que disiente con mucho. Cuando visité la Catedral por última vez, vi turistas fotografiarse con la estatua a la que abrazaban como a un pariente. Justo es decir que también he visto a otros acercarse con mucha devoción y besarle piadosamente las manos.
Hubiera querido escribir este artículo al revés, es decir contarles sobre la magnífica talla del neo beato que debería haberse colocado en la Catedral; pero no es el caso. Y no se trata aquí del gusto personal, sino de la Casa de Dios, para cuyo ornato han de seguirse ciertas normas que garanticen un mínimo decoro.
Cabe preguntarse por qué la modernidad está tan alejada de los cánones del arte verdadero. No hay verdad sin belleza, y esta escultura no nos dice la verdad sobre el Papa difunto.
Comentario Druídico: «Simiesco» es el aspecto del personaje representado al que le atribuyen ser Juan Pablo II. El Card. Bergoglio ¿no tenía medios para hacer confeccionar otra estatua de más calidad? En otro orden ¿está permitido el culto público a Juan Pablo II en la Argentina? Según entendemos, solo en Roma y en Polonia…